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sábado, 15 de febrero de 2025

Laberinto mar. Un viaje por la vida y la historia de nuestras costas (libro).

Mi primer libro de 2025 ha sido este de Noemí Sabugal. Salido de imprenta hace solo unos meses y la estupenda Biblioteca de La Rioja ya lo había adquirido para su catálogo. La idea de reunir en un solo libro todo lo relativo al mar y las costas españolas me pareció una propuesta interesante cuando ojeé el ejemplar.

A lo largo de varios años Noemí indagó y leyó historia y literatura marina, recorrió puertos, costas, museos y se entrevistó con todo aquel que tuviera algo que contar. Desde todas las perspectivas: histórica, social y natural. Por todas las geografías: del litoral peninsular, Atlántico y Mediterráneo, a los insulares de Canarias y Baleares.

Con todo ello ha hecho una narración saltarina y fluida que va de aquí para allá, de costa a costa, sin la atadura de un itinerario concreto, dejándose llevar a donde le conduzca el relato. Por sus páginas pasan oficios, industrias, aficiones, huidas, supervivientes y ladrones de tesoros. También náufragos, piratas, nadadores, narcos, balleneros, arrantzales, ornitólogos, mariscadores y oceanógrafos.

Una lectura, como otras de mar, que a mí me gustan para el invierno, cuando al desamparo de la intemperie, el viento y el salitre uno contrapone el confort y el calor del hogar. Un relato que he aderezado con mis propias imágenes marinas, las de muchos recorridos por las costas ibéricas e insulares, de las que traigo aquí abajo algunas fotos..

Laberinto mar. Noemí Sabugal. Alfaguara 2024. 379 pp.

La costa árida del Cabo de Gata es uno de los pocos tramos del litoral mediterráneo español que se ha librado del proceso que Noemí Sabugal denomina legolización el apilamiento de ladrillos como si fuera un juego de Lego para construir hoteles y apartamentos. Aun así la amenaza sigue, como la del hotel Algarrobico, en Carboneras, paralizado desde hace dos décadas y símbolo de las construcciones ilegales junto al mar. El Plazayo y Rodalquilar. P. N. Cabo de Gata (Almería). Foto: César María Aguilar Gómez.

El puerto de Burela (Lugo) es uno de los que todavía mantiene una importante actividad en el mar Cantábrico. De allí parten barcos para pesquerías de bajura y los que van a Gran Sol. Barco bonitero Reina del Carmen, un barco amarrado en el puerto cuya visita merece la pena, sobre todo si, como a nosotros, te lo explica un marinero de verdad que usó y conoce todo lo que el barco contiene. Foto: César María Aguilar Gómez.

«Allí donde más rompe la ola, donde las aguas se oxigenan más, es donde crecen los percebes que los percebeiros arrancan con la ferrada, una especie de lanza con una hoja cortante de  hierro o acero que sirve para despegarlos de las rocas (...). En las lonjas gallegas se venden cada año más de doscientas toneladas de percebe, con unos ingresos que se acercan a los nueve millones de euros», Laberinto mar,  Noemí Sabugal. Percebes (Pollicipes pollicipes). Ribadeo (Lugo). Foto: César María Aguilar Gómez.

Maqueta de la nao San Juan, embarcación ballenera encontrada en 1978 en Terranova, estudiada por arqueólogos canadienses y que es el barco del siglo XVI mejor conservado del mundo. La nao original fue construida en Pasaia y actualmente la asociación Albaola ha creado un astillero-museo para construirla de nuevo con técnicas y materiales de aquella época. Ilustración de la exposición del museo. Pasaia (Gipuzkoa). Foto: César María Aguilar Gómez.

Hasta 1985 se mantuvo en España una industria para la caza de ballenas, en 1986 entró en vigor la actual moratoria. Imagen del despiece de un rorcual (Balaenoptera sp) en 1965 en la factoría de Morás (Lugo). Imagen expuesta en el Museo Provincial do Mar, San Ciproán (Lugo). Foto: César María Aguilar Gómez.


