martes, 25 de noviembre de 2014

Francia 1 (2014) Faro de Contis y olas en Las Landas

Faro de Contis entre el pinar. Foto: C. Aguilar
Unos días de buen tiempo, a finales de septiembre, fueron la excusa para acercarnos Iratxe y yo a la costa de Las Landas en el sur de Francia. Arenales expuestos al Atlántico, flora dunar agostada y costas cubiertas de grandes extensiones de pinos resineros (Pinus pinaster). 

Viajar en furgoneta permite cierta improvisación y también hallazgos inesperados. Tras un par de horas de conducción por Francia, pero ya cansados de transitar por autopistas, dejamos la vía rápida en un lugar cualquiera buscando la costa.  Al cabo de media hora apareció Contis. Un pueblo agradable, diminuto pero culturalmente activo… ¡una pequeña sala de cine y cuatro peliculas al día!, qué ya es decir para una población de veraneantes y residentes.  Y junto a la población un precioso faro.  





Cúpula restaurada del faro. Foto: César Mª Aguilar
Al parecer, y sin nosotros saberlo, dimos con el único faro que hay en toda la costa de Las Landas. Un faro singular para un litoral arenoso, con una torre pintada en espiral que parece salida de la ilustración de un libro de Julio Verne. El faro de Contis se construyó en 1863 y hoy en día está declarado patrimonio histórico. A mediados del siglo XIX Francia se propuso reforzar su poderío naval comercial y militar, y para ello se puso a construir faros en toda la costa Atlántica. La mayoría de aquellos faros se situaron en las zonas más accidentadas de la costa, las rompientes rocosas de La Bretaña donde el mal tiempo hace más probables los naufragios. El faro de Contis es una excepción.



Buscando las olas de Las Landas. Foto: I. Gonzalez
La costa aquí no es abrupta pero las corrientes y sus bancos de arena han hecho encallar a más de un navío en sus playas.  El lugar donde se asienta es también singular, en lo alto de una duna y rodeado de un “mar” de pinares a casi un kilómetro tierra adentro. La primera impresión es que ese no es un sitio para un faro. Sin embargo, su construcción más próxima al mar hubiera sido arriesgada, las dunas allí son móviles e inestables así que tuvieron hacerlo tierra adentro, sobre una duna estabilizada por el pinar y con un zócalo de piedras ferruginosas. Todo para elevarlo apenas 12 metros sobre el nivel del mar, suficiente según dicen para que se vea a unos 40 kilómetros. Eso ahora, pues en épocas pasadas la intensidad de su luz permitía que se viera casi al doble de esa distancia.



Surfeando con cara de velocidad. Foto: I. Gonzalez
La luminaria del faro funcionó con aceite de colza, con aceite de ballena y con petróleo antes de ser sustituida por una luz eléctrica. El faro está parcialmente reconstruido ya que durante la Segunda Guerra Mundial su torre de 38 metros fue objetivo de la armada alemana. Lo cierto es que Contis y el faro fueron hallazgos inesperados, de esos que se disfrutan más por la sorpresa. Un faro que tuteló nuestras horas de playa en Las Landas, de reposo en el caso de Iratxe y de agitación en el mío. Como no puedo estarme mucho rato quieto en la playa, esta vez me uní a los locales en la búsqueda de las olas del Atlántico con una tabla de bodyboard, el hermano pequeño del surf. 

 


Atardecer en las playas de Contis. César Mª Aguilar
Las costas de Las Landas están llenas de surfistas, un deporte que se introdujo en esta zona con la llegada de jóvenes que huían de los Estados Unidos del reclutamiento obligatorio de Vietnam. Transcurrido un año prescribía el delito de prófugos del ejército y podían regresar a su país sin tener que ir a morir a Vietnam. En ese tiempo estos chavales vagabundeaban con sus furgonetas y tablas por las costas de Europa, especialmente por las de Francia.  Ocio barato y vida austera, olas y vida de furgoneta. Para mí, este ha sido mi primer acercamiento a las olas y, como ha sido de forma autodidacta, no podía aspirar a más que la tabla pequeña, el bodyboard. Eso sí, mientras esperaba la llegada de alguna buena ola no quitaba ojo a algunos de los alcatraces (Morus bassanus) que en esa época migran por la costa y se zambullían en impresionantes picados.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las náyades del río Ebro


Anodonta izqa, Potomida dcha arriba, Unio abajo
Por enésima vez he vuelto a revisar caparazones de náyades depositadas en las orillas del río Ebro y nuevamente solo he hallado las tres especies habituales: Potomida littoralis, Unio mancus y Anodonta anatina. No pierdo la esperanza de poder encontrar Margaritifera auricularia, el amenazado bivalvo del río Ebro que a día de hoy solo se encuentra en unas pocas localidades de la cuenca. Las náyades del Ebro son unas grandes desconocidas entre la gente, muchos se sorprenden al saber que forman parte nuestra fauna autóctona, su vida bajo el agua no facilita su visibilidad. El nombre de náyades les viene de las ninfas que guardaban las corrientes de agua en la mitología griega. En el tramo riojano del Ebro se han encontrado tres especies autóctonas.

