lunes, 27 de junio de 2011

Perú 33 (2011) Algo de fauna acuática selvática

Taricaya (Podicnemis unifilis) Foto: C. Aguilar
Con aguas altas no es fácil ver algunas especies, en especial las más acuáticas ya que ahora están muy dispersas. Es por ello que en los días que estuvimos por allí no conseguimos ver la nutria gigante amazónica (Pteronura brasiliensis) y solo con suerte dimos con algunos que otros galápagos y varias anacondas. Los primeros los llaman en la zona taricayas (Podicnemis unifilis) que son bastante tímidas ya que al parecer son un suculento bocado, de modo que enseguida se tiran al agua. Anacondas (Eunectes murinus) vimos en un par de ocasiones soleándose en un tipo de orillas herbáceas de los cauces principales. Cuando pasábamos por ese tipo de sitios íbamos remando lentamente, con cien ojos tratando de localizar alguna. Las anacondas no tienen veneno así que tienen que matar a sus presas por constricción, con lo que a mayor tamaño más posibilidades de asfixiar presas más grandes. Con esta táctica han llegado alcanzar portes descomunales por lo que se encuentran entre las serpientes más grandes del mundo con ejemplares que alcanzan hasta 8 metros.



Anaconda (Eunectes murinus) Foto: C. Aguilar
A la gente de mi generación cuando le nombran la palabra anaconda le viene rápidamente a la cabeza aquella lucha en el barro de Félix Rodríguez de la Fuente en el Orinoco venezolano. Asociada a la mítica melodía de la serie Hombre y la Tierra aparecía siempre esa escena en el surtido de imágenes que había al comienzo de todos los capítulos. Pero las anacondas que yo vi no llegaban a un metro aunque no dejo de sorprenderme la inquietante mirada de estos bichos. Los ojos de anfibios y reptiles normalmente son bastante curiosos, muy contrastados con fondos dorados, naranjas o de cualquier color con pupilas circulares o verticales muy marcadas. Sin embargo estos de las anacondas tienen un aspecto raro, tienen como una pátina blanquecina como si tuvieran cataratas. Mirar a un bicho con la reputación de este y no saber bien donde tiene puesta su mirada es una sensación un tanto inquietante.


 Dracaena guianensis Foto: César Aguilar
Otra especie de serpiente que vimos trepando entre ramas y lianas fue una de las que llaman machacos. Con este nombre identifican un grupo de serpientes con aspecto similar unas muy venenosas y otras no. Es curioso comprobar los nombres comunes que les dan y que hacen referencia a su coloración, pero de una manera indirecta. Así hay una verde de la que siempre hablan porque es muy venenosa, pero que no vimos, que llaman loro machaco, hay otra que alterna el amarillo miel y negro y que llaman iguana machaco por la similitud con ese otro reptil. Y por último está la que vimos nosotros que era de color rojizo como el de un fruto muy típico de una palmera de las selvas inundadas (Mauritia flexuosa), el aguaje, así que el nombre es fácil, la aguaje machaco (Chironius scurrulus) que aunque es inofensiva es bastante agresiva. Otros reptiles que pudimos ver entre la vegetación inundada de las orillas del río Tibilo fueron unas iguanas de tamaño medio con cabeza rojiza. Son de la especie Dracaena guianensis también conocidas como lagarto caimán por el aspecto espinoso del lomo y la cola que pudieran recordar a esos reptiles.


Delfín rosado (Inia geoffrensis) Foto: C. Aguilar 
Pero si en general para la mayoría de los animales acuáticos no era buen momento, había unos para los que sí lo era y que eran muy abundantes. Todos los días veíamos unos cuantos delfines rosados (Inia geoffrensis). Al ir remando en silencio oíamos de repente el bufido de uno de estos cetáceos al salir a respirar. Era cuestión entonces de esperar unos minutos a que salieran de nuevo y tratar de hacerles alguna foto. No es fácil pues salen poco y de manera breve, pero ahí pasamos bastante rato disfrutando de la magia de ver estos míticos animales sobre los que la gente del Amazonas ha tejido tantas leyendas. Todas las veces que vimos delfines en el Pacaya Samiria fueron esta especie y eso que vimos en muchas ocasiones. Tuve que esperar a salir al cauce principal del Huallaga, ya en el barco de regreso, para ver la otra especie de cetáceo de río que hay en la cuenca del Amazonas, el delfín tucuxi (Solatia fluviatilis).

