domingo, 27 de febrero de 2011

Gran Canaria 3 (2010) Buscando cetáceos

Delfines (Stenella coeruleoalba). C. Gutiérrez
Un par de mañanas Gorka nos llevó por la costa a buscar cetáceos con la zódiac que utilizan en Buceo Canarias para las inmersiones. La verdad es que no es tan fácil dar con ellos, hay que pasar mucho rato recorriendo y oteando el mar para acabar viendo algo. Desde una zódiac estás tan a ras del agua que si hay un poco de oleaje pierdes fácilmente la visibilidad. Uno de los dos días fue especialmente bueno para esto, ya que el mar estaba como un plato, especialmente a primera hora de la mañana cuando aún no se había levantado el viento. Sin a penas un rizo en el mar se podía ver si se movía algo a cierta distancia. Así, los dos días que salimos lo hicimos aprovechando la primera hora, pero esos madrugones tuvieron al final su recompensa. Tengo un recuerdo de los delfines saltando contra el amanecer como una de las observaciones más espectaculares que he tenido con estos animales.

Delfines (Stenella coeruleoalba). C. Gutiérrez
Todos ejemplares que observamos fueron de dos especies, delfines listados (Stenella coeruleoalba) y calderones grises (Grampus griseus) como los que vimos el día anterior desde el velero. Sin embargo, de cada una vimos unos cuantos grupos que pudimos seguir y disfrutar bastante bien. Verlos desde la zódiac es impresionante, con un poco de tacto te puedes acercar a los grupos y tenerlos cerca sin que se molesten, aunque los hay más tímidos y otros más curiosos. Los delfines son los más saltarines y de ellos te esperas algo así, pero el repertorio de conductas de los calderones grises me pilló por sorpresa. Los calderones no son muy de saltar, sino que les sueles ver sacar la aleta y el lomo en pasadas como a “cámara lenta”. Uno de los grupos que estuvimos observando parecía estar jugando con nosotros. A parte de hacernos pasadas por debajo, si nos situábamos con la luz del amanecer detrás nuestro para verlos bien, al poco perdíamos al grupo y volvían a reaparecer a contraluz. Así una vez tras otra.

Grampus griseus sacando el ojo. C. Gutiérrez
Estos calderones parecían querer vernos con la luz a su favor ya que cuando estaba a favor nuestra ellos nos veían a contraluz. Y es que esto de que nos observaban era literal, ya que les vimos en varias ocasiones sacar el ojo fuera del agua en sus pasadas, lo que creo no es demasiado habitual. Esta especie de calderón es fácil de reconocer tanto como especie, como individualmente por las marcas en su piel. Su cuerpo gris claro está todo cubierto de cicatrices blancas causadas por los dientes de otros congéneres y el patrón de marcas es por tanto identificativo de cada ejemplar. También dicen que algunas de estas marcas son producto de confrontaciones con los cefalópodos de los que se alimentan, lo que ya despierta en uno la imaginación de Julio Verne en Cien mil leguas de viajes submarinos.


Calderon gris (Grampus griseus). Foto: C. Gutiérrez
Otro de los comportamientos que me llamaron la atención fue el de uno de ellos que puso la aleta completamente vertical y se mantuvo así por un momento. La verdad es que no parecía el típico movimiento que hacen los cetáceos y los buceadores para sumergirse buscando ofrecer menor resistencia para la inmersión. Cuando eso ocurre, suele salir solo una parte pequeña del cuerpo y el hundimiento es más rápido. Aquí la proporción del cuerpo fuera del agua era mayor y más parecía una posición sostenida como forma de comunicación social que cualquier otra cosa. Y es que a los cetáceos se les tiene por animales bastante inteligentes y sociales, lo que lleva aparejado un buen número de pautas de comunicación entre ellos.
 
Vista desde el Pico de las Nieves. Foto. C. Aguilar
Ya dejando el mar, los días que pasamos en Gran Canaria también recorrimos más someramente el interior. Esta isla no es de las mejor conservadas del archipiélago pero aún así tampoco desmerece un paisaje tan montañoso. Visitamos el Pico de las Nieves de 2200 m con sus extensos pinares y la vista del Teide nevado en el horizonte. También Osorio, un monte umbrío con algunos barrancos y un bosque con especies aclimatadas desde antiguo pero foráneas como es habitual en muchas islas, es el caso aquí de castaños (Castanea sativa) y alcornoques (Quercus suber) de muy buen porte. De camino en estos recorridos por el interior, de refilón tambien algunos endemismos de aves canarias como el bisbita caminero (Anthus berthelotti), el mosquitero canario (Phylloscopus canariensis), el canario (Serinus canaria) y las subespecies propias de herrerillo común (Parus caeruleus teneriffae) y pinzón vulgar (Fringilla coelebs tintillon).

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