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martes, 3 de enero de 2017

Marruecos 5 (2008) Rinocerontes y otros grabados rupestres


Grabados de bóvido Foum El Aleg. C.M. Aguilar Gómez.
A lo largo de todo el desierto del Sáhara, y en los relieves montañosos que lo bordean, aparecen numerosos grabados y pinturas prehistóricas realizadas sobre roca. Siento debilidad por este tipo de arte, así que no quería dejar pasar la ocasión de buscar algunos en una zona especialmente favorable. Y en ello embarqué a mis compañeros de viaje.

La carretera de Akka, al sur del Anti-Atlas, es una de esas zonas con abundantes de grabados de fauna. Llevaba algo de información previa, aunque muy poco precisa, pero al segundo intento dimos con una dorsal de roca con decenas de grabados. La mayoría bien marcados y en muy buen estado de conservación.




Buscando grabados en la dorsal. C.M. Aguilar Gómez.
Muchos de estos grabados se atribuyen a un periodo en el que el Sáhara era más húmedo de lo que es hoy en día. Las dataciones son difíciles de hacer, pero la mayoría de los autores los sitúan en un contexto que va del año 6.000  A.C. al inicio de nuestra era.

En aquel periodo uno ha de imaginarse un Sáhara con mayor presencia de sabanas y grandes herbívoros, un ecosistema parecido al de los actuales parques y reservas del este de África. Todo eso se puede ver en grabados como los de Foum El Aleg donde pasamos un buen rato buscando esa fauna tallada en los bloques de piedra. 




Especies de fauna en Foum El Aleg. C.M. Aguilar Gómez.
La mayoría de los grabados se hicieron con profundas incisiones en la roca, así que se identifican bien. Algunas de las especies de fauna que vimos te las esperas, como las figuras de bóvidos, gacelas o antílopes, grupos que han sido comunes en la zona hasta hace unas décadas. 

Encontramos también una representación de un avestruz, presente y común en la zona hasta hace bien poco, pero otras ya hace tiempo que desaparecieron. La singularidad en esta zona al sur del Anti-Atlas son los rinocerontes, animales que hace ya mucho que dejaron de habitar estos parajes. Lo mismo que las jirafas que tambien aparecen representadas.






Varias especies de flora sahariana. C.M. Aguilar Gómez.
Entre roca y roca, también vimos algo de esa flora tan singular de los desiertos. Por allí crecía la hierba camellera (Heliotropium bacciferum), una planta rastrera de la familia de las borrajas que despliega sus apretados ramilletes de flores blancas sobre las dunas, o el austero y vistoso Rumex vesicarius

Aparecieron también los primeros manzanos de Sodoma (Calotropis procera) un árbol de grandes y sedosas hojas que uno no espera encontrar en un desierto. Pero lo más curioso para mí fue hallar “rosas de Jerico”. Reciben ese nombre las ramas secas en bola de una crucífera, Anastatica hierochuntica. Bajo su apariencia muerta, las ramas se abren al contacto con el agua como una mano abierta y sobre ellas germinan las semillas que lleva ocultas y protegidas. 

martes, 13 de marzo de 2012

Tierra de pinares 2 (2012). La peña del duro

Afloramiento rocoso peña del duro. Foto: C. Aguilar
Otro de los sitios que tenía ganas de visitar en la zona y que me llamó la atención cuando encontré información de él, era una curiosa roca con grabados que llaman la peña del duro. Tenía guardada la reseña del sitio desde hace tiempo y aproveche el fin de semana por la zona para acercarme a él. El lugar me ha parecido realmente curioso y “mágico”. Los grabados no son muy antiguos, poco más de un siglo los primeros,  pero tienen una historia peculiar detrás. Están situados en un afloramiento rocoso similar a los de las necrópolis que había estado viendo en los pinares. La comarca donde se encuentra la peña está colindante con Tierra de Pinares, aunque no es exactamente igual. El término municipal donde se sitúa es Cidones aunque para acceder a ellos es necesario acercarse por una pista que sale de Oteruelos.



