martes, 22 de septiembre de 2015

Nueva York 5 (2014) Tópicos y música negra

 Saint Patrick en la 5ª Avenida. C.M. Aguilar Gómez.
Por las anteriores entradas del blog parece que el principal interés de Nueva York sea su naturaleza y sus museos. No es así. Es de entender que se trata de un sesgo para este blog. Uno hace en las ciudades lo que todos los turistas y en Nueva York eso incluye caminar entre la multitud, sorprenderse con las luces de Times Square, ver pasar policías montados a caballo en medio del tráfico urbano, dejarse el cuello mirando hacia arriba para contemplar rascacielos, observar con escepticismo iglesias góticas construidas fuera de época o descubrir barrios de casas con escalinatas de acceso a los portales. Eso es Nueva York, lo típico de Nueva York, lo que los medios proyectan a medio mundo.



Policía en Times Square. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Hay otras zonas cuyo interés depende de cada uno y de cómo emplee su tiempo. Para mí el edificio de La Bolsa, el New York Stock Exchange en Wall Street no pasa de ser un sitio sin interés donde se da rienda suelta a la codicia de nuestra especie. Aunque Manhattan concentra casi todo lo que uno puede querer ver en una primera visita, hay muchas cosas más allá de la isla. Es cuestión de tiempo y ganas. Una de ellas, también típica, es tener una visión de la amalgama de rascacielos desde el mar o desde Brooklyn. Para lo primero uno puede tomar el ferry gratuito que sale de Battery Park hacia Staten Island.





Gaviota Delaware y Pte. Brooklyn. C.M. Aguilar Gómez.
Desde el ferry a Staten Island se ve la ciudad, la bahía y, de paso, la estatua de la libertad. Si luego uno siente la necesidad de volver a verla y subir a ella, que prepare presupuesto y tiempo para las habituales filas de espera. Para nosotros fueron suficientes las vistas desde el ferry. Además, tanto el río Hudson como en East River tienen su punto natural, las gaviotas de Delaware (Larus delawarensis). Desde Brooklyn también las vistas de Manhattan merecen la pena. En especial es una buena ocasión para ir allí a última hora de la tarde, cuando los edificios y los puentes empiezan a iluminarse. Es una imagen que el cine nos ha mostrado en numerosas ocasiones. Luego el regreso a pie por el puente también tiene su encanto.



En la cartelera del teatro Apollo. Foto: Iratxe González
Más al norte de Central Park se extiende el Harlem que hoy en día se puede visitar con total tranquilidad. Así hicimos varios días. Tenía ganas de conocer una de las mayores comunidades negras de Estados Unidos. En Nueva York las calles y avenidas se identifican por números, pero allí algunas suelen tener nombres de gente importante para la comunidad. Son nombres de músicos y defensores de los derechos civiles, como el boulevar Malcolm X o las calles Tito Puente y James Brown. El Harlem fue una coctelera de creatividad pero es, en cierto modo, un patrimonio inmaterial. Uno va allí y eso no se ve tan claro como si visitara un edificio o un museo, es otra cosa. Pero sí hay un sitio donde se puede palpar ese ambiente, es en el mítico teatro Apollo.



George Clinton y P-Funkadelic. C.M. Aguilar Gómez.
En el Apollo coincidimos con un concierto homenaje a Bob Marley al que acudieron los mismísimos Wailers. Estuvo genial. Toda la estancia en Nueva York fue muy musical, en Broadway un musical sobre el sello de soul Motown con temas de Los Temptations, Las Supremes, Jackson Five, Stevi Wonders...; en el Club Smalls jazz be bop; en la sala de B.B.King el rabioso funk de George Clinton y Parlament Funkadelic y en el Blue Note el jazz vocal de la italiana Roberta Gambarini con el cubano Paquito de Ribera que surgió espontáneo de entre el público y se tocó un par de temas con ella. Y para el último día misa en el Harlem. Ateo, creyente o agnóstico es algo que uno no puede perderse. Allí vimos al reverendo Marvin Moss con su pastor Kenneth Thornton "el ministro de la música" sentado al piano de cola, al Hamond, acompañado de batería y coros. Buen final para nuestra estancia en NY.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Nueva York 4 (2014) Un par de museos: historia natural y pueblos nativos

Montaje para la piel de un jirafa.

