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domingo, 11 de julio de 2021

Cabo de Gata (2021). Posidonia.

Posidonia tiene nombre princesa griega. Sus cabellos verdes ondean acompasados mientras me desplazo sobre ella, lento, con la mirada puesta en el fondo de la ensenada. Allí, el sutil movimiento de la superficie del mar se refleja en la pradera con una luz cegadora con ribetes arcoíris. Las crestas y vaguadas del oleaje, su vaivén, encuentran su réplica abajo.

Me arqueo, tomo aire, impulso, me sumerjo. Miro hacia arriba y el sol me ciega como si mirara de frente al haz de un proyector. Cine de verano. Aquí abajo se proyecta un documental en sesión continua desde hace millones de años. Uno de Cousteau, con protagonistas distintos, pero con argumentos similares. Y ya entonces, en la época del antiguo mar de Tetis, el padre del hoy llamado mar Mediterráneo, la posidonia estaba aquí.

Nadando sobre la pradera están las salpas (Sarpa salpa). Como manadas de herbívoros en el Serengueti la recorren en densos grupos y le arrebatan, aquí y allá, pequeños fragmentos de sus hojas con sus bocas picudas. Pero las apariencias engañan, no pastan, solo buscan las algas epífitas que cubren sus frondes. Estos peces en “pijama” de rayas amarillas son de los más agradecidos de estos fondos: abundantes, luminosos, confiados, predecibles.

Aprovechando la protección que brinda la posidonia hay también cardúmenes de jóvenes bicudas (Sphyraena viridensis), unos parientes de las barracudas con los que comparten el gesto fiero de la mandíbula. También abundan los besuguitos (Pagellus acarne), unos peces hermafroditas que cambian de sexo a largo de su vida.

La estrategia hermafrodita, la ocurrencia de ambos sexos en el mismo individuo, es habitual en los peces. Algunas especies, como la vaquita (Serranus scriba), llegan a tener ambos sexos al mismo tiempo, pero otras nacen con un sexo y, en determinadas circunstancias, si son hembras cambian hacia machos. Esto es lo que ocurren en el pez verde (Thalassoma pavo) y la doncella (Coris julis), dos de los peces más coloridos de estas aguas.

Una adaptación opuesta a la de lucir llamativos colores es la que siguen dos especies bentónicas que descansan sobre el suelo. El gobio de roca (Gobius cobitis) y el diminuto lenguado podas (Bothus podas) se mimetizan en los fondos de roca y arena, respectivamente, hasta hacerse invisibles.

Los fondos naturales de cualquier mar están llenos de detalles, formas de vida y paisajes tan extraños a nuestra condición de mamíferos terrestres que no dejan de sorprendernos. Estos del Cabo de Gata en el Mediterráneo son solo una muestra, pero de un ecosistema bien conservado. Como debieran hallarse todos.

Cardúmenes de salpas (Sarpa salpa) recorren las praderas de Posidonia oceanica, una fanerógama marina que fija sedimentos, oxigena el agua y da refugio a una diversa comunidad de especies marinas. Foto: César María Aguilar Gómez.

 Salpas (Sarpa salpa) con su llamativo diseño de “pijama” de rayas amarillas, “pastando” en la pradera de Posidonia oceanica. Foto: César María Aguilar Gómez.

Cardumen de jóvenes bicudas (Sphyraena viridensis), un pariente inofensivo de las “temibles” barracudas del Caribe. Foto: César María Aguilar Gómez.

Bicudas (Sphyraena viridensis) bajo el reflejo de luz de la superficie marina en la arena. Foto: César María Aguilar Gómez.

 Juveniles de besuguitos (Pagellus acarne), un pez hermafrodita como muchos otros: primero es macho y luego cambia su sexo a hembra. Un “LGTBI” de los mares en estado natural, porque natural es lo que existe, no las convenciones que nos inventamos. Foto: César María Aguilar Gómez.

