lunes, 1 de agosto de 2011

Perú 39 (2011) El bosque del Futuro “Ojos de Agua”

Logo de la asociación con rana venenosa de la zona
Finalizado el recorrido por el Pacaya Samiria, estaba pendiente de las prospecciones de mono tocón que había quedado de hacer con la gente de PMT. Pero el conductor de su equipo seguía de baja así que el trabajo se retrasaría sin fecha fija. De este modo recordé un ofrecimiento que me había hecho Hugo Vazquez unas semanas atrás cuando yo estaba dando la formación a los guardas del Bosque de Protección Alto Mayo. Hugo trabajaba entonces de albañil en la construcción del centro de visitantes donde permaneci aquella semana. Nos contaba que en su pueblo, Pucacaca, habían formado una asociación de agricultores para la conservación de un bosque seco tropical, de la que él había sido presidente algunos años. Estaban muy ilusionados de llevar adelante el proyecto y hacía bien poco habían conseguido, finalmente, que el estado les cediese un bosque de casi 2500 hectáreas, “Ojos de Agua”, con una figura que llaman “concesión para la conservación”.

Bosque seco tropical intervenido. Foto: C. Aguilar
La asociación El Bosque del Futuro Ojos de Agua (ABOFOA) la crearon los propios agricultores locales para conservar los bosques que aún les quedaban en la localidad. Hugo me contaba su “despertar ecológico” de esta manera. Un día viendo un documental del Discovery Chanel, mientras oía como hablaban de la deforestación de los bosques tropicales y los problemas que eso conlleva, cayó en la cuenta de que ellos ahí al lado tenían uno de titularidad pública que llevaba el mismo camino. En esta región del Huallaga Central, abierta a la colonización masiva de migrantes peruanos hace unas décadas, la titularidad del terreno ha ido sufriendo cambios con el paso del tiempo. A día de hoy está consensuado que lo que no está titulado, es decir escriturado por un particular, es propiedad del estado. Pero con la llegada de más gente ese tipo de terrenos son invadidos a diario por cualquiera. Puede ser gente que quema, tala y hace su chacra allí, gente que entra a cazar hasta acabar con los recursos o madereros organizados que compran toda la madera ilegal que puedan obtener los pobladores cercanos.


Bosque seco tropical en Ojos de Agua. C. Aguilar
De esta forma, y desde hace unas décadas con la construcción y mejora de la carretera marginal de la selva, la región del Huallaga Central tiene uno de los índices de mayor y más rápida deforestación de Perú, y dicen que también del mundo. Lo que me parece más admirable de esta gente de ABOFOA, es cómo tomaron conciencia y fueron ellos mismos los que comenzaron a pelear por legar a sus hijos los bosques que ellos habían conocido en su esplendor, tal y como solían decirme. Es cierto que ellos habían tenido que deforestar y cazar para establecerse allí tiempo atrás, pero eso debía llegar a un equilibrio y ahora tocaba mantener las zonas forestales que quedaban y no repetir el proceso de trasformación hasta acabar con todos recursos. Su andadura comenzó en 2003 y desde entonces han tenido que superar muchos obstáculos. La mafia madera y los traficantes de tierras que usaban esos terrenos ilegalmente, no aceptaron de buen grado el plante de este grupo de pobladores locales.

Con los socios de ABOFOA en la cabaña. C. Aguilar
Los miembros de la asociación recibieron amenazas de muerte y la junta de la asociación fue imputada con delitos inventados para amedrentarlos. Se dio la paradoja de que los que nunca habían recibido ninguna amonestación de las autoridades por sus actividades ilegales en el bosque, eran los que acusaban a los que lo defendían. Quedó en evidencia la connivencia que estos tenían con los poderes locales y, sabedores de que justicia peruana se puede comprar sin ningún pudor, la fiscalía llegó a pedir 8 años de cárcel y elevadas multas para cada uno de los miembros de la junta de la asociación. Solo cuando obtuvieron el apoyo de varias asociaciones ecologistas influyentes y el caso salió a los medios de comunicación, consiguieron salir absueltos tras dos años de juicios pero con un enorme desgaste emocional y ecónomico.

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