sábado, 29 de junio de 2013

Sudáfrica 10 (2012) Cruzando Swazilandia

Montañas al cruzar a Swazilandia. C.M. Aguilar Gómez.
Después de 8 días por el Parque Nacional Kruger nos despedimos de Diego, Héctor y José que regresaban a España. Mientras, Oscar, Javier y yo nos encaminamos hacia Swazilandia con el otro coche. Dejamos el parque Kruger con una muy buena sensación, por la cantidad de fauna vista y por los días compartidos entre amigos. El listón estaba muy alto. Pronto llegamos a la frontera con Swazilandia y pasamos por ella rápidamente. Las carreteras seguían igual de impecables que en Sudáfrica y el paisaje era más montañoso pero no tan bien conservado. En los fondos de valle se extendían monocultivos de caña de azúcar, mangos y plátanos. En las zonas altas había más pastos ganados al bosque y algunas plantaciones de eucaliptos.


 
Cabañas suazis en Milwane. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Llegamos de noche al Santuario de Fauna de Milwane con un solo croquis de carreteras fotocopiado y sin un verdadero mapa del país. Habíamos reservado por internet el sitio al ver que estaba de paso en nuestra ruta y no teníamos muy claro qué íbamos a encontrarnos. Según entramos empezamos a ver cabañas suazis, turistas en grupos y gente local haciendo danzas tradicionales en la hoguera nocturna. ¡Si solo hubiera sido eso! … al día siguiente nos dimos cuenta de que aquello no era lo que esperábamos. Aunque el espacio estaba asociado a un red de reservas nacionales, el criterio de conservación que tenían en Swazilandia distaba mucho del que tenemos los “occidentales” y del que también tienen las autoridades sudafricanas.



Cuclillo Didric Chrysococcyx caprius. Oscar Gutiérrez.
Milwane era una finca vallada cubierta de matorrales de vegetación secundaria, laderas de eucaliptos exóticos y herbazales segados con atracciones para los turistas. Allí pastaban entre otros herbívoros africanos cebras, antílopes ruanos o impalas. Para empezar aquel no era el hábitat de ninguna de aquellas especies, eran alimentados por los gestores de la reserva y la vegetación natural estaba completamente alterada por los árboles exóticos. En realidad era un zoo tipo "Cabárceno" a lo grande. En cuanto nos dimos cuenta huimos despavoridos de allí. Salvo un par de especies que vimos y fotografiamos bien, el cuclillo Didric (Chrysococcyx caprius) y el precioso bisbita gorgigualdo (Macronyx croceus), para mí aquello no tenía ningún atractivo.



Cabañas en Swazilandia. César María Aguilar Gómez.
Pasamos todo el día conduciendo y según avanzábamos el paisaje mejoraba. Eso hacía aún más inexplicable para mí que alguien hubiera elegido el entorno de Milwane para hacer una reserva natural como aquella. El paisaje que ahora recorríamos rebosaba de verde por las lluvias, se sucedían lomas con arbolado disperso, matorral bajo, sabanas densas con acacias y sierras al fondo. El África más rural se dejaba ver en algunos asentamientos junto a la carretera con cabañas con techos de paja y paredes hechas por entramados de ramas. Finalmemte conseguimos llegar a donde queríamos sin un mapa, la frontera con Sudáfrica, y entramos a ella por la región de Kwazulu-Natal. Esa es la zona que conserva mejor las tradiciones sudafricanas, la región de los guerreros zulúes.

