viernes, 2 de abril de 2021

Libros 2019-2020

Hasta los veinte años no recuerdo haber leído apenas nada. Me refiero a lecturas por voluntad propia, no a libros que uno tiene la obligación de leer durante su formación: escuela, instituto y universidad. Bueno, realmente sí leía: monografías técnicas, todo tipo estudios de flora y fauna, libros sobre espacios naturales y guías de identificación de especies a montones. Sin embargo, cuando me refiero a leer no hablo de este tipo de publicaciones. Así, estoy lejos de ser un lector que alguien pudiera consideraría de “toda la vida”.

No, yo no devoraba libros en la infancia, a mí me gustaba la “acción”, no tener la nariz metida entre las páginas de un libro. Pero solo tuve que encontrar lo que realmente me interesaba para cambiar de idea y, cuando di con ello, descubrí tal abanico de opciones que ahora me siento incapaz de seguir todo aquello que me gustaría leer: la extensa producción de libros de “no ficción”, relatos de viajes y exploraciones que se publican todos los años, ensayos del mundo natural y social y, de cuando en cuando, “clásicos” de estas temáticas o de cualquier otra que duermen en estantes de bibliotecas una vez pasado su momento de gloria y novedad.

De cualquier forma, año a año, sigo intentando leer todo lo que despierta mi curiosidad. Por aquí dejo el listado de mis exploraciones por el territorio del papel en los dos últimos años. A veces doy con lugares sorprendentes, luminosos e ignotos y otras acabo empantanado en ciénagas de páginas de las que me apresuro a salir, pero el solo intento de transitar esas geografías para mí, en general, merece la pena. Salud y lectura.


-Hijos de Darwin. ¿Somos monos por parte de padre o de madre? Darío Fo.
-El amor y la risa. Darío Fo.
-Chomsky para todos. John Maher y Judy Groves.
-El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global. Noam Chomsky.
-Levando anclas. 20 años de viajes y aventuras. Roge Blasco.
-Lo africano en el Perú: El amargo camino de la caña dulce. Susana Baca, Francisco Basili y Ricardo Pereira.
-Mburuvicha. Félix Álvarez “Azofra”.
-Memorias de un soldado desconocido. Lurgio Gavilán.

 

 

-Navegar por los aires. Análisis físico y biológico del sistema propuesto por Santiago de Cárdenas en el siglo XVIII. Luciano Stuchi y Marcelo Stucchi.
-La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt. Andrea Wulf.
-Las confidencias del conde de Buffon. Un fascinante viaje por el siglo de las luces. Marti Domínguez Romero.
-Una breve historia de casi todo. Bill Bryson.
-Un paseo por el bosque. Bill Bryson.
-Tristes trópicos. Claude Lévi-Strauss.
-Las aventuras de Huckleberry Finn. Mark Twain.
-El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta. Richard Dawkins.

 

 

-Las aventuras de Tom Sawyer.Mark Twain.
-La isla del tesoro. Louis Stevenson.
-La inesperada verdad de los animales. Lucy Cook.
-Neuroeducación: Solo se puede aprender aquello que se ama. Francisco Mora.
-Indios, negros y otros indeseables. Capitalismo, racismo y exclusión en América Latina y el Caribe. Paco Gómez Nadal.
-El lenguaje secreto de la naturaleza. Oscar S. Aranda.
-Grandes engaños de la exploración. David Roberts.
-Aves de piedra. Una descripción de las aves marino costeras del Mioceno y Plioceno de la formación Pisco, Perú. Marcelo Stucchi.

sábado, 20 de febrero de 2021

Lecturas para un confinamiento

(Texto y foto traídos del muro de mi Facebook personal. Publicado el 20 febrero 2021)

Este lunes dará fin en La Rioja el tercero de los periodos de distancia social con los que hemos ido doblegando las sucesivas olas de contagios de la pandemia de Covid-19. Un mes sin salir del municipio, sin bares, comercio, actividad cultural o reuniones con amigos. Pero con libros. Y algo he adelantado con tres títulos que saqué de la Bibiblioteca de La Rioja para estos días. Cualquiera muy recomendable para los que disfruten con las historias de libros de “no ficción” y naturaleza: mis preferidos.

BICHOS Y DEMÁS PARIENTES. GERALD DURRELL.
Hace años me había desternillado de risa con las historias de Corfú en su archiconocido “Mi familia y otros animales”. Lo que no sabía es que había una continuación que, para mi sorpresa, mantiene el mismo nivel que el primero. Durrell es una mina de anécdotas y poco importa si fueron como las cuenta, la forma de narrarlas es magistral. Ahí tenéis alto voltaje literario.