Amaneciendo frente al faro de la isla mayor de Las Columbretes, un cráter volcánico parcialmente sumergido situado en el Mediterráneo entre el litoral de Castellón y las Islas Baleares. Reserva Natural Islas Columbretes. Foto: César María Aguilar Gómez.

 

A finales de septiembre crecen los pollos del halcón de Eleonora​ (Falco eleonorae) gracias a las capturas que hacen los adultos de pequeños pájaros migradores que atraviesan el Mediterráneo hacia África. Esta rapaz retrasa su reproducción para hacerla coincidir con este maná alimenticio. Reserva Natural Islas Columbretes. Foto: César María Aguilar Gómez.

Linterna del faro situado en el cabo Estaca de Bares, el lugar más al norte de España, un entrante de tierra con acantilados sobre el Cantábrico frente al que cada año pasan en migración más de un millón y medio de aves marinas. Desde aquí se censa el paso junto a la costa de alcatraces, págalos, charranes y pardelas. La Coruña. Foto: César María Aguilar Gómez.

A pie de puerto, las capturas que los hombres hacían en el mar daban trabajo a las mujeres en la industria conservera. Escudo en el edificio de la antigua fábrica de conservas Ártica. Cariño (La Coruña). Foto: César María Aguilar Gómez.

En las praderas de Posidonia los cardúmenes de salema (Sarpa salpa) ramonean los frondes de sus hojas y los invertebrados que sobre ellas crecen. P.N. Cabo de Gata (Almería). Foto: César María Aguilar Gómez.


















martes, 13 de marzo de 2012

Tierra de pinares 2 (2012). La peña del duro

Afloramiento rocoso peña del duro. Foto: C. Aguilar
Otro de los sitios que tenía ganas de visitar en la zona y que me llamó la atención cuando encontré información de él, era una curiosa roca con grabados que llaman la peña del duro. Tenía guardada la reseña del sitio desde hace tiempo y aproveche el fin de semana por la zona para acercarme a él. El lugar me ha parecido realmente curioso y “mágico”. Los grabados no son muy antiguos, poco más de un siglo los primeros,  pero tienen una historia peculiar detrás. Están situados en un afloramiento rocoso similar a los de las necrópolis que había estado viendo en los pinares. La comarca donde se encuentra la peña está colindante con Tierra de Pinares, aunque no es exactamente igual. El término municipal donde se sitúa es Cidones aunque para acceder a ellos es necesario acercarse por una pista que sale de Oteruelos.



Reverso de un duro alfonsino. Foto: C. Aguilar
Una de las rocas del bosquete de robles del término municipal es la que llaman la peña del duro y es donde aparecen concentradas todas las inscripciones. No todas se ven a primera vista y hay que prestar un poco de atención para ir descubriéndolas poco a poco. Desde que se tallaron, los líquenes y el tiempo han ido desdibujando las incisiones y es necesario aguzar la vista. Los grabados se sitúan en vertical solo en una de las caras del afloramiento rocoso. Al estar orientados hacia el norte la mayor parte del día están en sombra lo que no facilita contrastes de luz para verlos mejor. Pero empecemos por el principio, la peña del duro recibe ese nombre porque es la inscripción de un duro la que primero se ve. Se trata del reverso de una moneda de 5 pesetas, o duro, de la época de Alfonso XII de un metro de diámetro. Se sitúa en el centro del “retablo” en el que se distribuyen el resto de grabados de la roca.



Grabados de los zorros repasados. Foto: C. Aguilar
Para saber quien fue el autor del trabajo solo hay que buscar una de las inscripciones donde dice “Por la gracia de Dios. Julián Pérez y Pérez de Ocenilla grabó esta piedra, a los 19 y 62 años en 1878 y 1921”. Parece ser que empezó a grabarla de joven siendo pastor en estas majadas,  luego se hizo guardia civil y salió del pueblo, para regresar de mayor cuando concluyó el trabajo. De todo lo que dicen que se ve, además del duro alfonsino, conseguimos ver todas las ilustraciones salvo una. Entre las que fuimos encontrando poco a poco, está el autorretrato de Julián vestido de guardia civil, dos zorros, un triangulo divino con ángeles arrodillados a ambos lados, varias cruces, una balanza de pesar con lo que parecen es una pluma y una espada a un lado y a otro, una calavera debajo, un diablo con tridente y un águila que agarra con una pata una bolsa de monedas y con otra una calavera. 



