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domingo, 23 de marzo de 2025

Biografías. El impulso de fisgar.

Hay algo innato que nos impulsa a querer saber más de los demás, un interés por fisgar en la vida de otros. No descubro nada y en su vertiente más entrometida es el motivo de la prensa rosa.

Probablemente este impulso tenga una base biológica, además de cultural. Si así fuera, sería un rasgo adaptativo exitoso fijado por la selección natural a lo largo de nuestra historia evolutiva.

Como animales sociales, querer saber de los demás solo puede traernos ventajas: nos da información para nuestras relaciones, nos muestra vivencias de las que extraer conclusiones y nos proporciona pautas, ideas o caminos a considerar. En definitiva información que puede contribuir a un mayor éxito biológico.

Esta curiosidad, creo yo, es la que nos lleva a leer biografías. A mí me atraen las de personas que han dedicado tiempo a algo que admiro o que me hubiera gustado vivir. O simplemente fue porque un día me crucé con alguna información de ellos, tan sorprendente que quise saber más de esa persona.

Por aquí dejo una muestra de algunos de esos libros y vidas en las que metí la nariz el pasado 2024.


El científico. Edward O. Wilson, una vida en la naturaleza. Richard Rhodes. 

Todo biólogo ha estudiado en ecología a Edward O. Wilson, considerado uno de los biólogos evolucionista más importantes tras Darwin. Entre sus contribuciones está la teoría biogeográfica de islas y la popularización del término biodiversidad. Wilson ha escrito muchas y significativas obras divulgativas que he devorado maravillado. Y lo ha hecho hasta el final de su larga e intensa vida. De esta biografía lo que más me ha sorprendido ha sido la pugna que mantuvo para mantener el perfil de los naturalistas en la ciencia cuando la biología molecular se postulaba como el único camino a seguir en la biología. Una biografía muy recomendable.

 

Hugo Pratt. El deseo de ser inútil. Recuerdos y reflexiones. Conversaciones con Dominique Petitfaux.

Hugo Pratt es el creador del personaje de cómic Corto Maltés. A poco que uno ojee cualquiera de sus historias gráficas se da cuenta de que su dibujante y guionista bebe de fuentes culturales que la mayoría de los lectores no sabíamos ni que existían. No es casualidad. La vida de Hugo ha sido tan fascinante como la de su personaje. Parece que el dibujante siempre fue reacio a hablar de sí mismo, pero en este libro, que transcribe una serie de entrevistas sobre su vida, lo hace y no sabe cuánto se lo agradecemos muchos de los seguidores de Corto Maltés. Y por cierto, el título del libro es impagable.


El hombre de las dos patrias. Tras las huellas de Albert Camus. Javier Reverte.

Este libro de Javier Reverte no es en sí un biografía al uso. Es el libro de un viaje que hace a Argelia a los paisajes del filósofo existencialista para entender mejor su obra. Esto es lo que ha venido haciendo con muchos de sus mitos literarios y es un formato que me gusta bastante porque mezcla literatura de viaje y biografía, dos de mis géneros preferidos de no ficción. En este nos sumerge en uno de los filósofos y escritores más influyentes y rupturistas del siglo XX.

 

 

Possuelo, El hombre que paró el tiempo. Relatos amazónicos. Luis Miguel Domínguez.

Conocí la existencia de Sydney Possuelo, el indigenista brasileño que dedicaba su vida a defender indios no contactados, a través de Javier Moro y su libro Senderos de Libertad, una historia sobre la defensa del Amazonas y la vida de Chico Mendes de finales del siglo XX. Lo que no sabía es que Luis Miguel Domínguez, el naturalista y productor español de series documentales, había tenido una relación tan estrecha con él como para pretender contar su vida con la ayuda de Sydney. Para mi gusto Luis Miguel flojea como escritor, pero en este libro no le pido tanto ese perfil como la posibilidad de darnos a conocer la vida de este activista que estaba sin contar.

