viernes, 25 de abril de 2014

Sin noticias del lirón gris (Glis glis) en La Rioja 1

Ilustración Glis glis Iñaki Zorraquín. 2002
Con un título así, ya he destripado el final de estas dos entradas, pero a veces lo importante no es como acaban las cosas sino como se desarrollan. Como de los "fracasos" también se aprende, ahí va la historia. Hace ya un año, en la primavera de 2013, me picó la curiosidad de conocer algo más de la situación del lirón gris (Glis glis) en La Rioja. La especie tiene en la península Ibérica una distribución eurosiberiana y, a modo de “isla”, extiende su presencia hasta el Sistema Ibérico occidental (Sierra de La Demanda, Cameros y Cebollera). En estas montañas ha sido citada en 10 cuadrículas UTM 10x10 Km. Dado que en esa zona la cobertura forestal se ha ampliado en las últimas décadas, en La Rioja está extendida la idea de que  es una especie común en los hayedos y bosques más húmedos de la Sierra. No digo que no sea así, pero para saber algo más me puse a revisar las citas que daban base esas 10 cuadrículas. 






Distribución Glis glis en España. Atlas SECEM
Encontré que en las publicaciones donde se reseñaba la especie (AGUIRRE et al 1991, CAMIÑA 1992, CASTIÉN 2007, CASTROVIEJO et al 1974, CEÑA 1996, MEIJIDE et al 1996) los datos eran de hace varias décadas, muchas con poca precisión sobre su origen y a menudo, una tras otra, volvían a citar los mismos datos con pocas novedades. Comprobé que el total de citas para esas 10 cuadrículas era poco mayor que una decena. Con tan pobre información creo que se trata de una de las especies de mamíferos peor conocidas de La Rioja. Uno de los problemas de su muestreo es que apenas aparece en la dieta la lechuza y por tanto no se detecta en sus egagrópilas. 





Bosques de La Rioja y cuadrícula  seleccionada
Los bosques umbríos donde habita no son lugares de caza de las lechuzas y, como la gran mayoría de los atlas de distribución de micromamíferos se hacen en base a sus egagrópilas, el lirón gris raramene se detecta. Sí podría detectarse en egagrópilas de cárabo pero, esas aves rara vez dejan grandes acumulaciones, ni estas son tan predecibles como las de lechuzas. Para salir de dudas y aprender algo de su distribución, decidí hacer una prueba a lo largo del 2013. Preparé un muestreo no invasivo con trampas de pelo en una cuadrícula UTM 10x1o km que conozco bien en el límite occidental de La Rioja. Sí, vale... lo reconozco, era la cuadrícula de mi pueblo, Quintanar de Rioja, así que los fines de semana que subiera por allí ya tenía un “quehacer”. 




 
Hayedos y rebollares caracteristicos de la zona. C.A.
Quería conocer la efectividad del uso de trampas de pelo para detectar la especie y, en su caso, poder usar esta metodología para un ámbito geográfico más amplio. La cuadrícula VM99 alberga amplias masas de frondosas con hayas (Fagus sylvatica) y robles (Quercus pyrenaica) en sierras de relieves suaves en torno a los 1000 metros de altitud. Por un tema de permisos me centré en el territorio de La Rioja en los términos municipales de Villarta-Quintana y Ojacastro. Empecé poniendo unas pocas trampas de pelo, pero poco a poco fui liándome. Al final me pasé 6 meses de seguimiento (abril-octubre de 2013), casi todo el periodo que permanecen despiertos los lirones.




