domingo, 17 de enero de 2016

Libros 2015

Libros para descubrir otros territorios, paisajes, gentes. Libros con historias de vidas reales insólitas, viajes iniciáticos o viajes a lo más cercano donde todo está por descubrir, porque todo depende de la mirada del que observa. Libros para los anhelos, ensayos densos, biografías curiosas o libros por puro divertimento. 2015 ha tenido algo de todo eso en mis lecturas. No todo lo que uno lee deja el mismo poso, a veces hay que equivocarse varias veces hasta dar con algo que te interese, interés propio, personal, significativo, no ese interés sobre el que sentencian los críticos literarios. Y es que estas relaciones que hago al finalizar el año no son recomendación en sí, no son los mejores libros del año, son solo exploraciones, búsquedas de lo que hay en el universo de papel, libros que llamaron mi atención y que, una vez superadas las primeras páginas, continúe leyendo.



Entre mis descubrimientos del pasado año destacaría dos libros "Un pueblo llamado Gaviotas. El lugar donde se reinventó el mundo" de Alan Weisman y "En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza" de D.G. Haskell. El primero de ellos trata de una historia reciente apenas divulgada, la del origen de las tecnologías de energías renovables y el anhelo por formas de ocupar la tierra de forma sostenible. ¿Y donde tuvo lugar esto?... ¿en los países con más desarrollo tecnológico? ¿en los que pueden dedicarse a "caprichos medioambientales"?, ¿en los más ricos?... pues no, en Colombia, en una utopía llamada Gaviotas, en los llanos del Orinoco. Como digo, una historia inspiradora que los medios no amplifican.


El segundo de los libros "En un metro de bosque" es un ensayo de historia natural pero con un enfoque tan original y poético que sorprende. Un ejemplo de cómo la ciencias naturales y toda su producción de artículos académicos, que la sociedad valora tan poco, contribuyen a cambiar la percepción de un sitio tan nimio como un metro cuadrado. Solo dar con estos dos libros ya habría merecido la pena el esfuerzo, pero entre ellos ha habido muchos más. Ahí va la lista completa y mi agradecimiento a los que pierden su tiempo tejiendo historias negro sobre blanco.

-Tucaní. Entre los indios y los animales del centro del Brasil. Helmut Sick.
-No vamos a tragar. Soberanía alimentaria: una alternativa frente a la agroindustria. Gustavo Duch.
-Hay alternativas. Vicent Navarro.
-En la estela de Orellana. Vital Alsar.
-El camino. Jack London.
-El cuerno del Elefante. Un viaje a Sudán. Paco Nadal.
-La Siberia que he visto. Hugo Portisch.
-El legado de Mandela. 15 enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor. Richard Stengel.
-Buscando el sur. Roman Morales.
-Un pueblo llamado Gaviotas. El lugar donde se reinventó el mundo. Alan Weisman.
-El libro de los abrazos. Eduardo Galeano.
-Pedro Páramo ya no vive aquí. Paco Nadal.
-Ecuatoria. Patrick Deville.
-Lewis Carroll en el país de los números: su fantástica vida matemática. Robin Wilson
-Alicia en el país de la evolución.  Jordi Agustí.
-En un metro de bosque. Un año obsevando la naturaleza D.G Haskell.
-Una plaga de orugas: el antropólogo inocente regresa a la aldea africana. Nigel Barley.
-El bonobo y los diez mandamientos. En busca de la ética entre los primates. Frans de Waal.
-Un baile en Nairobi. Nicholas Drayson.
-Un universo de la nada: ¿Por qué hay algo en vez de nada?. Lawrence Krauss.

sábado, 2 de enero de 2016

Francia 6 (2015) El Parque Nacional Calanques

Cortados calizos del P.N. Calanques. Foto: C. Aguilar
La última parada del recorrido por Francia fue la zona costera de Marsella. Después de pasar varios días por los bosques y volcanes de Auvernia, algunos de ellos pasados por agua, teníamos ganas de acercarnos a la luz y al azul del Mediterráneo. Conduciendo de nuevo hacia el sur llegamos a la ciudad de Marsella que está bien, pero nosotros buscábamos algo más natural. Cerca de allí dimos con el último parque nacional francés en ser declarado (2012) del que ni habíamos oído hablar. El parque nacional Calenques protege un tramo de costa muy abrupto, con inmensos paredones de roca caliza y una extensa zona marina frente a ellos.



Puerto de Cassis. Foto: César Mª Aguilar
Toda la costa mediterránea ha sufrido la presión del turismo y este tramo había quedado a salvo de urbanizar por su difícil orografía. La declaración del parque nacional ha supuesto la culminación de una iniciativa ciudadana que perseguía su protección desde hace años. Cuentan que han sido necesarios 12 años para poner de acuerdo a los distintos actores y conseguir una zonificación de usos que garantice la conservación y permita un cierto aprovechamiento y desarrollo local. Marsella es una gran aglomeración urbana y está a un solo paso. El parque va desde las afueras de la propia Marsella hasta la población de La Ciutat, pasando por la de Cassis. Tres entidades locales implicadas.


Costa de Cassis con sus aguas turquesas. C. Aguilar
Calanques presume de que ser único parque nacional europeo a la vez terrestre, marino y periurbano. El desafío que tienen no es poco. La parte terrestre está formada por sierras de vegetación mediterránea y 29 hábitats de interés comunitario. En los cortados de la parte terrestre se encuentra uno de los escasos 32 territorios de Águila perdicera presentes en Francia. La zona terrestre solo la recorrimos de pasada por una carretera entre Cassis y La Ciotat que abren durante el día, pero que permanece cerrada por la noche para evitar el impacto del caravaning. Desde ese recorrido se tienen unas excelentes vistas de la costa, en especial de Cassis, una población con gran presión turística pero con dos preciosas bahías que recuerdan por qué a este litoral lo llaman la Costa Azul.


Algunas especies de peces. Fotos: César Mª Aguilar
Para visitar la zona marítima hay una amplia oferta de pequeños barcos que recorren el tramo más abrupto del litoral. Nosotros cogimos uno de ellos. El recorrido te lleva al pie de imponentes paredones entre los que, de vez en cuando, aparecen diminutas calas. Los días que estuvimos por allí aproveché a practicar snorquel en dos de las calas de Cassis. Hacía tiempo que no veía tanta luminosidad en el agua. Las últimas veces bajo el agua han sido en el mar cantábrico y hay una diferencia notable de luz. Estas parecen aguas tropicales. La bahías de Cassis cuentan con varios tramos con praderas de Posidonia oeanica, lo que da gran diversidad a los fondos. 



Medusa (Pelagia noctiluca). Foto: César Mª Aguilar
Por allí estuve identificando y fotografiado especies bajo el agua. Cuando llevas un tiempo haciendo esnorquel casi siempre se repiten las mismas especies, pero siempre hay alguna nueva o que no has visto tan bien en veces anteriores. Esta vez identifiqué cerca de 20 especies entre las mejor vistas o más comunes salpas (Sarpa sarpa), sargos (Diplodus sargus, D. vulgaris), salmonetes (Mullus surmuletus), doncellas (Coris julis), castañuelas (Chromis chromis), peces verdes (Thalassoma pavo), tordos (Symphodus roissli, S.tinca ), peces lagarto (Synodus saurus) y blenios (Aidablennius sphynx, Parablennius sanguinolentus) . También estuve siguiendo, con cuidado, una preciosa medusa Pelagia noctiluca. Verlas avanzar en el agua es hipnótico.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...