Nueva York tiene una amplia oferta cultural de museos, exposiciones y galerías de arte. Uno debe elegir entre aquello que más le interesa y centrarse, en especial, en lo que no puede ver en otros lugares. En invierno los museos son una buena opción para escapar del frío de las calles. Y el invierno en Nueva York puede ser muy muy duro... lo pudimos constatar algunos de los días ue pasamos por allí .

Señalaré aquí solo dos de los museos que nosotros visitamos, los que tienen más relación con los contenidos de este blog: el Museo Americano de Historia Natural, ubicado en Central Park, y el Museo del Indio Americano, cerca de Battery Park. El primero es  multitudinario y enorme. Si quieres hacer una visita completa a sus exposiciones necesitarás un montonazo de tiempo, así que cada uno elige entre lo que más le atrae de su oferta. El segundo es menos conocido, es gratuito y con exposiciones temporales mucho más abarcables.





Recreación de okapis en su hábitat. C.M. Aguilar Gómez.
En el museo de historia natural me interesaba la parte natural y etnográfica, aunque hay también secciones de paleontología, minerales y astronomía que no visité. Prefiero ver menos a pasar por salas y salas como un zombi. Hay que tener en cuenta que el museo cuenta con 46 salas de exposiciones permanentes. Entre ellas están las “añejas”, por así decirlo. El museo se creó a finales del siglo XIX y una parte del trabajo en la zoología de aquellos años consistía en recolectar cantidad de ejemplares por todo el mundo para estudiarlos y exponerlos. Hay salas temáticas que presentan montajes de diversos hábitats del mundo por continentes con buena parte de su fauna.



Ballena azul, zona de los océanos. C.M. Aguilar Gómez.
Las vitrinas exponen animales disecados y paisajes pintados de forma muy realista. Hoy en día ya no impactan como antes, pues los documentales nos han mostrado esos mismo animales en libertad.  En ese sentido tienen un punto kitch, de otro tiempo. Pero hay que poner esas exposiciones en su contexto y es entonces cuando se aprecia el esfuerzo que realizaron en aquellos primeros años del siglo XX. Montar las pieles traídas de las expediciones y que aquello quedara con aspecto natural, era un reto. Había que tener una muy buen idea de la anatomía de animales  poco conocidos. En la práctica había que esculpirlos de la forma más realista para montar luego las pieles de la mejor manera. Todo un arte.



Máscara de indios del Pacífico. C.M. Aguilar Gómez.
El resultado de las exposiciones, en ese contexto, es muy bueno. Para pintar los paisajes los dibujantes viajaron a los lugares originales para tener referencias reales. Hay veces que parece que estas viendo una foto, no una pintura. Además de esa parte “añeja”, el museo adopta formas más actuales en la dedicada a la diversidad marina. Destacan las recreaciones de cetáceos como una ballena azul a tamaño natural. Otra parte interesante son las colecciones etnográficas procedentes de culturas de los cinco continentes. También de los nativos americanos, algo que luego tendría ocasión de ver en el Museo del Indio Americano.
 


Cheyenne, Arapaho, Comanche y Kiowa El Capitolio.
Este segundo museo que comento por aquí se basa en exposiciones temporales y tiene un concepto algo distinto del anterior. Se trata de un museo que también sirve para dinamizar y poner en valor la contribución actual de las culturas nativas. De lo que había esos días me llamó la atención una exposición de fotografías de Horace Poolaw (1906–1984), un nativo Kiowa que comenzó a documentar a su gente a partir de los años 20.  Su trabajo coincidió con grandes cambios culturales tanto en la sociedad norteamericana como en la continuidad de la tradición entre los nativos. Es por ello que sus fotografías son un documento impagable. Son las imágenes de indios que todos conocemos pero en un contexto ya del siglo XX. Indios coexistiendo con la modernidad y con el resto de la sociedad norteamericana.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Nueva York 3 (2014) Central Park 2, ¿un lugar para ver aves?