Método de muestreo para capturas pelos de lirón.
Dentro de la cuadrícula seleccioné 10 estaciones de muestreo en lugares a priori favorables para la especie: hayas y robles viejos y/o trasmochados, proximidad de corrales de piedra, avellanos (Corylus avellana), maguillos (Malus sylvestris)... y accesibles en vehículo, debido al uso de la escalera. Cada estación contó con 5 trampas de pelo hechas con tubos de plástico de 10-15 cm de longitud y 5 cm de luz. En el interior del tubo una cinta adhesiva de doble cara permitió la colecta de pelos de micromamíferos al paso. Las 5 trampas de cada estación se distanciaron 10-20 m unas de otras, se atornillaron en troncos viejos a una altura 2-3 m y se cebaron con una mezcla de mantequilla y frutos secos dentro del tubo. Cada una de las 10 estaciones se mantuvo entre 2 y 3 meses dentro del periodo de muestreo y se revisaron cada 15-20 días con lo que cada estación tuvo 4 revisiones. En cada revisión se cambiaron las trampas, fueran usadas o no, por unas nuevas con cebo y cinta adhesiva recién colocada. La identificación de los pelos al microscopio y su asignación a una especie se hizo de acuerdo a lo indicado en TEERINK 1991.


Bibliografía:
-AGUIRRE MENDI, P.T. y ZALDíVAR EZQUERRO, C. (1991). Contribución al atlas mastozoológico de la comunidad autónoma de La Rioja. Zubía 9: 65-88.
-CAMIÑA, A. (1992). Contribución al atlas de mamíferos de La Rioja: el Alto Najerilla. Ecología 6: 151-160.
-CASTIÉN, E. (2007). Lirón gris Glis glis Linnaeus, 1766 en: PALOMO, L.J.; GISBERT J.; BLANCO, J.C. (eds.) Atlas y libro rojo de los mamíferos terrestres de España. Madrid. Dirección General de Conservación de la Naturaleza-SECEM-SECEMU: 388-391.
-CASTROVIEJO, J. y PALACIOS, F. (1974). Sobre el lirón gris en España. Doñana Acta Vertebra 1: 121-142
-CEÑA MARTÍNEZ, A. (1996). Lirón gris Glis glis en : CEÑA MARTÍNEZ, A; CEÑA MARTÍNEZ, J.A.; MOYA MALLAFRÉ,I. Fauna de La Rioja. Vol I Logroño. Fundación Cajarioja: 266-271.
-MEIJIDE CALVO, M.; MEIJIDE FUENTES, F.; CLAVEL PARDO, F.; GARCÍA ASENSIO, J.M. (1996). Atlas preliminar de los mamíferos de Soria (España). Doñana Acta Vertebra 23 (2): 253-281.
-TEERINK, B.J. (1991). Hair of West-european Mammals. Atlas and identification key. Cambridge University Press. Cambridge: 1-224.

sábado, 19 de abril de 2014

Acali (Libro)

Acali
Santiago Genovés
Editorial Planeta
ISBN: 84-320-2804-5


En 1973, el antropólogo Santiago Genovés emprendió un experimento para estudiar el comportamiento de un grupo humano en condiciones de aislamiento y conocer más sobre el origen de los conflictos. Para ello se embarcó con otros 10 tripulantes en una balsa en el océano atlántico y transitó, a la deriva, por la corriente del golfo de Las Palmas a México. Para que luego nos vengan "descubriendo la pólvora” con los reality show de “Gran Hermano”. En su momento fue una aventura muy conocida y de ella deriva este libro, solo que con el tiempo se pierde la memoria y gestas tan curiosas quedan en el olvido y en las hemerotecas. Genovés, español de nacimiento pero exiliado en México tras la guerra civil española, había hecho ese viaje ya en dos ocasiones.




