domingo, 23 de abril de 2017

Nueva Zelanda 6 (2016) Los alcatraces de Muriwai

Islas de Oaia y Motutara y costa en Muriwai.
La siguiente parada en el viaje fue la colonia de alcatraces australianos (Morus serrator) en la población de Muriwai. Esta colonia se sitúa en la costa del mar de Tasmania, a solo una hora en coche desde Auckland, y es muy popular y accesible.

Lo singular del sitio es que los nidos no están en una isla, como es habitual en las aves marinas para evitar los predadores terrestres. En realidad lo estuvieron al comienzo, pero la colonia fue creciendo y, finalmente, algunas aves pasaron a criar en varias plataformas del acantilado costero. Hoy ya son mayoría.

 

Alcatraces australianos (Morus serrator) C.A.
A comienzos del siglo XX la colonia estaba formada por muy pocas parejas en la isla de Oaia, la pequeña que se ve al fondo en la foto. A mediados de los años 70 Oaia se quedó pequeña y las aves pasaron al islote de Motutara, el que tiene forma prismática frente a los miradores. Pero aún así el espacio se quedó pequeño. En 1979 dieron el salto a los acantilados costeros.

La colonia ha pasado de unas 50 parejas en su inicio a más de 1000 actualmente. Lo singular es que ha crecido a pesar de los peligros que acarrea su decisión de criar en tierra firme donde están más expuestos a las molestias y a la predación.



Rituales de celo de las aves. Foto: C. Aguilar.
Otro factor importante en la elección de este lugar parecen ser los fuertes vientos costeros que facilitan el acceso y la salida de las aves. Hoy en día la colonia es fácilmente visitable desde varios miradores y desde algunos hay aves que quedan bastante próximas.

Cuando visitamos Muriwai era el comienzo de la primavera austral y las aves estaban tomando posiciones en los nidos. Los alcatraces son sociables pero territoriales en su pequeño espacio en torno al nido y solo defienden hasta donde llegan con el cuello estirado. Esto genera colonias densas con nidos distribuidos de una forma regular increíble.



Alcatraz confiado y medio dormido. C. Aguilar
Como en cualquier comunidad aquí también hay un orden de jerarquía. Los mejores sitios, los situados en el centro de la colonia, los suelen ocupar las parejas más veteranas, dejando los bordes para las inexpertas y para las aves que no han logrado emparejarse.

Los alcatraces comparten estos acantilados con una pequeña colonia de charranes maoríes (Sterna striata) que criaban en la plataforma principal del acantilado hasta los años 70. Entonces los alcatraces los desplazaron a los laterales y a las partes bajas del acantilado.

 


Pintura "Muriwai". Colin McCahon.1972.
La colonia de Muriwai, como ya he comentado, es un lugar muy visitado y cada uno mira y percibe este espectáculo natural de una manera personal. Mi mirada es la de un naturalista pero hay quienes logran ver otros matices e incluso crear a partir de ellos.

Es el caso de un artista muy estimado en Nueva Zelanda, Colin McCahon, que estuvo residiendo en la década de los 70 en la zona y dejó un cuadro abstracto que incorpora los extraños volúmenes de los acantilados y los colores que aportan las aves a un paisaje subjetivo y personal. Me fascina la abstracción que ha logrado.

miércoles, 12 de abril de 2017

Nueva Zelanda 5 (2016) Los bosques de kauris de Waipoua

Kaurí (Agathis australis) en Waipoua. C. Aguilar.
Hubo un tiempo en que buena parte de la isla norte de este país estuvo cubierta de densos bosques de kauris (Agathis australis). Esta especie es una conífera endémica de Nueva Zelanda, de la familia de las araucarias, que alcanza portes excepcionales. Uno de los lugares para verlos en su esplendor es el bosque de Waipoua.

Waipoua fue declarado reserva en 1952 gracias a la presión popular, en especial de la comunidad maorí que tiene una gran identificación con estos árboles. En este bosque quedan los ejemplares más antiguos y de mayor porte de la especie en Nueva Zelanda.




Varias especies de helechos. Fotos: César Mª Aguilar.
En los bosques de kauris no solo crece esta especie. La vegetación es variada y exuberante ya que se desarrolla en un clima subtropical donde los helechos, los musgos y los líquenes alcanzan una gran diversidad.

Entre las formas más singulares que me llamaron la atención están los helechos riñón (Trichomanes reniforme), con sus frondes ovalados que recuerdan a ese órgano, o los helechos film (Hymenophilum sp) con un fronde que tiene un espesor de una sola célula, algo así como sucede en las capas de una cebolla. También singular es el helecho trepador Lygodium articulatum con unos frondes terrestres estériles completamente diferentes a los que desarrolla, ya sobre el árbol, para su reproducción. 



Helechos arborescentes. Foto: César Mª Aguilar.
Pero a nivel de paisaje los que más destacan son los helechos arborescentes. Entre ellos el helecho arbóreo plateado (Cyathea dealbata) que puede superar los 12 metros. Esta especie es común y está muy extendida en Nueva Zelanda, especialmente en la isla norte, y se reconoce por el color blanquecino del envés de sus frondes.