Dos verrugatos (Umbrina cirrosa) recorriendo los fondos de arena en busca de pequeños invertebrados a los que detecta con un pequeño botón sensorial, un corto barbillón, situado en la base de la mandíbula inferior. Las ondas oblicuas de su lomo recuerdan a los reflejos de luz del oleaje. Foto: César María Aguilar Gómez.
Cardúmenes de castañuelas (Chromis chromis) sobre la pradera de posidonia con su característica agrupación dispersa: el más fiel reflejo de la ingravidez que sugieren los paisajes subacuáticos. Foto: César María Aguilar Gómez.

La vaquita (Serranus scriba) es otro "LGTBI" con una estrategia diferente de la explicada para los besuguitos (Pagellus acarne). Serranus scriba es un hermafrodita sincrónico, es macho y hembra a la vez, y por tanto puede actuar con cualquiera de estos dos roles en cualquier encuentro reproductor. Foto: César María Aguilar Gómez.

El llamado pez verde (Thalassoma pavo) es el más colorido de los peces de estos fondos mediterráneos. En la foto un hembra, pero aquí también existe el cambio de sexo y, en determinadas condiciones, estas pueden transformarse en machos cambiado el patrón de coloración. Foto: César María Aguilar Gómez.

«Parece que acabo de comer espaguetis y me han quedado dos colgando, pero no, fíjate son mis barbillones y con ellos remuevo el sustrato en busca de comida». Salmonete (Mullus surmuletus). Foto: César María Aguilar Gómez.

Aquí tenemos una doncella (Coris julis) junto a una oblada (Oblada melanura) a su derecha. Hembras y machos de la doncella tienen coloraciones distintas, sin embargo, son muy variables debido al cambio de sexo de las hembras hacia machos. En la foto un ejemplar con librea bicolor. ¿Macho?,¿hembra? Solo ellos lo saben. Foto: César María Aguilar Gómez.

«Creo que este humano se está acercando demasiado». Gobio de roca (Gobius cobitis). Foto: César María Aguilar Gómez.

«Uy, creo que no me ha visto, seguiré haciéndome el despistado, con un ojo para Cuenca y el otro para Tudela». Lenguado podas (Bothus podas). Foto: César María Aguilar Gómez.

Estrella espinosa roja (Echinaster sepositus) desperezándose tras la siesta, con cuidadín para no pincharse en los brazos con los erizos. Foto: César María Aguilar Gómez.

domingo, 31 de mayo de 2015

Brasil 12 (2014) Bajo el agua del Morro de Sao Paulo

Playas de Morro de Sao Paulo. C.M. Aguilar Gómez.
El Morro de Sao Paulo es una zona de playas e islas a dos horas en ferry de la ciudad de Salvador de Bahía. Al regreso del interior de la Chapada Diamantina yo aún tenía ganas de probar suerte con el esnórquel, e Iratxe de disfrutar de unas playas más resguardadas de lo que es habitual en las agitadas costas del Atlántico. Ir y volver en barco en el día fue un poco pesado, pero no disponíamos de tiempo para alojarnos allí como hace la mayoría de la gente. El lugar no estaba mal, pero nos habíamos hecho otra idea. Las principales playas estaban llenas de alojamientos, bares, tiendas y todo lo que a la mayoría de turistas les encanta… uf! nosotros esperábamos menos gente. Con más tiempo hay playas alejadas y tranquilas y pero no es posible visitarlas en un solo día.




Huesos de cetáceos en la costa. C.M. Aguilar Gómez.
En el ferry de Salvador a Morro, sin quitar la vista del horizonte en todo el viaje, pude ver fugazmente varios soplidos de cetáceos muy a lo lejos, mientras cruzábamos la gran bahía de Salvador. Siempre te quedas con la duda a esas distancias, que si el oleaje engaña o si ya estás tan sugestionado que ves lo que quieres ver. Pero sí, allí también había ballenas aunque nadie las mostrara o se fijara en ellas. Luego en las playas del Morro de Sao Paulo, buscando por la orilla intermareal, encontré huesos de cetáceos entre el material que arrastran las mareas. Confirmado. Son de esas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría pero que a mí me hacen una ilusión tremenda.