lunes, 20 de junio de 2011

Perú 32 (2011) La selva de los espejos

Guacamayos (Ara ararauna) Foto: C. Aguilar
El río Tibilo, por el que accedemos a la reserva, es poco más que un caño de agua estrecho ahora desbordado. Sin apenas corriente inunda toda esta inmensa llanura aluvial amazónica. A la reserva he oído llamarla “la selva de los espejos” y si en alguna época del año esto es más apropiado creo que es ahora con aguas altas y rebosando sus cauces principales. Las aguas tranquilas presentan una coloración oscura debida a los ácidos húmicos del suelo selvático que inundan, una imagen muy distinta de las aguas densas y llenas de sedimentos del río Huallaga entre Yurimaguas y Lagunas cuando lo recorrí en el barco. Sobre la lámina de agua se reflejan los árboles de las orillas con una luz tamizada por los cielos nublados de invierno. Solo el paso de la canoa rompe los reflejos y al ritmo lento y sosegado de avance a remo van apareciendo distintas especies de aves y mamíferos en las orillas. Los más llamativos en un primer momento son los grupos de guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna).


Huapo negro (Pithecia monachus) Foto: C. Aguilar
En general no se ven concentraciones numerosas de fauna, ya que este espacio inmenso de agua ahora no las favorece. Sin embargo cada poco vas descubriendo algo nuevo. Empiezo viendo un manco (Eira barbara) una especie de mustélido que observo trepando por un árbol, luego son varias especies de primates las que se cruzan en el recorrido como un grupo de frailecillos de una especie distinta (Saimiri boliviensis) de los que vi en Tingana, varios machines blancos (Cebus albifrons) y huapos negros (Pithecia monachus). Estos últimos no sabía que podría llegar a verlos en esta zona, así que fueron una sorpresa. En realidad son unos primates bien extraños con la cabeza calva y una expresión inquietante, todo lo contrario de la cara y gestos de otros primates que, por la proximidad de sus expresiones con las humanas, enseguida nos causan simpatía. Además estos huapos presentan un pelaje bien raro,  muy lanudo, a mi me recuerdan a esas harapas almerienses echas todas de trapos “deshilachados” de reciclaje, así que no se quien les podría un nombre tan poco afortunado ya que de “guapos” tienen bastante poco.



Tarántula Avicularia avicularia. C. Aguilar
Otros animales que ya había visto en otros lugares, pero que aquí eran relativamente frecuentes, fueron los perezosos de dos dedos (Bradypus variegatus). De normal serían difíciles de ver al pasar todo el día parados en una rama, sin embargo ahora andan sobre uno de los pocos árboles caducifolios de estas selvas. Se trata de la punga (Pseudobombax munguba) un árbol que pierde todas las hojas a la vez y que produce unos frutos grandes como los del cacao. Tras la fructificación las hojas del árbol empiezan a brotar de nuevo, de modo que sus tiernas yemas son un foco de atracción para un animal herbívoro como los perezosos que quedan así expuestos a todas las miradas. Pero además de grandes animales, mirando detenidamente las orillas va apareciendo otra fauna "menor" como unas tarántulas peludas que solo vi en una ocasión.
 


"Lagarto Jesucristo" Ameiva ameiva. C.Aguilar
También cruzaban delante de la canoa, cada cierto tiempo, unas lagartijas que al asustarse salían corriendo sobre el agua sin hundirse. Algo parecido había visto en las selvas de El Petén en Guatemala hace años, una imagen muy típica que suele salir en los documentales de naturaleza. Allí los llamaban “lagartos Jesucristo”, por aquello de que andaban por encima del agua aunque no tienen porque ser la misma especie, solo el comportamiento lo es. Aquí pregunté al guía pero simplemente les dicen “lagartijas”, más tarde he podido identificarlas como Ameiva ameiva. También de vez en cuando encontrábamos pequeños grupos de 5-6 murciélagos de color canela percheados en ramas secas. Al paso de la canoa salían revoloteando alborotados sobre la lámina de agua de forma alborotada. Un tipo parecido a estos murciélagos los había sorprendido en ocasiones anteriores descansando bajo grandes hojas en otros paseos por selva amazónica.