Reverso de un duro alfonsino. Foto: C. Aguilar
Una de las rocas del bosquete de robles del término municipal es la que llaman la peña del duro y es donde aparecen concentradas todas las inscripciones. No todas se ven a primera vista y hay que prestar un poco de atención para ir descubriéndolas poco a poco. Desde que se tallaron, los líquenes y el tiempo han ido desdibujando las incisiones y es necesario aguzar la vista. Los grabados se sitúan en vertical solo en una de las caras del afloramiento rocoso. Al estar orientados hacia el norte la mayor parte del día están en sombra lo que no facilita contrastes de luz para verlos mejor. Pero empecemos por el principio, la peña del duro recibe ese nombre porque es la inscripción de un duro la que primero se ve. Se trata del reverso de una moneda de 5 pesetas, o duro, de la época de Alfonso XII de un metro de diámetro. Se sitúa en el centro del “retablo” en el que se distribuyen el resto de grabados de la roca.



Grabados de los zorros repasados. Foto: C. Aguilar
Para saber quien fue el autor del trabajo solo hay que buscar una de las inscripciones donde dice “Por la gracia de Dios. Julián Pérez y Pérez de Ocenilla grabó esta piedra, a los 19 y 62 años en 1878 y 1921”. Parece ser que empezó a grabarla de joven siendo pastor en estas majadas,  luego se hizo guardia civil y salió del pueblo, para regresar de mayor cuando concluyó el trabajo. De todo lo que dicen que se ve, además del duro alfonsino, conseguimos ver todas las ilustraciones salvo una. Entre las que fuimos encontrando poco a poco, está el autorretrato de Julián vestido de guardia civil, dos zorros, un triangulo divino con ángeles arrodillados a ambos lados, varias cruces, una balanza de pesar con lo que parecen es una pluma y una espada a un lado y a otro, una calavera debajo, un diablo con tridente y un águila que agarra con una pata una bolsa de monedas y con otra una calavera. 



Algunas frases legibles. Foto: César Aguilar
Además hay varios dibujos geométricos poco concisos y desdibujados que parecen de la primera época ya que están menos ordenados. Lo que no conseguimos ver fue un autorretrato de Julián de joven, creemos que debería estar entre esas primeras donde el trazo es más impreciso. En general todas las inscripciones están enmarcadas dentro de cenefas, expuestas a modo de retablos y con numerosas frases difíciles de seguir por el transcurrir del tiempo, aunque se entienden palabras sueltas. Parece que son frases morales ya que en su trabajo de guardia civil dicen los estudiosos que se dedicó a la lectura de la biblia, de ahí el tipo de escritos y muchos de los dibujos. En general me ha parecido un sitio curioso, fácil de encontrar pero que no está señalizado, de modo que ya solo su hallazgo en el bosque ya añade encanto al lugar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Francia 4 (2011) Menhires de Carnac, dolmen de Gavrinis y Vannes

Alineamientos de menhires en Carnac. C. Aguilar
Metidos de lleno en la Bretaña francesa, si uno tiene interés por la prehistoria y el megalitismo, esta zona es para darse un atracón. Es algo que ya popularizaron los personajes de cómic Asterix y Obelix cuya irreductible aldea gala estaba en esta región. Así, que qué mejor ocupación para Obelix que la de repartidor de menhires a domicilio. En La Rioja hace pocos años que se descubrió el primer y único menhir que existe, después de mirar y remirar una extraña piedra hincada en San Vicente de la Sonsierra. Lo visité hace un tiempo y el sitio tiene un encanto especial. En cuanto a dólmenes vamos algo mejor, pues son unos cuantos los hallados en la divisoria de los valles Leza y Iregua y en la Sonsierra. Así que partiendo de ahí lo del megalitismo de la Bretaña me pareció realmente una exageración.



Tarabilla (S. torquata) sobre un menhir. C. Aguilar
Para ver algunas de estas construcciones visitamos Carnac y el entorno del Golfo de Morbihan. En Carnac los menhires no aparecen solitarios como en otros lugares. Se localizan allí en largas hileras formadas por un gran número de piedras hincadas. En la localidad hay varios alineamientos algunos con hasta diez filas cada uno y en conjunto suman la friolera de casi 4000 piedras. El esfuerzo que fue necesario para hacer ese trabajo en época prehistórica es impresionante. El megalitismo data del Neolítico y lo que se ven en Carnac tienen una antigüedad de 6000 años. En cuanto a su función todo son hipótesis, es más fácil indagar sobre sus constructores que en el sentido que les dieron. Sus autores fueron hombres de Cromañón, ya hombres “modernos” como nosotros y sedentarizados.