Algunos peces de Morro. Fotos: C.M. Aguilar Gómez.
Por la playas más tranquilas se dejaban ver corriendo chorlitejos semipalmeados (Charadrius semipalmatus). Poco más. Encontré algunas zonas de rocas superficiales donde poder hacer esnórquel, nada del otro mundo pero ¡ya que estaba allí! La verdad es que había demasiada turbidez por la época del año y ningún arrecife pero siempre hay cosas que ver entre fondos de rocas y arena. Poco a poco fui identificando algunas especies de peces tropicales como un pez mariposa estriado (Chaetodon striatus) o un par de peces cirujanos, el oceánico (Acanthurus bahianus) y el azul (Acanthurus coeruleus) este último en fase intermedia pasando del amarillo juvenil al azul del adulto. Todo esto lo averiguas después ya que en esos momentos solo te dedicas a sacar fotos y disfrutar del paisaje subacuático.


 


Algas identificadas en Morro. Fotos: C.M. Aguilar Gómez.
Los peces más abundantes allí eran los que llaman sargentos (Abudefduf saxatilis) con su coloración amarilla y rayas negras caracteristicas. Dentro de su familia (Pomacentridae), la de las damiselas, no todos los peces son tan fáciles de identificar en especial unos marrones oscuros sin más caracteres diagnósticos. Luego están los juveniles de muchos de ellos como los de los Stegastes sp, peces punteados de azul eléctrico que tienen gran variabilidad de diseños. Otra de las curiosidades de aquellos fondos eran sus algas. Algunas eran de géneros que también encontramos en las aguas ibéricas como Padina sp, pero otras algas eran bien extrañas. Entre ellas los campos de “arbolitos” Penicillus capillatus, los grandes abanicos de Udotea sp o las ramificadas Caulerpa sp.

sábado, 7 de junio de 2014

El singular hábitat del pez fraile en La Rioja

Pez fraile Salaria fluviatilis, Tirón. C.M. Aguilar Gómez.
El pez fraile (Salaria fluviatilis) es una especie que pertenece a una familia de peces mayoritariamente marinos. Son los conocidos blenios y son fáciles de ver haciendo snorkel en las costas mediterráneas. También son comunes en los charcos intermareales. Esta familia cuenta con más de 400 especies y tan solo tres especies son de agua dulce. Uno de ellos es el pez fraile de nuestros ríos Peninsulares que tiene una distribución muy localizada y una población escasa. Por ello es un pez muy poco conocido salvo por su grado de amenaza. A nivel nacional está incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como “Vulnerable” y en La Rioja fue declarado en “En peligro de Extinción” en el Catalogo regional.




Tramo del Najerilla con pez fraile. C.M. Aguilar Gómez.
En La Rioja se conocía poco de su distribución hasta hace algunos años. En el 2001, el ictiólogo Benigno Elvira de la Universidad Complutense de Madrid comenzó a prospectar sistemáticamente los tramos de ríos de La Rioja con hábitat para la especie. Halló peces fraile en muy pocos lugares del río Ebro (Rioja Alta y Media) y en unos pocos tramos bajos de los ríos Tirón, Najerilla e Iregua. En el 2012 tuve la suerte de trabajar con Benigno actualizando la distribución de la especie en La Rioja. En ese periodo, según lo visto en los muestreos, la especie retrocedió en el río Ebro. Lo cierto es que en ese río hay cada vez más especies exóticas que alteran el medio acuático. Durante aquellos trabajos aprendí bastante del pez y hay algo que me parece singular en el hábitat que ocupa.