martes, 14 de junio de 2011

Perú 31 (2011) Pacaya-Samiria a “motor de caparrón”

Monos choros en el centro de Ikamaperu. C. Aguilar
Los del Proyecto Mono Tocón  me habían dicho que buscara en Lagunas a un tal Warren, un chico que trabajaba en un centro de recuperación de primates de la asociación Ikamaperu. Estuve una mañana con él organizando la visita que haría con Abraham, ya que a él le era imposible acompañarme pues estaba a cargo del centro mientras los directores del proyecto andaban unos meses por Europa buscando financiación. El centro de recuperación de Lagunas lleva funcionando aproximadamente un año, aunque tienen otro parecido y más antiguo en Moyobamba. Este de aquí lo tienen ahora lleno de monos choros comunes (Lagothrix lagotricha), casi unos 40 animales. La idea es poder reintroducirlos en la reserva, pero los primates son animales sociales y eso es una dificultad para liberarlos con éxito. Los ejemplares provienen de decomisos de fauna a particulares y núcleos zoológicos ilegales, así que algunos llevan mucho tiempo viviendo y socializando entre humanos por lo que no se defienden bien en el medio natural.



Con Abraham en la canoa. Foto: César Aguilar
Ahora van a comenzar a construir una estación intermedia dentro de la propia reserva donde hacer las sueltas y realizar los seguimientos de los animales liberados. Para visitar el Pacaya-Samiria lo habitual es acceder desde Iquitos, Nauta o Lagunas. Desde Iquitos grandes barcos turísticos remontan el Ucayali en tours con todo tipo de comodidades para hacer más llevadera la visita a la selva, también desde Nauta se accede en embarcaciones a motor a distintas zonas y a algunos alojamientos turísticos. Sin embargo la opción de Lagunas es algo distinta. Desde esta población acuerdas con un guía el recorrido y el número de días que vas a pasar dentro de la reserva y con esa previsión metes todas las cosas que vas a necesitar en una canoa y te mueves por los ríos a remo o a “motor de caparrón”, como solemos decir por La Rioja cuando te mueves con tu esfuerzo. A medida que te vas desplazando por el río vas quedándote con tu mosquitera en las plataformas y puestos de control donde viven los guardaparques. 


Puesto de control de guardas de Camotal. C. Aguilar
Después de estar en Tingana en canoa, esta forma de desplazamiento era la que más me apetecía por las posibilidades que podría ofrecerme para ver fauna. Estábamos al final del invierno, que es como llaman aquí al periodo de lluvias y por ello pensé que igual esto sería un dificultad para visitar la reserva, pero cada época tienen su atractivo. Ahora la gran mayoría del bosque queda bajo el agua, siguen estando marcados los ríos que surcan la gran llanura, pero a ambos lados de ellos prácticamente toda la selva está inundada. De este modo, siguiendo los meandros del río Tibilo cada poco vamos cogiendo atajos en las cerradas curvas, solo es cuestión de abrirse paso por el agua en los sitios en los que el bosque no es demasiado tupido y, si es necesario, dar unos golpes de machete desde la canoa para abrir algún "camino". Así conseguimos avanzar más rápido y acceder a más lugares que en la época de verano con aguas bajas, navegando entre los grandes árboles selváticos. 


Navegando junto a una gran lupuna. C. Aguilar
Sin embargo con tanta agua ver a los animales más acuáticos, como nutrias, tortugas o cocodrilos es más difícil pues están mucho más dispersos. Después de las intensas lluvias del día que llegué a Lagunas, el tiempo dio un respiro pero permaneció el cielo nublado. Cuando pasas todo el día en la canoa, que no te dé el sol directamente ya es media vida, aunque tengas que soportar dos o tres diluvios amazónicos como nos sucedió a nosotros en los 5 días que navegamos por la reserva. En esas ocasiones no hay chubasquero que te libre, solo sirve colocarte bajo plásticos dentro de la canoa y achicar el agua de lluvia que va acumulándose dentro de ella. Afortunadamente la temperatura no es un problema y si acabas mojándote en poco rato consigues secarte de nuevo.