 

Retomando Sudáfrica Foto: César María Aguilar Gómez
Que nadie se imagine esa región como una zona inaccesible. En el contexto sudafricano la “autenticidad” zulú es una cuestión de tradiciones y aspectos culturales inmateriales, como el sentimiento de su gente de pertenencia a un pueblo, la gran nación zulú. No es algo que uno pueda ver físicamente, ya estamos en el siglo XXI y el tipismo de las guerras entre boers y zulúes hace tiempo que pasó. La zona está recorrida por una buena carretera bordeada por grandes extensiones de hábitat muy bien conservado que en unas horas nos llevó hasta la localidad de Sta. Lucía.  La mayoría eran reservas de conservación de fauna, públicas o privadas, o para caza. Más adelante, y antes de llegar a Sta. Lucía, hicieron aparición extensas plantaciones de eucaliptos en zonas sin apenas población.

domingo, 23 de junio de 2013

Sudáfrica 9 (2012) Kruger 8, La vegetación del parque

A. xanthophloea, H. coriacea y C. mopane
Uno de los aspectos que me más sorprendió del parque fue encontrarme con un espacio tan forestal. Según el mapa que consultes, se indica que hay entre 16 y 20 zonas de vegetación diferenciadas. A nivel florístico seguro que existen, pero en un recorrido en coche no se aprecian tantos cambios. Lo que sí se observa muy bien es el gradiente de humedad que condiciona la vegetación. En buena parte del norte llueven poco más de 400 mm, mientras en las zonas más montañosas del sur las precipitaciones llegan a los 700 mm. Identificar especies no es nada fácil cuando no puedes bajarte del coche pero, al menos en los campamentos y en las áreas de pícnic, tienen el detalle de etiquetar los principales árboles y arbustos que encuentras.




Varias especies del Kruger. C.M. Aguilar Gómez.
En este aspecto, y en otros muchos, el uso público del parque está diseñado con un gusto ejemplar. Toda la jardinería de los campamentos es con especies autóctonas y todas del entorno más inmediato. En un paseo de tu cabaña al supermercado, puedes disfrutar de plantas a las que no tienes acceso a pie en el propio parque. La especie arbórea más frecuente en el norte era el mopane (Colophospermum mopane), en formato de árbol cuando las condiciones del suelo eran buenas, o como un matorral raquítico sobre suelos pobres y secos. De vez en cuando veíamos también tremendos baobabs (Adansonia digitata) y era típica una especie de palmera con hojas en forma de abanico y porte postrado llamada "Lala palm" (Hyphaene coriacea). En ocasiones esos ejemplares llegaban a tener el porte de una palmera normal de varios metros.



Aloes con porte arbóreo. César María Aguilar Gómez.
Entre las especies de acacias, la más llamativa era Acacia xanthophloea. Destaca por por su tronco blanco y solíamos verla en las orillas de los cursos de agua. Otra especie, la Acacia tortilis, era la típica con forma de parasol muy presente en las sabanas africanas,  aunque no era habitual de ver en el Kruger. En el centro y sur del parque había una tercera acacia, Acacia nigrescens, que ocupaba grandes extensiones de paisaje. Esa acacia era más fácil de reconocer ya que no recuerda a una acacia tipica, con sus pequeños foliolos y gran porte. En los cerros rocosos la vegetación cambiaba bastante. Sobre esos lugares aparecían especies de aloes (Aloe sp.) con porte arbóreo, se podían ver bien desde lejos. 




Varias especies del Kruger. C.M. Aguilar Gómez.
En esos cerros también había plantas con aspecto de cactus, pero como no hay cactáceas en el viejo mundo no podían ser otra cosa que euforbias con ese aspecto. La más característica de esas plantas era la euforbia candelabro o del Transvaal (Euphorbia cooperi) y una más escasa llamada Euphorbia tirucalli. Otra planta con forma "rara" era una crasulácea o planta suculenta que también aparecía en cortados rocosos, la Portulacaria afra, conocida como arbusto elefante. Algunos árboles los pude indentificar por sus frutos, como era el caso de las higuera. A pesar de las muchas especies de ellas que hay, una muy común era el sicomoro (Ficus sycomorus) al que los higos le salen directamente del tronco.





