sábado, 6 de octubre de 2012

Arribes del Duero 3 (2012) Charcas y solanas

Gallipato (Pleurodeles waltl). C. Aguilar
En esta parte de la Península habita una especie de anfibio que hacía mucho tiempo que no veía. Se trata del gallipato (Pleurodeles waltl) que con su raro aspecto no deja de ser una salamandra. Los encontramos en una charca usada como abrevadero para el ganado sin apenas vegetación, la típica con poco más que ranas comunes (Pelophylax perezi). El gallipato tiene un sistema de defensa atípico, tiene dispuestas las puntas de las costillas contra una serie de glándulas laterales de color rojizo. Supuestamente, cuando se sienten amenazados, rompen esas glándulas con las puntas de las costillas que se impregnan de sustancias tóxicas, poniendo dificultades a un depredador que quiera engullirlo.


Culebra viperina (Natrix maura) gordita. C. Aguilar
Cuando coges un gallipato puedes notar esa tensión y cómo las puntas de las costillas presionan los laterales, aunque no he llegado a ver sobresalir las puntas como suelen decir en la bibliografía. Por lo demás, compartiendo la charca con ellos encontramos una culebra viperina (Natrix maura) que acababa de engullirse una presa, por el abultamiento que tenía, casi seguro una rana común. Las culebras viperinas o de agua son muy comunes en toda la zona, se trata de una especie generalista por lo que no es de extrañar, pero a mí en el Ebro cada vez me cuesta más verlas. Recuerdo que de niño solía ver culebras de agua de forma habitual en ese río y ahora que lo recorro en piragua veo realmente muy pocas.


Sapo corredor (Bufo calamita). César Aguilar
En los arribes, las culebras de agua aún siguen siendo muy abundantes, como yo las recordaba. En cuanto anfibios, en fuentes y aguas permanentes encontramos un endemismo del oeste peninsular, el tritón ibérico (Lissotriton boscai) que se escapó varias veces de entre los dedos por olvidarnos las sacaderas. Pocos anfibios más pudimos encontrar ya que tras la sequía del año muchas balsas y barrancos estaban aún secos y las noches no fueron húmedas. Aun así pudimos oír cantar ranitas de San Antonio (Hyla arborea) y ver unos cuantos sapos corredores (Bufo calamita), uno de ellos a medio mudar con la piel echa jirones.



Lagarto ocelado (Timon lepidus). César Aguilar
Por el día, tres especies de reptiles se repartían las solanas, los lagartos ocelados (Timon lepidus), las lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) y las lagartijas ibéricas (Podarcis hispanica). De esta última especie dos machos se disputaban una hembra en un bolo granítico. Uno de los machos, el que más éxito tenía, mantenía mordida a la hembra tras las patas traseras tratando de retenerla, mientras el segundo macho lo acosaba para tratar de que la soltara y engancharla él. El macho segundón era uno que había perdido la cola y hasta lo que vi, no consiguió su propósito de arrebatarle la hembra. Puro salvajismo animal.



Escorpión. Foto: César Aguilar
Estuve también tratando de encontrar en un par de ocasiones culebrillas ciegas (Blanus cinereus) bajo las piedras, una especie que vi hace tiempo en Miranda de Douro de este modo, pero esta vez no hubo suerte. Bajo las piedras solo se escondían escolopendras, escorpiones y grillotalpas, estos últimos unos insectos relativamente comunes en la zona que despistaban al cantar por la noche con sonidos que recordaban en cierto modo a lo de los anfibios.

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