jueves, 29 de noviembre de 2012

Sri Lanka 5 (2012) Yala 1, el territorio del leopardo

El Parque Nacional de Yala constituye otra de las paradas importantes en un recorrido de naturaleza por Sri Lanka. Aunque veníamos de la costa suroeste que en julio estaba bajo la influencia del monzón, en Yala pasamos de repente a los caminos polvorientos y al pasto agostado de una de las zonas secas del país. En la cercana localidad de Tissamaharma, la que da acceso al parque, los verdes campos de arroz y la humedad ambiental de antiguas lagunas y sistemas de irrigación no hacía presagiar el paisaje de Yala. Tiene algo de paisaje africano, aunque con un matorral muy denso y grandes árboles. Aunque el relieve es mayoritariamente llano, de vez en cuando se elevan moles rocosas de materiales metamórficos en forma de grandes bolos y “panes de azúcar”, la forma que dan esos materiales bajo climas tropicales.








Hora punta para entrar al parque. Foto: C. Aguilar
El parque tiene costa, suelos arenosos y 5 sectores, de los cuales solo uno puede visitarse y que está recorrido por multitud de pistas. En cierto modo a mi me recuerda al paisaje de Doñana de Matasgordas con sus lentiscares, matorral mediterráneo y alcornocales. Una coincidencia en la estructura de vegetación, no de especies claro, y además en ambos lugares la estrella es un felino "cotizado", el lince en Doñana y el leopardo en Yala. Y es que Yala es conocido por su alta densidad de leopardo (Panthera pardus) y, según dicen, por ser el mejor lugar de Asia para ver la especie. El parque recibe mucha gente que en safaris de medio día o un día,  tratan de dar con el esquivo felino. Nosotros estuvimos casi 12 horas dando vueltas tras él. 




Ciervos moteados (Axis axis) Foto: C. Aguilar
Para mi gusto esa actividad se está masificando y volviendo algo agresiva, el día que fuimos hubo unos 40 vehículos continuamente dando vueltas y ninguno consiguió ver ese día el leopardo. Y es que aunque haya más posibilidades que en otros sitios de Asia, sigue siendo un animal difícil con un medio muy cerrado, menos mal que luego me he resarcido con la especie en Sudáfrica. Pero volviendo a Yala, el parque tiene suficientes atractivos aunque no veas el leopardo. No obstante, no es una sabana africana, donde la densidad y visibilidad de mamíferos es muy superior. La fauna presente allí es más que curiosa, con elementos de influencia paleártica con otros africanos y asiáticos.




Bosque, rocas y lagunas en Yala. Foto: C. Aguilar
Es curioso ver como el leopardo, un animal que asociamos a África, en Yala subsiste de comer ciervos y jabalíes. Su principal presa es el ciervo moteado (Axis axis) que se ve muy fácilmente. Por cierto que los jabalíes (Sus scrofa) de allí son la misma especie que en Europa solo que en Sri Lanka tienen menos pelo por una adaptación al calor tropical. Otros mamíferos que vimos fueron el chacal que es el único cánido de la isla, una liebre (Lepus nigricollis) y varias especies de mangostas que son muy abundantes. La sequedad del parque se ve compensada por lagunas grandes y pequeñas dispersas por todo el territorio. Algunas tienen varios siglos y se cree que formaron parte de sistemas de irrigación de antiguos reinos.




Huellas oso (Melursus ursinus) C. A.
Otras lagunas son más  recientes y han sido creadas para favorecer a la fauna. En esas lagunas se pueden ver metidos hasta el cuello búfalos de agua (Bubalus bubalis). Entre la gran fauna hay una especie bastante discreta que sorprendió encontrar en una isla, el oso tibetano (Melursus ursinus) que al parecer en Yala está especializado en consumir termitas.  Es nocturno así que tampoco es fácil de ver, aunque en verano es algo más diurno pues aprovecha los frutos de uno de los árboles más notorios el palu (Malinkara hexandra) una especie que curiosamente es del mismo género que la quinilla (Manilkara bidentata) del bosque seco de Ojos de Agua que vi en Perú. Y realmente tienen un aspecto similar, con troncos reticulados como nuestros robles. En el Perú me dijeron que la Manilkara era una madera muy codiciada para parquets europeos, en Yala era sobretodo un árbol por cuyos frutos se pierden los osos. Al final, de tanto mirar, al menos cayeron unas huellas de oso en una pista, lo cual no es nada fácil ya que como no puedes bajar del coche no hay ocasión de verlas en la arena.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Sri Lanka 4 (2012) Los bosques lluviosos de Sinharaja


