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viernes, 12 de octubre de 2012

Arribes del Duero 4 (2012) Paisaje rural

Muros de mampostería. Foto: César Aguilar
Otra de las cosas que me gusta de los Arribes es la cantidad de construcciones tradicionales que hay dispersas en la zona. El minifundio en que se ha explotado la comarca ha dejado, ya lo he comentado, gran cantidad de cerramientos y muros de piedra. En estos pueblos se puede ver bien la estructura tradicional que debieron tener muchos otros pueblos antes de que las concentraciones parcelarias homogeneizaran los paisajes. Un mosaico de gran interés etnográfico y natural. Para construir los muros y tapiales aprovechaban la forma en lajas de las piedras de granítico que aparecen en la zona. Así, iban colocando esas rocas verticales formado lienzos cuyos espacios cerraban con piedras más pequeñas.




Fuente tradicional y abrevadero lateral. I. González
Las fuentes son también bastante abundantes en el paisaje, unas sencillas en las majadas y otras más elaboradas en los pueblos. No son fuentes de caño como en otros lugares, sino piletas que recogen el agua que mana del suelo en determinados lugares y que se remansa en cubetas de roca techadas a ras de suelo. Las de los pueblos suelen ser construcciones grandes, algunas de ellas dicen que datan de la época romana, tienen escaleras de granito que bajan a la cubeta y están techadas. Pero a mí las que más me llaman la atención son las pequeñas fuentes que aparecen por doquier en mitad del campo próximas a majadas y abrevaderos de ganado.




Fuente tradicional "elaborada". Foto: César Aguilar
Para esas pequeñas fuentes valen unas grandes lajas que, a modo de tejadillo, protegen la cubeta del agua. Son fuentes que ahora suelen estar desatendidas pero que antes limpiaban los pastores y que son de gran interés para los anfibios. Relacionadas con la extracción del agua están también los curiosos cigüeñales, unos ingeniosos sistemas para sacar agua de los pozos en los huertos. En vez de deslomarse tirando de una cuerda atada a un caldero, en los Arribes usan un sistema en balancín. En un lado está el caldero colgado de una cuerda, en el otro un contrapeso de una piedra, a un tirón de uno de sus lados el balancín sube sin esfuerzo con el caldero lleno de agua.




Cigüeñal de madera en un huerto. Foto: C. Aguilar
Cigüeñales los hay antiguos de madera y también otros más modernos con los brazos de hierro, visto que el sistema sigue manteniendo sus virtudes. Molinos hay también unos cuantos, suelen estar en los regatos que descienden de la penillanura al arribe, y suelen encontrarse en un estado de conservación bastante mejor que en otras regiones. Con todo el auge del desarrollo rural de los últimos años, muchos de esos molinos han sido restaurados. Eso ha sucedido con el molino de cubo de Villadepera que es una adaptación para aprovechar un fuerte desnivel con poco caudal circulante.





Chiviteros de Torregamones. Foto: César Aguilar
Los chozos de piedra cuadrados o circulares, con techo en falsa bóveda, son otras de las construcciones comunes en el paisaje. Pero de ellos hay un tipo de chozos que son realmente curiosos y que no son para personas, son los que denominan chiviteros. Son chozos en miniatura, pueden estar adosados a un muro o estar separados. En  Torregamones hay unos preciosos que han rehabilitado en un paraje de encinar adehesado entre bolos graníticos. Los chiviteros se usaban para guardar a los cabritos o chivitos mientras el rebaño de cabras pastaba por el día.





Chiviteros de Torregamones. Foto: César Aguilar
Para evitar que los animales salieran se ponía una losa la pequeña entrada a modo de puerta y ahí estaban a resguardo sin peligro de ser depredados. Para cualquiera que le interese la etnografía y las construcciones rurales los Arribes de Zamora tienen un patrimonio ingente, como la presencia de lagares rupestre que esta vez no tuvimos tiempo de visitar pero en los que estuve hace años. Los Arribes tienen mucho que ofrecer al que busque naturaleza y cultura rural en una comarca no demasiado visitada, que el parque natural ha ayudado a poner en valor.

sábado, 6 de octubre de 2012

Arribes del Duero 3 (2012) Charcas y solanas

Gallipato (Pleurodeles waltl). C. Aguilar
En esta parte de la Península habita una especie de anfibio que hacía mucho tiempo que no veía. Se trata del gallipato (Pleurodeles waltl) que con su raro aspecto no deja de ser una salamandra. Los encontramos en una charca usada como abrevadero para el ganado sin apenas vegetación, la típica con poco más que ranas comunes (Pelophylax perezi). El gallipato tiene un sistema de defensa atípico, tiene dispuestas las puntas de las costillas contra una serie de glándulas laterales de color rojizo. Supuestamente, cuando se sienten amenazados, rompen esas glándulas con las puntas de las costillas que se impregnan de sustancias tóxicas, poniendo dificultades a un depredador que quiera engullirlo.




