jueves, 22 de marzo de 2012

El río Ebro, naturaleza y cultura a golpe de remo 1

Las tres entradas con este título pertenecen a un artículo que publiqué en abril de 2011 en “Piedra de Rayo. Revista Riojana de Cultura Popular” en su número 37. El texto está tal y como apareció allí, en cuanto a las fotos están las del artículo más alguna adicional.


Sotos desde el kayak hinchable Foto: César Aguilar
No es que uno sea esa clase de gente que disfruta con el esfuerzo, ni siquiera me considero un deportista, pero ocurre que de forma más bien casual hace unos años me hice con un kayak y unas cuantas ilusiones en torno a las posibilidades que podía ofrecerme. Junto a unos amigos distribuidos en otras comunidades, adquirimos unos kayak hinchables con la idea de que algo así podría servirnos de excusa para viajar y hacer recorridos naturalistas por distintos ríos, un enfoque compartido y del todo alejado de lo deportivo. Enseguida los planes se abandonaron, los kayaks, aun recogidos, eran bastante voluminosos y poco prácticos para ese fin y todo se fue enfriando. Me vi con un kayak hinchable y sin mucha perspectiva de compañía, así que bien podía haber acabado cogiendo polvo en un trastero. No obstante, me eché al río que más a mano tenía, el Ebro, y lo que desde allí vi y sentí me enganchó de tal manera que con el paso del tiempo he ido encadenando un buen número de tramos del río a su paso por La Rioja y algunos más en las comunidades vecinas.

Una “revelación”

Río Ebro en La Rioja Alta. Foto: César Aguilar
Pronto al primer kayak se sumó otro, debido a que el fabricante quiso compensarme de este modo por una pequeña tara del primero, algo que no impedía su uso. Ese segundo kayak me ha proporcionado de vez en cuando compañía de amigos en el río, aunque la mayoría de los recorridos de estos años han sido en solitario. Realmente no es fácil convencer a alguien para que se meta en el Ebro en un “hinchable” con forma de kayak. Todos los que hemos crecido junto al río hemos oído muchas veces de los mayores las advertencias sobre lo traicionero del Ebro. El pozo Cubillas en Logroño era algo así como el epicentro de la tragedia, cuántos bañistas a punto de ahogarse no habría salvado el nombrado “manco del pozo Cubillas”.

Islas en el cauce del Ebro. Foto: César Aguilar
Sin querer quitar ese punto de respeto que se merece el río más caudaloso de la Península, recorrer el Ebro en este tipo de embarcaciones no lo considero ni mucho menos una actividad de “riesgo”, al menos cuando yo lo hago, de abril a octubre. En estos meses, salvo cuando se producen crecidas, el caudal y la corriente son aceptables y coincide con todo el esplendor de las riberas. La primavera tardía, el verano y los comienzos del otoño, son buenas fechas si se quiere disfrutar del espectáculo natural que ofrece el río. En una ocasión oí decir a una persona que guía grupos en piragua por el Ebro en Zaragoza, los Ebronautas, que para muchos de sus clientes la primera visión del río desde dentro adquiere el cariz de una “revelación” y que muchos se sentían como si estuvieran navegando por el Amazonas o el Orinoco. A pesar de que pueda sonar exagerado, yo también opino lo mismo.

Alisos, álamos y tamarices

Vides silvestres en El Cortijo Foto: César Aguilar
Pero los sentidos nos engañan y en el Ebro tras la primera barrera de exuberante vegetación, no hay kilómetros y kilómetros de arbolado tierra adentro como en los ríos tropicales. Aún así, el contacto desde el agua con la ribera es espectacular y sobre la superficie del río se descuelgan toda suerte de plantas trepadoras y ramas de árboles que buscan la luminosidad que escasea en los sotos. El recorrido del río Ebro en La Rioja coincide con una transición de los bosques de ribera de gran interés paisajístico. Entre las Conchas de Haro y Logroño el río discurre dentro de meandros encajados en suelos de areniscas y arcillas. En esa ribera, a parte de sauces, chopos o fresnos, son característicos los alisos, árboles propios de climas atlánticos que desaparecerán poco a poco según pasemos Logroño. A partir de esta localidad el paisaje se abre y el río discurre sobre suelos más blandos. En este tramo, con el paso de los años, los meandros han fluctuado a merced de las crecidas dejando un legado de cauces abandonados e islas en diferente estado de formación.

Aliso, árbol autóctono, en La Rioja Alta. C. Aguilar
Es aquí donde se disfruta más con el kayak, recorriendo madres con aguas quietas y bóvedas de vegetación que te envuelve de luces y sombras. En las aguas lentas, carrizos y eneas colonizan las orillas y una cubierta de lentejas de agua flotan a resguardo de las corrientes. Plantas trepadoras como el lúpulo o las “lianas” de la clemátide, se descuelgan de lo alto y en los sitios más soleados aparecen algunas de las moras más sabrosas de la ribera, aquellas a las que sólo los pájaros y los navegantes pueden acceder. De vez en cuando uno da con especies que no parecen cuadrar con la vegetación natural que se espera en la ribera. Así ocurre con la familiar presencia de las hojas de parra que trepan el arbolado.A finales del verano esas vides silvestres ya tienen maduros unos racimos que cuelgan hacia el río y que son la excusa perfecta para hacer parada y almuerzo.

Grama de agua, invasora muy extendida. C. Aguilar
En estas riberas rodeadas de huertas y poblaciones, tampoco es raro encontrar higueras, nogales o tomateras que crecen en las playas de gravas, ni tampoco algunos árboles ornamentales como plataneros, acacias, sauces llorones, ailantos o arces negundos. En la mayoría de los casos son presencias puntuales y en sitios degradados pues existe una fuerte competencia entre la vegetación de ribera por estos fértiles suelos. No obstante, ha habido algunas herbáceas exóticas que sí han tenido éxito y han llegado a invadir las riberas del Ebro. Es el caso del cáñamo acuático (Bidens frondosa) o la grama de agua (Paspalum paspalodes), ambas con origen en el continente americano. La invasión de especies exóticas como éstas constituye una amenaza para biodiversidad ya que compiten y pueden llegar a desplazar a las especies propias de las riberas del Ebro.

4 comentarios:

  1. Y es que nuestro castigado río, tiene mucho que ofrecernos, al menos como deleite visual y espiritual. Me alegra ser del esos pocos a los que convenciste para recorrer el "Orinoco".

    Un abrazo, con inpaciencia espero las dos próximas entradas...

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  2. Pues ya sabes, unos meses empieza la temporada "navegable" y aún siguen quedando tramos bien interesantes por recorrer ...

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  3. Yo me apunto!!! Si me dejan mis futuras ocupaciones... :).

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Tus comentarios a las entradas siempre son bienvenidos, trataré de contestar a todos ellos.



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