Larva de pez fraile. Foto: César María Aguilar Gómez.
El pez fraile tiene una especie de “esquizofrenia” o dicotomía en sus preferencias de hábitat. O a mí así me lo parece. Tiene un hábitat de río, donde los muestreábamos con pesca eléctrica, y otro de aguas lentas. En el hábitat de río busca tramos bajos con corriente moderada,  fondos de gravas y bloques de rocas sueltos. Ahí parece una especie exigente pues, en muchos lugares que parecían buenos, a veces no dábamos con ellos. Pero luego está el otro hábitat que es el que a mí me descoloca. Es precisamente todo lo contrario, aguas completamente quietas a condición de que dispongan de sustratos de piedras donde realizar las puestas. Su presencia en ese hábitat, que no se puede prospectar con pesca eléctrica, es el que he curioseado ya por mi cuenta los últimos veranos.


Pez fraile comiendo células muertas C.M. Aguilar Gómez
Así, el verano pasado mientras frecuentaba lagunas y balsas del valle del Ebro a la búsqueda de galápagos autóctonos, dimos por casualidad con unos ejemplares de pez fraile. En un principio pensé que esas aguas podían ser solo un sumidero de la población de los tramos del Ebro con los que se comunica por riadas y acequias. No pensaba que se reproducirían allí, pero me equivoqué. Con mi afición por el “snorkel de agua dulce” comprobé que sí se reproducen en esas balsas y que, además, los peces frailes son unos dignos parientes de sus primos los blenios de la costa. Al igual que ellos desaparecen del agua cuando llegas pero, poco a poco, vuelven a curiosear si persistes allí. Y no solo a curiosear, también vienen a comerte las células muertas de la piel si les das confianza. ¡Un peeling de pez fraile! 


Pez fraile sobre rizomas vegetales. C.M. Aguilar Gómez.
Pero algunas de esas balsas tenían poco sustrato de roca, más bien fondos de fango. Y ahí surgió otra nueva singularidad en ese hábitat de aguas quietas. La especie necesita rocas para hacer los "nidos" pero en esas balsas parece que utilizan de sustituto los rizomas de la vegetación palustre. Algo así como si fueran "arrecifes vegetales". Ya me lo había comentado la gente que trabaja en La Albufera de Valencia con seguimientos de peces, pero aún así me costaba imaginarlo. La foto que acompaño es bien ilustrativa de ese hábitat "atípico". Es lo bueno de las especies, y lo que más me gusta de la naturaleza, que los hábitos y comportamientos no dejan nunca de sorprenderte. Por mucho tiempo así.

domingo, 13 de octubre de 2013

Esnórquel de agua dulce en ríos de La Rioja

Pez fraile Salaria fluviatilis. César María Aguilar Gómez
Hace tiempo que cada vez que voy a la playa en verano paso más tiempo haciendo esnórquel que en la propia arena. Sin embargo, hasta el año pasado no me puse a fotografiar lo que veía por ahí abajo. Sin la ayuda de las fotos, no siempre es fácil identificar las especies que ves ni retener en la memoria los detalles que necesitas para buscar en las guías. Ahora que ya hay carcasas para muchas cámaras compactas, la fotografía se ha convertido en una gran ayuda. Pero en realidad el mar me queda un poco lejos de casa, el Cantábrico está bien para un fin de semana y al Mediterráneo solo acudo de año en año en algunas vacaciones veraniegas. Así, apenas son unos pocos días al año los que tengo ocasión de hacer fotos de fauna marina.




