lunes, 17 de enero de 2011

Bielorrusia 4 (2010) "Bisontes a lo neandertal”

Bisontes (Bison bonasus).  Foto: Javier Álvarez
Aquí la rutina de observación en el bosque es levantarse sobre las cuatro de la mañana para tener más posibilidades con la fauna, aunque luego al final de la mañana regresábamos a descansar un rato, antes de seguir por la tarde. La estrella de los mamíferos de la zona es el bisonte, el animal terrestre de mayor tamaño de Europa. En otros tiempos estuvo extendido por todo el continente, pero ahora solo quedan pequeñas manadas libres en el este de Europa, la más conocida de ellas es la del bosque de Bialowieza en Polonia. Vadim controla por rastros por donde anda moviéndose un grupo los últimos días. Sin embargo, el primer día solo vimos huellas y excrementos, ya que caminan mucho dentro del bosque y son difíciles de ver. Por suerte el segundo día encontramos un grupo de varios ejemplares de lejos, en uno de los pocos prados abiertos de la zona, y ahí ya le saltó a Vadim el “resorte” del rastreador bielorruso.


Bisontes a la carrera. Foto: Manolo Esteban
Mientras andábamos montando los telescopios nos indicó que le siguiéramos rápidamente para verlos desde otro sitio mejor. Lo que no podíamos imaginar era el estilo de observación que nos esperaba, algo que podríamos llamar “bisontes a lo neandertal”. Dando un rodeo por dentro del bosque, y prácticamente a la carrera, emprendió una aproximación al grupo que nos llevó a escasos cien metros de ellos. Claro, esto hay que imaginarlo con siete tíos pertrechados de trípodes, telescopios, cámaras y prismáticos corriendo derechitos hacia ellos, … y sucedió lo que tenía que pasar. La observación muy de cerca pero los bichos a la carrera. Si cambias los trípodes por lanzas ahí que estaríamos metidos en una de esas escenas de caza paleolíticas que vemos en las pinturas rupestres. ¡Muy fuerte! La verdad es que, entre el subidón de adrenalina por ver un bicho de ese tamaño y la propia escena, no sabíamos que pensar.

Rascadero de bisontes. Foto: J. A. González
Ya el segundo día que dimos con el mismo grupo pusimos “nuestras” condiciones de observación. Lo cierto es que no es lo mismo aproximarse una persona que siete y la forma de ver fauna cuando tienes óptica adecuada cambia mucho. A buena distancia y con el uso de los telescopios, la siguiente vez ya pudimos verlos tranquilamente mientras se desplazaban y comían en grupo y además todo el tiempo que quisimos. Incluso en varias ocasiones llegamos a ver como se enfrentaban por los cuernos dándose pequeños cabezazos. Después de ese día, llegamos a ver otros rastros distintos de huellas y excrementos, como inmensos revolcaderos en el suelo o árboles desraizados por el viento que utilizaban de rascaderos. En los últimos días, en una ocasión en que nos separamos, Jose y Manolo llegaron a ver unos ejemplares muy muy cerca. Al parecer los sorprendieron desde el propio coche dentro del bosque a escasos metros de la pista por la que circulaban.

Marta (Martes martes). Foto: César Aguilar
Andando mucho pudimos ver un gran número de rastros de otros mamíferos y Vadim que los controlaba como nadie, nos iba explicando cada uno. Así vimos rastros de todo tipo de ungulados y de carnívoros como zorro, tejón, marta, lobo o lince boreal. También de dos especies invasoras como el visón americano y el perro mapache. Especialmente me sorprendió la abundancia de los de lince boreal, un animal que creía más escaso y del que vimos huellas y excrementos por muchos lugares. Yendo y viniendo con los coches por las pistas, también nos cruzábamos con algunos ungulados y en una ocasión sorprendimos una marta cazando en unos prados abiertos con un par de árboles solitarios. Cuando nos aproximamos para verla, se encaramó en uno de esos árboles sin posibilidad de marchar de allí, así que pudimos hacer buenas fotos a una especie que de otro modo habría sido imposible.

Zorro (Vulpes vulpes). Foto: César Aguilar
Sin embargo ver mamíferos no era fácil con ese plan y más siendo siete personas caminando, así que tras unos días haciendo recorridos por bosques y turberas, cambiamos de táctica. Le pedimos a Vadim que nos llevara a sitios para hacer esperas a primera y última hora del día. Los sitios abiertos no son muy abundantes y como a penas hay desniveles tampoco es fácil encontrar sitios donde se dominen zonas amplias a telescopio. Aun así nos fuimos repartiendo a diario en grupos de dos o tres en los lugares que nos decía y con paciencia vimos castores, alces, ciervos, corzos, jabalíes, zorros o martas. Si los mamíferos no aparecían al menos podíamos deleitarnos con algunas aves, entre ellas becadas y agachadizas en vuelos y cantos de celo.

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