Flora en pastos en octubre. C.M. Aguilar Gómez.
Volviendo a las llanuras, en plena floración estaba el Marabu (Dichrostachys cinerea), una leguminosa arbustiva y espinosa que localmente ocupaba grandes extensiones. La especie es conocida por ser una gran invasora fuera de su ámbito de distribución africano. En  Cuba se llega a hacer dominante en lugares abiertos y soleados y causa grandes pérdidas por invarsión de pastos y cultivos. Sin embargo, todos los árboles y arbustos que no estaban en floración o no tenían algo destacable, se diluían para mí en el paisaje vegetal. Y más aún las flores que empezaban a brotar entre el pasto verde en octubre.

sábado, 8 de junio de 2013

Sudáfrica 8 (2012) Kruger 7, … por fin grandes felinos!

Primer leopardo Panthera pardus. C.M. Aguilar Gómez.
Si no he hablado hasta esta entrada de los grandes carnívoros y felinos de Kruger, es porque esto no es más que un reflejo de lo que nos costó encontrarlos. Sabíamos que no iban a ser fáciles de ver, pero no esperábamos que tanto. Esto es básicamente por el hábitat tan forestal del Kruger.Tras cinco días recorriendo minuciosamente el parque aún no habíamos visto ningún león, leopardo o guepardo. Solo una hiena manchada (Crocuta crocuta)  de forma fugaz caminando desde un mirador. Empezábamos a tener el "orgullo herido". ¿Cómo a seis ornitólogos como nosotros se nos podían pasar esos bichos? ¡estábamos en el Kruger! Dedicábamos el día a recorrer pistas secundarias y tranquilas mirando todos, todos los claros .... y ¡nada!



Leopardo Panthera pardus. César María Aguilar Gómez
Nos habíamos documentado sobre los mejores sitios para verlos, madrugábamos, mirábamos a diario las pizarras con las observaciones cercanas ... pero nada. Hay que decir que todos los campamentos tienen unos mapas con fichas imantadas para poner las observaciones hechas en el día. Íbamos a los sitios que sugerían esos mapas ... pero nada. En el supermercado de Skuzuka tras hablar con otros turistas “tocamos fondo”. Algunos de ellos, sin madrugar y a veces sin ni siquiera prismáticos, veían leones y leopardos en las carreteras principales, ¡qué injusto!. Afortunadamente cambiamos de estrategia, nos dimos cuenta de que encontrar un bicho por tu cuenta en carreteras secundarias era cuestión de mucha suerte. 



Guepardo Acinonyx jubatus. C.M. Aguilar Gómez.
Empezamos a recorrer las carreteras más transitadas y a preguntar a la gente que nos cruzábamos. De esa manera, y con un poco de fortuna, nuestro desanimo se esfumó. Debíamos tener en cuenta que los leopardos estaban siempre en lo alto de los árboles y que los leones podías tenerlos en la propia cuneta de la carretera. Si alguien los hallaba, de tanto recorrer pistas, esa información se transmitía entre los conductores de las carreteras principales y no se perdía por la mayor frecuencia de gente. Nuestro enfoque de búsqueda no se adaptaba a las probabilidades de encontrar un felino allí. Además, en el suelo los leopardos y guepardos se pierden pronto de vista, así que había que buscarlos arriba de los árboles, una imagen idílica pero sorprendentemente la más habitual.



Hembras y crías león Panthera leo. C.M. Aguilar Gómez.
La cosa fue mejorando y al cabo de varios días dimos con 3 leopardos (Panthera pardus) y 2 guepardos (Acinonyx jubatus). Cuando los veíamos encaramados a los árboles, nos daban unos subidones de órdago. Permanecían indiferentes a nuestra presencia y luego, cuando bajaban al suelo, su imagen caminando entre la vegetación nos cautivaba. A veces en un primer vistazo decidíamos que un hábitat concreto no era el más adecuado para guepardos, demasiado cerrado pensábamos, y sin embargo allí había un animal oteando desde la horquilla de un gran árbol.  Nuevamente nos traicionaban nuestros prejuicios heredados de tanto documental de sabanas de Kenia y Tanzania, un hábitat bien distinto.