Bosque lluvioso en Sinharaja. Foto: C. Aguilar
El bosque lluvioso de zonas bajas en Sri Lanka es uno de los ecosistemas en la isla que más se ha reducido históricamente al competir con las mejores zonas para asentamientos humanos. Solo hay condiciones para su desarrollo en el suroeste pero allí en zonas llanas y pequeñas colinas han sido reemplazado por cultivos de arroz, plantaciones de palmeras y frutas tropicales, aunque todo en un paisaje de bosques secundarios exuberante. A día de hoy solo queda un 3% de ese tipo de bosque primario y aunque se llame de zonas bajas lo que ahora se conserva está sobretodo en torno a colinas de unos 1000 metros de altitud. El lugar que conserva mayor extensión de ese hábitat es la reserva de Sinharaja a un par de horas de Galle.





Helecho arborescente Cyathea gigantea. C. Aguilar
El bosque de Sinharaja es desde hace años una reserva de la biosfera y uno de los mejores sitios para ver endemismos. Pese a su reducido tamaño ese hábitat alberga el 64% de las especies de árboles endémicos de la isla. También es propia de esos bosques la presencia de orquídeas, aunque en las fechas que estuvimos solo vimos florecidas unas que cultivaba la gente local en los jardines en torno a sus casas. Se trata de un bosque umbrío con grandes helechos arborescentes como Cyathea gigantea y muchas plantas trepadoras de la familia de las aráceas. En comparación con otros bosques tropicales me extrañó no ver más formas epifitas. 




Bulbul (Pycnonotus melanicterus). C.Aguilar
El lugar también acoge muchas aves endémicas, y es que este tipo de bosque junto con los bosques de montaña de mesetas altas concentran el mayor número de formas exclusivas de aves de la isla. Como en todos los bosques tropicales las aves son difíciles de ver y aún más de fotografiar por la escasa luz. Allí pudimos ver cuatro de la seis especies de bulbules presentes en Sri Lanka, el omnipresente bulbul cafre, (Pycnonotus cafer), el bulbul cejiamarillo (Acritillas indica), el bulbul negro (Hypsipetes leucocephalus) y el endémico bulbul carinegro (Pycnonotus melanicterus). Otro de los endemismos fue el mochuelo de Ceilán (Glaucidium castanonotum), una diminuta nocturna cuya observación se ve facilitada por su actividad más diurna que otras especies. 
 


Lagarto de jardín verde (Calotes calotes) C. Aguilar
Aquí también pude ver un par de lagartos de coloración espectacular, uno de ellos el lagarto de jardín verde (Calotes calotes) que apesar de su coloración intensa pasaba desapercibido en el entorno verde. El otro era el lagarto narigudo (Lyriocephalus scutatus) al que sorprendimos en los troncos de los árboles completamente inmóvil confiando en no llamar la atención, lo cual debía funcionar bien, pues no los vimos hasta tenerlos justo delante de las narices. En este bosque encontramos las dos primeras especies de primates del viaje, ambos endémicos de la isla, el macaco de Sri Lanka (Macaca sinica) y el langur de cara púrpura (Trachypithecus vetulus). Los ejemplares que vimos allí eran bastante tímidos, más que en otros lugares del país.



Langur cara púrpura (Trachypithecus vetulus)
Ambas especies difieren en su nicho ecológico y grupo taxonómico, los macacos pertenecen a los Cercopitecinos con amplia distribución en Asia y norte de África, emparentados con los papiones y con nuestra mona de Gibraltar (Macaca sylvanus). Son primates de gran flexibilidad ecológica comedores de frutas y semillas y muy curiosos. El de Sri Lanka es endémico y tiene 3 subespecies, siendo la de Sinharaja M.s.aurifrons. Los langures de cara púrpura pertenecen al grupo de los Colobinos especialistas en comer hojas, los herbívoros de entre los primates. Esta especie endémica cuenta con 4 subespecies, T.v.vetulus en Sinharaja, estando una de ellas T.v.nestor incluida en la lista de los 25 primates más amenazados del mundo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Sri Lanka 3 (2012) Galle, la herencia colonial

