sábado, 3 de diciembre de 2011

Delta del Ebro 2 (2011) Gaviotas, flamencos y alguna rareza

Gaviota de Audouin (Larus auodouinii). J. Robres
A parte de arroz y lagunas, en las costas del Delta del Ebro se pueden encontrar extensas barras de arena sin urbanizar, algo escaso en el Mediterráneo. Las playas son frecuentadas por bañistas, pero solo en unos pocos lugares. Aún así, muchos sitios están lejos de ser lugares idílicos por la cantidad de basura que acumulan. Buena parte de ella es de la que arrastrar el mar y llega a él a través de las crecidas del Ebro. Es igual en muchos sotos del río Ebro, donde en invierno, cuando la vegetación no la cubre hay de todo, en especial todo aquello que flote y pueda arrastrar el agua. Pero a pesar de esto, los arenales son especialmente interesantes para las aves. Hay uno que es especialmente curioso, se llama la barra del Trabucador y es un arenal de varios kilómetros con unas decenas de metros de ancho que lleva hasta una penísula arenosa con unas salinas, la punta de la Banya. La barra y la península forman una bahía muy característica que llaman la atención en cualquier mapa de España cuando te acercas a la zona del Delta del Ebro.

 Flamenco (Phoenicopterus roseus). Javier Robres
La barra del Trabucador es accesible en coche, pero solo hasta el comienzo de la península. Por el camino vimos muchos chorlitejos patinegros (Charadriusalexandrinus ) de los que crían por estos arenales. Estos sitios son buenos para ver todo tipo de gaviotas, como picofinas (Larus genei),  patiamarillas (Larus michahelis), reidoras (Larus ridibundus) y cabecinegras (Larus melanocephalus). Pero hay unas que son especialmente interesantes, las gaviotas de Audouin (Larus auodouinii) que crían en estos saladares y que pudimos ver por doquier. Se trata de una especie endémica del mediterráneo que a mediados de los sententa estaba considerada como una de las aves más amenazadas del mundo. Sin embargo la colonia del Delta experimentó un incremento espectacular, y en las últimas décadas llegó a 12.000-15.000 parejas reproductoras. Esto supone el 60% de la población mundial y por ello se trata de la principal colonia de la especie. 

Colonia de charranes (Sterna sandvicensis). J. Robres
Muchos ejemplares que vimos estaban marcados con anillas de PVC, algo que es relativamente normal pues la especie viene siendo objeto de programas de marcaje y seguimiento desde hace mucho tiempo. Pero la punta de la Banya también es el lugar donde se sitúa la colonia de cría de flamencos (Phoenicopterus roseus) del Delta. La mañana que estuvimos por allí habían ido a anillarlos, al igual que hacen desde hace años en la colonia de Fuente de Piedra (Málaga), acorralando a los jóvenes que forman guarderías y que aún no pueden salir volando. La colonia no es accesible para los observadores ni en coche, ni a pie, pero los adultos se desplazan a diario por filtrar el agua de las muchas charcas y salinas de los alrededores. Los vimos alimentarse, cabeza abajo, con esos picos tan “marcianos”, mientras hacían con las patas un movimiento como de estaru en una bicicleta estática para remover el agua y optimizar el filtrado.

Calidris fuscicollis Foto: Javier Robres
En la punta de la Banya tambien habían críado los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) y ahora se podían ver grupos de adultos cebando continuamente a pollos de buen tamaño. Había un trasiego importante de adultos con su pececillo plateado en el pico, recien cogido en el mar, buscando cual de todos los pollos andarines que pedían comida era el suyo. Tanto habíamos estado mirando el trasiego de la colonia, que nos había pasado desapercibido un pequeño correlimos en una de las orillas. Nos avisaron otros pajareros de la rareza que había en la colonia de charranes, así que con la información concreta, la segunda vez ya vimos al limícola solitario. Se trataba de un correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis) una pequeña ave con una destacada ceja blanca, que es un divagante de América del Norte. Causa vértigo imaginar como un ejemplar de ese tamaño haya podido sobrevivir a cruzar el Atlántico y seguir con las fuerzas suficientes para andar aún por ahí.

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