sábado, 13 de noviembre de 2010

Peru 5 (2010) Sobrevolando el Amazonas y los Andes hacia Cuzco

Ruta Pucallpa-Cuzco. Rojo: tierra. Azul: aire.
Perú es un país “XXL”, sólo la proximidad de otros mucho mayores como Brasil o Colombia evita que lo percibamos en su enorme extensión. Para dirigirnos hacia Cuzco y la zona del Machu Pichu decidimos tomar un par de vuelos internos, Pucallpa-Lima y Lima-Cuzco. Estos trayectos también podrían hacerse por tierra en autobús, pero un par de días para llegar allí no te los quita nadie. Por otra parte, está el aliciente de sobrevolar la cuenca del Amazonas y los Andes. Observar la selva desde el aire es espectacular pues el manto verde se extiende en todas direcciones hasta donde alcanza la vista.





Selva vista aérea. Foto: César María Aguilar Gómez
El Ucayali se desparrama sobre la llanura con inmensos meandros, dejando brazos abandonados que dan lugar a lagunas como la de Yaniracocha. El dosel de copas de la selva no es homogéneo como sucede en las masas arboladas de climas templados y boreales, allí una o dos especies monopolizan los diferentes tipos de bosques. Las selvas, por el contrario, están formadas por una gran cantidad de especies distintas y eso crea un dosel accidentado con grandes pies, como los de las ceibas, sobresaliendo del conjunto. Un paisaje de texturas arbóreas que vemos realzado por las luces del amanecer.




Árbol sin hojas y flores amarillas. C.M. Aguilar Gómez.

Aunque a primera vista todo parece verde, compruebo unas manchas amarillas salpicando regularmente el dosel. A prismático veo que se trata de un árbol que ya vimos en uno de los recorridos de Puerto Bermúdez. Entonces ya me llamó la atención pues presentaba ramas desnudas y cubiertas de flores amarillas, así que por suerte lo había fotografiado. Por otra parte, fue el único árbol que vi en plena floración en esa época y, por lo que veo desde arriba, tampoco parecen hacerlo muchas más especies al menos con esa vistosidad.






"Nevados" a vista de pájaro. César María Aguilar Gómez.

Tras la selva vienen los Andes, primero las resecas punas de colores ocres entre la niebla, pero luego los grandes picos de nieves perpetuas que aquí llaman “nevados”. Esta zona central de los Andes alberga el mayor número de montañas de más de 6000 metros fuera del Himalaya, así que es una meca para muchos montañeros. Lo cierto es que solo con verlos desde el aire, con sus agrietados glaciares y sus afiladas crestas de nieve moldeadas por el viento, ya nos sentimos afortunados. De subirlos que le pregunten a Bosco, el valenciano que conocimos en el Humboltd, que venía de escalar algunos de ellos y que llevaba un año preparándose para esas ascensiones.



Luz de tarde en Cuzco. César María Aguilar Gómez.

Y por fin aterrizaje en Cuzco, ciudad colonial situada en una puna requemada a más de 3000 metros y envuelta por toda la magia del legado inca a su alrededor. El choque cultural con lo que hemos visto hasta ahora del Perú es tremendo. De la cumbia amazónica, los colonos y las comunidades ashaninkas y shipibas, pasamos a la quena, los quechuas y una industria turística con la que aún no nos habíamos encontrado en Perú. Aquí permanecemos menos de lo que nos habría gustado, descansando, callejeando y preparando la visita al Machu Pichu.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Peru 4 (2010) Yaniracocha y el Ucayali