sábado, 4 de junio de 2011

Perú 30 (2011) Vértigo verde, camino del Pacaya-Samiria

Puerto de Yurimaguas. Foto: César Aguilar
De regreso de Tingana estaba a la espera de una salida de una semana de duración que iba a hacer con la gente del Proyecto de Mono Tocón. La idea era prospectar una zona donde no había datos de la especie pero que por distribución podría hallarse, pero los planes se vieron atrasados por un problema de salud del conductor con el que trabajaban.  Antonio, el gestor español de la asociación que conocí unos días atrás recién llegado a Perú, me dijo que entre tanto podía aprovechar para visitar la reserva del Pacaya-Samiria. Este espacio natural protegido es uno de los mayores del Perú, tiene alrededor de 20.000 Km2 de selva baja inundable y es un sitio muy bueno para ver fauna. Para acceder allí desde donde estaba, crucé la Cordillera Escalera entre Tarapoto y Yurimaguas. La carretera se acaba en esta ultima localidad, una pequeña ciudad producto del boom cauchero de mediados del siglo XX a orillas del río Huallaga. A partir de ahí todo el transporte por la zona es en barco.



Interior del barco "El Romántico". César Aguilar
Desde los últimos relieves de la Cordillera Escalera puede verse la gran extensión de zonas bajas de la cuenca del Amazonas, una inmensidad que se extiende a tu pies por más de 4000 Km hasta llegar al Atlántico. Viéndolo así, no pude dejar de sentir un cierto vértigo de entrar en un paisaje como aquel. Nada más llegar al apeadero de coches de Yurimaguas, y de camino al centro en un mototaxi, el chavalito que conducía me puso al día de lo necesario para un viaje fluvial amazónico. Pasamos por el mercado a comprar una hamaca para “vegetar” en el largo recorrido por el río y un tupper-ware y una cuchara para la mi ración de comida “carcelaria” que me darían en el barco. En un principio pensamos que habría alguna salida para ese día, pero tras visitar los dos muelles vimos que debía esperar a la mañana siguiente. Desde Yurimaguas parten grandes barcos de tres plantas de hierro hacia Iquitos que tardan tres días de viaje, sin embargo, para ir Lagunas que solo está a 12 horas me recomendaron coger otros de dos plantas de madera que como llevan menos carga se retrasan menos en los puertos.



Barco surcando el Huallaga. Foto: César Aguilar
Los barcos amazónicos son algo único, la sensación de navegar en algo hecho completamente de madera y de ese tamaño no se puede vivir en muchos sitios hoy en día. A mi me recordaba a la impresión que tuve visitando una réplica de los antiguos barcos bacaladeros portugueses hace medio año en el museo marítimo de Ilhavo en la ría de Aveiro (Portugal). Bueno, eso salvando las "distancias", que estos de aquí son barcos fluviales a motor y aquellos eran marinos y de navegación a vela, pero el “abrigo” de la madera es algo especial. Según embarqué colgué mi hamaca, me hice un sitio y me dispuse a disfrutar de una larga travesía en cubierta con vistas a la selva. Sin embargo, mi gozo en un pozo, a la media hora comenzó una lluvia intensa que no paró más que un poco a última hora de la tarde,  cuando un arcoiris doble se desparramó sobre el horizonte selvático.

 

Arco-iris doble sobre la selva. Foto: César Aguilar
Había pensado que sería una travesía de calor, mosquitos, sol y delfines de río, pero nada de eso se cumplió. La intensa lluvia obligó a cubrir con grandes plásticos negros los vanos que hacían de ventanas y por donde entraba el agua con ráfagas de viento. Poco más pude hacer que vegetar en la hamaca envuelto cual gusano en su crisálida, leyendo, escuchando música y con más frío que calor. Al menos en estas condiciones los mosquitos no hicieron acto de presencia, que ya es bastante. La verdad es que para que estas selvas se mantengan tan verdes son necesarios estos diluvios y ahora, que aún estaba en época de lluvias, yo solo cruzaba los dedos para tener suerte y poder visitar la reserva sin acabar muy pasado por agua.


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