Culebra viperina (Natrix maura) gordita. C. Aguilar
Cuando coges un gallipato puedes notar esa tensión y cómo las puntas de las costillas presionan los laterales, aunque no he llegado a ver sobresalir las puntas como suelen decir en la bibliografía. Por lo demás, compartiendo la charca con ellos encontramos una culebra viperina (Natrix maura) que acababa de engullirse una presa, por el abultamiento que tenía, casi seguro una rana común. Las culebras viperinas o de agua son muy comunes en toda la zona, se trata de una especie generalista por lo que no es de extrañar, pero a mí en el Ebro cada vez me cuesta más verlas. Recuerdo que de niño solía ver culebras de agua de forma habitual en ese río y ahora que lo recorro en piragua veo realmente muy pocas.




Sapo corredor (Bufo calamita). César Aguilar
En los arribes, las culebras de agua aún siguen siendo muy abundantes, como yo las recordaba. En cuanto anfibios, en fuentes y aguas permanentes encontramos un endemismo del oeste peninsular, el tritón ibérico (Lissotriton boscai) que se escapó varias veces de entre los dedos por olvidarnos las sacaderas. Pocos anfibios más pudimos encontrar ya que tras la sequía del año muchas balsas y barrancos estaban aún secos y las noches no fueron húmedas. Aun así pudimos oír cantar ranitas de San Antonio (Hyla arborea) y ver unos cuantos sapos corredores (Bufo calamita), uno de ellos a medio mudar con la piel echa jirones.







Lagarto ocelado (Timon lepidus). César Aguilar
Por el día, tres especies de reptiles se repartían las solanas, los lagartos ocelados (Timon lepidus), las lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) y las lagartijas ibéricas (Podarcis hispanica). De esta última especie dos machos se disputaban una hembra en un bolo granítico. Uno de los machos, el que más éxito tenía, mantenía mordida a la hembra tras las patas traseras tratando de retenerla, mientras el segundo macho lo acosaba para tratar de que la soltara y engancharla él. El macho segundón era uno que había perdido la cola y hasta lo que vi, no consiguió su propósito de arrebatarle la hembra. Puro salvajismo animal.





Escorpión. Foto: César Aguilar
Estuve también tratando de encontrar en un par de ocasiones culebrillas ciegas (Blanus cinereus) bajo las piedras, una especie que vi hace tiempo en Miranda de Douro de este modo, pero esta vez no hubo suerte. Bajo las piedras solo se escondían escolopendras, escorpiones y grillotalpas, estos últimos unos insectos relativamente comunes en la zona que despistaban al cantar por la noche con sonidos que recordaban en cierto modo a lo de los anfibios.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 2 (2012) Matorrales floridos y orquídeas

Minifundio mediterráneo. Foto: C. Aguilar
En los pueblos en torno a los arribes sayagueses el paisaje es sobretodo de vocación ganadera, al menos en la parte más cercana al Duero. El bosque fue aclarado para obtener pastos y se crearon multitud de pequeñas parcelas para el cultivo de centeno rodeadas por muros de piedra. Alrededor uno puede ver árboles como encinas (Quercus rotundifolia), fresnos (Fraxinus angustifolia) arces (Acer monpessulanum), olmos (Ulmus minor) y rebollos (Quercus pyrenaica). Parte de aquel minifundio de centeno sigue hoy en día cultivándose pero ya ligado al consumo que cabras y ovejas hacen de él. El declive rural ha hecho que muchos de los pastizales abiertos antiguamente estén colonizándose por matorrales. 




Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
La pasada primavera esos matorrales eran un espectáculo de colorido. Dos de las especies más llamativas en mayo eran la escoba o retama negra (Cytisus scoparius) y la retama blanca (Cytisus multiflorus). Si bien la primera tiene una amplia distribución, la retama blanca es un endemismo peninsular que solo se encuentra en la parte occidental, asociado a suelos silíceos y ácidos como estos graníticos de la zona. También en amarillo estaban en plena floración los jazmines silvestres (Jasminum fruticans), muy vistosos pero poco olorosos, a partir de los que se han obtenido multitud de variedades de jardinería. Sobre suelos algo más pobres estaba el cantueso (Lavandula pedunculata) con su impactante color morado.


 


Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
Ante tanto avance del matorral, aún hay quien sigue dando cerilla al monte con idea de recuperar los pastos para el ganado. Y es que las quemas sigue siendo uno de los problemas recurrentes que ha venido arrastrando el parque desde su creación, aunque parece que cada vez son menos frecuentes. Aun así uno puede reconocer algunos de esos paisajes de pastos modelados por el fuego al ver los gamones (Asphodelus albus) que estaban floreciendo en una zona recientemente quemada. Otra planta del paisaje mediterráneo asociada a suelos pobres es la jara pringosa (Cistus ladanifer), también en plena floración en mayo, aunque en las zonas que recorrimos eran poco abundantes.