Por fin anotando observaciones. Javier Robres
Leones (Panthera leo) encontramos solo en dos de ocasiones, aunque eran más aburridos de ver, en cuanto calentaba el sol no hacían otra cosa que sestear. Lo cierto que es que a punto estuvimos de pensar que nos íbamos del parque sin dar con ellos. Con los felinos había un alto componente de suerte en su localización, al menos en la época en que nosotros estuvimos. Desde luego no seríamos los primeros en irnos del Kruger sin ver leones, ya les había pasado a otros ornitólogos españoles antes y podría habernos pasado  nosotros. Aunque nos costó ver todos estos felinos, el disfrute también fue parejo en la misma proporción.  Con otros carnívoros como las hienas, igualmente tuvimos poca suerte al comienzo, pero al final tuvimos buenas observaciones. En una ocasión encontramos un grupo de hienas en un herbazal con unas crías preciosas, completamente indiferentes a nuestra presencia.  

viernes, 31 de mayo de 2013

Sudáfrica 7 (2012) Kruger 6, Ríos y riberas

Ephippiorhynchus senegalensis. C.M. Aguilar Gómez.
El parque nacional Kruger está recorrido por muchos pequeños regatos. También por ramblas con grandes variaciones de caudal. Ya he comentado en una entrada anterior que la mayoría de los cursos de agua del norte estaban prácticamente secos a finales de octubre, de ahí la importancia de los puntos de agua suplementarios para la fauna. En el río Limpopo, justo en el borde norte del parque, las aguas que vimos llevaban escasa corriente y creaban numerosas islas de arena. En ese río hay un punto que constituye una triple frontera con los países de Sudáfrica al sur, Mozambique al este y Zimbabwe al norte. En ese lugar vimos por primera vez un jabirú africano (Ephippiorhynchus senegalensis) el ave con un post-it en el pico, como solíamos decir.



Martín Megaceryle maxima. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
El jabirú nos sorprendió por su tamaño, ¡era casi el doble que una garza real! Teníamos a ese ave por una especie escasa, según habíamos leído, pero pudimos verla en un buen número de ocasiones. Los cursos de agua eran también el lugar para ver algunas acuáticas como el ganso del Nilo (Alopochen aegyptiacus), el ibis hadada (Bostrychia hagedash) o martín gigante africano (Megaceryle maxima). Los principales ríos atraviesan el parque de este a oeste y recordar cómo se llaman no es muy difícil, los campamentos más importantes llevan sus nombres: Shingwedzi, Letaba, Olifants y Sabie. No era algo casual, ubicar un campamento junto a un gran río garantiza el trasiego de fauna por sus orillas y buenas observaciones. 




Javier y yo en el Olifant, en la gloria. Javier Robres.
Nosotros disfrutamos poco de esas vistas, pues llegábamos tarde a los campamentos y salíamos pronto. ¡Había que aprovechar el día! Los primeros ríos que vimos ya con un cauce considerable fueron los de Letaba y Olifants, ambos con campamentos en sus orillas y buenas vistas. Recorrimos en coche la msrgen del río Letaba viendo cocodrilos del Nilo (Crocodylus niloticus) soleándose, jacanas africanas (Actophilornis africanus) correteando y garzas golialt (Ardea goliath) esperando el paso de algún pez. Pero para mí, las vistas más fascinantes fueron las del campamento Olifants. Desde la terraza del bar se dominaba un paisaje inmenso sobre el río del mismo nombre y, a prismáticos o a telescopio, podíamos ver jirafas y antílopes de agua (Kobus ellipsiprymnus) entre otros animales. ¡Un lujo!



Galápago "curiosón". Foto: César María Aguilar Gómez.
Los pequeños regatos y charcas también tenían su interés. Con el coche nos tocó atravesar muchos de ellos por badenes. En unos veíamos un avemartillo (Scopus umbretta) acechando en la corriente y en otros un martín pescador malaquita (Alcedo cristata) que aguardaba con la mirada puesta en una poza. Siempre sorpresas. Pero en una de charcas hubo unos galápagos que nos dejaron realmente descolocados. Los habíamos visto desde lejos en otros lugares soleándose sobre rocas y los imaginábamos tímidos como es habitual. Sin embargo, fue parar y enseguida vinieron hasta la misma orilla donde estábamos, curioseando o más bien suplicando comida. ¡Insólito!




