viernes, 22 de agosto de 2014

Transahara 4 (2013-14) Mauritania, Nouadhibou-Nouakchott

Dromedarios cruzando fronteras. César Mª Aguilar
Al sexto día de salir de Algeciras, y tras recorrer más de 2.000 kilómetros por Marruecos, llegamos a la frontera con Mauritania. Durante todo el trayecto a través del Sáhara Occidental habíamos pasado unos 15 controles policiales y militares, pero lo de la República Islámica de Mauritania fue aún más intensivo. Llegamos a la frontera temprano y ya había allí una larga final de vehículos esperando a que abrieran. Solo dos coches más eran de europeos, el resto camiones y vehículos de “transporteurs”, africanos que bajan de Europa llenos de mercancías para venderlo todo, coche, camión o autobús incluido. Toda la mañana nos eternizamos en papeles y esperas. Primera lección africana de paciencia.



Cruzando las dunas en la  "tierra de nadie". C. Aguilar
La frontera de Gerguerat debe ser una la más surrealistas que existen. En realidad se pasa del Sáhara Occidental, ocupado por los marroquíes, a Mauritania y de ahí el lío de reconocimientos legales. Hubo una época en la que solo se podía cruzar hacia el sur escoltado por un convoy militar. Hoy ya existen dos puestos fronterizos, marroquí y mauritano, que se reconocen mutuamente pero separados unos 4 kilómetros. Entre medio está la “tierra de nadie” donde no actúa ninguno de los dos estados. La carretera asfaltada se interrumpe y el entorno aún sigue minado. Hay muchas rodadas en el suelo de arena y roca para cruzar ese tramo y, por motivos obvios, no conviene alejarse de ellas.



Haimas de nómadas mauritanos. César Mª Aguilar
Algunas zonas de la “tierra de nadie” parecen un decorado de la película Mad Max. Hay basura por todos los lados y chatarra, mucha chatarra, de coches, de televisores y de todo lo comerciable. En ella se hacen todo tiempo de negocios de compra-venta ilegal dado que no existe autoridad ninguna allí, es por eso que te encuentras una trupe de gente esperando a los que llegan de Marruecos. Puedes ver gente caminando que ha llegado en coche y entra en Mauritania a pie con grandes sumas de dinero en el bolsillo. Gente que es carne de soborno en la aduana mauritana. Apenas saqué fotos representativas de ese caos, pues trato de evitar la cámara en las fronteras, más en una como esta.



Durmiendo junto a la mezquita del puesto militar. C.A
Una vez en Mauritania, y sin entrar en Nouadhibou, condujimos dirección a Nouakchott. Veíamos haimas de pastores nómadas, camellos, acacias y gente con sus largos trajes azules, los bubús, y turbantes ocultando la cara. También llanuras con tabaibas (Euphorbia balsamifera), matorrales salinos y cada vez más dunas de arena, cuervos píos (Corvus albus) y hasta corredores saharianos (Cursorius cursor) en la cuneta. Dormimos junto a un control militar de camino a Nouakchott, lo que ya haríamos siempre por seguridad en ese país cuando pernoctábamos en el campo. Por la noche un cielo con miles de estrellas y alcaravanes (Burhinus sp) reclamando sin cesar.




Hora punta en el centro de Nouakchott. C. Aguilar
Al día siguiente la carretera hasta Nouakchott nos mantuvo lejos del litoral del que nos separaba un extenso arenal. No accedimos al Banco d´Arguin, el mítico lugar de invernada para miles de aves europeas, ya que para ello es necesario atravesar con guía el mar de dunas litoral. En Nouakchott aprovechamos para hacer los visados a Mali y para comprar melfas para la asociación, unas telas teñidas de vistosos colores con que se visten las mujeres mauritanas y saharauis. Tras la comida dejamos atrás una ciudad caótica, sucia y hasta con atascos, donde el estado mauritano ha dado forma a un gran asentamiento en un país de gente eminentemente nómada.

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