Cardenal Cardinalis cardinalis. C.M. Aguilar Gómez.
En Central Park hay oportunidades para ver aves a lo largo de todo el año. 192 especies son vistas con frecuencia entre aves residentes, estivales,  invernantes y regulares en ambos pasos migratorios. Si sumamos las divagantes y accidentales el registro sube a 275 especies según cuentan los ornitólogos locales. No es poco para ser un parque urbano. Por ello no es de extrañar que la Sociedad Nacional Audubon declarara en 1998 a Central Park como un Área Importante para las Aves dentro del estado de Nueva York. Los días que estuve por allí pude ver muchas menos, pero la mayoría de especies no las había visto nunca. Una, llamativa por su colorido y estridente por su llamada, fue el arrendajo o chara azul (Cyanocitta cristata). Los ves enseguida.




Pato joyuyo Aix sponsa. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Pero la timidez de los cardenales norteños (Cardinalis cardinalis) resulta más atractiva. Para verlos es necesaria un poco de paciencia, aunque son residentes y pueden verse en cualquier época del año. Los estanques y lagos también albergan un buen número de acuáticas interesantes. Entre ellas el extravagante pato joyuyo (Aix sponsa). Tan habituados estamos a verlo en colecciones zoológicas que hay que recordar que allí sí son nativos. Otras acuáticas, igual de atractivas y comunes, eran el porrón albeola (Bucephala albeola) o la serreta capuchona (Lophodytes cucullatus). En general, la mayoría de las aves que se ven en el parque son más confiadas de lo que estamos acostumbrados y eso hizo que pudiera ver y fotografiar varios pícidos.


Chupasavia  Sphyrapicus varius. C.M. Aguilar Gómez.
Cuatro especies de pájaros carpinteros vi por allí. El precioso carpintero de Carolina (Melanerpes carolinas) con su llamativa cabeza roja; dos especies muy similares en su diseño,el pico pubescente (Picoides pubescens) y el pico velloso (Picoides villosus); y el chupasavia norteño (Sphyrapicus varius). Este último es una de los dos únicas especies de pícidos con comportamiento migratorio en Norteamérica. Antes de viajar a Nueva York estuve buscando algo de información de las aves que podía ver en la ciudad y encontré una curiosa historia, la de un busardo colirrojo (Buteo jamaicensis) con nombre propio, Pale Male, que emocionó a los habitantes de la ciudad.



Busardo colirrojo Buteo jamaicensis C.M. Aguilar Gómez
A ese busardo le dio por criar en un lujoso edificio de la Quinta Avenida y cuando los propietarios se plantearon eliminar el nido la respuesta no se hizo esperar, cientos de aficionados se movilizaron y lo impidieron, todo un ejemplo. Pale Male fue objeto de seguimiento y el orgullo de los neoyorkinos durante muchos años. Hay numerosos reportajes televisivos y hasta una película documental sobre aquel hecho “La leyenda de Pale Male”. Merece la pena ver alguno de ellos en youtube. No sabía cómo de habitual era ver esos busardos en Nueva York pero el caso es que el primer día en Central Park ya di con uno posado en un árbol. ¿Algún descendiente de Pale Male?... Quizás. 



Mapache (Procion lotor) dormido. C.M. Aguilar Gómez.
Comprobé también la sensibilidad que tienen los neoyorkinos por las aves mientras observaba al busardo. Al poco de verme con los prismáticos, un tipo que paseaba a su perro se interesó por lo que miraba. «Hawk, hawk like Pale Male», le dije al preguntarme, sabiendo que podía sonarle. Me relagó un  sonoro «Waaaooo» mientras abría exageradamente los ojos y sus cejas describían un amplio arco bajo su frente. No fue el único día que vi al busardo. Más me costó encontrar a los mapaches (Procion lotor). Así como las ardillas grises (Sciurus carolinensis) son diurnas y omnipresentes en el parque, los mapaches son nocturnos y esquivos. Solo el último día di con uno en lo alto de un árbol. Evidentemente, en esas horas diurnas estaba completamente dormido.