Aquellas otras veces fue en sendas balsas de papiro, la Ra I y la Ra II, junto al explorador noruego Thor Heyerdahl conocido por la expedición en la balsa de troncos Konti-Ki  con la que se desplazó del Perú a la Polinesia. Thor Heyerdahl, en su perfil humanista, incluyó en esas expediciones tripulantes de diferentes nacionalidades para probar que el entendimiento entre gentes distintas era posible. Thor acababa de vivir el drama de la Segunda Guerra Mundial. Santiago Genovés, como antropólogo, vio que planificando mejor el viaje bien podía ser un interesante experimento social.
Juntó en la balsa gente de diferentes nacionalidades, razas, sexos y religiones, personas normales, casadas, con hijos, nada de aventureros o marineros. Entre ellos había hasta un cura. Diseñó tests, dinámicas, observó y anotó todo lo posible. Se trataba de arrojar luz sobre las relaciones humanas y conocer las fuentes del conflicto para favorecer la convivencia en un mundo diverso. Un mundo con gente como la que iba en la balsa Acali. Una experiencia singular con ballenas, peces voladores, tiburones y tormentas como telón de fondo en los 101 días que duró la travesía del Atlántico y el Caribe.

viernes, 11 de abril de 2014

Transiberiano 11 (2013): SemiGobi, una muestra del gran desierto


Camello doméstico en estepas arbustivas. C. Aguilar
La última parada en el breve recorrido por Mongolia central fue en el SemiGobi. Con tan pocos días en el país era imposible que pudiéramos bajar a ver el auténtico desierto del Gobi. En su defecto hicimos una parada con una noche en lo que daban en llamar SemiGobi. Allí montamos camellos, una experiencia que si me la llego a ahorrar hubiera estado mucho mejor, pero no era cuestión de defraudar a nuestros anfitriones. Nada que ver con montar caballos. Los camellos son unos animales malhumorados, comidos por las moscas y con poca empatía con los jinetes. Hay que decir que allí lo que se monta es la forma doméstica de los camellos de dos jorobas, los bactrianos, originarios del Asia Central.



Cordón dunar, lagunas y ansares indios. Foto: C. A.
Estamos acostumbrados a llamar çacamellos a los animales del Sáhara cuando en realidad son dromedarios (Camelus dromedarios) con origen en la península arábiga y una sola joroba. En la descripción de la forma salvaje de camellos bactrianos (Camelus ferus) también estuvo involucrado el explorador ruso Nikolai Przewalski, al igual que con los caballos. Aun hoy parece haber cierta controversia sobre si la forma domestica y la salvaje son o no la misma especie. En cualquier caso los ejemplares salvajes son hoy en día una especie en peligro crítico de extinción según la UICN. Al parecer no quedan más de unos pocos centenares en el suroeste de Mongolia y alguno más en estepas y desiertos de China.



Moles de granito sobre la estepa árida. C. Aguilar
El SemiGobi que visitamos era en realidad una zona de estepas áridas. Una región con arbustos dispersos, suelos arenosos y uno de los primeros cordones dunares que se pueden ver hacia el sur. Dunas a modo de erg pero de no mucha extensión y aisladas. Junto a las dunas pude ver un pequeño arroyo que daba lugar una laguna paralela a la arena. Me escapé un rato del campamento donde nos alojábamos y le pude dar un vistazo rápido. Por allí había aves comunes como el fumarel aliblanco (Chlidonias leucopterus), el charrán cómun (Sterna hirundo), la aguja colinegra (Limosa limosa) o el porrón moñudo (Aythya filifula).




Perdiz dáurica (Perdix dauurica). César Mª Aguilar
También otras más atractivas como el porrón osculado (Bucephala clangula) o el ansar indio (Anser indicus), una especie que no imagina ver por allí. Fue una sorpresa ver un buen número de esos esbeltos ansares con sus polladas. Otro lugar singular fueron unas pequeñas rocas a las que nos escapamos a primera hora de la mañana. El sitio era muy distinto a todo lo visto en Mongolia, bolos graníticos rosados sobre la llanura con una vegetación en plena floración. La luz del mañana y las vistas desde allí arriba eran preciosas, pero el madrugón tuvo además otra recompensa. Perdices dáuricas (Perdix dauurica), unas aves casi iguales que nuestra perdiz pardilla. Un bonito colofón para el último día del viaje antes de regresar a España en avión.