 




Bosquete de enebros en Cozcurrita. C. Aguilar
Hubo otras formaciones que me llamaron la atención y que tienen una importante presencia en algunos paisajes de los arribes, los enebrales. Formaciones extensas de enebro de la miera (Juniperus oxycedrus) como las del Cozcurrita, con portes arbóreos de gran tamaño. Entre las rocas graníticas y sobretodo mirando al cortado del Duero también se veían recién florecidos los cornicabras (Pistacea terebinthus) un pariente de los lentiscos que recibe su nombre por unas estructuras en forma de cuernos que salen en sus ramas. Aunque hay quien confunde esos cuernos con frutos, en realidad son agallas desarrolladas por la puesta de huevos de un pulgón que se desarrollan dentro.





Floración de Serapias lingua. César Aguilar
En los prados húmedos de uno de los arroyos vi unas curiosas flores que no había identificado nunca, unas que llaman gallos, en realidad unas orquídeas, aquellas Serapias lingua. Como el resto de orquídeas, las Serapias se polinizan por insectos y tienen ingeniosos sistemas de atracción. Esas flores no les ofrecen alimento sino protección, un lugar donde refugiarse cuando bajan las temperaturas. Al abrigo de su estructura floral en forma de casco hay entre 2 y 3 grados por encima del entorno. Eso es lo común en las Serapias, aunque la Serapias lingua, además tiene al fondo de la cavidad una callosidad oscura que recuerda a una hembra de una pequeña abeja que se haya escondido allí. Se trata de un engaño parecido al de las orquídeas abejeras (Ophrys sp.), en este caso dirigido a los machos de Ceratina cucurbitina la pequeña abeja que poliniza Serapias lingua.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 1 (2012) Cortados graníticos junto al río

Vista de los arribes del Duero. Foto: C. Aguilar
Hacía ya once años que no regresaba por los Arribes del Duero de Zamora y recuerdo que las dos veces anteriores fue coincidiendo con la primavera. En esta ocasión ha sido nuevamente en la misma época, a mediados del pasado mes de mayo, un momento en que la naturaleza de Sayago está en todo su esplendor. En aquellas ocasiones la zona aún no era un espacio natural protegido como lo es hoy, donde más de un centenar de kilómetros del río Duero en la frontera con Portugal dan lugar al Parque Natural de los Arribes del Duero que se extiende por las provincias de Salamanca y Zamora. Eso al lado español, al otro lado de la frontera está su equivalente portugués el Parque Nacional del Douro Internacional.




Aguila real en los arribes. Foto: César Mª Aguilar
A pesar de que el Duero está enormemente regulado por una sucesión de grandes presas, acercarse al tajo del arribe sobrecoge. Tanto como recorrerlo en barco desde la localidad portuguesa de Miranda de Douro. Para ambas cosas hubo tiempo en esta ocasión. El recorrido en barco te adentra en un paisaje de aguas quietas con enormes paredes graníticas de más un centenar de metros en la mayoría de los tramos. Todos estos cortados son importantes para la nidificación de especies como el águila perdicera, el águila real, el alimoche y la cigüeña negra entre las más destacables. Desde el barco pudimos ver un nido de ésta última, uno muy antiguo que ya estaba abandonado antes de que empezaran las visitas fluviales por la zona.




Puente de Requejo en Villadepera. Foto: C. Aguilar
No hubo ocasión de ver cigüeñas negras, aunque sí los mucho más comunes alimoches criando en covachas del arribe y varios ejemplares de águila real que andaban marcando sus territorios en vuelos de display. Los días por la zona los pasamos Iratxe y yo con un par de amigos, Antonio y Mónica, que desde hace más de diez años viven en Villadepera, una población con un precioso puente de hierro sobre el arribe. Dicen que el puente de Requejo, que así es como se llama, fue durante un tiempo el puente de un solo ojo más grande de Europa. No se cuando ni por cuanto tiempo, pero aún hoy es impresionante ver esa obra de ingeniería cruzando el cortado de un solo “brinco”.





Paisaje de la penillanura de Sayago. Foto: C. Aguilar
A los cortados graníticos del arribe se asoman restos de una actividad rural hoy en día en declive, pero que ha dejado en el paisaje bancales, chozos y cerramientos de piedra que trataron de aprovechar el microclima más húmedo próximo al río. Hacia la meseta amplios encinares se extienden en una penillanura granítica ondulante. Un paisaje que recuerda en cierto modo a las grandes dehesas del centro y suroeste de España, pero que aquí puedes recorrer libremente a diferencia de lo que ocurre en muchas de esas otras, donde las grandes propiedades privadas las mantienen valladas con aprovechamientos cinegéticos. En los Arribes de Sayago en Zamora, la parcelación y el minifundio crean un paisaje accesible, con muchos senderos y altamente recomendables de recorrer.



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