domingo, 1 de marzo de 2015

Brasil 3 (2014) Imbassaí, algunos “habitantes” cercanos

Tortolitas escamosas (Columba squammata) C. A.
Estar alojado en un sitio con un entorno natural cuidado permite no tener que ir muy lejos para ver algunas de las especies de fauna más comunes. Los jardines de los alojamientos son buenos lugares para pajarear. El pequeño bosque natural también daba bastante juego, aunque ver aves dentro de una zona forestal siempre es complicado, es más fácil en los ecotonos y zonas semiabiertas como sucedía con las tortolitas escamosas (Columba squammata). En los trópicos amanece pronto, tan pronto que en ningún alojamiento te dan de desayunar hasta un par de horas después de las primeras luces, así que hay tiempo para ir a buscar, prismáticos en mano, algunas de las aves comunes. Y luego aún sobra día para ir a la playa y hacer vida “normal”.


Cathartes aura y Cathartes burrovianus. C. Aguilar
Unas de esas aves comunes eran los zopilotes o buitres del nuevo mundo. Se veían volando por todas partes, son carroñeros que comen de todo, atropellos de las carreteras, basuras  y casi cualquier otra cosa que les quede a su alcance. Comprobé que un grupo de ellos dormía en unos árboles de la loma boscosa tras el alojamiento. Madrugando podía verlos posados con la preciosa luz del amanecer y ¡sorpresa! era un dormidero mixto. Allí estaban las tres especies que se ven por la zona,  el aura gallipavo (Cathartes aura), el aura sabanera (Cathartes burrovianus) y el  zopilote negro (Coragyps atratus). Volando no lograba distinguir bien las tres especies, pero posadas y con fotos era otra cosa.



Cuco-ardilla (Piaya cayana). Foto: César Mª Aguilar
Aves comunes de ver eran las tangaras, entre ellas la abundante tangara sayaca (Thraupis sayaca) con su plumaje azul plomizo o el dacnis azul (Dacnis cayana). Otras aves que vi por allí de esa familia eran de plumajes algo más discretos como la tangara encapuchada (Nemosia pileata) o la tangara negra (Tachyphonus rufus). Muchas de aquellas aves acudían a comer los frutos de las palmeras del jardín. En el sotobosque podía ver al zorzal Sabiá (Turdus leucomelas) removiendo ruidosamente la hojarasca. Pero una de las especies que más me gustaba observar era el tímido cuco-ardilla común (Piaya cayana), no venía todas las mañanas pero cuando venía ¡era tan elegante!




Iguana verde (Iguana iguana). César Mª Aguilar
Entrando el bosque localicé un jacamará colirrufo (Galbula ruficauda), cuestión de suerte, porque son discretos a más no poder. Se quedan posados sin moverse, y no reparas en ellos hasta que salen volando. En un claro del bosque otra especie confiaba en su inmovilidad para pasar desapercibida, era una iguana verde (Iguana iguana). Su colorido le ayudaba bastante. No había visto nunca una y no me imaginaba ese aguante de quedarse totalmente inmóvil, incluso a menos de un metro, si te aproximas lento. Tan emocionado estaba acercándome y fotografiándola que no reparé en su nueva estrategia de defensa. De repente, me lanzó un latigazo con su larga cola que me pilló desprevenido. Un bicho sorprendente.



Zarigüeya captada con el fototrampeo. C. Aguilar
Los días que pasamos en Imbassaí fuimos realizando visitas a distintos lugares de interés, pero yendo y viniendo a dormir al mismo alojamiento. Eso me permitió poder poner la cámara de fototrampeo en el bosque del alojamiento un número de días suficiente para tener alguna posibilidad de éxito. Y lo tuve. El fototrampeo en sitios tropicales no me parece sencillo ya que los olores se pierden rápido por las lluvias diarias y los alimentos enseguida son devorados por las hormigas. Pero esta vez hubo suerte y un par de días acudió una zarigüeya, uno de esos pequeños marsupiales de dieta generalista que son comunes en Sudamérica.

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