Algunas frases legibles. Foto: César Aguilar
Además hay varios dibujos geométricos poco concisos y desdibujados que parecen de la primera época ya que están menos ordenados. Lo que no conseguimos ver fue un autorretrato de Julián de joven, creemos que debería estar entre esas primeras donde el trazo es más impreciso. En general todas las inscripciones están enmarcadas dentro de cenefas, expuestas a modo de retablos y con numerosas frases difíciles de seguir por el transcurrir del tiempo, aunque se entienden palabras sueltas. Parece que son frases morales ya que en su trabajo de guardia civil dicen los estudiosos que se dedicó a la lectura de la biblia, de ahí el tipo de escritos y muchos de los dibujos. En general me ha parecido un sitio curioso, fácil de encontrar pero que no está señalizado, de modo que ya solo su hallazgo en el bosque ya añade encanto al lugar.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Los vascos y la caza de la ballena

Museo naval de San Sebastián. César Aguilar
Fuera del País Vasco es poco conocida la tradición de la caza de ballenas que se practicó en el litoral vasco y cántabro durante siglos. Fácilmente asociamos esa actividad a los pueblos escandinavos o del ártico, pero olvidamos que los vascos mantuvieron una intensa y larga actividad ballenera. Esta relación es la que explora una interesante exposición que pude ver en museo naval del San Sebastián hace algunas semanas llamada “Cazadores de Ballenas”. Los vascos comenzaron la caza del ballena en el cantábrico pero más tarde la llevaron a las costas de Canadá. La actividad fue de tal importancia que el nombre común de la ballena que más cazaban lleva su nombre, la ballena franca septentrional (Eubalaena glacialis) o ballena de los vascos. Fue una especie común en las aguas cantábricas y la más perseguida por su carácter tranquilo y su querencia por las aguas costeras. Su intensa persecución la llevó a la extinción en esta parte del océano Atlántico.





Cartel de la exposición "Cazadores de Ballenas"
Hace unos años tuve ocasión de ver en las costas de la Patagonia argentina la otra especie de ballena franca que existe, la meridional (Eubalaena australis). La proximidad que permitían no la he visto en ningún otro cetáceo y aunque ahora sea mayor al no sentirse amenazada, ese carácter confiado y pacífico las hizo tan vulnerables como para ser cazadas desde una barca de remos y el uso de arpones. Al parecer la caza de ballenas en el Cantábrico de este modo está documentada en el siglo XII, aunque en Europa las primeras referencias son del siglo IX. Tal era su importancia, que algunas localidades costeras vascas tuvieron su origen en ser buenos oteaderos para el avistamiento de ballenas.
 


Grabado con cachalote que inspiró el libro Moby Dick
Hasta el siglo XVI parece que la actividad ballenera se mantuvo ceñida a la poblaciones del mar Cantábrico. Sin embargo a partir de las expediciones hacia el noroeste de Canadá comienza una gran movilización de barcos y personas. En las primeras expediciones transatlánticas iban interesados por el bacalao pero luego los bancos de Terranova, Labrador y golfo de San Lorenzo fueron también el escenario de la caza de la ballena. En la época de apogeo de la actividad en el siglo XVI se mataban unos 400 cetáceos al año, de los que obtenía aproximadamente unas 20.000 barricas de aceite. Los balleneros vascos llegaron a monopolizar en ese siglo el suministro de aceite de ballena en Europa.




