viernes, 5 de julio de 2013

Sudáfrica 11 (2012) Humedales y bosques de Sta Lucía

Pastos altos y cordón dunar arbolado. C. Aguilar
A orillas del oceano Indico, cerca ya de las costas de Mozambique, está el que dicen que es el mayor estuario de África. Se encuentra en una extensa región costera con distancias considerables para acceder a los lugares de interés natural. Nosotros nos asentamos en la localidad de Sta Lucía y visitamos algunas de las reservas que se extienden al norte y oeste de allí. La reserva de Sta Lucía propiamente dicha, protege una buena parte de esa costa tan singular. Todo el litoral es un cordón dunar alto cubierto de un bosque muy húmedo y frondoso. Solo en unos pocos lugares se puede acceder al mar tras la duna arbolada. Cuando logras ver la costa compruebas que allí se extienden kilométricos arenales con un mar tremendamente agitado detrás.


Gansito africano (Nettapus auritas). Javier Robres
El interior del cordón dunar lo ocupan inmensos pastos altos, bosquetes de frondosas, humedales dispersos y el gran estuario de Sta. Lucía. De este último en realidad nos quedamos algo lejos ya que su gran tamaño dificulta poder recorrerlo para el pajareo. Por otra parte, la época tampoco parecía buena para aves acuaticas. En el rosario de pequeños humedales de los pastizales no vimos acuáticas o limícolas en la cantidad que el hábitat nos sugería. La verdad es que no tenemos claro muy bien por qué, en un sitio tan austral la fenología debe condicionar mucho la abundancia de aves con tanto hábitat. Al menos, entre las pocas acuáticas que vimos estaba una bien interesante el gansito africano (Nettapus auritas).

Vistas desde lo alto de la duna arbolada. C. Aguilar
El espacio de Sta Lucía era, tras el fiasco de Suasilandia, nuevamente un espacio natural de calidad sudafricana. Una infraestructura de uso público impecable, pistas y carreteras bien mantenidas y un habitat muy bien conservado. En sus praderas pastaban grandes herbívoros como cebras, nialas, búfalos o rinocerontes, solo que nosotros ya éramos menos impactables a ellos tras el paso por el Kruger. También abundaban los cocodrilos y los hipopótamos. Pero de todo ello, lo que más disfrutamos fue la posibilidad de hacer recorridos a pie por nuestra cuenta. Caminamos entre extensos pastos, palmeras y bosquetes con herbívoros pastando en el horizonte.


Oscar y yo a pie por el parque. Javier Robres
La sensación de libertad de un paseo así, solo pueden entenderla aquellos que hayan pasado días y días dentro de un coche viendo fauna como nos había sucedido a nosotros. Poder recorrer a pie el paisaje sabanoide sin el corsé del coche fue una sensación impresionante. Eso sí, los carteles del entorno te dejaban bien claro que la responsabilidad en un encuentro problemático con fauna era toda tuya. Por nuestra parte, con tanta advertencia no parabamos de mirar de reojo de cuando en cuando. Uno no puede quitarse la paranoia de que tras cualquier árbol puede haber un leopardo ahí agazapado. Dado que allí no había leones y elefantes no vimos ni uno, solo habríamos tenido problemas en caso de asustar a algún bufalo, algo poco probable.

Duikero (Cephalophus natalensis). C. Aguilar
Cerca de la población de Sta Lucía, y ya fuera del parque, solíamos recorrer varios senderos que había en un bosque costero muy frondoso. En ellos podíamos disfrutar de un plan de pajareo más tranquilo y sosegado que cuando estábamos en el Kruger. En esos bosques solíamos ver un mamífero que aún no habíamos observado en ningún lugar, el Duikero rojo del Natal (Cephalophus natalensis). Los duiqueros son unos pequeños antílopes muy curiosos. Andan tímidos entre la vegetación con un agitar nervioso de la cola como un pequeño perro sabueso olisqueando la vegetación. Un animal precioso.

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