EL LORO EN EL LIMONERO. CHRIS STEWART.
Con este título me ha pasado un poco como con Durrell, había leído su primer libro, “Entre limones”, pero no sabía que sus aventuras en El Valero, el cortijo donde vive y cría ovejas en Las Alpujarras de Granada, tenían continuación en un segundo título. Stewart me atrapó desde su primer libro y solo aspiro a ser una décima parte de divertido escribiendo. Bueno, eso y a mirar el mundo con la sorpresa e ingenuidad con que hace gala este singular británico. Si no has leído nada de él no sabes lo que te pierdes.

UN AÑO EN LOS BOSQUES. SUE HUBBELL.
Aquí he de decir que partía con cierto prejuicio. Me gustan los escritores que los anglosajones llaman “nature writers”, pero no me llevo bien con los místicos neorurales adoradores de Henry David Thoreau y su tufillo “new age”. Especialmente me aburren los moralistas y trascendentes sin una pizca de humor o ironía. Esto es personal, lo sé, lo que no quita para que sean grandes autores. Thoreau puede ser una gran inspiración, pero sin pasarse. Así que partía con cierto prejuicio con Hubbell, pero estaba equivocado pues me ha parecido fresca, natural, sensible e irónica de una sutileza exquisita. Pero aquí tampoco os descubro nada, esta norteamericana fue bien reconocida en vida, sin ir más lejos este libro está prologado por un premio nobel de Literatura. Ahí es nada.

sábado, 9 de enero de 2021

Jack London y la nieve ahí fuera

(Texto y fotos traídos del muro de mi Facebook personal. Publicado el 9 enero 2021)

Parque del Ebro. Logroño. 9 enero 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Si en un día como hoy, con la nieve a la puerta de casa de media España, uno no lee a Jack London, ¿Cuando va hacerlo? Eso sí, mejor bien abrigado y con el cuerpo caliente: un té, un café o, en su defecto, un whisky bebido en petaca podrían valer.

"La nieve, blanca y todavía sin pisar, hacía que el avance resultara penoso. Los patines se atascaban y constantemente se bloqueaban con lo que, después de recorrer menos de media milla, ya iba renqueante y sin resuello, para cuando hubo plantado la tienda, encendido el hornillo y cortado una pequeña provisión de leña, ya hacía un buen rato que se había hecho de noche. No tenía velas así que se tuvo que dar por contento con un puchero de té antes de meterse entre las mantas. Por la mañana, en cuanto se levantó, se puso las manoplas, se bajó las orejeras de la gorra y atravesó nuevamente la alameda en dirección al Yukón."

Finis. Relatos de Alaska.
Jack London.

Parque del Ebro. Logroño. 9 enero 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Parque del Ebro. Logroño. 9 enero 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.


sábado, 2 de enero de 2021

Los colores de la nieve en el Ebro

(Texto y fotos traídos del muro de mi Facebook personal. Publicado el 2 enero 2021)

 Parque del Ebro. Logroño. 02/01/2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

 

Hoy, como buena parte del norte peninsular, Logroño ha amanecido nevado. Ha sido con nocturnidad y casi por sorpresa si uno no sigue las predicciones meteorológicas. Aprovechando que es día festivo, muchos se han echado a los parques para hacer muñecos de nieve o para sacar fotos de la primera gran nevada del invierno. Yo también.

A cinco minutos a pie de mi casa está la ribera del Ebro. Hasta allí me he acercado para capturar la blancura del paisaje, pero al final he quedado atrapado por el color de sus aves. Contemplar cormoranes, garzas, cigüeñas o martines pescadores formando parte casi del paisaje urbano es un lujo. Un baño de blanco y color con el que afrontar este nuevo año.

Feliz año de nieves!

Parque del Ebro. Logroño. 02/01/2021. Foto: César María Aguilar Gómez.
 
Parque del Ebro. Logroño. 02/01/2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Parque del Ebro. Logroño. 02/01/2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Parque del Ebro. Logroño. 02/01/2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Garza real (Ardea cinerea). Foto: César María Aguilar Gómez.

Garza real (Ardea cinerea). Foto: César María Aguilar Gómez.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo). Foto: César María Aguilar Gómez.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo). Foto: César María Aguilar Gómez.

Cigüeña común (Ciconia ciconia). Foto: César María Aguilar Gómez.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Foto: César María Aguilar Gómez.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Foto: César María Aguilar Gómez.

Garceta común (Egretta garzetta). Foto: César María Aguilar Gómez.

Galllineta común (Gallinula chloropus). Foto: César María Aguilar Gómez.

Martín pescador (Alcedo atthis). Foto: César María Aguilar Gómez.

domingo, 1 de noviembre de 2020

La pared de “El Pasti”

(Texto y fotos traídos del muro de mi Facebook personal. Publicado el 28 octubre 2020)

Remando contra la corriente hacia los cortados de la orilla navarra. Foto: César María Aguilar Gómez.