De izquierda a derecha tres especies: Salmo trutta,
Achondostroma arcasii y Barbus haasi
Otro rato prepararé una entrada del blog con algunos de mis "descubrimientos" del Cantábrico, pero hoy la entrada va de los de agua dulce. Y es que también podemos hacer esnórquel en agua dulce, no es lo mismo lo se, pero tiene su encanto aunque hay que elegir bien los tramos para tener algo de éxito. Así, probé el verano pasado en varios lugares del río Tirón con la idea de fotografiar al pez fraile (Salaria fluviatilis), una especie bastante escasa e incluida en el catálogo de La Rioja de especies amenazadas. Y tuve suerte. Desde entonces he perfeccionado algo la técnica y para tener buena visibilidad para las fotos he comprobado que hay que elegir tramos con pocos sólidos en suspensión y a poder ser muy superficiales.





Trucha Salmo trutta. César María Aguilar Gómez.
De ese modo la mitad de las veces te encuentras haciendo esnórquel empanzado en un remanso somero. En otras ocasiones es en una pequeña poza al final del estiaje. Entiendo que puede resultar un tanto friki aparecer por medio del río con el neopreno puesto, las gafas y el tubo en pleno verano y, encima la mayoría de las veces mirando charcos donde cubre por encima de la pantorrilla como mucho. Pero superado el miedo al ridículo, si das con tramos interesante, la cosa compensa. Los peces más agradecidos para esta modalidad de agua dulce, son aquellos que no tienen vejiga natatoria y por ello tienen que apoyarse en el sustrato, los peces bentónicos o epibentónicos.




Lamprehuelas Cobitis calderoni. C.M. Aguilar Gómez.
Con esas especies, la observación y su fotografía es más fácil, por la sencilla razón de que se mueven menos. Aunque según te metes al agua todos los peces huyen al verte, si esperas lo suficiente con un poco de paciencia muchos de ellos hasta regresan a curiosear. Para entonces ya tengo lista la cámara con las opciones de macro y preparado para retratarlos. Ocurre así con peces fraile y lamprehuelas (Cobitis calderoni) que se quedan quietas. No así con otros como truchas (Salmo trutta), barbos colirrojos (Barbus haasi),  piscardos (Phoxinus bigerri) o bermejuelas (Achondostroma arcasii), especies todas que he logrado ver y fotografiar de esta manera.





Natrix maura al acecho. César María Aguilar Gómez
Decir que para este tipo de fotografía no uso ningún equipo complicado me vale con una cámara compacta PowerShot S95 con una carcasa de buceo específica para el modelo. Lo cierto es que bajo el agua las condiciones para la fotografía no son fáciles y es cuestión de probar y tirar muchas. Los bichos siempre están en movimiento y tu tampoco te estás quieto debido a las corrientes. Por otra parte la turbidez del agua te impide usar el flash, con lo que has de tirar con luz natural. Las fotos que dejo en esta entrada son de algunas de las especies que he podido fotografiar en el río Tirón. Y no solo peces, también se ven varias especies de caracolillos, cangrejos, renacuajos y hasta culebras viperinas (Natrix maura) al acecho bajo el agua.

domingo, 14 de julio de 2013

Sudáfrica 12 (2012) Snorkel en Cabo Vidal y yubartas

Playas inmensas en Cabo Vidal. Foto: Javier Robres.
El agua que baña la localidad de Sta Lucía es el océano Índico, un lugar con arrecifes coralinos. Íbamos con ganas de poder acercarnos a algún lugar donde hacer esnórquel, pero las agitadas costas de la zona no parecían el mejor lugar. Al parecer los arrecifes se encontraban lejos de la playa y solo eran accesibles con buceo y no era ese el plan que llevábamos. Aun así, nos dijeron de un lugar dentro de la reserva de Sta. Lucía donde en las mareas bajas era posible hacer esnórquel, el Cabo Vidal. El sitio en realidad no era nada del otro mundo, pero era lo único accesible, una zona con rocas superficiales durante unas pocas horas del día. La verdad es que la buena temperatura del agua facilitaba las cosas, así que a pesar de todo pasamos un buen rato con la cabeza bajo el agua.



