miércoles, 8 de marzo de 2017

Nueva Zelanda 1 (2016) Un viaje al mundo natural de las antípodas

Iratxe hacia el bosque de Waipoua. César Aguilar.
A finales del pasado año Iratxe y yo visitamos el lugar más alejado de España, Nueva Zelanda, nuestras antípodas, la tierra que puedes encontrar dando una vuelta de 180º al globo terráqueo. Solo por ese hito geográfico ya sería un viaje curioso, pero a ello se suman muchos atractivos naturales, grandes montañas, glaciares, bosques hiperlluviosos y varias familias de aves endémicas.

Este fue un viaje de furgoneta, de norte a sur, recorriendo espacios naturales y al encuentro con aves como kiwis, keas, albatros o pinguinos. La historia natural del país es bien singular, aunque no siempre para bien.





Peligro Moas!!, bromistas en la carretera. C. Aguilar.
Nueva Zelanda es uno de los pocos lugares que no colonizaron los mamíferos terrestres, por ello muchas familias de aves perdieron la capacidad de vuelo y no desarrollaron estrategias contra la predación. El hombre también accedió a estas tierras de forma tardía, hacia el año 1200 se calcula que llegaron los maorís desde Polinesia.

Los maorís se encontraron una isla muy forestal, llena de aves y entre ellas unas de descomunales tamaños, los moas, exclusivas de Nueva Zelanda. Los moas estuvieron entre las aves más grandes que han existido, con hasta 3 metros de altura. Sin capacidad de vuelo fueron la presa perfecta para los recién llegados y en un par de siglos se extinguieron por sobrecaza.


Campiña abierta en la isla norte. César Mª Aguilar.
En el siglo XVII los europeos descubrieron estas islas,  aunque la colonización no empezó hasta los siglos XVIII y XIX. Y el denso paisaje forestal empezó a cambiar. Se talaron los extensos bosques de kauris, se abrieron pastizales y se creó un paisaje de pastos y ganadería extensiva similar a Gran Bretaña.

La nostalgia llevó a los colonos a introducir todo tipo de aves comunes de sus países de origen,  en otras ocasiones las introdujeron para combatir plagas y algunas más para cazar. Unas sobrevivieron, otras no, pero a día de hoy existen más de 42 especies foráneas asentadas, muchas muy abundantes. Pero lo que más dañó a las aves autóctonas fue la introducción de ratas, perros, gatos, armiños y erizos.
 

En los volcanes del P.N. Tongariro. I. González.
Hay pocos lugares donde, en un periodo de tiempo tan corto, se haya producido un colapso tan grande de aves autóctonas. Hoy en día tienen muy interiorizada la “batalla por las aves”, como la llaman, y tratan de conservar lo que pueden con grandes esfuerzos de conservación.

A pesar de este pasado reciente, Nueva Zelanda tiene muchos lugares de gran interés natural y en todo el país se nota bastante gusto y preocupación por el medio ambiente. Viajar por libre es sencillo, hay muchas facilidades para visitar espacios naturales y muchas iniciativas de conservación interesantes para ver.




Recorrido en furgoneta. Octubre 2016.
Nuestro recorrido empezó en Tiritiri Matangi, una isla libre de predadores donde las aves autóctonas se están recuperando. En Waipoiua visitamos los bosques subtropicales de kauris que en otro tiempo ocuparon toda la isla norte, en Muriwai grandes colonias de alcatraces y en Roturua las zonas geotermales. De paso atravesamos el P.N. Tongariro.

En el sur comenzamos en el P.N. Abel Tasman, para seguir hacia Kaikoura, un buen lugar para aves marinas. Cruzamos los Alpes Neozelandeses por el P.N. Arthur´s Pass, recorrimos la costa oeste con bosques hiperhúmedos y los glaciares Fox y Frank Josef, para acabar en Fiorland y regresar a Christchuch visitando colonias de aves marinas en Otago y Oamaru.

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