Hábitat en el Ebro con las tres náyades. C. Aguilar
La más grande de nuestras náyades puede llegar a unos 20 cm que ya es un tamaño bastante considerable, y se trata de Anodonta. Se la denominó inicialmente A. cygnea aunque tras una revisión reciente se ha catalogado como Anodonta anatina. Se trata de una náyade de concha frágil cuando está seca, así que en los aluviones del río lo habitual es encontrarla rota o agrietada. Por esa parte no se confunde con una Margaritifera auricularia que es compacta. En cuanto a los dientes de la charnela, algo característico en la identificación, Anodonta no los tiene, tal y como sugiere la traducción del género en latín “sin dientes”. Las náyades viven enterradas en los fondos del río, especialmente en tramos con limo donde viven de filtrar agua.



Unio mancus izqa. y náyade fósil "relleno" dcha. C.A.
Desde el punto de vista evolutivo son especies muy antiguas con origen en el Devónico (más de 300 millones de años) de acuerdo al registro fósil. Uno de los fósiles que guardo y que hallé en un recorrido en Ciudad Real, es del contenido de una náyade con una pátina de óxido rojo y un sorprendente parecido a las náyades actuales. El diseño funciona, no ha variado mucho en millones de años. Las otras dos especies habituales en este tramo del Ebro son Potomida littoralis y Unio mancus. La primera es una náyade compacta, con concha densa y un diente cardinal en la charnela derecha con forma piramidal y aserrado. Se trata de una náyade que se conserva bien en los aluviales del Ebro. 



Distribución M.auricularia en artículo Araujo 2009
Unio mancus es la tercera especie autóctona y se caracteriza por unos dientes en la charnela muy alargados. Cada vez que veo asomar alguna concha de náyade de los sedimentos del río albergo esperanzas de encontrar Margaritifera auricularia, una valva que el río pueda haber arrastrado de algún lugar escondido. Y es que al parecer se han hallado conchas viejas en prospecciones realizadas por Rafael Araujo en el Ebro, puntos aislados, y aunque probablemente la especie ya esté extinguida  siempre queda la esperanza. Margaritifera auricularia es importante por que ha desaparecido de gran parte de su área de distribución del Paleártico occidental. A día de hoy solo queda en unas pocas localidades en España y Francia.



Lodos de un canal repletos de náyades. C. Aguilar
En España se ha encontrado en aguas del Ebro en Aragón, puntualmente en Navarra y también en Cataluña, aunque fundamentalmente en canales de riego como el Canal Imperial de Aragón y el de Tauste. En el cauce principal, que fue su hábitat original, casi ha desaparecido. Por ello hace unos años albergué alguna esperanza de hallarla al encontrar los depósitos de un antiguo dragado de un canal de riego en la localidad riojana de Calahorra. Los lodos sacados estaban repletos de conchas que el paso del tiempo y la lluvia habían limpiado y dejado a la vista. Había cientos de conchas. Buscamos, buscamos y buscamos, pero solo hallamos las tres especies. Habrá que seguir insistiendo aunque parece poco probable que aparezca, y menos ejemplares con vida.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El bacalao (Libro)


El bacalao
Biografía del pez que cambió el mundo
Mark Kurlansky
Ediciones Península
ISBN: 84-8307-218-1
(Biblioteca Pública de La Rioja DP-45305) 


Pocas veces una sola especie ha condicionado tanto el curso de la historia. Sin embargo, el pez "maná" que parecía fuente inagotable y que inundó mercados en medio mundo, ha comenzado a dar señales de declive. Las modernas flotas pesqueras están agotando los bancos más productivos. El libro me ha descubierto hasta qué punto la riqueza de los países, los conflictos, las normativas pesqueras o las aventuras y tragedias marinas más épicas, han podido estar tan influidas por tan solo una especie de pez. 





Antes de leer este libro ya intuía que el bacalao no era un pez más. Me encontraba continuas referencias a él en las distintas geografías que he recorrido, ya fuera de forma física o a través de libros y relatos. De forma física en los puertos de Aveiro (Portugal), con sus salinas costeras para su conservación y sus campañas a Terranova, en Paimpol (Francia) donde su museo marítimo documenta los viajes de los bretones a los bancos de Islandia, y tambien en las Islas Lofoten y Península de Varanger (Noruega) donde había secaderos al aire libre de bacalaos por doquier. Y, sin ir tan lejos, está el hallazgo de los bancos de Terranova por los vascos cuando, ya casi agotada la actividad ballenera en el Cantábrico, exploraron el mar hacia el oeste en busca de más ballenas.   


Y encontraron ballenas allí y enseñaron a las colonias americanas sobre su caza. Pero más importante aún, esos vascos hallaron nuevos bancos de bacalao, los bancos de Terranova un secreto que mantuvieron mientras pudieron. Pero volviendo a la historia del bacalao, su sola presencia fue uno de los desencadenantes de la colonización de Norteamérica, llevó a varias guerras, su salazón alimentó a cantidad de pueblos de interior sin acceso al pescado fresco. Por estas tierras donde vivo el bacalao ha llegado a ser el pescado más típico de nuestra tradición gastronómica, "bacalao a la riojana", y es que durante años pocas más especies llegaban. Pero no solo aquí, en medio mundo. 

Las piezas peor saladas y secadas fueron la alimentación barata de los esclavos del Caribe, sin ese alimento el comercio de azucar con las Antillas habría seguido otros derroteros. Islandia, en unos pocos años y tras su independencia de Dinamarca, paso de ser una economía de subsistencia más propia del siglo XVI a ser el país de elevado nivel económico que hoy conocemos. Tal ha sido la influencia del bacalao. Estas y muchas otras historias se recogen en este libro, bastante recomendable a mi parecer.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...