domingo, 30 de agosto de 2015

Nueva York 2 (2014) Central Park 1, una isla natural en la urbe

Central Park desde Rockefeller Cter. C.M. Aguilar Gómez
Contrariamente a lo que podemos pensar, Nueva York tiene muchos lugares donde ver aves. No son sitios con la naturaleza que vio Hudson hace 400 años, sin embargo hay parques y reservas en el área metropolitana que merecen la pena. La situación geográfica de la ciudad favorece que haya una gran diversidad de aves. Mi experiencia naturalista apenas pasó de Central Park pero si se tiene interés y tiempo, hay muchas zonas atractivas según la época. Un lugar donde hallar pistas para ello es el artículo de Manuel Quintana “Donde y cuándo ver aves en la ciudad de Nueva York” (Rev Quercus 243, Mayo 2006) cuyos contenidos también están en varias entradas de su blog personal "Aves en azul y verde"




The Lake, Central Park. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Central Park es un lugar curioso. Aparece como un oasis en medio de una de las “junglas” urbanas más densas que existen, la de Manhattan. Allí se extiende un parque rectangular de cuatro kilómetros de largo por uno de ancho. Cuentan que fue el primer parque urbano de los Estados Unidos, un espacio concebido por la gente rica de la ciudad a mediados del siglo XIX. La historiadora Sarah Waxma señala que tenía un propósito: refutar la visión europea de que el joven país carecía del sentido cívico y aprecio por la cultura elegante, así que imaginaron un majestuoso paisaje pastoril. En aquel lugar los ricos podrían ser vistos y los pobres tendrían un lugar de recreo.




Iratxe en Great Hill, Central Park C.M. Aguilar Gómez
Inaugurado en 1873, el parque se creó fiel a la tradición inglesa del paisaje romántico. Senderos sinuosos, puentes, arroyos y varios lagos con las capas de tierra de las antiguas zonas húmedas del lugar. El parque es el pulmón verde de la ciudad, el jardín de muchos, un lugar de recreo familiar y un sitio donde practicar béisbol, tenis, atletismo y otros deportes. También un mirador desde el que recrearse viendo los rascacielos tras un enorme estanque. Central Park mezcla gentes de diferentes condiciones sociales, raciales e intereses. En eso es un acierto. Y, para mi sorpresa, un lugar con ese uso social es mantenido con aportaciones de filántropos y particulares.




Senderos en noviembre Central Park C.M. Aguilar Gómez
Lo público en EE.UU. es raquítico comparado con la noción europea. Hoy en día, el 70 % del dinero de la gestión del parque es de aportación privada. Hace unas décadas la gestión mixta rescató al parque del casi abandono al que llegó por los escasos presupuestos municipales dedicados para su mantenimiento. Un detalle en este sentido es que casi todos los bancos del parque son donaciones de ciudadanos. A cambio los mecenas pueden poner una placa con dedicatoria. Merece la pena detenerse un rato a leer algunos de los cientos de mensajes, declaraciones de amor, homenajes póstumos o cualquier otra cosa que hayan querido reflejar en ellas.




Ardilla Sciurus carolinensis. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
En el sector norte se encuentra la gran colina (Great Hill) la zona que más me gustó del parque. Y a no más de 100 metros nuestro albergue en la Avenida Duke Ellington (¡qué gran nombre para una calle!). Todas las mañanas visitábamos esa zona a primera hora y, siendo noviembre, aún quedaban parte del color de otoño. La gran colina tiene caminos sinuosos y arbolado asilvestrado sobre una colina rocosa con el aspecto de un auténtico bosque. Es más, dejan a propósito madera muerta para incrementar la diversidad del parque. En pocos sitios he visto un tratamiento así en la jardinería. No es de extrañar que el parque sea tan bueno para ver fauna.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Nueva York 1 (2014) De paraíso natural a jungla urbana

Fotomontaje de Manhattan natural versus urbanizada.
Nueva York es la metrópolis por excelencia, la “capital” financiera y cultural del mundo globalizado.  A priori, difícilmente asociamos su nombre a lo natural, sin embargo no siempre fue como ahora la vemos los turistas. Esa imagen hiperurbana no tiene tanto tiempo. En 2009 una exposición en el Museo de la ciudad de Nueva York de Eric W. Sanderson rastreó los cambios ocurridos en los últimos 400 años en Manhattan y descubrió cómo fue la isla antes de la fundación de la ciudad en 1626.  El “juego” de la exposición consistía en reconstruir el paisaje de la isla tal y como lo encontró el marino Henry Hudson y compararlo con el que vemos hoy en día. El contraste es brutal. Muchas de esas imágenes pueden verse en el libro de la exposición "Mannahatta: A Natural History of New York City". 