 

Noam Chomsky. Una vida de discrepancia. Robert F. Barsky.

Chomsky no necesita presentación, es uno de los intelectuales estadounidenses vivos con mayor presencia política, social y académica en el último medio siglo. Su obra política, de orientación libertaria, su contribución a la lingüística y su activismo y toma de posiciones en la política estadounidense y mundial son bastante conocidas, desde Israel (Noam es judío) hasta todo tipo de guerras y conflictos mundiales. Se esté o no de acuerdo con él, hay que reconocer que su capacidad de análisis y escritura es de otro planeta. Esta biografía me ha parecido interesante, pero "dura" de seguir. No siempre todo está al alcance de los profanos.

 

 

Siete vidas y media. Recuerdos. Alberto Vázquez-Figueroa.

Alberto Vázquez-Figueroa es uno de los escritores españoles de bestseller más prolífico. De todo es capaz de sacar una novela, la gran mayoría de ellas relacionadas con viajes o vivencias propias. Yo apenas he leído alguna cosa de él, no me ha atraído en exceso su fórmula generalista, sin embargo después de escucharle una entrevista vi que tras su oficio había un tipo bien vivido y me dio curiosidad. Indagué y realmente era así. Di con este libro que se aproxima a una biografía, y digo se aproxima porque, como le pasa a muchos con su perfil, no tenía mucho interés en contar su vida. Él pensaba que su obra eran sus libros, no sus vivencias. Ambas cosas, creo yo.


El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. Wade Davis.

Este libro se ha vuelto un clásico en toda América y ha sido reeditado bastantes veces. Es especialmente popular en Colombia, donde me lo recomendaron cuando no había oído hablar ni de él ni de su protagonista, el botánico norteamericano Richard Evans Schultes. El río es un libro extenso escrito por uno de sus discípulos, Wade Davis, que recoge tanto sus recuerdos de viajes para los trabajos académicos de Schultes y su equipo, como la biografía de su mentor en los años de exploraciones por México y el Amazonas al rescate de conocimientos indígenas de las plantas, especialmente las de efectos psicotrópicos que venían usándose desde antiguo y de las que, a nivel científico, se desconocía casi todo: peyote, ayahuasca, coca... Todo un hallazgo de historia, personaje y libro.


Una vida en nuestro planeta. Mi testimonio y una visión para el futuro. David Attenborough.

David Attenborough sigue produciendo con su más de 90 años. Aunque la inmensa mayoría de lo que ha hecho ha sido audiovisual, recientemente ha publicado este libro que acompaña a un documental. Como dice el título, en él da cuenta del mundo que ha visto y cómo se encontraba. Además, reflexiona sobre hacia dónde deberíamos encaminarnos si queremos mantener esa biodiversidad que tan ampliamente ha documentado y que es el soporte de nuestra existencia en la Tierra. Por ello, este no este libro no es una biografía tal cual, pero sí hay muchas de sus vivencias en los capítulos de la primera parte que me ha encantando descubrir.

sábado, 27 de mayo de 2023

Egipto (2023). ¿Ballenas en el Sáhara? La sorpresa de Wadi El Hitan.

Hace años, leyendo el monumental libro sobre el Sáhara editado en 2003 por el geólogo catalán Manuel Julivert, me llamó la atención la foto de varias columnas vertebrales fosilizadas saliendo de la arena.

El pie de aquellas fotos decía que eran esqueletos de dinosaurios de una región al sur del Aïr en Niger. Su imagen quedó en mi recuerdo como la viva idea de la sorpresa, de esos paisajes que ni siquiera imaginamos que existen. Aquello... ¿en mitad del Sáhara?

Años más tarde supe de un lugar parecido en Egipto al que llamaban el Valle de las Ballenas, pero más espectacular si cabe. Más, digo, porque los fósiles de ese lugar, Wadi El Hitan, eran de enormes ballenas o, más bien, de unos cetáceos arcaicos de hace unos 40 millones de años de los inicios de la evolución de esos mamíferos acuáticos. ¡La sorpresa de nuevo!

