sábado, 8 de julio de 2017

Nueva Zelanda 13 (2016) Fiorland: Milford Sound

Barcos en el fiordo Milford. Foto: César Mª Aguilar.
Milford es el mayor fiordo del Parque Nacional Fiorland y también el más accesible. Los demás fiordos apenas reciben visitas ya que su acceso excede la logística de un turista. A diferencia de otras regiones con fiordos en el mundo, esta de Nueva Zelanda apenas está habitada. Ahí radica parte de su encanto.

El embarque para visitar el fiordo se hace en el puerto de Milford Sound, desde el que salen numerosos ferrys a recorren sus 16 kilómetros en un decorado de dimensiones XXL. No eres consciente de su tamaño hasta que ves otros barcos en ese escenario. Tu barco, entonces, es del tamaño de una hormiga en el paisaje.



Cascada en el fiordo Mildford. César Mª Aguilar.
Las aguas del fiordo muestran una calma excepcional. Esto es poco habitual en esta costa y puedes ver la diferencia cuando el barco llega al encuentro con el mar de Tasmania. Allí el fuerte oleaje y el viento te baten sin piedad.

Las montañas circundantes presentan neveros glaciares y ríos que desaguan enormes caudales al fiordo. Abundan las cascadas y sus aguas se precipitan por valles colgados que modeló el hielo de los glaciares. Dicen que cuando llueve, como aquí acostumbra, el agua rezuma por todas las paredes. Entonces, torrentes temporales surgen por momentos de cualquier sitio y se suman, desbocados, a una orgía de agua en caída libre que recorre todo el fiordo.



Lobos marinos (Arctocephalus forsteri). C. Aguilar.
En el fiordo se pueden ver lobos marinos (Arctocephalus forsteri), una especie que hoy en día es abundante pero que pasó un periodo crítico por la sobrecaza. Y también observamos dos especies de cormoranes, el cormorán pío (Phalacrocorax varius) y el cormorán piquicorto (Microcarbo melanoleucos).

Pero el ave que cualquier observador de aves espera ver aquí es el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus). Se trata de un endemismo, no solo de Nueva Zelanda, sino de una parte pequeña de este parque nacional. Toda su distribución mundial son unos pocos fiordos de esta costa, a los que acude a criar.
 


Practicando kayak con Iratxe. César Mª Aguilar.
Pensé que sería fácil ver esos pingüinos, pero desde el barco no hubo ocasión. Fue durante un pequeño recorrido en kayak por una bahía del fiordo cuando logré ver un ave con su aspecto nadando a lo lejos. Al preguntarle al guía me lo confirmó. Sin embargo, no podía acercarme hasta el lugar ni separarme del grupo guiado de kayak en el que estaba. Y la zona del pinguino, además, era poco segura por el oleaje que generaban los ferrys en la orilla. Se me quedó el "corazón partido".

Afortunadamente, en el regreso a Milford Sound, pude ver a varios de estos exclusivos pinguinos de pie en la orilla, aunque a gran distancia. Algo es algo.


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