Ilustración de oso negro John J. Audubon, s.XIX
En 1609 Hudson buscaba un paso hacia China por las costas del norte de América. No lo halló. En su búsqueda, y tras penetrar por una abrigada bahía, encontró una isla cubierta de densos bosques, humedales, arroyos y una abundante vida natural. Dicen que más rica que cualquiera de los actuales parques nacionales de Estados Unidos. Osos, castores, pumas, visones y nutrias en sus tierras, ballenas y focas en las aguas de la bahía. Y aves, muchas aves, un lugar con buena situación en las rutas migratorias. En 1649 el gobernador de la ciudad hablaba de langostas de casi dos metros en las aguas cercanas. Según la exposición había en la zona 627 especies de plantas, 85 de peces, 32 de reptiles y anfibios, 233 de aves y 24 de mamíferos. 



Espacios naturales en verde de Nueva York.
Aquel paraíso natural era Mannahatta, la “isla de muchas colinas” como la llamaban los indios Lenape. La mayoría de aquellas colinas fueron eliminadas al allanar el terreno para las actuales calles y avenidas trazadas a escuadra y cartabón. Sin embargo, en algunos parques de la ciudad, aún se pueden ver esas colinas. Es el caso de Central Park. Es más, algunos parques tuvieron su origen en la dificultad para allanar las colinas de roca, es el caso de Marcus Garvey Park en el Harlem.

El paisaje natural de la isla había proporcionado todo lo que los nativos necesitaron durante 400 generaciones antes de la llegada de Hudson. En autosuficiencia. Caza, pesca, frutos silvestres y campos ganados al bosque con ayuda del fuego para el cultivo de maíz, legumbres y calabazas. Entre los asentamientos nativos de la isla estaban unos terrenos en lo que hoy ocupa el barrio de Chinatown






Manhattan desde Rockefeller Center. C.M. Aguilar Gómez
En pocos lugares como en Manhattan el cambio de lo natural a lo urbano ha sido tan radical y en un lapso tan reducido de tiempo. Apenas unos siglos. En la actualidad la ciudad es un crisol de culturas urbanas con comunidades venidas de todos los rincones de mundo. Nueva York no es un lugar para buscar esa naturaleza original de Norteamérica, pero hoy en día la ciudad cuenta con un buen número de parques y áreas silvestres protegidas donde disfrutar de especies, especialmente aves. Para un recién llegado a esas latitudes de América, como yo, casi todas son novedad. Así, no es que uno vaya a Nueva York buscando naturaleza, pero si se busca, tampoco es una mala ocasión para intercalar entre otras actividades urbanas.



Viviendas e iglesia en el Harlem. C.M. Aguilar Gómez.
El pasado otoño Iratxe y yo pasamos 9 días en la ciudad. Fue la vida habitual de turista con presupuesto ajustado, conocer barrios, andar mucha calle y elegir bien entre la amplia oferta cultural de exposiciones, edificios, museos y conciertos que más le interesan a uno. Era mi primera vez visitando Estados Unidos, todo novedad pero a la vez tantas referencias previas de Nueva York. Para compensar la sobredosis urbana, todas las mañanas hacíamos un paseo por Central Park, un muy buen sitio para ver aves. Y por las noches música, toda la música posible… otro de mis intereses en la ciudad, jazz, soul, funk, blues, gospel y reggae, músicas negras de la diáspora africana con parte de su epicentro en el Harlem.

sábado, 1 de agosto de 2015

En la estela de Orellana (Libro)

En la estela de Orellana
Vital Alsar
José María Muñiz Editor
ISBN: 84-609-7004-3


Hay historias poco divulgadas que uno descubre completamente por azar. Ha sido el caso de los viajes del navegante Vital Alsar, un santanderino hoy octogenario que ha residido la mayor parte de su vida en México. Hace unos meses, visitando Santander, vi en un parque de la península de La Magdalena unos pequeños galeotes y la reproducción de una balsa de troncos expuestos al aire libre. Según decían los carteles, con aquellos galeotes se había descendido el Amazonas y llegado luego por mar hasta Santander. Con la balsa original se había hecho la travesía marina de Guayaquil en Ecuador a Australia. Todo era obra de Vital Alsar. Ambos viajes están reflejados en dos libros del autor.