  Hippopotamus amphibius. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Pero el habitante estrella de ríos, pozas e incluso pequeños regatos, fue el hipopótamo (Hippopotamus amphibius). Son animales muy sociables y solíamos verlos en grupos. Desde cualquiera de los hides, junto a los puntos de agua, veías unos ojos, narices y orejillas emergidas sobre la superficie del agua y ahí los detectabas. Cada poco, los grupos se revolvían mostrando las jerarquías, ya fueran adultos en serio o jóvenes jugando. Desde la comodidad del asiento del hide, o desde el propio coche, esperábamos alguno de los ataques de furia frecuentes que nos diera una buena secuencia de fotos en acción. Y lo conseguimos.

viernes, 24 de mayo de 2013

Sudáfrica 6 (2012) Kruger 5, Jirafas y otros mamíferos

Jirafa (Giraffa camelopardalis). César Mª Aguilar
El primer día que vimos una jirafa (Giraffa camelopardalis) en el Kruger, me pilló por sorpresa. Con su tamaño yo imaginaba que las veríamos de lejos, asomando la cabeza por encima del arbolado, pero qué va! Apareció de repente, tras una curva de la pista dentro del bosque que recorríamos. Estaba tumbada apaciblemente, ya imaginaba su gran tamaño, pero al verla ponerse en pie pensé que aquello desafiaba cualquier medida de la proporción de un animal. Las jirafas tienen un andar desgarbado que fascina. Sobre sus enormes patas deben sentirse completamente inexpugnables para cualquier depredador. Para mí, desde luego, su forma no puede ser más original e impactante y pocas fotos hacen justicia de la sensación que trasmite verlas frente a ti.



Facóquero (Phacochoerus africanus). C. Aguilar
Otros animales con los que crees que no estás viendo un representante de la fauna actual, sino uno de hace miles de años, son los facóqueros (Phacochoerus africanus) y los rinocerontes. Sudáfrica alberga el 90% de los rinocerontes blancos y negros que quedan en el planeta debido a los esfuerzos que han hecho por recuperarlos en los numerosos parques y reservas del país. Allí el  rinoceronte blanco (Ceratotherium simum) pasó de estar casi extinto, a tener una población actual de unos 20.000 ejemplares, aunque el furtivismo en los últimos años se ha incrementado de manera exponencial por la mayor demanda de cuernos en el mercado negro asiático.




Rino blanco (Ceratotherium simum) C. Aguilar
Al principio nos costó varios días ver rinocerontes, ya que el norte del parque no es la zona más adecuada. Luego en el centro y en el sur del Kruger fue más fácil, pero aún así uno no llega a acostumbrarse a esas moles acorazadas con aspecto de dinosaurios. Si bien los rinocerontes blancos se mostraban relativamente confiados, no sucedía lo mismo con el rinoceronte negro (Diceros bicornis). Esa otra especie es bastante más escasas y tímida, nosotros tuvimos una preciosa observación de dos ejemplares con toda la adrenalina de un acecho cinegético, pero con las fotos como único trofeo. A varios cientos de metros, entre los claros de unas lomas boscosas, José identificó unos rinocerontes raros y más esquivos de lo habitual.




Rinocerontes negros (Diceros bicornis) C. Aguilar
Su comportamiento los llevaba a caminar fuera de nuestra vista siempre que podían. Al cabo de un rato de seguir sus desplazamientos a prismático, y recorriendo las pistas en coche, llegamos a intuir un lugar por el que debían pasar. Nos dirigimos allí a la espera y, como recompensa, tuvimos una muy buena observación de los animales cruzando el lugar. Un poco más y se nos escapan de la vista. Otros animales de los que aún no he comentado nada y que siempre tenemos asociados a África son los primates. En el Kruger se suelen ver solo dos especies diurnas, ambas están ampliamente distribuidas y son el mono verde (Cercopithecus aethiops) y el papión negro (Papio ursinus). 