Túmulo y grabados del dolmen de Gavrinis.
Hoy en día, a parte de sitios turísticos, los menhires son la percha perfecta para muchas de las tarabillas comunes (Saxicola torquata) que andan por aquellos prados de campiña atlántica, añadiendo un poco de vida a la dura piedra. Además de los alineamientos, en la zona se encuentran también túmulos de piedras que alojan dólmenes y grandes menhires solitarios. Hay un menhir que llega a alcanzar nada menos que 6 metros, es el gigante de Manio. Es fácil empacharse con tanta piedra, pero un último sitio que no queríamos dejar de ver era el gran túmulo con dólmen de Gavrinis. El sitio es especial por dos cuestiones, la primera porque tienen un largo corredor con todas las piedras labradas con grabados geométricos y esquemáticos, algo poco usual. Pero la otra es que el túmulo se encuentra en una pequeña isla del Golfo de Morbihan.




Localidad de Vannes. Foto: Iratxe González
Hoy en día hay que acceder en barco al lugar, aunque no fue así para sus constructores. Hace 6000 años aquello fue solo una colina elevada ya que el nivel del mar aún estaba varios metros por debajo del que hoy vemos en las rías de la zona. Para completar la visita a la región bien vale cualquiera de los cuidados pueblos bretones, pero especialmente el de Vannes. Esa población conserva todo el encanto de la ciudad medieval francesa, con fachadas de vigas cruzadas, callejuelas empedradas y restos de murallas, torres y fosos defensivos. Aún así, está lejos de ser una población museo de las que todo está bien puesto y no vive nadie. Vannes tiene vida en el casco viejo y en el resto de la ciudad, lo que también le añade encanto.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Perú 23 (2011) La Pitaya, petroglifos y sarcófagos 1

Valle del río Utcubamba. Foto C.M. Aguilar Gómez.
El último día que estuve por La Esperanza, estaba decidido a aprovechar las últimas opciones de esta zona que iba a dejar a atrás en breve. Hacía una semana, de regreso de Chachapoyas, conocí a un tipo que trabajaba como operador de turismo en Pedro Ruiz. Le propuse poder visitar en una semana alguna de las múltiples pinturas rupestres que hay en el valle del río Utcubamba. Esa zona, como ya comenté anteriormente, es un paisaje bien distinto de los bosques de neblina de los alrededores. Allí hay una entrada de bosque seco tropical con un clima que ha permitido conservar mejor pinturas y yacimientos arqueológicos. Varios días antes de la fecha en la que quería ir, intenté localizarle pero no hubo manera, así que el día aquel cogí transporte hasta Pedro Ruiz con la idea de ver si encontraba la manera de visitar alguna pintura.



Petroglifos La Pitaya. Foto. C.M. Aguilar Gómez.
Pedro Ruiz es una población de carretera en la marginal de la selva, un sitio de paso, así que no hay agencias de turismo ni nada de eso. En cuanto llegué busqué por internet que sitios podían ser viables para visitar buscando alguien que lo hubiera hecho antes. Encontré un nombre La Pitaya, unos petroglifos que estaban cerca de la carretera entre Pedro Ruiz y Chachapoyas. Con esta ubicación encontraría rápido alguno de los coches que hacen esa ruta para acercarme hasta allí. Además me habían dicho que hay un cartel en la carretera que los anuncia, así que a media mañana ya estaba yo por allí. Estaba preparado para subir las laderas con mi mochila a la espalda para buscar el sitio, cuando pregunté a un hombre que vivía allí enfrente. Vaya decepción, me dijo que los grabados estaba ahí no más a tres metros en un lienzo de roca sobre la carretera.



Vegetación bosque seco tropical. C.M. Aguilar Gómez.
Toda la mañana para venir a algo que se ve en 5 minutos. Aun así yo le dediqué algo más de tiempo por no tener la sensación de haber venido para nada. Los grabados son de animales, gente dibujada como lo hacen los niños y signos geométricos. Nada del otro mundo, como para venir solo a esto. Ya medio con la cabeza baja volví a preguntar al hombre ¿hay alguna otra pintura por la zona?, un lacónico “No” fue su respuesta. Y ¿algún otro petroglifo como estos? “No”, ya estaba yo desanimado cuando me dice “No señor lo que hay son sarcófagos ahí arriba”. Había pronunciado la palabra maldita y yo creo que en aquel momento se me inyectaron los ojos de sangre todo expectante. ¿Cómo que sarcófagos?, “Sí, ruinas de esas ahí arriba en el cortado, pero no petroglifos, ni pinturas”. Se estaba refiriendo a tumbas antropomorfas de barro pintado en la que los Chachapoyas enterraban a sus gentes más notables. Hay unas que se visitan en Karajía pero a mí me pillaban muy a desmano para verlas en esta ocasión.