Galeote en el Atlántico. Foto del libro.
El que hoy comento aquí es el libro del descenso por el Amazonas con aquellos galeotes. Vital trató de emular el viaje de Francisco de Orellana, que fue el primero en dar a conocer en Europa la existencia del enorme río sudamericano. Vital y su gente atravesaron Los Andes hasta la cabecera del Amazonas donde construyeron en la propia orilla los tres galeotes que se pueden ver en Santander. Con ellos descendieron hasta la desembocadura en Belén de Pará y, un año después, atravesaron el Atlántico hasta el puerto de Santander.

Un viaje con muchas dificultades. Sorprendentemente las mayores complicaciones fueron burocráticas ya que les impidieron durante un año mover los barcos del puerto brasileño del final de río. Pero este no ha sido el único viaje singular de este cántabro, en total seis grandes expediciones marinas, la primera en 1966 cuando se echó al océano Pacífico con una balsa de troncos al estilo del noruego Thor Eyerdhal y su famosa balsa Kon-Tiki.  



Réplica de balsa en Santander. C.M. Aguilar Gómez.
En aquella ocasión, Vital y su tripulación naufragaron tras 5 meses de navegación. Pero lo intentaron de nuevo cuatro años más tarde. En esa ocasión consiguieron llegar a Mooloolaba en Australia, su objetivo. Para los que dijeron que solo fue un golpe de suerte, en 1973 repitió el viaje oceánico con tres balsas y nuevamente con éxito. Luego vino el viaje de los galeotes por el Amazonas, y después Vital volvió a cruzar el Atlántico de México a Santoña para homenajear a Juan de la Cosa, el marino que dejó el primer mapa colonial de Sudamérica. En 2009 volvió a cruzar el Atlántico desde Cozumel a Atenas en un trimarán. El pasado septiembre de 2014 fue homenajeado en su ciudad natal, Santander, por toda su trayectoria marinera. Noticias que apenas son divulgadas, libros que caen en el olvido.


miércoles, 22 de julio de 2015

Dolinas de Grávalos… ¡tierra trágame!

Colapso de dolina 2015. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Esta primavera he visitado un curioso lugar en la geografía riojana intrigante a más no poder. Un lugar donde la tierra se hunde cada poco tragándose una porción de terreno. Bueno, exagero un poco, no se hunde todos los días pero es un fenómeno que, a su ritmo, seguirá creando sorprendentes agujeros en la zona como si el suelo fuera un gigantesco queso grouyere. Sucede en las llamadas dolinas de colapso de Grávalos. Se trata de curiosas formaciones geomorfológicas que pueden aparecer casi de un día para otro. En realidad el proceso es lento, a ritmo geológico, pero el colapso en la capa de superficie puede aparecer de forma repentina.





Descenso a una de las dolinas 2004. Foto: Artículo.
En Grávalos las dolinas de colapso se originan sobre depósitos de tierra y cantos rodados de origen cuaternario, geológicamente terrazas aluviales y glacis. Esos depósitos cuaternarios de materiales sueltos ocultan estratos de rocas carbonatadas que son los que en realidad experimentan la karstificación (disolución de la roca por el agua) que da lugar a las dolinas. En el año 2006 un artículo en la revista Zubía del Instituto de Estudios Riojanos describió el fenómeno y desde que lo leí tenía ganas de visitar aquellos extraños agujeros.





Interior, 2004. Foto: Artículo
Los investigadores del artículo describieron no solo las dolinas actuales también compararon las fotografías aéreas de 1956 con las del año 2001 y constataron la naturaleza dinámica de estas formación.  Una dinámica que pude comprobar al ver el cambio de forma en los casi 11 años transcurridos de las fotos originales del artículo. El que tenga curiosidad puede consultar la explicación detallada de tan singular fenómeno en artículo original. No tiene desperdicio.