Papión negro (Papio ursinus) con cría. C. Aguilar
El comportamiento de esos dos primates cambia enormemente según donde los observes. En el norte del parque, donde hay menos turismo, los animales se muestran en general más tímidos y desconfiados. En el centro, en los alrededores de Satara, los grupos de babuinos no tenían ningún reparo en estar tirados con sus crías en medio de la carretera. Muy distinto era en Pafuri, al norte, donde en cuanto parabas a fotografiarlos salían caminando. Luego estaban los ejemplares de las áreas de picnic donde podían volverse hasta agresivos para robar comida. En un lugar vimos a un grupo como acechaba sobre las mesas de los turistas con un descaro enorme. Solían elegir grupos de gente poco numerosos, una pareja, alguien solitario, vamos ¡que tenían una escuela!


sábado, 18 de mayo de 2013

Sudáfrica 5 (2012) Kruger 4, Fauna “esteparia”

Alcaraván del Cabo (Burhinus capensis). C. Aguilar
El paisaje del Kruger es bastante más boscoso de lo que yo había imaginado, pero tampoco es homogéneo. Los fuegos naturales modelan la estructura del paisaje abriendo claros que facilitan los pastos. Aun así, en todo el recorrido solo vimos un lugar donde había restos de un incendio de la temporada anterior. Aprovechando ese hábitat pudimos ver un alcaraván de El Cabo (Burhinus capensis) que recorría un ambiente más a su medida. En todo caso no suelen ser pastos muy extensos, a menudo son parches herbáceos intercalados en un paisaje donde domina la cobertura de matorrales o de arbolado disperso. Sin embargo es lo suficiente para que algunas especies de aves que nosotros teníamos por “esteparias”, o al menos de amplios medios abiertos, prosperen.




Avutarda kori (Ardetis kori) apeonando. C. Aguilar
De primeras sorprende encontrarse con una preciosa avutarda kori (Ardeotis kori) caminando majestuosa entre parches abiertos en el arbolado. No parece que ese sea su hábitat más óptimo, pero en realidad nos acercamos a muchas especies con los prejuicios que traemos de otras aves similares de nuestras latitudes o por la imagen que nos formamos en los documentales. Tampoco habríamos dicho que esos herbazales altos entre el arbolado fueran el lugar para sisones, y por allí vimos cantando a los sisones moñudos (Lophotis ruficrista) y ventrinegros (Lissotis melanogaster) con una confianza que sí nos recordaban a nuestros sisones ibéricos, cuando los ves desde un coche.




Tremenda avestruz (Struthio camelus) C. Aguilar
Un ave espectacular que tampoco habría imaginado caminado por allí fue el avestruz (Struthio camelus), una especie que me pareció que tenía un tamaño descomunal. No visito habitualmente zoológicos ni instalaciones similares, de modo que de algunas especies emblemáticas no tengo referencias reales hasta que consigo verlas en su hábitat natural, aunque para mucha otra gente puedan ser familiares en un zoo. Y ese fue el caso del avestruz para el que fotos y documentales no permiten hacerte una idea cabal de su corpulencia, o al menos así me ocurrió a mí. Siguiendo con estas aves de medios abiertos, conduciendo lentos por una pista en una ocasión estuvimos a punto de atropellar a unas gangas bicintas (Pterocles bicinctus). 



