sábado, 1 de marzo de 2014

Transiberiano 5 (2013) Los bosques del lago Baikal

Ventanas de casas en Listvianka. César Mª Aguilar
En Listvianka disfrutamos de un entorno de coloridas casas de madera y de los inmensos bosques del Baikal. Iratxe y yo aprovechamos aquellos días para recorrer muchos de los senderos que se adentraban en ellos. Era espectacular poder caminar los bosques de Siberia tras tantos días de tren. Ya tenía ganas. Y, de todos los paisajes que había visto en el recorrido, esos eran los más espectaculares ya que las montañas junto al lago rompen la monotonía de la llanura siberiana. Había una senda que pasaba por la localidad y que trataba de circunvalar todo el lago a modo de un largo GR. Aquel inmenso sendero aún estaba sin trazar por completo.



Bosques siberianos primaverales. César Mª Aguilar
Según supimos, todos los veranos hacían avanzar un poco el sendero circumbaikal acondicionando con campos de trabajo internacionales zonas cada vez más lejanas. No estaba señalado con pintura al uso pero era facil de seguir. Nosotros lo tomamos uno de los días. Pero además del Circumbaikal Trail, había más sendas y pequeñas pistas que remontaban los valles que se abrían al lago. Esos bosques de coníferas y frondosas me recordaban, en cierto modo, a los hayedos-abetales de los Pirineos como los de Irati o la Selva de Oza en Navarra y Huesca. Las coníferas eran parecidas, pinos silvestres, abetos y alerces, y lo que más cambiaba eran las frondosas. Lo que allí abundaban eran carpes, abedules y álamos temblones.


Sendero entre abedules y abetos. César Mª Aguilar
En junio acaban de brotar las hojas de los árboles caducifolios y el bosque tenía un aspecto muy primaveral. Pero una vez dentro, entre los largos fustes, ver aves era complicado. Aun así,  unas plumas encontradas en el suelo permitían saber de la presencia en el bosque del grévol (Bonasa bonasia). Más sencillo era prestar atención a los prados y las cercanías de las poblaciones. Por allí se dejaron ver entre otras especies el camachuelo carminoso (Carpodacus erythrinus) o el colirrojo dáurico (Phoenicurus auroreus). También la buscarla de Pallas (Locustella certhiola) o, cantando sobre las puntas de los árboles, el bisbita de Hodgson (Anthus hodgsoni).



Colirrojo daurico (Phoenicurus auroreus) C.A.
De mamíferos, nada de nada, y es que hay que tener en cuenta que la densidad de fauna que se da a esas latitudes es realmente baja. Aunque nosotros viéramos un paisaje completamente exuberante y primaveral, pasar un invierno siberiano allí debe ser muy duro. Eso hace que especies de aquellos bosques, como el oso pardo o el glotón, tengan territorios enormes y sean complicadísimos de ver, ni siquiera sus rastros. Y bien que busqué huellas de cualquier cosa en las pistas de barro, pero nada. Más fácil fue disfrutar de la preciosa floración primaveral que había en los prados y bordes de los caminos del bosque.




Algunas de las flores de junio. César Mª Aguilar
Aún estando muy lejos del terruño, podía reconocer algunas especies y es que a las más norteñas de la península Ibérica solemos denominarlas eurosiberianas y por algo es. En el sotobosque me encontraba con groselleros (Rubus sp), arandaneras (Vaccinum sp) o saucedas (Salix sp). También mucha presencia de helechos y especies de suelos encharcados y húmedos como lirios (Iris ruthenica), pulsatillas (Pulsatilla patens), violetas amarillas (Viola sp), aguileñas (Aquilegia sp), aleluyas (Oxalis acetosella) o la abundante  Trollius kytmanovii.

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