sábado, 3 de diciembre de 2016

Marruecos 3 (2008) En busca de los dragos del Anti-Atlas

Montañas habitadas del Anti-Atlas. C. Aguilar
En 1997 Abdelmalek Benabid y Fabrice Cuzin publicaron el hallazgo de una población relicta de dragos (Dracaena draco) al sur de Marruecos. La nueva población se localizaba en la parte occidental del Anti-Atlas, una singular cordillera de media montaña que me había llamado la atención al preparar viajes anteriores al país.

Hasta el hallazgo de la población marroquí se creía que el drago solo estaba presente  en algunas islas de Macaronesia (Canarias, Cabo Verde y Madeira). Y aún hoy esa sigue siendo la única población de la especie fuera de islas Esa fue la excusa para acercarnos hasta esos montes en nuestro viaje.




Paisajes de arganes en el Anti-Atlas. C. Aguilar
El Anti-Atlas viene a ser la frontera entre el mundo mediterráneo y el sahariano así que es un lugar singular.  El paisaje de roca descarnado está cubierto por formaciones abiertas de arganes (Argania spinosa) y cardones (Euphorbia echinus), pero más al sur ya empiezan las acacias y las palmeras.

En los bancales de sus pueblos aún puedes encontrar almendros, algarrobos, viñas e higueras. Es la distribución más al sur de esas plantas mediterráneas en África. Pero desde el punto de vista botánico el Anti-Atlas está poco estudiado y por ello fue posible una noticia tan inesperada, para finales del siglo XX, como la de Benabid y Cuzin.


Señalización a las poblaciones del Anti-Atlas. C.A.
Los dragos de esta población se describieron como una subespecie nueva llamada ajgal, aludiendo al nombre que le dan los locales que conocían bien el árbol. Si antes no se habían hallado era porque crecen en grietas de paredones rocosos entre los 400 y los 1400 metros.

Para localizarlos contaba con vagas referencias geográficas del enclave. Estudié los topónimos en unos mapas poco detallados que conseguí por internet y me hice una vaga idea de por dónde buscar. Con nuestros telescopios pensé que no sería difícil dar con ellos "barriendo" los cortados y convencí a Javier y Leandro para intentarlo. Era un ingenuo.



Cortados con la población relicta de dragos. C.A.
La aproximación al valle de Oumarhuz, donde debían estar los dragos, no resultó fácil. En los mapas 1:25o.000 solo aparecían unas pocas aldeas de las numerosas que hay diseminadas por la montaña. Tomar referencias era difícil. Por suerte a casi todas ellas llegan pistas de tierra.

Tras un día recorriendo pistas entre laderas de arganes y roquedos, ni siquiera sabíamos si estábamos en el valle de Oumarhuz. Los escasos carteles que vimos estaban en árabe, así que era como buscar una aguja en un pajar.
En una aldea un maestro de escuela entendió lo que buscábamos y nos dirigió hacia una pista que escalaba las montañas hasta alcanzar unos 1000 metros de altura.


Dragos encaramados al cortado. Javier Álvarez
Según nos dijo el maestro, debíamos buscar más alto de lo que lo hacíamos e internarnos más en las montañas. Así llegamos hasta una pista donde, agotados, nos plantamos... pensamos que la búsqueda se nos estaba yendo de las manos. Fue entonces cuando salió a nuestro encuentro un hombre de un pequeño caserío y nos indicó que sí que estabamos en el sito correcto. Realmente fue casualidad.

Caminamos con él durante media hora por laderas de roca hasta el borde de un enorme barranco. Al otro lado, estaban los dragos. Nunca una hallazgo me resultó más reconfortante. Allí estaban con la luz de la tarde, cientos de dragos encaramados al cortado, en el único sitio a salvo de las cabras de estos pueblos de pastores bereberes.

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