Afortunadamente, Wadi El Hitan es un lugar accesible, no como Niger, y desde hace unos años cuenta con un buen centro de interpretación y un itinerario al aire libre para ver los fósiles más relevantes en su lugar. Así, el pasado mes de abril paramos allí durante el viaje que mi amigo Iván y yo realizamos por los desiertos de Egipto para un futuro libro sobre regiones naturales de África.

 

Vértebras fosilizadas de la columna de un cetáceo de hace 40 millones años que la erosión del desierto ha dejado al descubierto. En EE.UU. el hallazgo en el siglo XlX de ejemplares de este mismo género (Basilosaurus) dio alas al mito de la existencia de un linaje de enormes serpientes marinas de las que, según algunos imaginaron, aún podían quedar vivas en determinados lagos y mares del mundo, de acuerdo a lo que relataban leyendas marineras. Abril 2023. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.








Uno de los más de 400 esqueletos fosilizados de ballenas halladas en el valle, en concreto Basilosaurius un cetáceo con patas y manos vestigiales de hasta 20 metros de longitud, antecesor de los dos grupos de cetáceos modernos: los que tienen dientes, los odontocetos como delfines, orcas o cachalotes, y los misticetos, las ballenas filtradoras con barbas como los rorcuales y las ballenas franca y azul. Abril 2023. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.




Basilosaurus, al contrario de lo que su nombre parece indicar, no es un dinosaurio sino un cetáceo primigenio que vivió en mares poco profundos a lo largo de las costas. Este género fue descrito por primera vez en sedimentos del Eoceno en 1830 en Alabama (EE.UU.) y entonces se creyó que era un reptil gigante, de ahí que su nombre de "saurus" no parece apropiado para un mamífero. Abril 2023. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.

En este paisaje desértico los estratos sedimentarios de ambientes marinos esconden uno de los mejores parajes del mundo para entender la evolución de los cetáceos. Desde 2005 está declarado Patrimonio de la Unesco. Abril 2023. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.

Esqueleto completo y bien conservado de Basilosaurus, una de las 5 especies de cetáceos halladas en el valle, expuesta en el centro de visitantes de lugar. Esta especie contaba con grandes dientes cónicos en la parte delantera para atrapar presas y en la parte posterior otros aserrados para cortar carne y masticar. Seguramente se alimentaba de peces y otros cetáceos menores. Abril 2023. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.

Evolución de los cetáceos. Recreación del aspecto en vida de dos de las especies halladas en la zona y de otros mamíferos acuáticos emparentados con la evolución de las ballenas y el paso de mamíferos terrestres a marinos en torno a los 45 millones de años. Abril 2023. Centro de visitantes. Wadi El Hitan. Egipto. Foto: César María Aguilar Gómez.

viernes, 12 de mayo de 2023

Egipto (2023). Pienso luego Egipto o ¿qué han hecho los egipcios por nosotros?

Parafraseando al desternillante diálogo sobre los romanos del orador del Frente Popular de Judea (FPJ) en "La Vida de Brian", cabría hacerse esta misma pregunta sobre Egipto y los egipcios.

Un ingenuo escuchante diría «Los jeroglíficos, nos dieron uno de los primeros sistemas de escritura». «Ah sí sí, eso sí nos lo han dado» corregiría de forma asertiva el camarada del FPJ.

«Y las pirámides, las construcciones más monumentales del mundo antiguo» añadiría en una segunda interrupción. «De acuerdo, ―admitiría el orador un poco molesto―, reconozco que los jeroglíficos y las pirámides nos los han dado los egipcios».

«Y el papiro, el primer soporte para transportar la escritura», se dejaría oír entre la bancada de los asistentes. Visiblemente enojado, el representante del FPJ no daría crédito y añadiría con cierto hartazgo «Evidentemente el papiro, eso no hay ni que mencionarlo, hombre. Pero aparte de los jeroglíficos, las pirámides y el papiro...».