Última ballena franca capturada el País Vasco 1901.
La caza sistemática del cachalote (Physeter macrocephalus) en aquellas costas llegaría mucho más tarde, pero ya esa iniciativa la tomaron los balleneros de la costa este de los Estados Unidos. Los cachalotes eran muchos más agresivos que la ballena franca y fue esa otra especie la que inspiró a Herman Melville la historia de la novela de Moby Dick en 1851, el cachalote blanco que aterrorizaba a los marineros. Pero afortunadamente las historias de persecuciones de ballenas forman parte ya del pasado y la industria ha desaparecido en la mayor parte de países, salvo algunos reacios como Noruega y Japón. La última ballena franca capturada en el País Vasco fue en 1901, arponeada por pescadores de Orio desde traineras, un interesante punto y final que se puede ver en una fotografía en sepia en la exposición del museo naval.  

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Aveiro 3 (Portugal) 2010 La ría y los pescadores de bacalao

Moliceiro grande. Foto: César María Aguilar Gómez.
Otra cuestión que hace interesante una visita a la zona de Aveiro es la relación de estas poblaciones con el mar. Además del arte de xávega, que ya comenté al principio, hay otros aspectos que me resultaron atractivos. Al ver los “moliceiros” paseando grupos de turistas por los canales de Aveiro, uno puede llegar a pensar que éstos se han mantenido aquí solo para este fin. Nada más lejos de la realidad. Recorriendo el estuario puedes ver diferentes modelos de embarcaciones tradicionales, todas muy coloridas, y relativamente bien conservadas. El tipo que parece estar más en uso en la actualidad, es una embarcación con la proa alta que, ayudada de un motor, les sirve para acceder a los fangales que quedan en la ría tras bajar la marea. Allí recogen todo tipo de bivalvos, en un aprovechamiento similar al que hacen  los limícolas a diario de otros invertebrados que viven enterrados también en el sedimento.



Moliceiro con proa dibujada. César María Aguilar Gómez
En especial merece la pena acercarse al embarcadero de Torreira, donde se pueden ver muchas embarcaciones tradicionales amarradas en un pequeño puerto de ría. Sin embargo, la embarcación más característica de la zona es el propio moliceiro. Los que llevan turistas por Aveiro se desplazan con motores, pero en su forma tradicional desplegaban una amplia vela y aún pueden verse algunos con mástiles varados en las orillas de la ría. Estas embarcaciones eran utilizadas para recoger algas que después se usaban para fertilizar los campos de cultivo. Todos tienen una proa muy convexa y en la popa destaca un gran timón. Pero quizá lo que resulta más llamativo son sus decoraciones, siempre muy coloridas y con unas ilustraciones de estilo entre cómic y naif con dichos o frases jocosas. Al parecer al principio los temas de estas ilustraciones eran más comedidos y “correctos”. Sin embargo ahora, las que más triunfan entre los pescadores parecen ser las del tipo “chiste verde” a juzgar por la cantidad de ellas que se ven.


Marcas de constructores. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Un detalle curioso en la decoración de estas embarcaciones es la presencia de la “firma” del constructor. Al igual que en los sillares de las iglesia solemos ver las llamadas “marcas de cantero”, una grafía que dejaba cada artesano en sus piedras, aquí los constructores de las barcas dejan unos coloridos símbolos geométricos en la parte emergida del timón. Es curioso ir comprobando en cada barca los diferentes talleres que las fueron construyendo. Estas y otras muchas cuestiones sobre la ría y los modos tradicionales de pesca, pueden conocerse en el museo marítimo de Ilhavo. Lo bueno de la zona es que si quieres saber sobre este patrimonio relacionado con la ría tienes este museo, pero de cualquier modo la sola visita de la ría te permite verlo in situ. Sin embargo, la relación de estas poblaciones con el mar no solo se refiere a la ría o con los bancos de pesca cercanos como en el arte de xávega. Como sucedió en los puertos cantábricos españoles, la gente de aquí estuvo embarcándose durante años en largas campañas al banco de Terranova entre Canadá y Groenlandia.  



