martes, 5 de noviembre de 2013

El monte Buciero de Santoña

Monte Buciero y Laredo al fondo. César Mª Aguilar
Tengo recuerdo de esta gran mole caliza que se asoma al Cantábrico desde hace un montón de años. Lo veía de lejos de chaval cuando veraneaba con la familia en Laredo y nos acercábamos en la excursión en barco que se hacía para ver el faro del Caballo. También lo he encontrado cada vez que he visitado las marismas de Santoña y alguna vez más, desde el propio mar, en las salidas en barco en busca de aves marinas. Desde el mar tiene una presencia poderosa y es que unos cortados así de espectaculares no son tan frecuentes. Pero hasta este verano no lo había recorrido nunca. A finales del pasado mes de septiembre Iratxe y yo nos acercamos por allí.





Interior del encinar cantábrico. César MªAguilar
El monte cuenta con una buena red de senderos y a su atractivo natural se suma otro no menos importante de carácter cultural e histórico. Por allí aún pueden hallarse en buen estado de conservación fortificaciones militares para defender el enclave y dos preciosos faros en lugares casi imposibles. Pero empezando por su propio origen, el monte tiene una estructura geológica francamente singular. Se trata de una península caliza y montañosa unida a la costa por una barra de arena. La barra, en su forma de arenal abierto al mar, es la conocida como playa de Berría de Santoña que se sitúa junto al penal del Dueso.




Zarzaparrilla (Smilax aspera). César Mª Aguilar
Al resguardo de la península que forma el monte se encuentra la propia localidad de Santoña. La barra de arena indicada, que une el monte al continente, sirve además para cerrar las marismas y la ría de Treto por el oeste. Debido a esa estructura caliza los suelos del monte apenas retienen el agua en superficie y por ello la vegetación que hoy encontramos no es una de carácter atlántico, como esperaríamos, sino una de carácter mediterráneo. El monte Buciero es una de las mejores representaciones de los denominados encinares cantábricos costeros. También uno de los más extensos. Este tipo de bosques se presenta de modo disperso por la costa Cantábrica desde el País Vasco hasta el occidente de Asturias.


Junto a un gran madroño
Como vegetación tiene un gran interés biogeográfico. Estos encinares son islas de mediterraneidad en la España húmeda. En realidad son una reliquia de épocas pasadas, en concreto de una serie de bosques de la era Terciaria, cuando había un clima más propicio para especies mediterráneas y tropicales. Los senderos del monte permiten recorrer un bosque muy denso y sombrío con la encina (Quercus ilex) como árbol principal, pero también con algunas otras especies singulares relictas del terciario. Ahí está el laurel (Laurus nobilis), el madroño (Arbutus unedo) o el labiérnago prieto (Phillyrea latifolia). En especial sorprende encontrar madroños de gran porte arbóreo. El aspecto de la masa forestal aún recuerda a las formaciones subtropicales debido también a la abundancia de helechos y enredaderas. Entre estas últimas son comunes la clemátide (Clematis vitalba), la zarzaparrilla (Smilax aspera) o las vides silvestres (Vitis sylvestris).




Faro del Caballo en Buciero. Foto: César Mª Aguilar
Pero si la sola contemplación de la vegetación no es suficiente, el monte ofrece además parajes y vistas espectaculares. Las encontramos desde el faro del Pescador, pero sobre todo desde el faro del Caballo. El acceso a este último es espectacular. Tras una bajada de 700 escaleras al abrigo de las paredes calizas se llega a la base del farallón, a pie de mar, donde se encuentra el faro. Por allí crían los cormoranes moñudos y el halcón peregrino, aunque en esta ocasión el paisaje fue suficiente recompensa al descenso. Quien baje deberá recordar la dura subida que le espera a la vuelta. Pero sin duda, el esfuerzo habrá valido la pena. Al menos a nosotros nos compensó... y mucho.

2 comentarios:

  1. Por si fuera interesante o de utilidad para ti o para los lectores de tu web, tengo publicado el siguiente blog:
    http://plantararboles.blogspot.com
    Se trata de una manual breve y sencillo para que los amantes del monte y del campo podamos reforestar, casi sobre la marcha, aprovechando las semillas que nos dan las plantas nativas de nuestra propia comarca.

    Salud,
    Jose Luis Saez Saez

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    Respuestas
    1. Bonito blog y muy trabajadas las series de fotos... una buena contribución para animar a la plantación de especies autóctonas.

      Saludos

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