¡Pues eso! Que si a Egipto le quitas las pirámides, las momias, los tumbas reales y los faraones, ¿qué nos queda? Pues lo que fuimos a ver este abril allí: desierto, desierto y más desierto. Ah, bueno, y algo de Nilo y Mar Rojo.

Nuevamente viajando con Iván Sánchez para el proyecto de libro sobre las regiones naturales de África con el que llevamos ya unos años recorriendo el continente a placer.

Tras varias incursiones en los paisajes del Sáhara atlántico y central, y ahora en las arenas del oriental, y después de otros viajes más por selvas, sabanas y montañas del centro y norte de continente en los últimos años, ya queda menos para el objetivo final.

Por aquí dejo algunas imágenes de lo que andábamos buscando en Egipto (o más bien de lo acabamos encontramos).

El Parque Nacional Wadi el Gemal se sitúa en el llamado desierto oriental o arábigo de Egipto, una región al este del Nilo que limita con el Mar Rojo. Paralela a esa costa discurre la cordillera del Mar Rojo por la que se adentran las ramblas secas del parque. La aridez es enorme, pero un ligero incremento de la humedad costera permite algunos excesos vegetales como las acacias (Acacia tortilis) y uvas de mar (Zygophyllum sp) de la foto. Marsa Alam. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Mesalina rubropunctata es una lagartija adaptada al desierto con una amplia distribución a lo largo del Sáhara. Como el resto de las especies de este género tiene las escamas alrededor de las fosas nasales muy abultadas, como si para respirar en esos ambientes, con molestos vientos y arena por doquier, necesitaran tener la "toma de aire" de los pulmones bien elevada, igual que hacen con los todoterrenos que adaptan para circular por los desiertos. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Las aguas el Mar Rojo tiene poco de ese color. Una gama de azules recorre el espacio que alcanza la vista desde la orilla hasta el horizonte. La costa es desértica, pálida, pero enseguida afloran playas someras donde paran muchos de los limícolas que recorren la "autopista" migratoria oriental que discurre entre Eurasia y África a través de Egipto. Más allá de esos bajíos costeros el azul turquesa del agua muestra la presencia de sus famosos arrecifes de coral. Y llevando la vista más al fondo está el azul profundo del mar, por donde navegan los mercantes que van o vienen del Canal de Suez, el Talón de Aquiles de nuestra economía globalizada. Mar Rojo. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

"Las apariencias engañan" dice el refrán. Y esta sentencia adquiere el mayor de sus significados en el Desierto Blanco. Ni es nieve lo que se ve, ni olas petrificadas de un mar onírico. En esta parte del Sáhara el desierto tiene un sustrato calizo de un blanco nuclear, fácilmente erosionable, que ha sido cubierto por arenas rojizas generadas en otras regiones. El resultado es impactante. Caminar por estos relieves blancos es como hacerlo sobre la costra de azúcar de una rosquilla de San Blas: parece que se va romper en cualquier momento. Pero no, es solo caliza "But I like it" como decía el estribillo de los Rolling Stones hablando del Rock'n'Roll. Desierto blanco. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Cuando cae la tarde los atardeceres del desierto incendian el horizonte. Entonces, los relieves calizos erosionados por el viento pierden sus tres dimensiones y se convierten en siluetas de un teatro de sombras. A esas horas ya solo es cuestión de contemplar el poniente y empezar a descubrir las caras de los personajes de la función que se representará hoy. Como decían en "La Bola de Cristal", tras dejar 10 segundos de fundido en negro en la pantalla de TV , «Si no has imaginado nada... quizás deberías ver menos la tele». Espero que no sea tu caso. Desierto Blanco. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Con la llegada la noche el trabajo del naturalista en viaje no se detiene: hay que foquear, buscar insectos que salen a la fresca, poner cámaras de fototrampeo, cebar las trampas Sherman para micromamíferos... Y con suerte, a veces, das con "alguien" vivo. Aquí este zorro de Rüppel (Vulpes rueppelli) que vino a curiosear alrededor de nuestro campamento. Desierto Blanco. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