Mezquita y faro en Galle. Foto: C. Aguilar
La fortificación de Galle es una joya arquitectónica en esta costa de arenales y palmeras con localidades que tanto sufrieron el Tsunami del 2004. Las gruesas murallas que defienden la pequeña península en que se asienta la parte vieja , la permitieron resistir mejor el golpe del mar en aquella ocasión. Gracias a ello hoy podemos seguir disfrutando del microcosmos que contiene, con variopintos edificios coloniales herencia de su pasado primero holandés y luego británico. Aún no hay tanto turismo como para que haya perdido su esencia y para mí ha sido toda una sorpresa. La UNESCO la tiene en su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. 





Gran Ficus en un plaza de Galle. Foto: C. Aguilar
Su estructura parece sacada de una ilustración de un historieta de Corto Maltés o de la una de las ciudades imaginarias de Italo Calvino. Dentro del recinto amurallado puedes encontrar edificios religiosos budistas, católicos y mezquitas, casi unos al lado de los otros en un ejemplo de convivencia muy singular. Tampoco falta un sencillo faro blanco que ilumina todas las noches el cielo de la población con su giratorio haz de luz. Entre los edificios coloniales hay solares con palmeras, jardines con buganvillas, macetas floridas y hasta una plaza con árboles gigantescos que empequeñecen cualquiera de las casas del entorno.





Casa con dos Platycerium colgados. Foto: C. Aguilar
Entre ellos está uno de esos grandes Ficus de los que descuelgan multitud de raíces de las ramas tejiendo una surrealista cortina vegetal. Entre tantas raíces colgantes, los críos de allí han aprovechado para anudar varios de esos manojos dando forma a un columpio, el más bucólico que he visto nunca. Entre las plantas de las macetas de las entradas de las casas me llamó la atención encontrar a ambos lados de un puerta dos ejemplares de Platycerium. No conocí ese género de curiosos helechos epífitos tropicales hasta el viaje por Perú del 2011. En aquella ocasión pude ver crecer de forma natural el singular y escaso Platycerium andinum, la corona de los ángeles, en el bosque tropical seco de Ojos de Agua.




Barbudo (Megalaima zeylanica) César Mª Aguilar
También supe entonces el interés que despertaba ese grupo de helechos entre los aficionados a la jardinería por su singular forma. Algo parecido al cultivo y coleccionismo de orquídeas. Los de las macetas de la casa eran aún pequeños y poco espectaculares pero llegan a tamaños considerables. En el arbolado de Galle también pude ver por primera vez una de especie de ave de las más curiosas de cuantas ocupan los jardines en Sri Lanka. Se trataba del barbudo cabecipardo (Megalaima zeylanica) que pertenece a un grupo de aves con poco más de 80 especies de distribución tropical y una complexión muy característica, cabeza grande y plumillas finas saliendo en torno al pico que recuerdan a pelos. 




Salamanquesa (Emidactylus frenatus) César Aguilar
Este barbudo es el más abundante y común en Sri Lanka aunque se pueden ver otras tres especies más, incluso una de ellas endémica de la isla, pero todos ellos preciosos. Luego por las noches y a la luz de sus farolas el paisaje colonial de muros empieza a llenarse de salamanquesa de las que solo hay una especie en la isla Emidactylus frenatus. Como fuimos viendo más adelante en todo el viaje era un animal muy común, no había habitación, restaurante o muro callejero que no contara con uno o varios ejemplares. Unos compañeros de estancias que trabajan para ti controlando insectos y polillas, ¡un lujo!.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sri Lanka 2 (2012) Hikkaduwa, playas del Índico

