viernes, 16 de noviembre de 2012

Sri Lanka 3 (2012) Galle, la herencia colonial

Mezquita y faro en Galle. Foto: C. Aguilar
La fortificación de Galle es una joya arquitectónica en esta costa de arenales y palmeras con localidades que tanto sufrieron el Tsunami del 2004. Las gruesas murallas que defienden la pequeña península en que se asienta la parte vieja , la permitieron resistir mejor el golpe del mar en aquella ocasión. Gracias a ello hoy podemos seguir disfrutando del microcosmos que contiene, con variopintos edificios coloniales herencia de su pasado primero holandés y luego británico. Aún no hay tanto turismo como para que haya perdido su esencia y para mí ha sido toda una sorpresa. La UNESCO la tiene en su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. 



Gran Ficus en un plaza de Galle. Foto: C. Aguilar
Su estructura parece sacada de una ilustración de un historieta de Corto Maltés o de la una de las ciudades imaginarias de Italo Calvino. Dentro del recinto amurallado puedes encontrar edificios religiosos budistas, católicos y mezquitas, casi unos al lado de los otros en un ejemplo de convivencia muy singular. Tampoco falta un sencillo faro blanco que ilumina todas las noches el cielo de la población con su giratorio haz de luz. Entre los edificios coloniales hay solares con palmeras, jardines con buganvillas, macetas floridas y hasta una plaza con árboles gigantescos que empequeñecen cualquiera de las casas del entorno.




Casa con dos Platycerium colgados. Foto: C. Aguilar
Entre ellos está uno de esos grandes Ficus de los que descuelgan multitud de raíces de las ramas tejiendo una surrealista cortina vegetal. Entre tantas raíces colgantes, los críos de allí han aprovechado para anudar varios de esos manojos dando forma a un columpio, el más bucólico que he visto nunca. Entre las plantas de las macetas de las entradas de las casas me llamó la atención encontrar a ambos lados de un puerta dos ejemplares de Platycerium. No conocí ese género de curiosos helechos epífitos tropicales hasta el viaje por Perú del 2011. En aquella ocasión pude ver crecer de forma natural el singular y escaso Platycerium andinum, la corona de los ángeles, en el bosque tropical seco de Ojos de Agua.



Barbudo (Megalaima zeylanica) César Mª Aguilar
También supe entonces el interés que despertaba ese grupo de helechos entre los aficionados a la jardinería por su singular forma. Algo parecido al cultivo y coleccionismo de orquídeas. Los de las macetas de la casa eran aún pequeños y poco espectaculares pero llegan a tamaños considerables. En el arbolado de Galle también pude ver por primera vez una de especie de ave de las más curiosas de cuantas ocupan los jardines en Sri Lanka. Se trataba del barbudo cabecipardo (Megalaima zeylanica) que pertenece a un grupo de aves con poco más de 80 especies de distribución tropical y una complexión muy característica, cabeza grande y plumillas finas saliendo en torno al pico que recuerdan a pelos. 


Salamanquesa (Emidactylus frenatus) César Aguilar
Este barbudo es el más abundante y común en Sri Lanka aunque se pueden ver otras tres especies más, incluso una de ellas endémica de la isla, pero todos ellos preciosos. Luego por las noches y a la luz de sus farolas el paisaje colonial de muros empieza a llenarse de salamanquesa de las que solo hay una especie en la isla Emidactylus frenatus. Como fuimos viendo más adelante en todo el viaje era un animal muy común, no había habitación, restaurante o muro callejero que no contara con uno o varios ejemplares. Unos compañeros de estancias que trabajan para ti controlando insectos y polillas, ¡un lujo!.

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