viernes, 1 de mayo de 2015

Brasil 10 (2014) Cascada Fumaça y campos rupestres

Salto de la Cascada Fumaça. Foto: César Mª Aguilar
La cascada Fumaça es uno de los lugares más llamativos de la Chapada Diamantina. Hay muchas cascadas en el parque nacional pero esta es la mayor y, aunque no siempre lleve agua, el sitio es espectacular. Dicen que es la cascada más grande de Brasil con un salto de 360 metros en caída libre. Hay en la parte alta un saliente de roca que hace las veces de mirador sobre el salto. Para el que se atreva. La roca está volada sobre el vacío y no son pocos los que vencen el vértigo para arrastrarse por ella y mirar con el estómago encogido hacia el precipicio. No es mi caso. No es que tenga vértigo en condiciones normales pero aquello me supera con creces.




Morro del Monte Tabor. Foto: César Mª Aguilar
La cascada se encuentra la final de un valle muy poco accesible, sí o sí, hay que caminar durante horas para llegar. Eso no impide que sea uno de los lugares más visitados del parque porque ese esfuerzo se compensa con las vistas. Para llegar a la base suele hacerse una travesía de tres días a pie desde Lençois ya que el lugar está alejado de pistas transitables. Hay otra opción más corta. Consiste en acceder a la parte alta dando un rodeo a través de una meseta cercana al valle de Capao, al encuentro del arroyo que da lugar al salto de agua. Se trata de un cauce de aguas rojas igual que el resto de los que drenan las sierras de la Chapada.



Cruzando el arroyo, casi seco, de la cascada. C.A.
Nosotros visitamos la cascada desde esa parte de arriba, dedicando un día entero a ello. Desde el inicio del sendero hay par de horas de ida hasta el salto de agua y todo el paisaje que atraviesas es distinto a lo que ves en otras áreas del parque. Se trata de una zona de campos rupestres en torno a los 1300 metros de altitud. Hay varias de esas mesetas o morros en el parque nacional, son parte de la imagen más reconocible del espacio natural. Esos lugares son húmedos por la altitud y por las nieblas, tiene una vegetación abigarrada pero sus suelos tienen poco desarrollo y en seguida aflora la roca.




Especies de flora de la zona. Fotos: César Mª Aguilar
Las condiciones ecológicas crean un ambiente particular, la vegetación tiene un aspecto inusual, como la de un "mundo perdido" algo que no nos es muy familiar. Predominan plantas de porte arbustivo y los árboles no suelen alcanzar grandes alturas. Durante el trayecto vimos muchas especies florecidas, entre ellas flores rojas de Calliandra sp, racimos de Begonia sp y arbustos de bellas flores fucsias como Marcetia sp. Me habría gustado poder dedicar más tiempo a ver y fotografiar esa flora y también a las aves de los campos rupestres, pero la larga caminata a la cascada no daba mucho margen. Entre las aves presentes allí también las hay singulares y especialistas de ese hábitat tan particular.




Viudita aterciopelada (Knipolegus nigerrimus). C.A.
En el mirador de la cascada algunas de esas aves se han habituado al tránsito de turistas y a comer los restos de comida. En otros lugares de la meseta no son fáciles de ver pero allí se dejaban aproximar y fotografiar. Les interesaba. Entre esas aves estaba la viudita aterciopelada (Knipolegus nigerrimus), el coludo gorjipálido (Embernagra longicauda) y la tangara  canela (Schistochlamys ruficapillus).  Las dos primeras endémismos de Brasil y todas ellas especies con distribuciones muy restringidas.

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