La noche es el momento de los geckos, como este Stenodactylus petrii que nos alegró uno de esos recorridos nocturnos que parecen infructuosos hasta que encuentras algo así de precioso sobre la arena. Desierto Blanco. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

En contraste con el Desierto Blanco, al oeste del Nilo, está el Desierto Negro. Aquí la actividad volcánica creó relieves de roca negra que luego la arena arrastrada de otras zonas del desierto cubrió. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

La alondra ibis (Alaemon alaudipes) tiene una elegancia “egipcia” y te mira de medio lado entre indiferente y altanera. Con su pico curvo recorre las dunas buscando pequeños invertebrados que extraer de cualquier recoveco del suelo. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

En muchos lugares del desierto no cae una gota en años. Entre lluvia y lluvia, la pírrica vegetación que vemos aguanta como puede y muchos matorrales parecen medio muertos. Solo cuando tengan su ventana de oportunidad, las lluvias, lucirán hojas nuevas y florecerán. Así hasta la próxima ocasión. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Entre tanto matorral medio muerto y arenas doradas, el color del abejaruco papirrojo (Merops persicus) parece irreal. Esta especie cría en el norte de Egipto, pero el país es atravesado anualmente por muchos migrantes de Oriente Medio y del Este de Europa que invernan en el centro y este de África. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Cuesta imaginar el Sáhara con un clima húmedo y lluvioso donde la escorrentía horadaba el sustrato calizo de los ahora desiertos. Sin embargo, ahí está la cueva de Djara para recordarlo. Allí, en mitad de la hamada, un boquete en el suelo da paso a una enorme cavidad con estalactitas y estalagmitas a escasos metros de la superficie. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Egipto es el Nilo. El 95 % de sus más de 100 millones de habitantes vive en la estrecha franja de tierra fértil que hay junto al río, un terreno que apenas ocupa un 5 % de la superficie terrestre del país. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

En África el abejaruco esmeralda (Merops orientalis) se distribuye mayoritariamente por el Sahel salvo en Egipto donde aparece a la altura del Sáhara salvando la aridez del desierto al amparo del valle del Nilo. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Los palmerales de oasis como el de Bahariya esconden un pachwork de campos de alfalfas, zanahorias, cebollas, granados y acacias poblados por pequeñas aves. Entre ellas algunas con la elegancia de este alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes). Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

El desierto occidental  o desierto líbico, guarda sorpresas como el Wadi El Hitan, también llamado valle de las ballenas. Allí afloran los restos fósiles de una rica fauna marina, entre ellos los de los mamíferos marinos que, hace 40 millones de años, evolucionaron hacia las ballenas. En la foto esqueleto de Basilosaurus un enorme mamífero de vida acuática con una cola propia de los cetáceos actuales y extremidades “recicladas” como aletas. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Los egipcios, desde la época de los faraones, hacen todo a lo grande. Wadi El Rayan es hoy un enorme humedal, declarado como espacio natural protegido, que crearon en la segunda mitad del siglo XX derivando agua del Nilo para embalsar una depresión interior por debajo del nivel del mar. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

Un humedal en medio del desierto es un imán para las muchas aves que hacen parada en sus desplazamientos migratorios. La avoceta común (Recurvirostra avosetta) es una de ellas. Esta que vimos en el Wadi el Rayan lucía su elegante plumaje en un agua con reflejos dorados de las dunas del desierto. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

El beleño egipcio (Hyoscyamus muticus) fue una de las pocas plantas desérticas que vimos florecidas en el viaje. En el entorno del Wadi El Rayan había llovido torrencialmente unas semanas atrás y las semillas de las pocas especies que vegetaban en la arena salieron a toda prisa para aprovechar la humedad. Egipto. Abril 2023. Foto: César María Aguilar Gómez.

martes, 1 de febrero de 2022

Las leyes del Serengeti (libro)

El biólogo Sean B. Carroll explora en este libro las sorprendentes analogías que existen en la lógica que regula la vida en sus diferentes niveles, desde la fisiología de las células hasta las grandes poblaciones de animales. El libro comienza con un viaje en familia, como excusa, al parque nacional del Serengeti (Tanzania) donde se pregunta cómo se regula este ecosistema en particular. Si inicia ahí el argumento es porque el Serengeti cuenta con todos los componentes de una megafauna original que se ha perdido en muchos espacios naturales del planeta donde las comunidades biológicas están empobrecidas.