sábado, 5 de abril de 2014

Transiberiano 10 (2013) Valle de Orkhon, pastos y bosques de alerces

Bosques de alerces "podados". César Mª Aguilar
El valle del río Orkhon está reconocido con la figura de paisaje cultural entre los lugares patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El fondo del valle son extensos pastizales y hacia las colinas pueden verse bosques de alerces. Hay cierta presión en las partes bajas de esos bosques, ya que en la zona pastoreada no hay madera disponible y el fuego es importante para los nómadas, aunque usan mayoritariamente excrementos secos como combustible. Aun así, en las zonas altas se mantienen extensas formaciones de alerces. Una parte del valle tiene la consideración de parque nacional, aunque no hay un lugar de acceso claro como en el Hustai a donde fuimos para ver los caballos de Przewalski.



A caballo por la estepa. Foto: Iratxe González
Sin señales del espacio protegido, ni carteles, tampoco tienes claros los límites de ese parque, Mongolia es Mongolia. Los monasterios de Karakorum y Tuvkhen, a los que ya me he referido en una entrada anterior, se encuentran en el entorno de ese valle. La zona también es importante por otros vestigios arqueológicos como tumbas antiguas o rústicas estelas de piedra que se hallan en mitad de los pastos. En el valle de Orkhon pasamos un par de días, conociendo aquel paisaje, alojados en gers y aprendiendo a montar a caballo. Tengo que decir que era la primera vez que yo montaba a caballo y en realidad no tenía ni poca ni mucha ilusión.





Cascada valle río Orkhon. Foto: César Mª Aguilar
Lo de no poder llevar los prismáticos a mano en el caballo, no se, parece que algo me iba a perder por allí. Pero lo cierto es que enseguida me hice al animal, un precioso ejemplar con una coloración bien parecida a los auténticos caballos de Przewalski que habíamos visto en Hustai. Y es que de algún sitio vienen esos caballos domesticados. La verdad es que disfruté un montón de la experiencia. Los caballos mongoles son de patas cortas así que si te caes, crees que lo harás de poca altura y eso da más confianza. El animal y yo nos hicimos enseguida y al cabo de un rato ya estaba al galope por la estepa… nunca me hubiera imaginado así. A lo largo del recorrido a caballo encontré que las aves se confíaban bastante más que al ir a pie.




Buho real (Bubo bubo). Foto: César Mª Aguilar
Al cabo de un rato al trote, ya estaba llevando el caballo hacia donde veía aves, sabiendo que así aguantarían la cercanía. Por los pastizales pude disfrutar aproximándome a grullas damiselas (Antropoides virgo), tarros canelas (Tadorna ferruginea) y hasta a la única alondra cornuda (Eremophila alpestris) que ví por allí. Cada poco,el guía mongol me tenía que llamar la atención, ya que tras las aves había encontrado una utilidad al caballo y me despistaba con una facilidad tremenda. Eso sí, montar a caballo una y no más. Después de varias horas por la estepa tenía el culo literalmente destruido… nos propusieron hacer otro recorrido a la tarde, pero declinamos y nos fuimos a recuperarnos a unas cascadas cercanas. 



Collalba pía (Oenanthe pleschanka). C. Aguilar
Más llevadero fueron los paseos al amanecer. Por allí pude ver aves como la preciosa calandria mongola (Melanocorypha mongolica) o la collalba pía (Oenanthe pleschanka). Tula, el conductor del vehículo, pronto se percató de mi interés y, aunque no nos entendíamos en ningún idioma común, gracias a él di con algunas aves, entre ellas un buho real (Bubo bubo) que vio en unas peñas mientras conducía. Otra rapaz nocturna, o más bien diurna en aquel caso, era el buho campestre (Asio flammeus) que pude ver en buen número cazando en unos campos irrigados junto a los monasterios de Karakorum.


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