Metriopelia ceciliae Foto. C.M. Aguilar Gómez.
El caso es que el sitio que decía estaba al otro lado del río Utcubamba, un cauce muy caudaloso y más ahora por la época de lluvias. Sin embargo decía que había un puente a cuatro kilómetros. Hice mis cálculos, aún no era media mañana y me daría tiempo si me daba prisa, así que me puse a caminar hacia el puente para luego dirigirme a la base del cortado. Este paisaje de bosque seco era además uno de los que tenía ganas de andar. Lo había visto en dos ocasiones desde la ventanilla de los coches que me llevaron a Chachapoyas así que ahora podría andarlo. El sol pegaba fuerte así que solo se movían unas tortolitas (Metriopelia ceciliae), el cernícalo americano (Falco sparverius) y los gallinazos (Cathartes aura). En la vegetación hay pitas (Agave americana), chumberas (Opundia sp), dos especies de cactus, árboles tipo acacias y otros más escasos con el tronco cubierto de gruesas espinas y abultados en mitad del tronco como si estuvieran todo regordotes o embarazados. Un paisaje nuevo tras días de bosque de neblina, estaba exultante.

martes, 7 de diciembre de 2010

Inscripciones rupestres en el Pico Urbión 2

Cruces e iniciales para marcar límites entre territorios.

Foto 4. César María Aguilar Gómez.
De todas las inscripciones halladas, las cruces son las que mayor uso han debido tener, en el sentido de haber sido remarcadas en más ocasiones y por tanto ser más patentes. No obstante esto varía y así son de destacar, por la profundidad que alcanzan, dos cruces que hay junto a la propia cumbre del Urbión, las del mojón MP-1, (Foto 4) y la del MP-8. En ellas la profundidad de la inscripción puede llegar hasta 5 cm, un trabajo considerable dada la dureza del conglomerado silíceo.
 

Leyenda Foto 4. Cruz con cuatro puntos fuertemente grabada. Cumbre del Urbión (MP-1). En la parte superior derecha, y de abajo hacia arriba, puede leerse 1867





Foto 5. César María Aguilar Gómez.
Los grupos de iniciales que aparecieron junto a las cruces fueron “C.A.” (Foto 5) y “C. y t.”, ambos con algunas variaciones. La disposición que adoptan estas abreviaturas entre si es bien curiosa. Aparecen como para ser leídas desde lugares enfrentados, concretamente “C. y t.” se escribe siempre para ser leída desde el valle del Revinuesa, algo que en esta divisoria es más una formalidad que otra cosa, pues en muchos casos supondría estar colgando del mismo cantil rocoso con unas paredes de vértigo (Foto 6). 

Leyenda Foto 5. Iniciales “C.A” claramente identificables inscritas en la proximidad del mojón MP-3



Foto 6. César María Aguilar Gómez.
En estos mojones sólo en uno de ellos aparecía un grupo de iniciales distinto, la inscripción “D.º” junto al mojón MP-1, en la misma cumbre del Urbión. Pero como ya he indicado, además de cruces e iniciales, junto a cada mojón aparece también un número de referencia y en ocasiones una fecha. Concretamente en los documentados se encontraron las fechas 1867 y 1871, en los mojones MP-1 y MP-8 respectivamente.

Leyenda Foto 6. Piedra con inscripciones junto al mojón MP-8, se puede ver la gran profundidad de la cruz e intuir las inscripciones “C.A.” y “C. y t.” para ser leídas, frente al mojón y desde el cortado, respectivamente. El Urbión es el pico que se recorta al fondo.
 
 


El significado de las iniciales y las fechas. 

Foto 7. César María Aguilar Gómez.
Conocer que indicaban estas iniciales y fechas vino de la mano de un documento y de una persona. El documento era un proyecto de ordenación del monte “Pinar” de los años sesenta, cuyos linderos coinciden exactamente con el término municipal de Covaleda. La persona era Andrés Cámara un apasionado de la historia y la etnografía de la zona, que me proporcionó ese documento y con quién pude ir desmadejando todas las cuestiones sobre estas inscripciones. De esta manera las iniciales pasaron a ser las abreviaturas de los territorios colindantes: “C.A.” de Covaleda, “C. y t.” de Ciudad y Tierra de Soria y “D.º” de Duruelo de la Sierra, todos en la provincia de Soria.