Varias especies del arrecife. César María Aguilar Gómez.
Al tratarse de un océano tan distante siempre hay algo con qué entretenerse. Cámara subacuática en mano, pudimos identificar algo más de una decena de especies de peces y ver unas cuantas langostas escondidas bajo las piedras. Peces siempre exóticos como el pez cirujano convicto (Acanthurus triostegus), con su rayado traje de presidiario, o los coloridos peces cirujano de aleta amarilla (Acanthurus xanthopterus) y el lineado (Acanthurus lineatus). Otros de los peces espectaculares que te encuentras en las aguas tropicales son los peces mariposa. El que vimos allí fue el pez mariposa luna (Chaetodon lunula), aunque fue visto y no visto y no se dejó fotografiar. Otro de buen diseño y que sí cayó en la cámara fue el jabonero de seis rayas (Grammistes sexlineatus).





Javier Robres bajo el agua. César María Aguilar Gómez.
Según llegamos a la playa de Cabo Vidal, antes de meternos al agua, nos dio por echar un vistazo al horizonte por si había aves marinas. Las costas de la zona no son de las mejores en Sudáfrica para ello, nos habían dicho que era mejor ir a Ciudad del Cabo, pero por si acaso miramos allí ya que lo otro iba a ser imposible. Marinas apenas observamos un par de especies, mal vistas y de lejos, pero de repente vimos un chapuzón en el agua y unas aletas emergidas. No podíamos dar crédito, eran yubartas (Megaptera novaenagliae). Nadie de los que estaban tirados en la arena de la playa se había dado cuenta de ello hasta ese momento. 





 Yubarta Megaptera novaenagliae. Oscar Gutiérrez
Montamos tal revuelo yendo al coche a coger los telescopios y las cámaras, que enseguida teníamos a varios curiosos preguntando por nuestra excitación y cara de sorpresa mirando al mar. “Whales, whales!” gritábamos, pero para el que no tiene la vista acostumbrada a ver fauna a distancia es difícil distinguir una aleta entre el oleaje. Pero allí estaban. Justo en noviembre empezaba la época de avistamiento de ballenas en esas costas, pero no confiábamos en que ya se dejaran ver, pero nos equivocamos. Eso era suerte. En Sta Lucía buscamos un barco de los que llevan a la gente para intentar avistarlas y nos embarcamos.  



Satisfechos tras las yubartas. Foto: Oscar Gutiérrez
Aquella salida fue de los mejores recuerdos del viaje y eso que hubo muchos y muy buenos. Salimos en una lancha planeadora que metían al mar con un tractor, dado que no hay puerto en la zona. Estuvimos alrededor de tres horas en el mar y cuando dimos con la zona buena pudimos ver yubartas a placer. De todas las ballenas que he visto, esa especie me parece especial. Es con diferencia una de las más espectaculares ya que saltan muy a menudo fuera del agua en plan exhibición.  Ciertamente fue inolvidable y se nos nota en esta foto que nos hicieron a los tres nada más regresar a la playa. Lucimos unas sonrisas pletóricas.

domingo, 3 de junio de 2012

Lanzarote 7 (2011) Un poco de mar Atlántico


Gobio (Mauligobius maderensis) C. Aguilar
Hace un par de años estuve buceando en Gran Canaria y me gustó tanto que esta vez metí las gafas y las aletas en el equipaje para, al menos, hacer snorkel en sus aguas. Solo tuve ocasión en la playa del Papagayo en el sur, ya que otro día que lo intenté en la playa de las Conchas en La Graciosa el mar estaba muy agitado. En el Papagayo repetí muchas de las especies más comunes que vi en el buceo con equipo en Gran Canaria, aunque solo las de aguas más superficiales. Entre ellas algunas de las más características de las islas como la vieja (Sparisoma cretense) un pez loro muy abundante, la fula negra (Abudefduf luridus), una especie de pez payaso también común, y la gallinita (Canthigaster capistrata) un pez globo que dicen que se infla tragando agua para aumentar su tamaño cuando se siente amenazado.