Dolinas de subsidencia y de colapso en el karst carbonatado-aluvial de Grávalos (La Rioja). Origen y evolución.

jueves, 2 de julio de 2015

Buscando el Sur (Libro)

Buscando el Sur
Román Morales García
Ediciones La Palma, 2007. 3ª Edición.
ISBN: 978-84-87417-52-3


No me atraen los libros desmesurados, esos de cientos de páginas que últimamente las editoriales se empeñan en ofrecernos. La calidad no está relacionada con el número de páginas y, a mi modo de ver, quien no sabe resumir no saber escribir. Así, mis libros de cabecera suelen ser libros mínimos como El viejo y el mar de Ernest Hemingway o El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Pero algunas veces hago una excepción… el viaje del canario Román Morales es una de ellas. Tres años y medio a pie desde las costas del Caribe colombiano hasta Tierra de Fuego en el Chile austral es difícil de resumir.  Es por ello que sacó un libro enorme, con casi 600 páginas y abigarrado texto, pero merece la pena.



Fiesta ritual con los comuneros de Tahua, Bolivia
El viaje que describe lo realizó a finales de los años ochenta. Entonces Román contaba con 24 años y una energía desbordante por conocer y empaparse de los paisajes de Sudamérica, pero sobretodo de su humanidad. Y es que eso es en realidad lo que le mueve a perseverar en el camino durante tanto tiempo. El viaje toma la cordillera de Los Andes, de norte a sur, como eje vertebrador, pero él no es un montañero, un deportista o un aventurero al uso, lo suyo es un caminar existencial, de poeta, enamorado de la libertad que se siente al moverse a pie sin fechas, ni horarios.




Preparando una tortilla de rescoldo en Patagonia.
Por las páginas vemos pasar paisajes y gentes de la Sierra de Santa Marta en Colombia, los indios arwacos, las selvas del Choco y los descendientes africanos o los indígenas de los altos páramos de Ecuador. El Perú de aquellos años sufría el terrorismo maoísta de Sendero Luminoso, así que era suicida caminar por allí como ya había comprobado en varias malas experiencias anteriores con los militares. Para evitarlo se internó en el desierto costero peruano, aunque ello no le impidió acercarse a la Cordillera Blanca con sus nevados o al cañón del Colca en Arequipa. Después vendrían el altiplano y los salares de Bolivia, las sierras pampeanas de Argentina, los bosques lluviosos de Chile y al final,  el Sur del Sur, la Tierra de Fuego. Un libro para dejarse llevar por el encanto de un continente bajo los pies de un caminante.

sábado, 20 de junio de 2015

Brasil 15 (2014) Fauna observada 2

AVES

AVIONES Y GOLONDRINAS (Hirundinidae)
Sinsonte tropical (Mimus gilvus) C.M. Aguilar Gómez.
-Golondrina aliblanca (Tachycineta albiventer)

CHOCHINES (Troglodytidae)
-Chochín austral (Troglodytes aedon)
-Cucarachero bigotudo brasileño (Thryothorus genibarbis)


SINSONTES (Mimidae)
-Sinsonte tropical (Mimus gilvus)
-Sinsonte calandria (Mimus saturninus)


TÚRDIDOS (Turdidae)
-Zorzal sabiá (Turdus leucomelas)
-Zorzal colorado (Turdus rufiventris)



PERLITAS (Polioptilidae)
-Perlita tropical (Polioptila plumbea)
Platanero (Coereba flaveola). C.M. Aguilar Gómez.

TANGARAS (Thraupidae)
-Tangara isabel (Tangara cayana)
-Tangara palmera (Thraupis palmarum)
-Tangara sayaca (Thraupis sayaca)
-Tangara canela (Schistochlamys ruficapillus)
-Tangara encapuchada (Nemosia pileata)
-Tangara negra (Tachyphonus rufus)
-Dacnis azul (Dacnis cayana)
-Platanero (Coereba flaveola)


CÓRVIDOS (Corvidae)   
-Chara nuquiblanca (Cyanocorax cyanopogon)


GORRIONES (Passeridae)  
-Gorrión común (Passer domesticus)

Embernagra longicauda. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
ESCRIBANOS (Emberizidae)
-Chingolo común    (Zonotrichia capensis)
-Coludo gorjipálido (Embernagra longicauda)
-Cardenilla dominica (Paroaria dominicana)


VIREOS (Vireonidae)
-Vireón cejirrufo (Cyclarhis gujanensis)