Ganga bicinta (Pterocles bicintus). César Mª Aguilar
Fue una situación cuando menos insólita pues las gangas que tenemos en la península Ibérica, son de los bichos más esquivos que hay y se ven casi siempre a larga distancia. Tan centrados íbamos en buscar animales en los claros a ambos lados de la pista, que  no advertimos que varias gangas estaban echadas en suelo en el propio camino y no tenían ninguna intención de moverse de allí. Incluso aunque pasáramos por encima con el coche. Afortunadamente Héctor, que iba más atento a la conducción, las vio en el último momento y frenó en seco. Como si no fuera con ellas salieron andando tranquilamente hacia la cuneta de entre los bajos del coche, vaya susto y ... ¡vaya fotos!

viernes, 10 de mayo de 2013

Sudáfrica 4 (2012) Kruger 3, Elefantes y calaos

Manada en el sur con buenos pastos. C. Aguilar
Uno de los animales más "famosos" de la fauna africana es el elefante, y no por saber que lo vas a ver deja de sorprenderte la primera vez que lo encuentras. Vimos uno nada más cruzar la puerta de Punda María en el norte, un ejemplar rugoso, imponente, con los flancos manchados con tierra roja de recostarse en el suelo. Con su trompa iba zarandeando las ramas de los árboles y descortezándolos sin ningún miramiento. Así, entendíamos mejor la forma de muchos de los árboles del mopane arbustivo que veíamos rotos y tronchados en algunas zonas del parque. También “segaba” manojos de hierba con su trompa con la eficacia de una guadaña.





Elefante sacando agua del suelo en el norte. C. Aguilar
Una de las mejoras típicas en los parques con periodos secos acentuados es la creación de puntos de agua. En el Kruger solíamos ver pequeños molinos de viento asociados a bombas de aguas que sacaban agua del subsuelo y la almacenaban en tanques de cemento. Ese agua iba manando poco a poco a un abrevadero al que acudía la fauna en épocas secas. En la zona norte, la más seca, los elefantes habían descubierto que era mejor succionar directamente del tanque, en realidad solo ellos podían hacerlo. También vimos a los elefantes escarbando con su trompa en el lecho seco de los ríos hasta dar con el nivel freático, una imagen sorprendente.





Matriarca con su grupo advirtiéndonos. C. Aguilar
Lo cierto es que los elefantes no son escasos en el Kruger, el último censo arrojó una cifra 13.750 individuos en 2010-11 así que no eran difíciles de ver. A parte de ejemplares solitarios, solíamos encontrar manadas de hembras con crías. Estos animales son más peligrosos de lo que uno pueda pensar y aunque la mayoría de las veces se muestran apacibles, en los campamentos te dejan bien claro que mantengas las distancias. Lo normal es que se dejen acercar mucho, pero si el animal da indicios, aun sean mínimos, de estar receloso hay que evitar invadir su espacio. Lo comprobamos en varias ocasiones, especialmente una vez que una manada iba a cruzar la pista.





Advertencia de pelibro en campamento. C. Aguilar
Llevábamos vistos bastantes elefantes y ante ese grupo intentamos adelantarlos antes de que cruzaran la pista. En ese momento, la matriarca se puso en medio y nos advirtió con su actitud de que debíamos esperar. Entendimos el mensaje y lo respetamos, pero una semana más tarde en otro parque nacional, en Infolozi, la hembra de un grupo que se había asustado por un grupo a pie con un ranger, nos cargó sin apenas percatarnos hasta tenerla corriendo frente a nosotros. Afortunadamente, los rápidos reflejos de Javier al volante conduciendo a toda velocidad marcha atrás, nos libraron de un percance. A veces a otra gente no le ha ido tan bien, hay quien comente una imprudencia y no lo ve venir. 




Calao (Bucorvus leadbeateri). César Mª Aguilar
Otros “damnificados” de los elefante en el Kruger son los calaos terrestres (Bucorvus leadbeateri), un ave espectacular que en Sudáfrica está en regresión con solo 1500-2000 ejemplares. Pudimos ver varios grupos en distintos lugares, pero se calcula que en el Kruger no hay más de 150 grupos formados de normal por 2-8 ejemplares con una hembra dominante. La alta densidad de elefantes y sus daños al arbolado parece que están reduciendo la disponibilidad de árboles viejos con huecos que necesitan los calaos para criar. Esta especie es sorprendentemente longeva, pudiendo vivir 50-60 años. Los grupos que vimos se mostraron muy confiados, experiencia “vital” no les faltaría con esa larga longevidad.