Camarón (Palaemon elegans). Foto César Aguilar
Otras especies que vi, pero que son comunes a otros sitios del Cantábrico y Mediterráneo, fueron los salmonetes (Mullus sp), varias formas de tordos (Shymphodus sp.) y espáridos como las obladas (Oblada melanura), las salpas (Sarpa salpa) o los sargos (Diplodus cervinus, D. sargus). Sin embargo no hubo suerte con los angelotes (Squatina squatina) una especie de tiburón bentónico con aspecto de raya que me habían dicho que era fácil de ver en El Papagayo. Al parecer hay épocas en que se acercan a las bahías de la costa para la reproducción, aunque las fechas debían ser tardes para verlos. Buscando en la zona intermareal uno de los crustáceos más habituales eran los camarones de charcos (Palaemon elegans).



Lisas (Familia Mugilidos) Foto César Aguilar
Esos camarones son de las pocas especies del grupo que tienen actividad diurna. Si uno coloca los pies en uno de los charcos comprobará como al cabo de un rato esos bichillos vienen a mordisquear y comer las células muertas y la roñas de los pies. Pero el sitio que encontré mejor para fotografiar desde fuera del agua algunas de las especies peces fue precisamente en unas piscinas naturales someras en el Charco del Palo. El sito se llena de agua con las mareas y allí van a bañarse un buen número de jubilados europeos nudistas con una colonia de vacaciones en la zona. El lugar es bueno para fotografiar peces ya que el agua está tranquila sin oleaje. En las pozas se quedan gobios, blenios y lisas en buen número que se ponen a tiro de cámara.



Barriguda (Parablennius parvicornis) C. Aguilar
Además toda la orilla, digámoslo así, está empedrada de modo que es muy cómodo ir de un sito a otro cámara y guía en mano tratando de identificar y fotografiar las distintas especies. Lo que es menos cómodo, es estar ahí apuntando con la cámara al agua con los jubilados desnudos en medio del agua. Suerte que cuando estuvimos apenas había algunos. De todos modos estos europeos entienden la afición naturalista y son poco pudorosos. Entre las especies que pude fotografiar estaba el abundante pez verde (Thalassoma pavo), una barriguda propia del este del Atlántico (Parablennius parvicornis), un gobio endémico de Macaronesia (Mauligobius maderensis) y grupo de lisas (Mugílidos) que sin cogerlas en mano no pueden diferenciarse.

viernes, 24 de febrero de 2012

Francia 9 (2011) Flora y fauna marina en la Península de Crozón

Erizos irregulares arrastrados a la playa. C. Aguilar
La última escala en el recorrido por la Bretaña fue la región más occidental de Francia. Es la que más se adentra en el Atlántico y por ello, al igual que hacemos en España, también la llaman Finisterre. Allí visitamos un par de playas, la localidad de Morgat y el cabo Chevre, todo ello en la Península de Crozón. Después de unos días lluviosos salió el sol, subieron las temperaturas y nos acercamos a las playas. Una de ellas estaba bien para tomar el sol pero no para bañarse, pues todas las olas iban cargadas de “tropezones” de algas batidas como si se tratara de una sopa de verduras. Eso no era más que el subproducto de lo que el mar arrojaba a la playa. Con marea baja el arenal había quedado tapizado de conchas de varias especies de bivalvos, muchas algas y esqueletos de erizos de mar asimétricos.



Colonias de briozoos sobre un alga parda. C. Aguilar
Buceando es fácil ver erizos simétricos sobre las rocas y también sus esqueletos, unas estructuras de color verde o morado con un punteado geométrico de donde salen las púas. Los erizos irregulares, por el contrario, no son fáciles de ver vivos ni abundan sus esqueletos en las playas. Son especies de fondos arenosos que viven enterrados así que pasan desapercibidos. Una de las playas que visitamos debía ser muy buena para esos erizos, ya que la marea había sacado cientos de ellos. Sus caparazones flotan en el agua, de modo que las olas los depositan en la línea de la pleamar. Hay varias especies similares que se distinguen por las formas de las líneas de poros, sin embargo no me ha tocado determinarlos antes y no consigo aclararme bien, así que erizos asimétricos y listo.