Leyenda Foto 7. Piedra con inscripciones junto al mojón MP-7, se pueden ver “C.A.” y “C. t.” a cada lado de la piedra, la cruz con los cuatro puntos y el número seis.
 

MP1-Grafías (abajo) y croquis de situación (arriba)
Con relación a la abreviatura “C. y t.” es un caso curioso que requiere una explicación. Aunque mirando un mapa de la zona el límite que se ha descrito es entre Covaleda y Vinuesa, esto no es del todo exacto. Dentro del término municipal de Vinuesa hay un monte cuya jurisdicción no corresponde a Vinuesa sino a la Mancomunidad de los 150 pueblos. Esta es una de las instituciones más antiguas de España, cuyo origen data de los s. XI -XII como una de las comunidades de Ciudad y Tierra, que fue un modelo con el que se repoblaron las tierras de Castilla, en este caso la villa de Soria y sus aldeas. Es por ello que en ese límite aparece “C. y t.” y no “V.A.”de Vinuesa, que es como se marca ese municipio en otros mojones del lindero, pero no en ninguno de los ocho documentados.


 


La punta del iceberg de unos lindes llenos de inscripciones.

MP3-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
De ser las inscripciones descritas las únicas de la zona ya sería este un hecho singular, por cuanto en otros límites próximos no aparecen mojones así marcados. En un recorrido por parte de los otros cordales que salen del pico Urbión, el que va en dirección oeste, linde de Duruelo de la Sierra con Viniegra de Abajo y Mansilla de la Sierra, y el que va en dirección noreste, linde de Vinuesa y Viniegra de Abajo, no pude hallar ninguna inscripción de este tipo.






MP4-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
Pero lo realmente impresionante es que lo descrito hasta aquí es sólo una pequeña parte de lo que existe en el término de Covaleda. Estamos hablando de que según las actas de reconocimiento de mojoneras de 1889 hay alrededor de 150 mojones antiguos, tan marcados como éstos, en los límites del término municipal. No todos serán visibles con el paso del tiempo, pero tenemos la suerte de que su ubicación e inscripciones se detallan en las actas que recoge el proyecto de ordenación del monte antes citado. 






MP5-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
En esos documentos los de Covaleda aportan referencias de cartas y escritos muy anteriores sobre los que basan su propiedad y el amojonamiento de sus lindes. De esta manera sabemos que desde la Baja Edad Media y a lo largo de siglos, la propiedad y los límites de Covaleda fueron muy disputados en numerosos litigios y pleitos con sus vecinos y a ello podríamos atribuir tal proliferación de inscripciones de territorialidad. Aún hoy, un pastor de la zona me reconocía que el sentido de identificación y cariño que tienen los de Covaleda por su monte, es decir por su término municipal, no es ni parecido al de otros municipios de la zona. Los siglos de lucha por estas propiedades han debido dejar su huella también en el subconsciente colectivo.

 

MP6-Grafías sobre el croquis de situación
Volviendo a la información que recoge el proyecto de ordenación, conocemos que el término que ocupa Covaleda se estableció en propiedad como privilegio otorgado por Alfonso X (s. XIII). En un pleito en 1385 con los concejos colindantes se describen los límites de Covaleda y curiosamente ya hablan de cruces como forma de señalar los mojones. La trascripción de uno de los legajos del pleito refleja: “(...) e dende da en duero en las pennillas del mayelo e y estan las cruzes mohosas de otro tiempo antiguo e dende pasa a duero e da en la cebaca de la toca e y estan las cruzes viejas (...)". Si ya entonces consideraban antiguas las cruces, es probable que desde el comienzo del amojonamiento del Concejo se venga utilizando este símbolo en las piedras mojoneras. Después, sobre esas u otras piedras próximas, han debido seguir haciendo cruces e inscripciones para consolidar los lindes.