viernes, 3 de mayo de 2013

Sudáfrica 3 (2012) Kruger 2, Impalas a miles, ruanos a decenas

Francolín (Francolinus sephaena). César Mª Aguilar
Entre los campamentos de Punda María, en el norte del parque, y Letaba en el centro, no hay más de 180 Km. Sin embargo, nos llevó dos días recorrer esa distancia. Lo hicimos con una noche en el campamento intermedio de Shingwedzi y es que el parque no es como para ir con prisas. De ahí seguimos bajando haciendo 5 noches más en Letaba, Satara, Skukuza, Lower Sabie y Berg-en-Dal, 330 km más por la carretera principal. Pero el gusto del Kruger es “perderse” por las pistas secundarias con las expectativas de que en cualquier sitio puede aparecer algo inesperado, de modo que hacer un recorrido así lleva varios días. De norte a sur hay un gradiente de humedad que pudimos ver muy bien a finales de octubre cuando acababa de comenzar la época de lluvias.



Vistas desde el cerro Dzundzwini. César Aguilar
Mientras en el norte los pastos y ríos estaban aún secos, a medida que bajábamos todo comenzaba a reverdecer y, aunque era pronto para ver caudales altos, ya había más agua en los ríos del sur. En el suelo seco del norte, y rebuscando entre los excrementos de elefantes, era muy común observar varias especies de francolines. Ahí estaban el francolín capirotado (Francolinus sephaena), el de Natal (Francolinus natalensis) y el de Swainson (Francolinus swainsonii). En cuanto a mamíferos, el más común en cualquier recorrido por el Kruger es sin lugar a dudas el impala (Aepyceros melampus). Lo más habitual era ver un macho con su harén de hembras o grupos de jóvenes.


 
Macho de impala con su extenso haren. C. Aguilar
Su número es descomunal, según los gestores del parque en 2010-11 se estimó que había entre 132.300 y 176.400 impalas ¡casi nada!. ¿Y cómo es posible un rango tan amplio? pues solo hay que imaginarse en la tesitura de tener que censar un territorio de unos de 20.000 km2 que es lo que tiene el Kruger. Para los oriundos del valle del Ebro como yo, que todo lo comparamos con nuestra superficie “de cabecera” (La Rioja), los gestores del Kruger tienen el desafío de decir cuantos bichos hay en nada menos que un territorio boscoso del tamaño de 4 “Riojas” ¡vaya marrón! El siguiente mamífero más abundante por allí es el búfalo (Syncerus caffer) aunque en un número 3-4 veces menor que impalas,  37.130 en el último censo.



  Ruanos (Hippotragus equinus). César Mª Aguilar
En orden de importancia están las cebras (Equus quagga), 23.700-35.300, y luego los kudus (Tragelaphus strepsiceros), 23.700-35.300. Pero hay otras especies que son muchísimo más escasas como sucede con algunos antílopes y por ello están más “cotizados”.  Pensábamos que ese era el caso de los nialas (Tragelaphus angasii), así nos lo había advertido José, pero al menos en la zona norte eran sencillos de ver  aunque no numerosos. Algo llevado al extremo eran los ruanos (Hippotragus equinus) unos antílopes muy escasos que pudimos ver en un pequeño grupo y que según los censos del 2010-11 no debiera haber más de 90 ejemplares. Si estaban en lo cierto lo nuestro fue toda una suerte.



Mangosta esbelta (Galerella sanguinea). C. Aguilar
Los primeros días también pudimos dar con un par de especies de mangostas de lo más confiadas. Mi experiencia en Sri Lanka viendo mangostas y con los meloncillos en el sur de España es que estos animales siempre pasan en un visto y no visto, a toda velocidad, con su rápido caminar pegados al suelo. Así que encontrar en varios lugares del Kruger grupos de juguetonas y curiosas mangostas enanas (Helogale parvula) y esbeltas (Galerella sanguinea) fue un placer. Hasta pudimos sacar buenas fotos, algo que se me hacía raro.


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