Reproducción bacaladero. César María Aguilar Gómez.
La pesca del bacalao, era un “mana” por el que merecía la pena hacer un gran esfuerzo. Relacionada con esta actividad se ve, además, la importancia que debieron tener salinas como las que hoy vemos aún en Aveiro, ya que la sal fue fundamental para conservar y transportar las capturas de vuelta a casa. En un par de ocasiones en Noruega, en las Islas Lofoten y en la Península de Varanger, he podido ver secaderos de bacalao en la propia costa. Allí son  enormes espalderas de madera donde cuelgan abiertos los peces a curtirse al frescor del Ártico. Supongo que la cercanía a la costa de las zonas de pescas que ellos aprovechan y las temperaturas en tierra, les permiten hacer un procesamiento tan distinto. En cualquier caso, todas estas historias de pescadores en el Ártico no dejan de tener su épica y me atraía mucho conocerlas. Un buen sitio para ello es nuevamente el museo marítimo de Ilhavo, donde una de las exposiciones permanentes está dedicada a este tema. Allí puede verse una reconstrucción bastante buena de las partes de un tipo de veleros que se usaron para la pesca del bacalao. Como complemento también puede visitarse un barco actual de los que hasta hace unos años estuvo haciendo campañas en Terranova. El Sto. André se encuentra amarrado en el puerto de Aveiro (Forte da Barra) y recorriéndolo se puede hacer uno a la idea de la dureza de la vida de los marineros en este tipo de pesca.

martes, 7 de diciembre de 2010

Inscripciones rupestres en el Pico Urbión 2

Cruces e iniciales para marcar límites entre territorios.

Foto 4. César María Aguilar Gómez.
De todas las inscripciones halladas, las cruces son las que mayor uso han debido tener, en el sentido de haber sido remarcadas en más ocasiones y por tanto ser más patentes. No obstante esto varía y así son de destacar, por la profundidad que alcanzan, dos cruces que hay junto a la propia cumbre del Urbión, las del mojón MP-1, (Foto 4) y la del MP-8. En ellas la profundidad de la inscripción puede llegar hasta 5 cm, un trabajo considerable dada la dureza del conglomerado silíceo.
 

Leyenda Foto 4. Cruz con cuatro puntos fuertemente grabada. Cumbre del Urbión (MP-1). En la parte superior derecha, y de abajo hacia arriba, puede leerse 1867





Foto 5. César María Aguilar Gómez.
Los grupos de iniciales que aparecieron junto a las cruces fueron “C.A.” (Foto 5) y “C. y t.”, ambos con algunas variaciones. La disposición que adoptan estas abreviaturas entre si es bien curiosa. Aparecen como para ser leídas desde lugares enfrentados, concretamente “C. y t.” se escribe siempre para ser leída desde el valle del Revinuesa, algo que en esta divisoria es más una formalidad que otra cosa, pues en muchos casos supondría estar colgando del mismo cantil rocoso con unas paredes de vértigo (Foto 6). 

Leyenda Foto 5. Iniciales “C.A” claramente identificables inscritas en la proximidad del mojón MP-3



Foto 6. César María Aguilar Gómez.
En estos mojones sólo en uno de ellos aparecía un grupo de iniciales distinto, la inscripción “D.º” junto al mojón MP-1, en la misma cumbre del Urbión. Pero como ya he indicado, además de cruces e iniciales, junto a cada mojón aparece también un número de referencia y en ocasiones una fecha. Concretamente en los documentados se encontraron las fechas 1867 y 1871, en los mojones MP-1 y MP-8 respectivamente.

Leyenda Foto 6. Piedra con inscripciones junto al mojón MP-8, se puede ver la gran profundidad de la cruz e intuir las inscripciones “C.A.” y “C. y t.” para ser leídas, frente al mojón y desde el cortado, respectivamente. El Urbión es el pico que se recorta al fondo.
 
 


El significado de las iniciales y las fechas. 