Ruta Pto. Bermúdez-Pucallpa. Rojo: tierra.
Después de salir del remanso del Humboldt todo se aceleró, nos dimos cuenta de lo grande que es este país y nos entraron las "prisas" por visitar otros sitios. En primer lugar continuamos hasta Pucallpa adentrándonos algo más en la cuenca amazónica. El trayecto nos lleva todo el día y tenemos que enlazar hasta 4 vehículos, aunque esta vez vamos en todos en cabina. Aquí la selva es un llano continuo, atrás quedaron las montañas de Pto. Bermúdez. El río principal es el Ucayali, un cauce que obliga a cambiar de sitio a los pueblos de sus orillas cada ciertos años debido a sus tremendas crecidas. Pucallpa es la única ciudad de la selva con carretera asfaltada desde Lima y por ello es grande, ruidosa y abigarrada de comercios. Es el gran puerto donde se embarcan todas las mercancías hacia el resto de poblaciones amazónicas a las que ya no llega ninguna carretera.



Atardecer en Yaniracocha. César María Aguilar Gómez.
Aquí nos alojamos lejos del centro de Pucallpa, en Puerto Callao en la orilla de la Laguna de Yaniracocha. Esa laguna es como un gran “galacho”, un brazo de agua de varios kilómetros que ha abandonado el río Ucayali y con el que permanece conectado en algunas épocas. Puerto Callao es un lugar de ocio y recreo de turismo nacional, por lo que el ambiente es desenfadado y bullicioso. Aquí permanecemos un par de días para recorrer la laguna e ir hasta el Ucayali tratando de ver los delfines de agua dulce. Lo más espectacular de esta pequeña población son sus atardeceres. Las puestas de sol son de un rojo-naranja “incendiario” que se desparrama sobre el horizonte selvático, convirtiendo las vistas cada tarde en un paisaje mágico y salvaje a la vez.



Jacana jacana. Foto: César María Aguilar Gómez.
La laguna se recorre en pequeñas embarcaciones techadas, con motores lentos para las distancias que hacen. La mejor manera de ver aves es montarse en una que te lleven a las zonas de limos donde se concentran entre otras varias especies de garzas, jacanas (Jacana jacana) y cigüeñuelas (Himantopus mexicanus). En los trayectos se ve abundante el Charrán picudo (Phaetusa simplex) y hasta tres especies de martines pescadores, las dos abundante que ya vi en Bermúdez (C. amazona y M. torquata) y una más pequeña y más escasa, el Martín pescador verde (Chloroceryle americana). El segundo día que cogimos la embarcación hicimos ya un recorrido largo que nos llevó el día completo, hasta el Ucayali, conectando por el drenaje de la laguna.


 
 

Delfín Solatia fluviatilis. César María Aguilar Gómez.
En las aguas de Yaniracocha vemos una de las dos especies de delfines que hay en estas aguas, el tucuxi (Solatia fluviatilis). Ver salir lomos de un delfín de río es una visión a la que le tenía muchas ganas. Dar con los bichos, además, nos lleva un rato y aunque son curiosos tampoco se exponen por mucho tiempo. Antes de salir al Ucayali, en un último recorrido a pie por un pequeño sendero de la selva damos con otra de las especies que raramente había imaginado ver en libertar, un perezoso (Bradypus variegatus). Lo cierto que es habíamos pasado ya por debajo del árbol donde estaba y su pasividad es sorprendente, un poco más y no lo vemos. Aun así el que estemos allí debajo no parece suponerle ningún estrés, a penas se mueve y no dejo de pensar el lo fácil que debe ser para un depredador atrapar un bicho de su tamaño.

 
 

Perezoso Bradypus variegatus Foto: C.M. Aguilar Gómez
Y finalmente el Ucayali, caudaloso, con amplios arenales, donde vemos especies como el Cormorán biguá (Phalacrocorax olivaceus) o el Chorlitejo de Azara (Charadrius collaris). Aquí finalmente hace su aparición el delfín rosado (Inia geoffrensis), el único netamente de agua dulce pues el tucuxi, que también vemos en el Ucayali, ocupa además una porción de costa del Atlántico. En cuanto a la coloración de los delfines vemos que también hay tucuxis muy claros, casi rosados, pero el tamaño y la disposición de la aleta les distingue.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Peru 3 (2010) Sin prisas por "el Humboltd"