La mayor parte de costa de la isla son planicies arboladas con palmeras de cocos que llegan hasta la misma arena de la playa y algunos pequeños humedales. Entre Colombo y Galle, en la parte occidental y sur del país se encuentran la mayoría de las mejores playas donde se concentra parte del turismo. Nosotros nos desplazamos en tren hasta Hikaduwa a descansar un par de días nada más aterrizar del vuelo para hacer más llevadero el jet lag. En esas fechas la costa estaba expuesta a la influencia del monzón así que no era su mejor época, y aunque el tiempo era muy soleado y sin lluvias, se notaba el monzón por el fuerte oleaje del mar. En nuestro otoño-invierno el paisaje marino de allí cambia, las aguas se calman y se vuelven un lugar ideal para el buceo y el snorkel en los arrecifes de coral. También en esa época son costas para ver cetáceos como cachalotes o ballenas azules y hasta cinco especies de tortugas acuden a esas playas a hacer sus puestas. Yo pensaba que al ir en verano no tenía ninguna posibilidad de ver tortugas, pero los dos días en Hikkaduwa hubo un sitio de fuerte oleaje donde con algo de paciencia se dejaba ver una gran tortuga.



Tortuga alimentándose en aguas someras. C. Aguilar
Comía algas en una zona superficial y en ocasiones el retroceso del oleaje la exponía fuera del agua. También de vez en cuando sacaba su enorme cabeza para respirar. Los buscavidas locales daban el aviso a los turistas de los hoteles para llevarles y cobrarles después, incluso la acercaban a la orilla con manojos de algas como quien da de comer hierba fresca a un burro. Dado que la única tortuga marina vegetaria es la tortuga verde (Chelonia mydas), debía ser esa especie. Las aguas superficiales entre el arrecife coralino y la arena de playa son un buen lugar para hacer snorkel pero el agua estaba turbia y agitada por el monzón.





Zona intermareal con arrecifes fósiles. C. Aguilar
Como sucedáneo estuve buscando la vida marina de la zona intermareal. Entre las rocas de la orilla formadas por estructuras coralinas fósiles, pude ver erizos marinos, cangrejos, estrellas de mar, ofiuras, pequeñas anémonas, percebes y holoturias. Estas últimas, también llamados pepinos de mar por su forma, son en realidad unos "gusanos" gordísimos completamente marcianos. Tan poco definido es su cuerpo para nuestro esquema animal, que cuando los coges y sacas fuera del agua lo más normal es que te lleves un buen remojón por uno de sus orificios. Las holoturias viven de filtrar sedimento y para eso solo necesitan un sencillo cuerpo con una entrada para engullir y otra para excretar, sin más detalles.




Holoturia sacada fuera del agua. César Mª Aguilar
De este modo cuando coges uno no sabes muy bien cual es cual y en cuestión de unos segundos al estresarse suelen propulsar por el ano un chorro del agua que tenían dentro. Por la ley de Murphy es muy probable que ese orificio esté donde no lo esperabas y te den un remojón. Pero a mí la especie que más me sorprendió de esas orillas fueron los peces saltarines del fango o más bien de las rocas en este caso. Los había visto hacía más de diez años en las costas de la Isla de Reunión pues se distribuyen por las costas del Indico y Pacífico, así como en el Atlántico tropical, llegando a tener más de 40 especies. Todos los saltarines pertenecen al género Periophthalmus y tienen una apariencia similar a la de nuestros blénidos costeros. 




Saltarín del fango Periophthalmu. César Aguilar
Son unos peces casi "terrestres" ya que viven más tiempo fuera del agua que dentro. Al parecer retienen agua en sus branquias cerradas de donde siguen extrayendo el oxígeno para respirar, aunque en otros sitios también he leído que pueden hacer cierto tipo de respiración a través de la piel. El  caso es que se les puede ver sobre las rocas batidas por el oleaje apoyados sobre sus aletas pectorales, pero en cuanto te acercas saltan con una agilidad increíble para un pez. Viendo su comportamiento uno cree estar ante el eslabón perdido en la evolución de los peces hacia anfibios terrestres como los tritones o salamandras. Así vistos no se hace tan difícil entender esas transiciones en la evolución natural.

Sri Lanka 1 (2012) La lágrima forestal de la India

¡Ojito con la señal! Foto: César Mª Aguilar
Durante quince días de julio del 2012, Iratxe y yo viajamos por un país del que hasta ese momento apenas tenía referencias. La antigua Ceilán, conocida por sus exportaciones de té y más recientemente por la guerrilla de los “tigres tamiles”, era una desconocida para mí. Afortunadamente la violencia terminó hace unos pocos años y ahora se ha abierto una nueva época en el turismo en ese país tras más de 20 años de conflicto armado. También quedó atrás el impacto del Tsunami del 2004 que afectó a sus costas con gran intensidad. El interés por este destino surgió más bien por casualidad, tras leer una reseña de un viaje por él con el elefante asiático como principal atractivo.Y es que dicen que se trata del mejor sitio del mundo para ver esa especie en libertad.