Foto 7. César María Aguilar Gómez.
Conocer que indicaban estas iniciales y fechas vino de la mano de un documento y de una persona. El documento era un proyecto de ordenación del monte “Pinar” de los años sesenta, cuyos linderos coinciden exactamente con el término municipal de Covaleda. La persona era Andrés Cámara un apasionado de la historia y la etnografía de la zona, que me proporcionó ese documento y con quién pude ir desmadejando todas las cuestiones sobre estas inscripciones. De esta manera las iniciales pasaron a ser las abreviaturas de los territorios colindantes: “C.A.” de Covaleda, “C. y t.” de Ciudad y Tierra de Soria y “D.º” de Duruelo de la Sierra, todos en la provincia de Soria.



Leyenda Foto 7. Piedra con inscripciones junto al mojón MP-7, se pueden ver “C.A.” y “C. t.” a cada lado de la piedra, la cruz con los cuatro puntos y el número seis.
 

MP1-Grafías (abajo) y croquis de situación (arriba)
Con relación a la abreviatura “C. y t.” es un caso curioso que requiere una explicación. Aunque mirando un mapa de la zona el límite que se ha descrito es entre Covaleda y Vinuesa, esto no es del todo exacto. Dentro del término municipal de Vinuesa hay un monte cuya jurisdicción no corresponde a Vinuesa sino a la Mancomunidad de los 150 pueblos. Esta es una de las instituciones más antiguas de España, cuyo origen data de los s. XI -XII como una de las comunidades de Ciudad y Tierra, que fue un modelo con el que se repoblaron las tierras de Castilla, en este caso la villa de Soria y sus aldeas. Es por ello que en ese límite aparece “C. y t.” y no “V.A.”de Vinuesa, que es como se marca ese municipio en otros mojones del lindero, pero no en ninguno de los ocho documentados.


 


La punta del iceberg de unos lindes llenos de inscripciones.

MP3-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
De ser las inscripciones descritas las únicas de la zona ya sería este un hecho singular, por cuanto en otros límites próximos no aparecen mojones así marcados. En un recorrido por parte de los otros cordales que salen del pico Urbión, el que va en dirección oeste, linde de Duruelo de la Sierra con Viniegra de Abajo y Mansilla de la Sierra, y el que va en dirección noreste, linde de Vinuesa y Viniegra de Abajo, no pude hallar ninguna inscripción de este tipo.






MP4-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
Pero lo realmente impresionante es que lo descrito hasta aquí es sólo una pequeña parte de lo que existe en el término de Covaleda. Estamos hablando de que según las actas de reconocimiento de mojoneras de 1889 hay alrededor de 150 mojones antiguos, tan marcados como éstos, en los límites del término municipal. No todos serán visibles con el paso del tiempo, pero tenemos la suerte de que su ubicación e inscripciones se detallan en las actas que recoge el proyecto de ordenación del monte antes citado. 






MP5-Grafías (Dcha) y croquis de situación(Izq)
En esos documentos los de Covaleda aportan referencias de cartas y escritos muy anteriores sobre los que basan su propiedad y el amojonamiento de sus lindes. De esta manera sabemos que desde la Baja Edad Media y a lo largo de siglos, la propiedad y los límites de Covaleda fueron muy disputados en numerosos litigios y pleitos con sus vecinos y a ello podríamos atribuir tal proliferación de inscripciones de territorialidad. Aún hoy, un pastor de la zona me reconocía que el sentido de identificación y cariño que tienen los de Covaleda por su monte, es decir por su término municipal, no es ni parecido al de otros municipios de la zona. Los siglos de lucha por estas propiedades han debido dejar su huella también en el subconsciente colectivo.

 

MP6-Grafías sobre el croquis de situación
Volviendo a la información que recoge el proyecto de ordenación, conocemos que el término que ocupa Covaleda se estableció en propiedad como privilegio otorgado por Alfonso X (s. XIII). En un pleito en 1385 con los concejos colindantes se describen los límites de Covaleda y curiosamente ya hablan de cruces como forma de señalar los mojones. La trascripción de uno de los legajos del pleito refleja: “(...) e dende da en duero en las pennillas del mayelo e y estan las cruzes mohosas de otro tiempo antiguo e dende pasa a duero e da en la cebaca de la toca e y estan las cruzes viejas (...)". Si ya entonces consideraban antiguas las cruces, es probable que desde el comienzo del amojonamiento del Concejo se venga utilizando este símbolo en las piedras mojoneras. Después, sobre esas u otras piedras próximas, han debido seguir haciendo cruces e inscripciones para consolidar los lindes.