A todos los que crecimos en los años setenta y ochenta del pasado siglo en Logroño nos suena familiar el nombre de “El Pasti”. Junto a las piscinas municipales, en plena orilla del Ebro, estaban las conocidas como barcas de “El Pasti” unas embarcaciones de madera y remos que alquilaba allí y con las que uno podía disfrutar de un paseo por el río.

Lo que es menos conocida es la faceta aventurera del personaje. En 1934 y 1949 remó entre Logroño y Zaragoza solo por el placer de descubrir el río y de establecer una marca deportiva personal. El descenso de 1949 lo hizo con una piragua metálica de seis metros y tres plazas que se construyó él mismo y con la que alcanzó, a golpe de remo y en compañía de dos amigos, la capital aragonesa en tres días de navegación.

La historia del descenso de 1949 está bien documentada en un artículo que publicó Carlos Muntión en 2011 en el número 37 de su revista Piedra de Rayo, así que no daré mas detalles. Leyendo aquel artículo me llamó la atención una frase de una entrevista que le hicieron poco después:

“Fueron tantos los bellos paisajes admirados, que su exacta enumeración sería imposible. Tan numerosos, bellos y gratos a la vista, que nunca lamentaremos lo suficiente por nuestra sensible imprevisión de no haber llevado a bordo una máquina fotográfica que ahora nos permitiese vivir la grata añoranza de aquellos momentos felices. Eso sí, lo recuerdo perfectamente, el más sorprendente panorama que vieron nuestros ojos a lo largo de todo el viaje -una inmensa mole de roca mostrando un hermoso veteado fielmente reflejado en las aguas del Ebro- fue, para satisfactorio orgullo de nuestra idiosincrasia regional, en aguas riojanas, a unos 16 kilómetros aproximadamente antes de llegar a Alfaro”.

Cuando leí aquello supe bien a cuál se refería. Aunque ya había navegado bajo en esa “inmensa mole” hacía un tiempo, el pasado 25 de octubre volví allí con Juan y Carlos mi equipo habitual de navegación por el Ebro. Ni el día ventoso, ni el “oleaje”, ni las nubes nos impidieron disfrutar del trayecto, de la “inmensa mole” ni de una madre espectacular oculta en la orilla navarra.

A diferencia de lo que le ocurrió a “El Pasti”, nosotros sí dejamos registro del día gracias a que Juan, como hace últimamente, nos obsequió con un video de la navegación.

Y con esta salida acabo la temporada del Ebro este 2020. Si todo va bien, en abril de 2021 regresaremos a ver brotar las flores de los sauces en la ribera. Confiaremos en la promesa de la primavera tras este año extraño y un invierno que no parece que vaya a ser mucho mejor.

 


 

Recorrido 25 Octubre 2020. Saliendo y volviendo a la Presa de Machín (Rincón de Soto).

En una de las orillas se extiende un enorme carrizal. Foto: César María Aguilar Gómez.

Vistas de los cortados de yesos plegados. Bajo ellos el agua se calma. Foto: César María Aguilar Gómez.

El plegamiento de los estratos es brutal, un auténtico milhojas flexible como la plastilina. C.M. Aguilar Gómez.

En pocos sitios se ve mejor la presión de las fuerzas geológicas que en estos estratos. C.M. Aguilar Gómez.
En la base hay estratos verticales y el oleaje los ha erosionado. C.M. Aguilar Gómez.

Ribera arbolada y vegetación palustre bien desarrollada. Foto: César María Aguilar Gómez.
Cada recoveco en la ribera es la promesa de una madre por la que aventurarse. C.M. Aguilar Gómez.

Esta madre no continúa mucho... así que toca darse la vuelta y regresar al cauce. Foto: C.M. Aguilar Gómez.

Un paso oculto bajo los cortados nos da acceso al interior del soto de la ribera. Foto: C.M. Aguilar Gómez.

Dar con un lugar inaccesible a pie es como encontrar un tesoro oculto. Foto: César María Aguilar Gómez.

jueves, 1 de octubre de 2020

El Ebro nunca defrauda: el trucho de Moisés, un satélite y el castillo de Ferragut

(Texto y fotos traídos del muro de mi Facebook personal. Publicado el 15 septiembre 2020)

Ebro en Arrubal, tramo con buenos sotos de ribera. Foto: César María Aguilar Gómez.

El recorrido en kayak con Carlos del pasado sábado fue raro de narices. Todo apuntaba a un tramo insulso. Visto en Google Earth no parecía deparar muchas sorpresas, pero hay que probar todos los tramos cerca de casa para conocer bien al Ebro. Y este tramo de Arrubal, a veinte minutos de Logroño, hacía muchos años que no lo remaba.