Estrella en las playas de Hikkaduwa. C. Aguilar
El tamaño de la isla engaña ya que al verla junto a la gigantesca India no da una sensación de su envergadura real. Como sucede en las islas de origen continental, la flora y la fauna son bien singulares, una mezcla de la biota que se llevó del continente y que en el transcurso de la evolución dio lugar a especies adaptadas a la nueva situación, los endemismos. Además de un tamaño importante, la isla tiene en su centro montañas por encima de los 2500 metros y varias mesetas que generan situaciones ambientales variadas en cuanto a pluviosidad. Con las dos semanas de que disponíamos, realizamos un viaje que comenzó en la capital Colombo con las primeras paradas en las playas del suroeste en Hikkaduwa y en la ciudad fortificada de Galle.



Bosques lluviosos en Sinharaja. César Mª Aguilar
Desde ahí aprovechamos para visitar la zona de bosques húmedos mejor conservada de la isla, la Reserva de la Biosfera de Sinharaja. Continuamos por la costa sur hasta llegar a Tissamaharama, esa localidad da acceso al Parque Nacional de Yala una extensa zona de bosque seco y matorral de aspecto casi africano con elefantes y leopardos entre otras especies. A partir de Tissamaharama nos dirigimos a Ella atravesando un paisaje de grandes árboles tropicales encaramándose a colinas en una transición hacia las tierras altas del centro de la isla. Entre Ella y Kandy el tren nos llevó por toda la zona montañosa entre extensas plantaciones de té que aprovechan el clima más fresco de la altitud. 




Dagoba medieval en Polonnaruwa. C. Aguilar
En torno a Kandy nuevamente grandes extensiones de bosques con  enormes árboles rodeando las colinas en la segunda ciudad más populosa del país. A partir de Kandy comenzaron las visitas más culturales del país, los templos budistas y los restos arqueológicos de los antiguos reinos cingaleses. Y es que al norte de Kandy se extiende lo que llaman el triángulo cultural donde abundan templos y restos arqueológicos a cual más espectacular. Nosotros visitamos el templo del diente de Buda en Kandy, los restos arqueológicos de Polonnaruwa, la roca de Sigiriya y las cuevas y templos de Dambulla. Un atractivo común a todos ellos es que se asientan en un entorno natural tan impresionante como los propios yacimientos.




Las concurridas carreteras de la isla. C. Aguilar
Así sucede sobretodo en Polonnaruwa y Sigiriya, enclavados en bosques secos extensos y  bien conservados que también son lugares estupendos para conocer la fauna y flora local. En cierto modo, todas estas visitas arqueológicas me han recordado a la sensación que me causó visitar ruinas mayas en Guatemala como las de Tikal, donde el medio natural que las contiene es tan impresionante como el resto arqueológico. Y es que para mí la mayor sorpresa de Sri Lanka ha sido encontrar un país tan arbolado y  no solo en los parques nacionales. No todo es bosque primario, ya que con algo más de 20 millones de habitantes de algo tienen que vivir, pero no se ve allí esa deforestación de laderas para pastos que ocurre en otros lugares tropicales que he visitado. 



Langures (Semnopithecus priam), crías. C.Aguilar
Apenas he visto ganadería en los paisajes del país, lo que repercute en una buena conservación de la cubierta forestal. Otra sorpresa ha sido la facilidad de observación de los tres primates diurnos que hay en la isla, dos de ellos endémicos, y su abundancia. Algo de este mayor respeto por la fauna viene del budismo que practica la mayoría de la población, aunque el país cuenta también con minorías hinduistas, islámicas y católicas. Un solo ejemplo, es la primera vez que veo parar un coche y una moto en ambos sentidos de la carretera al ver cruzar una enorme culebra negra por el asfalto, allí esperaron parados solo por no atropellarla. Solo ese gesto instintivo de los conductores me llegó al alma. 


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