 

MP7-Grafías sobre el croquis de situación
Cada cierto tiempo se realizaban revisiones y repasos para que no se perdieran las inscripciones y a veces se dejaba la fecha de la revisión. Es el caso de las halladas en los mojones MP-1 y MP-8. No obstante, las actas en las que se describen las inscripciones hablan de muchas otras fechas que estarían inscritas en otros mojones del término. De esas fechas referidas a revisiones, la más antigua citada es 1656 y la más moderna 1889 pues esta es la fecha de las actas de revisión que se han tomado como referencia.

 


MP8-Grafías sobre el croquis de situación
En definitiva podemos decir que en toda esta zona contamos con un importante patrimonio relacionado con el amojonamiento de términos municipales. Si bien es importante por sí mismo, aún lo es más por cuanto parece ser que se conservan bastantes referencias históricas y documentos donde se hace mención a estos mojones, su ubicación e incluso las marcas que tenían. Toda una suerte para llegar a saber más de lo que aún hoy en día, y como en mi caso de manera casual, podemos encontrar caminando por nuestro montes.



 

Agradecimientos:
Tirar del hilo para documentar e interpretar las inscripciones del Urbión no hubiera sido posible sin la información, contactos y ayuda que me proporcionaron Andrés Cámara, Carmelo Fernández, Pedro Sanz, Carlos Muntión, Maite Garzón y Gabriel Latorre.

Para saber más:
-Manifestaciones rupestres de época histórica en el entorno de la cabecera del Ebro. Carmelo Fernández y Carlos Lamalfa. En: Revista MUNIBE nº 57-Homenaje a Jesús Altuna, pgs. 257-267. Sociedad de Ciencias Aranzadi. San Sebastián. 2005/2006.

-Petroglifos de término. J. Ferro Couselo. Orense. 1952.

Inscripciones rupestres en el Pico Urbión 1

El texto de las dos entradas con este título pertenece a un artículo que publiqué en Julio de 2006 en “Piedra de Rayo. Revista Riojana de Cultura Popular” en su número 21. He añadido un mapa con la situación de los mojones para ayudar a seguir el texto, pero lo demás está tal y como apareció allí.

Foto 1. César María Aguilar Gómez.
La cumbre del pico de Urbión ha debido suscitar desde tiempos inmemoriales la curiosidad y el asombro que provocan las altas montañas en el hombre. Con sus 2.228 m de altura, hace de límite entre dos comunidades autónomas, La Rioja y Castilla y León, y entre dos cuencas, la del Ebro y la del Duero. En su cumbre, las rocas adoptan formas pintorescas con canales afiladas, torreones desmoronados y arcos de roca, dando un encanto especial al lugar. Bajo uno de esos arcos, en el término municipal de Covaleda (Soria) y a unos 2.100 m, localizaba el pasado mes de abril unas extrañas inscripciones grabadas en roca ¿cómo no dejarse llevar por la imaginación sobre el origen de unos grabados en un sitio como ese?.

Leyenda Foto 1. Vista desde el Urbión de la cabecera del valle del Revinuesa, Laguna Larga y del camino de subida a la cumbre que pasa por el arco natural de roca.



Una cruz con cuatro puntos y algunos grabados sin identificar.

Foto 2. César María Aguilar Gómez.
La presencia de unas inscripciones en un lugar así, en el camino de subida a la cumbre del Urbión, y en un arco de roca donde tanta gente habrá parado a admirar el paisaje, debieran ser algo conocido. Sin embargo en un primer momento, a quienes fui preguntando y que podían tener conocimiento de ello, no les sonaba ninguna inscripción allí, así que ni pensar en saber algo de su significado. De las tres inscripciones de aquel lugar sólo una tenía una figura reconocible, una cruz con cuatro puntos o hendiduras a su alrededor (Foto 2), mientras las otras eran formas como de herradura, una más sencilla y otra con algunos otros signos asociados. Afortunadamente, una de las fotos de un artículo que me facilitó Carlos Muntión sobre manifestaciones rupestres de época histórica en la cabecera del Ebro, contenía el mismo diseño de la cruz con los cuatro puntos. Ya estábamos en el buen camino.