 

MP7-Grafías sobre el croquis de situación
Cada cierto tiempo se realizaban revisiones y repasos para que no se perdieran las inscripciones y a veces se dejaba la fecha de la revisión. Es el caso de las halladas en los mojones MP-1 y MP-8. No obstante, las actas en las que se describen las inscripciones hablan de muchas otras fechas que estarían inscritas en otros mojones del término. De esas fechas referidas a revisiones, la más antigua citada es 1656 y la más moderna 1889 pues esta es la fecha de las actas de revisión que se han tomado como referencia.

 


MP8-Grafías sobre el croquis de situación
En definitiva podemos decir que en toda esta zona contamos con un importante patrimonio relacionado con el amojonamiento de términos municipales. Si bien es importante por sí mismo, aún lo es más por cuanto parece ser que se conservan bastantes referencias históricas y documentos donde se hace mención a estos mojones, su ubicación e incluso las marcas que tenían. Toda una suerte para llegar a saber más de lo que aún hoy en día, y como en mi caso de manera casual, podemos encontrar caminando por nuestro montes.



 

Agradecimientos:
Tirar del hilo para documentar e interpretar las inscripciones del Urbión no hubiera sido posible sin la información, contactos y ayuda que me proporcionaron Andrés Cámara, Carmelo Fernández, Pedro Sanz, Carlos Muntión, Maite Garzón y Gabriel Latorre.

Para saber más:
-Manifestaciones rupestres de época histórica en el entorno de la cabecera del Ebro. Carmelo Fernández y Carlos Lamalfa. En: Revista MUNIBE nº 57-Homenaje a Jesús Altuna, pgs. 257-267. Sociedad de Ciencias Aranzadi. San Sebastián. 2005/2006.

-Petroglifos de término. J. Ferro Couselo. Orense. 1952.

Inscripciones rupestres en el Pico Urbión 1

El texto de las dos entradas con este título pertenece a un artículo que publiqué en Julio de 2006 en “Piedra de Rayo. Revista Riojana de Cultura Popular” en su número 21. He añadido un mapa con la situación de los mojones para ayudar a seguir el texto, pero lo demás está tal y como apareció allí.

Foto 1. César María Aguilar Gómez.
La cumbre del pico de Urbión ha debido suscitar desde tiempos inmemoriales la curiosidad y el asombro que provocan las altas montañas en el hombre. Con sus 2.228 m de altura, hace de límite entre dos comunidades autónomas, La Rioja y Castilla y León, y entre dos cuencas, la del Ebro y la del Duero. En su cumbre, las rocas adoptan formas pintorescas con canales afiladas, torreones desmoronados y arcos de roca, dando un encanto especial al lugar. Bajo uno de esos arcos, en el término municipal de Covaleda (Soria) y a unos 2.100 m, localizaba el pasado mes de abril unas extrañas inscripciones grabadas en roca ¿cómo no dejarse llevar por la imaginación sobre el origen de unos grabados en un sitio como ese?.

Leyenda Foto 1. Vista desde el Urbión de la cabecera del valle del Revinuesa, Laguna Larga y del camino de subida a la cumbre que pasa por el arco natural de roca.



Una cruz con cuatro puntos y algunos grabados sin identificar.

Foto 2. César María Aguilar Gómez.
La presencia de unas inscripciones en un lugar así, en el camino de subida a la cumbre del Urbión, y en un arco de roca donde tanta gente habrá parado a admirar el paisaje, debieran ser algo conocido. Sin embargo en un primer momento, a quienes fui preguntando y que podían tener conocimiento de ello, no les sonaba ninguna inscripción allí, así que ni pensar en saber algo de su significado. De las tres inscripciones de aquel lugar sólo una tenía una figura reconocible, una cruz con cuatro puntos o hendiduras a su alrededor (Foto 2), mientras las otras eran formas como de herradura, una más sencilla y otra con algunos otros signos asociados. Afortunadamente, una de las fotos de un artículo que me facilitó Carlos Muntión sobre manifestaciones rupestres de época histórica en la cabecera del Ebro, contenía el mismo diseño de la cruz con los cuatro puntos. Ya estábamos en el buen camino.

Leyenda Foto 2. Mojón antiguo en el Urbión, a 2100 m, que tiene grabado el más extendido de los símbolos de demarcación, una cruz con cuatro puntos incisos.