Para aquellos que busquen en esos primeros capítulos las respuestas a las preguntas del Serengeti, hay que decir que Carroll los tendrá despistados durante la primera parte del libro. En un primer momento aborda cómo se fue descubriendo la regulación en otros campos de la vida, como la fisiología del cuerpo humano, pero lo hace de forma llevadera, siguiendo la trayectoria y los descubrimientos de varios pioneros científicos del siglo XX.

Al poco, intercala este hilo con la historia de los primeros ecólogos que trataron de responder preguntas con una lógica muy similar, pero a otra escala: la de los ecosistemas ¿Cómo se establecen los equilibrios en las poblacionales de animales?, ¿son igual de importantes todas las especies? Hasta que, a mediados del libro, Carroll vuelve al parque nacional africano y se explaya sobre las investigaciones pioneras en él. De ellas extrae las que llama Leyes del Serengueti que condensan las ideas más relevantes que operan en la regulación de las poblaciones animales. Y no solo en el Serengeti sino en cualquier ecosistema. Un enfoque quizás rebuscado en un principio, pero interesante si haces el recorrido que te propone el autor.

A nivel personal parece que últimamente mis lecturas son la extensión de viajes que aún tengo frescos y que no quiero dar por terminados. En este caso un viaje a Kenia en agosto de 2021 por diferentes regiones del país en el que visité el Masai Mara: el ecosistema de sabanas en el que se centra el libro pero en el país vecino.

Así, mientras leía sobre la migración de los ñus, la depredación de grandes carnívoros o los efectos en cascada de la peste bovina, a mi cabeza venían las imágenes del verano. Con algunas de esas fotos acompaño la reseña de este original y recomendable libro.


Cada año, más de un millón de ñús (Connochaetes taurinus) migran a través de las sabanas del Serengeti-Mara, entre Tanzania y Kenia buscando pastos estacionales. A pesar de los más de 4.000 ejemplares de promedio que mueren al año cruzando el río Mara, la migración es una estrategia que les permite sortear la regulación “desde abajo”, la del alimento. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

La migración de las presas disminuye, también, la vulnerabilidad de muchos animales a la actividad depredadora (a la regulación “desde arriba”) como la de estos leones (Panthera leo). P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Una escena poco habitual entre un secretario (Sagittarius serpentarius) y un par de buitres torgo (Torgos tracheliotos) que, teóricamente, no tienen nada por lo que confrontarse. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Un guepardo (Acinonyx jubatus) ha logrado dar caza a una cría de gacela de Thomsom (Eudorcas thomsonii), una contribución a regular la población de este ungulado tan abundante. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Los pastizales de la sabana son el ambiente del sisón ventrinegro (Lissotis melanogaster) cuyo plumaje del dorso desdibuja su figura entre el dorado herbazal de tallos secos. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

Dos especies del importante gremio de los carroñeros alados: buitre torgo (Torgos tracheliotos) y buitre dorsiblanco (Gyps africanus). P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.


También las cebras (Equus quagga) migran en las sabanas del Serengeti-Mara. Aunque todos los ejemplares parezcan iguales, cada uno tiene un patrón de líneas característico. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.

La sabana proporciona las semillas de las que se alimenta la ganga gorjigualda (Pterocles gutturalis) que se ve favorecida por los incendios estacionales que abren pastos ralos. P.N. Masai Mara. Kenia. Agosto 2021. Foto: César María Aguilar Gómez.



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