«¿Qué ocurre este año con Colombia?», nos preguntó la doctora del departamento de Sanidad Internacional al que acudimos Iratxe y yo el pasado verano antes del dirigirnos a aquellos lares. Ese servicio de la sanidad pública es un buen termómetro para conocer los lugares que elige la gente para sus vacaciones y, según nos contó, este era el primer año en el que el país aparecía como destino turístico. La doctora no sabía bien qué pensar.
Ocurre que Colombia tiene un atractivo natural y cultural enorme, pero también que ha quedado eclipsado mucho tiempo por la violencia. Compruébalo tu mismo: piensa en qué palabras te sugiere el país, quizás sean Pablo Escobar, cocaína, sicarios o alguno de los cárteles de la droga. Violencia criminal, pero también política y social: guerrillas como las FARC o el ELN y sus secuestros, masacres impunes de paramilitares o un ejército en connivencia con el terror y al margen de la ley. Con esas credenciales ¿quién querría viajar allí?
Desde hace décadas Colombia ha vivido una espiral de violencia con hondas raíces en la desigualdad social. Al presente ha llegado como una “guerra degradada” como la definió Paula, la guía activista de EvocaPaz que en Bogotá nos introdujo en los orígenes de la convulsa historia del país pero, también, en el esperanzador momento actual: la apuesta política y social por la paz. Y es que Colombia, a pesar de las muchas violencias que aún persisten, está en uno de los mejores momentos en décadas.
Actualmente el turismo internacional está llegando al país y viendo una imagen alejada de los estereotipos. Y con él se están generando nuevas oportunidades, solo un ejemplo: Minca. Esta pequeña población en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta es hoy una meca del ecoturismo, sin embargo hasta hace poco más de una década estuvo controlada por paramilitares. Hoy alĺí hay más de 20 personas capacitadas para mostrar las aves del denso bosque húmedo que la rodea. Esa es la Colombia natural que fuimos a ver.
En nuestro recorrido visitamos pueblos y bosques nublados del Eje Cafetero, páramos en la Cordillera Central, selvas hiperhúmedas del Chocó en el Pacífico y paisajes en la costa del Caribe desde Cartagena hasta al parque nacional Tayrona, solo una pequeña parte de un país megadiverso. Por aquí traigo algunas imágenes de esa Colombia inesperada que encontramos.