Foto 3. César María Aguilar Gómez.
La cruz parece haber sido el símbolo más utilizado en la Península Ibérica para señalar las piedras que marcaban algún tipo de delimitación de territorios, sin embargo en La Rioja no conocíamos ninguna referencia escrita que hablara de inscripciones así con esta función. El uso de cruces para señalar mojones de delimitación de municipios en La Rioja lo pude documentar a los pocos días de encontrar las inscripciones del Urbión. En la vía pecuaria que discurre por el cordal entre los valles del Leza y del Iregua dimos con una piedra con dos cruces grabadas. Esta piedra se encuentra separando los actuales términos de Soto en Cameros y Nalda, a la altura de Luezas. Habíamos buscado marcas en piedras y mojones a lo largo de varios kilómetros, pero sólo en éste, del que teníamos una vaga referencia de los alcaldes sobre la existencia de una “piedra muy antigua”, encontramos cruces grabadas. En este caso eran dos cruces sencillas de poco más de 10 cm (Foto 3) pero su función era clara.

Leyenda Foto 3. Mojón en la Vía Pecuaria del Iregua, que separa los términos de Soto en Cameros y Nalda, con dos cruces sencillas sin puntos.

Volviendo a la cruz encontrada en el arco de roca del Urbión, la tipología con los cuatro puntos que allí aparece indica separación de dos territorios, pero la explicación de los puntos incisos es hoy desconocida. Pese a ser un signo recurrente en distintas zonas de la Península Ibérica, fue uno de los propios autores del artículo antes citado el que me animó a que divulgara estas inscripciones, ya que no son demasiados los escritos que documentan manifestaciones de este tipo.

Siguiendo la pista de los mojones.


MP2-Grafías (abajo) y croquis de situación (arriba)
La asociación de las inscripciones a la demarcación de territorios facilitaba mucho las cosas, ya que permitía saber dónde buscar más y daba una clave para interpretar sus formas. Estas primeras inscripciones halladas, se encontraban en el entorno de uno de los mojones actuales de delimitación entre los municipios sorianos de Covaleda y Vinuesa, el mojón MP-2, así que sólo era cuestión de buscar alrededor de los demás mojones. Y efectivamente allí se hallaban nuevas inscripciones. Desde la propia cumbre del Urbión y bajando por todo el límite entre Covaleda y Vinuesa, que aquí discurre por el espectacular cortado del circo glaciar del valle del Revinuesa, las inscripciones van apareciendo de manera regular junto a los mojones.

No todas estas inscripciones son visibles a la primera, el desarrollo de los líquenes sobre la roca, la exposición al duro clima de montaña y el abandono en que han caído, hacen pasar inadvertidas muchas de ellas. Por otra parte, la iluminación del sol de mediodía puede hacer “desaparecer” muchos grabados entre las irregularidades de la propia roca, mientras que la luz de mañana o de tarde, permite localizar muchos más de los que hallamos a primera vista. En cualquier caso ahí están y después de ver las inscripciones de ocho mojones consecutivos (del pico Urbión al desagüe de la Laguna Larga), los primeros grabados sin identificar pasaron a ser iniciales y letras reconocibles. A esos ocho mojones corresponden los croquis y planos que se aportan en este artículo y a ellos me referiré principalmente. El patrón básico alrededor de cada mojón es repetitivo: una cruz con cuatro puntos, varias iniciales, un número y, afortunadamente, hasta algunas fechas. Ya sólo faltaba saber a que se referían.


Mapa de ubicación de los ocho mojones documentados.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Peru 9 (2010) Valle del Colca y petroglifos de Toro Muerto

Bancales en el Valle el Colca. César María Aguilar Gómez
El Colca está considerado como el segundo cañón más profundo del mundo. El primero es el Cotahuasi que está un poco más al norte y con quien solo se lleva un centenar de metros. En realidad, en estos ranking de cañones hay varias “categorías”, por decirlo así, pues la manera de medir la profundidad cambia según los parámetros y definiciones que se tomen. En cualquier caso el Colca y el Cotahuasi forman valles espectaculares. Partiendo de los Andes, a más de 6000 m, su recorrido hasta el Pacífico es relativamente corto, de ahí las enormes dimensiones de ambos. Desde el altiplano de Aguada Blanca, el valle se muestra como una amplia cuenca con numerosos pueblos dispersos entre Chivay y Cabanaconde. Las laderas se encuentra aterrazadas por completo en lo que aquí llaman “andenes” y que aún se faenan con caballerías y arados “romanos”.