ICTERIDOS (Icteridae)   
-Turpial boyerito (Icterus cayanensis)
-Turpial brasileño (Icterus jamacaii)



MAMÍFEROS
 

MARSUPIALES (Zarigüeyas)    
Chironius flavolineatu. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
-Zarigüeya (Didelphys sp)

PRIMATES  
-Tití común (Callithrix jacchus)


CETÁCEOS
-Yubarta (Megaptera novaeangliae)



REPTILES
-Iguana verde (Iguana iguana)
-Salamanquesa (Hemidactylus sp)
-Lagarto (Tropidurus sp)
-Boa (Boa constrictor)
-Culebra espada (Chironius flavolineatus)

jueves, 18 de junio de 2015

Brasil 14 (2014) Fauna observada 1

A continuación dejo una lista de especies vistas, son las que yo encontré comunes en los jardines de alojamientos, poblaciones, reservas y en las localidades indicadas en las anteriores de entradas. Como siempre, hay aves que ves y no hay manera de asignarlas a una especie con cierta seguridad, por inexperiencia o por la dificultad del grupo, es el caso de los trepatroncos (Familia Dendrocolaptidae), los hormigueros (Familia Thamnophilidae) y, en muchas ocasiones, también los variables colibríes. Esas y otras observaciones a las que tan solo logras asignar la familia, pero no un género, no se incluyen en este listado.

AVES

Garcita verdosa (Butorides striatus) C.M. Aguilar Gómez.
FRAGATAS (Fregatidae)   
-Rabihorcado magnífico (Fregata magnificens)


GARZAS (Ardeidae)
-Garceta grande (Egretta alba)
-Garcita verdosa (Butorides striatus)


CATÁRTIDOS (Cathartidae)
-Aura gallipavo (Cathartes aura)
-Aura sabanera (Cathartes burrovianus)
-Zopilote negro (Coragyps atratus)





RAPACES (Accipitridae, Falconidae)
-Busardo caminero (Buteo magnirostris)
-Caracara carancho (Polyborus plancus)
-Caracara chimachima (Milvago chimachima)

Charadrius semipalmatus. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
-Cernícalo americano (Falco sparverius)

JACANAS (Jacanidae)
-Jacana sudamericana (Jacana spinosa)


LIMÍCOLAS (Scolopacidae, Charidriidae)
-Avefría tero (Vanellus chilensis)
-Vuelvepiedras común (Arenaria interpres)
-Chorlitejo semipalmeado (Charadrius semipalmatus)


TÓRTOLAS Y PALOMAS (Columbidae)
-Columbina colorada (Columbina talpacoti)
-Tortolita escamosa (Columba squammata)
-Paloma doméstica (Columba livia)
-Paloma Montaraz común (Leptotila verreauxi)


LOROS (Psittacidae)
Calliphlox amethystina. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
-Aratinga cactácea (Aratinga cactorum)
-Aratinga frentidorada (Aratinga aurea)


CUCOS (Cuculidae)
-Garrapatero aní (Crotophaga ani)
-Cuco-ardilla común (Piaya cayana)


VENCEJOS (Apodidae)   
-Vencejo de tormenta (Chaetura meridionalis)


COLIBRÍES (Trochilidae)
-Esmeralda ventridorada (Chlorostilbon aureoventris)
-Colibrí amatista (Calliphlox amethystina)


MARTINES PESCADORES (Alcedinidae)
-Martín gigante neotropical (Megaceryle torquata)


Tyrannus melancholicus. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
JACAMAR (Galbulidae)
-Jacamará colirrufo (Galbula ruficauda)


PÍCIDOS (Picidae)
-Picamaderos listado (Dryocopus lineatus)
-Carpintero real (Colaptes melanochloros)


HORNEROS (Furnariidae)
-Hornero común (Furnarius rufus)


TIRÁNIDOS (Tirannidae)
-Bienteveo pitanguá (Megarynchus pitangua)
-Bienteveo común (Pitangus sulphuratus)
-Tirano melancólico (Tyrannus melancholicus)
-Viudita aterciopelada (Knipolegus nigerrimus)
-Viudita enmascarada (Fluvicola nengeta)
-Fiofío (Elaenia sp)


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