Al poco de salir nos encontramos con una corriente fuerte que no adivinamos en la ortofoto. Remamos y remamos sin descanso río arriba, pero fue imposible avanzar, de modo que tocó salirse del kayak y hacernos un “Fitzcarraldo”. Así es como llamamos a tener que echarnos al agua y arrastrar el kayak por la orilla con el agua hasta la cintura. Una práctica deportivamente humillante, lo reconozco, pero ¡tan divertida!

A la hora o así, llegamos a unas enormes playas que tampoco esperábamos encontrar. Aquel paisaje parecía haber emergido de repente. Y así había sido, pues de regreso el río volvía a tener el caudal habitual: vivimos un caso de “poltergeist” de libro. Es la primera vez que veo un cambio de nivel de casi un metro en menos de media hora. Un par de fotos por ahí abajo lo atestiguan. Carlos es de la idea de que todo esto tiene que estar relacionado con el truco ese de Moisés de retirar las aguas para dejar pasar al pueblo de Israel, aunque yo todavía albergo algunas dudas al respecto.

Con la retirada de las aguas encontramos un satélite caído en el fondo del río. Por un momento pensamos si no sería la cápsula espacial donde viajó la perra Laika, pero tras un intenso debate dialéctico nos convencimos que no podía ser: Laika no era un caniche y allí dentro lo más que cabía era un chihuahua. Satélite, sentenciamos al unísono.

El recorrido nos deparó también orillas con exuberante vegetación y hasta unos cortados de gravas erosionadas por la corriente. De camino conquistamos una pequeña isla y, al final, llegamos a un castillo con su muralla llena de arpilleras. Antes de asaltarlo intentamos negociar con sus ocupantes, pero no se atuvieron a razones. Teníamos preparadas las cuerdas de tendedero que Carlos siempre lleva en el kayak por si hay que rapelar taludes o presas, pero nos olvidamos de los garfios y no hubo manera de alcanzar la torre del homenaje. Una pena.

De todos modos creo que se cagaron al vernos llegar por el río. Ni una palabra se oyó cuando nos plantamos a los pies del foso del castillo, voz en grito, reclamando su rendición, sus maravedíes y sus doncellas. Carlos no es de mi misma opinión, pero yo creo que era el castillo del mismísimo gigante Ferragut, aunque tampoco estoy seguro del todo. Como veis la sempiterna discusión dialéctica entre Carlos y yo.

Por suerte no traspasamos el foso pues comprobamos que estaba lleno de siluros furiosos deseando merendarse ingenieros de la CHE y, aunque creo que no entramos en su dieta, ve tú a explicárselo a un siluro hambriento… Nos retiramos a tiempo pero volveremos.

De regreso, río a bajo, la crecida de las aguas nos dio acceso a una madre oculta tras una isla. A la subida era intransitable por la falta de agua, pero a la bajada era una jungla de cañizos, juncos, espadañas y esparganios. A punto estuvimos de quedarnos allí atascados y tener una muerte lenta pasto de los mosquitos y carnaza para la garzas pero nuestra pericia nos libró. Y es ahí donde se nota que ya estamos curtidos como auténticos Argonautas Ebroñitas... que tantos recorridos por este río se tienen que empezar a notar.

En fin, lo dicho, un día marciano de narices.

Tramo recorrido en el Ebro, ida y vuelta, en Arrubal. La corriente circula de izquierda a derecha.

Una pequeña zona remansada con vegetación de Potamogeton sp. Foto: César María Aguilar Gómez.

Haciendo un "Fitzcarraldo" el cauchero que movió por tierra un barco en el Amazonas. C.M. Aguilar Gómez.

Las orillas de este tramo permiten el avance por el agua. Foto: César María Aguilar Gómez.

¡Adelante pueblo de Israel! El truco de Moisés para retirar las aguas Lo nunca visto. Foto: C.M. Aguilar Gómez.

¡Un satélite en el fondo del río! Con la retirada de las aguas lo descubrimos. Foto: César María Aguilar Gómez.

"Debe ser de esa órbita de donde ha caído". César María Aguilar Gómez.

La ribera abrazando al río. Lástima que sea solo una estrecha margen de arbolado. Foto: C.M. Aguilar Gómez.

Un río vivo erosiona y crea nuevos ambientes con cada crecida. Foto: César María Aguilar Gómez.

Por allí asoma la muralla del castillo del Gigante Ferragut. Foto: César María Aguilar Gómez.

Acercándonos al castillo con cuidado, está lleno de arpilleras desde donde pueden asaetearnos. C.M. Aguilar Gómez.

Intentando negociar al pie del foso con los habitantes del castillo. ¡Fue imposible! Foto: C.M. Aguilar Gómez.

Descubrimos una madre oculta tras una pantalla de vegetación. Foto: César María Aguilar Gómez.

A punto de quedarnos empantanados entre la densa vegetación. Foto: César María Aguilar Gómez.



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