Leyenda Foto 2. Mojón antiguo en el Urbión, a 2100 m, que tiene grabado el más extendido de los símbolos de demarcación, una cruz con cuatro puntos incisos.

Foto 3. César María Aguilar Gómez.
La cruz parece haber sido el símbolo más utilizado en la Península Ibérica para señalar las piedras que marcaban algún tipo de delimitación de territorios, sin embargo en La Rioja no conocíamos ninguna referencia escrita que hablara de inscripciones así con esta función. El uso de cruces para señalar mojones de delimitación de municipios en La Rioja lo pude documentar a los pocos días de encontrar las inscripciones del Urbión. En la vía pecuaria que discurre por el cordal entre los valles del Leza y del Iregua dimos con una piedra con dos cruces grabadas. Esta piedra se encuentra separando los actuales términos de Soto en Cameros y Nalda, a la altura de Luezas. Habíamos buscado marcas en piedras y mojones a lo largo de varios kilómetros, pero sólo en éste, del que teníamos una vaga referencia de los alcaldes sobre la existencia de una “piedra muy antigua”, encontramos cruces grabadas. En este caso eran dos cruces sencillas de poco más de 10 cm (Foto 3) pero su función era clara.

Leyenda Foto 3. Mojón en la Vía Pecuaria del Iregua, que separa los términos de Soto en Cameros y Nalda, con dos cruces sencillas sin puntos.

Volviendo a la cruz encontrada en el arco de roca del Urbión, la tipología con los cuatro puntos que allí aparece indica separación de dos territorios, pero la explicación de los puntos incisos es hoy desconocida. Pese a ser un signo recurrente en distintas zonas de la Península Ibérica, fue uno de los propios autores del artículo antes citado el que me animó a que divulgara estas inscripciones, ya que no son demasiados los escritos que documentan manifestaciones de este tipo.

Siguiendo la pista de los mojones.


MP2-Grafías (abajo) y croquis de situación (arriba)
La asociación de las inscripciones a la demarcación de territorios facilitaba mucho las cosas, ya que permitía saber dónde buscar más y daba una clave para interpretar sus formas. Estas primeras inscripciones halladas, se encontraban en el entorno de uno de los mojones actuales de delimitación entre los municipios sorianos de Covaleda y Vinuesa, el mojón MP-2, así que sólo era cuestión de buscar alrededor de los demás mojones. Y efectivamente allí se hallaban nuevas inscripciones. Desde la propia cumbre del Urbión y bajando por todo el límite entre Covaleda y Vinuesa, que aquí discurre por el espectacular cortado del circo glaciar del valle del Revinuesa, las inscripciones van apareciendo de manera regular junto a los mojones.

No todas estas inscripciones son visibles a la primera, el desarrollo de los líquenes sobre la roca, la exposición al duro clima de montaña y el abandono en que han caído, hacen pasar inadvertidas muchas de ellas. Por otra parte, la iluminación del sol de mediodía puede hacer “desaparecer” muchos grabados entre las irregularidades de la propia roca, mientras que la luz de mañana o de tarde, permite localizar muchos más de los que hallamos a primera vista. En cualquier caso ahí están y después de ver las inscripciones de ocho mojones consecutivos (del pico Urbión al desagüe de la Laguna Larga), los primeros grabados sin identificar pasaron a ser iniciales y letras reconocibles. A esos ocho mojones corresponden los croquis y planos que se aportan en este artículo y a ellos me referiré principalmente. El patrón básico alrededor de cada mojón es repetitivo: una cruz con cuatro puntos, varias iniciales, un número y, afortunadamente, hasta algunas fechas. Ya sólo faltaba saber a que se referían.


Mapa de ubicación de los ocho mojones documentados.


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