Diversidad de algas en la playa. Foto: César Aguilar
Mirando con detalle las algas depositadas en la arena, se puede ver que muchas de ellas están cubiertas por colonias de briozoos. Estos son unos animales diminutos que desarrollan esqueletos calcáreos a modo de celdillas. Forman extensas colonias tapizantes y se alimentan por filtración. Pero rebuscando en los montones de algas, además te encuentras con muchas especies diferentes. Me llamaron la atención unas grandes del género Laminaria que parecen palmeras. Pero las algas son complicadas, más o menos puedo llegar a algunos géneros característicos pero para los caracteres diagnósticos de muchas haría falta hacer cortes y mirar con una lupa binocular. Al menos eso era lo que nos enseñaban en la carrera de Biología. Traté de echar un ojo con unas claves que tenía de entonces, pero sin mucha práctica no fueron de gran ayuda.



Algas pardas, Fuscus sp. Foto: César Aguilar
Para la mayoría de las que vi puedo saber el grupo al que pertenecen, Clorofíceas, Feofíceas, Rodofíceas o Cianofíceas, o lo que es lo mismo algas verdes, pardas, rojas y verdeazuladas. Solo para unas pocas se el género con seguridad, pero ver la diversidad de formas colores y portes ya es para mí sorprendente. Con el buen tiempo aproveché para ponerme el neopreno y hacer algo de snorkel. La temperatura del agua era soportable, pero la diversidad de fauna poco evidente. Había mucha biomasa de algas, la mayoría Fuscus en superficie y zonas con grandes talos de Laminaria más abajo. Con el batir de las corrientes las laminarias son espectaculares. La zona era rocosa y aparte de algas, eran frecuentes unos cangrejos tipo centollos, algunos blénidos y poco más.



Dos estrellas frecuentes en la zona. César Aguilar
Esta misma impresión la he tenido otras veces haciendo snorkel en el Cantábrico. El Atlántico en principio es más productivo que el Mediterráneo pero con gafas y tubo se ve siempre mucha menos vida que en el segundo. Si en superficie no había mucho, era cuestión de bajar un poco a pulmón y tras un gran peñasco marino encontré montones de estrellas. Al principio eran unas rojas que según bajabas tapizaban en abundancia una garganta de roca. Luego aparecieron otras blancas mucho más grandes. No tener una cámara subacuática es una frustración cuando ves esas cosas. Así que buceé hasta ellas y en un par de viajes saqué dos ejemplares a una charca intermareal cercana donde ya las pude ver y fotografiar a placer.


 
 

Estrella volteandose. Foto: Iratxe González
La estructura de una estrella de mar es sorprendente, la parte inferior está cubierta de los llamados pies ambulacrales. Son como los “cuernecillos” de los caracoles pero por decenas. Su acción coordinada hace que la estrella tenga gran movilidad. Si las das la vuelta boca arriba, uno de sus brazos se gira hasta que algunos de los pies ambulacrales hacen contacto con el suelo y ayuda a girar poco a poco al resto del cuerpo. Es sorprendente para una animal que parece tan rígido. Cuando ya me cansé de verlas las devolví al mar y contento. Esto fue el último día del viaje, así que un buen recuerdo de la Bretaña y sus mares. Unas  horas más tarde la furgoneta nos dejó tirados en vísperas de varios días festivos por el día de la República y empezó una odisea para regresar a España dejando la furgo en un taller francés. Pero eso ya es otra historia que además no tienen nada de naturalista.


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