Recorrimos Waipoua bajo la lluvia, como corresponde a un lugar con ese clima. Hoy en día parte de los senderos en torno a los grandes kauris están sobre pasarelas elevadas, una medida que evita el pisoteo de sus raíces superficiales, que al parecer son muy importantes y delicadas en esta especie.
  


Kaurí (Agathis australis) en Waipoua. I. González.
Visitamos algunos de los más grandes kauris conocidos como el Te Matua Ngahere, el “padre del bosque” en maorí, con una edad estimada por encima de los 2000 años y unos 5 metros de diámetro. Los kauris tienen una estructura extraña que, en cierto modo, recuerda a árboles emergentes de las selvas tropicales como las ceibas.

Tienen troncos que crecen completamente rectos con una corona de ramas a gran altura. Como muchas otras especies de estos bosques tienen una corteza fina que se desprende, lo que se ha interpretado como una adaptación para quitarse de encima a las numerosas epífitas trepadoras que crecen en este clima.



Gran "pepita" de ámbar kaurí. Foto Museo del Kauri.
La madera de kauri es de gran calidad y fue muy utilizada para la construcción de edificaciones y en todo tipo de infraestructuras. La avidez por estos gigantes del bosque estuvo a punto de acabar con ellos en poco más de un siglo de explotación.

Además de por su madera, los kauris interesaban por su resina y muchos fueron sangrados trepando a sus troncos con cuerdas para obtenerla. Luego descubrieron que el ámbar de su resina también se conservaba en ciénagas y turberas donde habían muerto los árboles cientos y miles de años atrás y se desató una explotación de las ciénagas.

martes, 4 de abril de 2017

Nueva Zelanda 4 (2016) Otras aves de Tiritiri Matangi

Hihi (Notiomystis cincta). Foto: César MªAguilar.
En Tiritiri uno tiene ocasión de ver juntas las tres especies de aves especializadas en consumo de néctar que hay en Nueva Zelanda. Para favorecer su observación hay estaciones de alimentación como se hace con los colibríes.

El mielero tui (Prosthemadera novaeseelandiae) es el mayor y el más abundante, el mielero maorí (Anthornis melanura) también se puede ver en otros lugares del país, pero el hihi (Notiomystis cincta) es realmente un ave escasa, rara y amenazada. Pertenece a una familia de aves con una sola especie y, hasta la colonización europea, estuvo bien distribuido por la isla norte. 




Mieleros maoríes alimentándose (A. melanura) C. A.
A finales del siglo XIX solo quedó una población de hihi en una pequeña isla a 80 km de aquí, Little Barrier o Hauturu por su nombre maorí. En 1995 se traslocaron 37 aves desde allí formando la población que ahora puede verse en Tiritiri. El éxito de su reproducción aquí ha permitido seguir traslocando parte de esta población hacia otros santuarios, alejándola poco a poco de la extinción.

Otra familia de aves propia de Nueva Zelanda son los pájaros carunculados, llamados así por unas protuberancias carnosas o carúnculas que les cuelgan a ambos lados de la base del pico. Son otras de las joyas de esta parte del mundo.


Kokako (Callaeas wilsoni). Foto: César MªAguilar.
Dos de las tres especies actuales de esta familia se pueden ver en Tiritiri y en pocos sitios más, son el tieke de la isla norte (Philesturnus rufusater) y el kokako (Callaeas wilsoni). La observación de estas aves hay que trabajársela y en eso está el encanto, aunque la información de los voluntarios y otros ornitólogos ayuda. Y dimos con ellos.

Titiritiri puede tener bebederos, las aves más escasas están anilladas y son confiadas, pero son aves en estado silvestre en una isla con 220 hectareas, fuertes desniveles, 60% de bosque denso y un 40% de pastos sin revegetar para favorecer a las de medios abiertos. Un medio estimulante para la búsqueda de aves.



Bosque denso en el sendero de la costa. C. Aguilar.
Otras aves que pude observar por allí fueron la petroica neozelandesa de la isla norte (Petroica longipes), el mohoua cabeciblanco (Mohoua albicilla), el abanico maorí (Rhipidura fuliginosa), el perico maorí cabecirrojo (Cyanoramphus novaezelandiae) o la yerbera maorí (Bowdleria punctata), muchas de las cuales ya no volvería a ver en todo el viaje de un mes por las dos islas principales de Nueva Zelanda.

Pero lo que todo el mundo espera ver cuando va a Nueva Zelanda son kiwis. Es difícil en condiciones normales, pues son nocturnos, discretos y asustadizos. La especie de Tiritiri es el kiwi moteado menor (Apteryx owenii).


Perico maorí cabecirrojo (C. novaezelandiae). C.A.
El kiwi fue introducido en la isla en 1993 y cuenta con una población actual de entre 60-80 aves, que calculan que puede ser la capacidad de carga del sitio. En el albergue alguien sugirió salir a buscarlos después de la cena y, para nuestra sorpresa, vimos kiwis en dos ocasiones en aproximadamente una hora. 

Las observaciones fueron fugaces, pero a pocos metros, bajo la luz roja de las linternas. Y nada de fotos para no molestarlos.  Este es el kiwi más pequeño de las 5 especies que existen, pero a mí me pareció "enorme", siempre los había imaginado más pequeños. Estas aves recorren el denso sotobosque y solo se ven cuando cruzan alguna pista. Fue de lo mejor del viaje.


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