viernes, 11 de mayo de 2012

Lanzarote 4 (2011) La isla de La Graciosa

Flores en La Graciosa al fondo Montaña Blanca.
El archipiélago de Chinijo es un conjunto de islas que se sitúan al norte de Lanzarote a poco más de 10 km de sus costas. De ellas La Graciosa es la más grande y la única accesible. Para llegar allí embarcamos en el puerto de Orzola dirección a Caleta del Sebo. Si albergaba alguna esperanza para hacer esnorkel en las playas de la isla, el fuerte oleaje que había al hacer el trayecto en barco ya me decía que ese día iba a ser imposible. Y no es que hiciera un día malo, pero aún con ambiente soleado el aire y el oleaje eran muy intensos, así que tuve que cargar durante todo el día con las gafas y aletas para nada. Las costas de la isla prometían pero... otra vez será.


Recorriendo La Graciosa en bici. Iratxe Gonzalez
Dentro de la isla no se permite la circulación de coches, salvo los de las empresas turísticas que te hacen recorridos. De todos modos no es un gran trauma ya que a la pequeña población de Caleta del Sebo, solo hay que añadir unas pocas casas más en Pedro Barba, en total no más de 700 vecinos. El largo de la isla ronda los 10 km así que un opción llevadera es alquilar bicicletas y recorrerla.  Hay varias pistas de tierra y la alternativa a ese plan era quedarse en las playas de Caleta o andar por los alrededores con un sol intenso. Alquilamos las bicis e hicimos un recorrido circular a la isla al que dedicamos todo el día.


Aguila pescadora (Pandion haliaetus). César Aguilar
Algo que caracteriza al archipiélago de Chinijo es su importancia para las aves marinas especialmente las islas de Montaña Clara y Alegranza, aunque su acceso está restringido. En ellas crían aves marinas tan interesantes como los paíños común (Hydrobates pelagicus) y pechialbo (Pelagodroma marina), las pardelas chica (Puffinus assimilis)  y cenicienta (Calonectris diomedea) o el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii). Pero ni era la época mejor, ni es fácil desde tierra, ni podía cargar en la bici con el telescopio, pues ya cargaba los trastos de esnorkel, así que no hubo ocasión para las marinas. Eso sí, en esas fechas ya pudimos observar un águila pescadora (Pandion haliaetus), que aunque crían en la zona, debía ser de las primeras del paso migratorio.

Algunas especies de flora. Fotos: César Aguilar
Por lo demás el día por la isla dio para circundar su perímetro a golpe de pedal, descansar en la playa de Las Conchas e inspeccionar un buen rato la flora dunar de los alrededores. Al igual que el resto de la isla, los arenales estaban a rebosar de colorido con alfombras de flores estacionales tras las lluvias caídas semanas anteriores. Algunas de las que estaban con flores en ese momento eran la uvilla de mar (Zygophyllum fontanesii) y la lengua de pájaro (Polycarpea nivea). Ambas presentan una distribución macaronésica y por el norte de África. Los frutos de la uvilla de mar son bien curiosos, pues son como pequeñas boyas que flotan y se dispersan de una costa a otra por las corrientes marinas.

Algunas especies de flora. Fotos: César Aguilar

Una planta anual que ocupaba grandes extensiones de arenales era una de la familia de las borrajas que en Canarias llaman camellera (Heliotropium ramosissimum), característica por sus apretados capítulos de flores blancas. Tambien de amplia distribución en arenales del Atlántico estaban la oruga marina (Cakile maritima) y el tomillo de mar (Frankenia capitata). Pero lo que más rabia me da es que aunque consigo identificar algunas, son muchas más las que veo fotografio y me quedo con la duda. Sin embargo poco a poco vas sumando especies que reconoces, aunque estando de paso por esos lugares abarcar más conocimiento de las plantas se hace difícil.

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