Montañas áridas con cactus. Iratxe González.
Los bancales es un sistema usado en todas montañas del mundo para cultivar laderas, la diferencia es que aquí están en plena vigencia mientras en España se abandonaron en la segunda mitad del s. XX. El paisaje del valle presenta la aridez propia de las laderas de los Andes que miran al Pacífico. Aun así, abundan las torrenteras provenientes de las altas cumbres que han sido derivadas en múltiples acequias para regar los bancales. En esta época la mayoría de las parcelas están aradas o en rastrojo, pero aún así el mosaico proporciona una gran diversidad de ambientes. El trayecto hasta la Cruz del Cóndor, con escarpes rocosos, campos de cultivo y laderas de cactus, fue uno de los más agradecidos del viaje para ver aves. En parte debido al mosaico de ambientes, pero también a que es un paisaje despejado y con múltiples posaderos como los cactus.






Cernícalo Falco sparverius. César María Aguilar Gómez.
Entre las aves observadas están el Cernícalo americano (Falco sparverius), algunas palomas como la Paloma moteada (Columba maculosa) o la Palomita alinegra (Metriopelia melanoptera), el Vencejo andino (Aeronautes andecolus), tiránidos como el Pitajo gris (Ochthoeca leucophrys) o la Dormilona nuquirroja (Muscisaxicola rufivertex) y fringílidos como el Jilguero encapuchado (Carduelis magellanica) recibiendo alguna que otra “pasada” del Halcón peregrino (Falco peregrinus). La zona tiene muchas posibilidades para ver aves y me quedé con ganas de dedicarle más tiempo, pero solo contábamos con dos días para cerrar un largo recorrido por pistas de tierra antes de regresar a Arequipa. 




Cóndor Vultur gryphus. César María Aguilar Gómez.
Sin embargo la estrella de la zona es el Cóndor andino (Vultur gryphus). Como es el ave voladora de mayor envergadura del mundo, genera mucha expectación y hay un mirador donde recalan los minibuses llenos de turistas para verlos. El sitio se llama la Cruz del Cóndor, y hasta allí también llega la gente de los pueblos cercanos para vender artesanía. La cita es a primera hora de la mañana para, con las primeras corrientes térmicas, ver la salida de los cóndores. El mirador está ubicado sobre un estrechamiento del valle con el río a unos mil metros más abajo que es donde duermen a diario los cóndores. Nosotros llegamos a última hora de la tarde y la sorpresa fue encontrarnos completamente solos en el mirador. Bueno, solos no, ya que al rato aparecieron los cóndores, hasta siete individuos de distintas edades. Estas aves pasan la mayor parte del tiempo en la zona costera del Pacífico una área con abundancia de carroñas, pero a diario usan las corrientes térmicas para llegar a estos cortados. Al día siguiente volvimos a ver varios ejemplares en otra zona del cañón, así que nos quedamos satisfechos de cóndores para rato. 



Petroglifos con cóndor. Foto: César María Aguilar Gómez
Desde la Cruz del Cóndor y Cabanaconde, donde dormimos, hicimos un gran recorrido por pistas de tierra poco frecuentadas. A medida que se desciende, el paisaje se vuelve más árido hasta el punto de que en algunos tramos se vuelve completamente desértico. Cruzamos por una zona de “fin del mundo” que parece un espejismo. Enormes planicies de regadíos en medio de un desierto arenoso con dunas con todo plantado de hortalizas y plantas forrajeras. Se trata del plan Majes un basto proyecto agrícola para asentar población basado en una conducción de agua desde una lejana presa en el Colca.






Ruta de regreso a Lima. Rojo: tierra. Azul: aire.
Apurando el día nos da tiempo de llegar hasta los petroglifos de Toro Muerto otro de esos sitios "marginales" en las rutas habituales del turismo, que igual impresiona por el entorno desértico que por los propios grabados. Aquí disfrutamos nuevamente del yacimiento completamente solos con un preciosa luz de atardecer. Más de 3000 petroglifos, muchos de ellos muy naturalistas, con dibujos esquemáticos dispersos en numerosas rocas. Otro sitio que nos habría gustado visitar con más tiempo. Sin embargo, nuevamente las enormes distancias hacen dedicar muchas horas de desplazamientos para visitar los sitios de interés. Con este último lugar nos despediremos de la zona, pues al día siguiente tomaremos ya un avión interno para volver de nuevo a Lima y regresar a España un día más tarde.
 


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