Albergue Humboltd. Foto: César María Aguilar Gómez.
El albergue Humboltd es el único alojamiento de Puerto Bermúdez al que llegan los turistas o viajeros. Hay además un hotel bien puesto, pero anodino que usan sobre todo los técnicos locales de proyectos, pero la diferencia con el Humboltd es sobre todo el entorno. Aparte de una cuidada casa de madera el albergue tiene un enorme jardín, un detalle que los peruanos “hartos” de verde y con gustos “desarrollistas” no valoran en absoluto. Así que a los paseos de selva ya contados, se unieron aquí otros tantos yendo y viniendo por el jardín observando las aves que acuden, así como cortos recorridos por los alrededores y la orilla del río Pichis.





Campylopterus largipennis César María Aguilar Gómez
La lista de aves observadas pudo crecer bastante en ese entorno y sin prisas, con pícidos como el Carpintero moteado (Colaptes punctigula) y Carpintero chico (Veniliornis passerinus), córvidos como la Urraca violácea (Cyanocorax violaceus), tiránidos como el Bienteveo común (Pitangus sulphuratus), tangaras como la barbigris (Ramphocelus carbo) o ictéridos como el Cacique lomiamarillo (Cacicus cela) y el Tordo oriol (Gymnomystax mexicanus) entre otros. También era común ver pasar grupos de loros muy gritones pero cuya identificación al vuelo era imposible, solo en una ocasión llegue a reconocer en vuelo un Guacamayo severo (Ara severus) por su tamaño y coloración. También unos cuantos colibríes con pollos volantones que hacían las cebas en los jardines del albergue y que creo que era el Colibrí pechigris (Campylopterus largipennis).



Apunte de viaje "historias de Jesús" C.M. Aguilar Gómez
La mayoría de los días que estuvimos en el albergue fuimos los únicos turistas de Puerto Bermúdez salvo un par de americanas que aparecieron con prisas para una sola noche (!) y luego cuando llegó un escalador valenciano llamado Bosco los últimos días. Desde el primer momento en el Humboltd “sufrimos” el “secuestro” de Jesús, dicho sea para bien, pues es un tremendo contador de historias de sus viajes y anécdotas de los 13 años que lleva en Puerto Bermúdez que le brotan a borbotones. Estar en el albergue es estar en su casa, así que desde que aparecimos charla que te charla, café viene y café va hasta que el último día, ¡maldición bíblica!, se quedó afónico…, se veía venir.




Fiesta de San Juan. Foto: César María Aguilar Gómez.
Antes de salir a Perú ya supimos que este trotamundos navarro había escrito un par de libros de viajes por Sudamérica en los ochenta, uno de recorridos en bicicleta y otro a pie por los Andes. Por suerte el segundo apareció en un buscador de libros de segunda mano que suelo consultar cuando las cosas se ponen difíciles por los medios habituales (www.iberlibro.com). El buscador conecta todas las librerías de antiguo de España pero sólo aparecía un ejemplar y casualmente en una de Logroño. La librería en cuestión es un bajo en la zona más chunga de Logroño, la judería del casco viejo, que no está abierta sino les llamas antes por teléfono y avisas para que te abran. Vamos que conseguir cualquier otra “mercancía” en la zona me habría sido mucho más fácil que un libro de segunda mano. Aun así, mereció la pena pues buena parte de lo que nos contaría después estaba en ese libro.


Hogueras de San Juan. Foto: César María Aguilar Gómez
Tras unos días de disfrutar sin prisa, pensamos en movernos y seguir ya el viaje, pero vaya hombre… ¡y no os vais a quedar mañana a San Juan!... San Juan, San Juan, ¡pues claro! Nosotros en Logroño vivimos en una calle peatonal en el casco viejo llamada así, con tradición de celebrarlo con una cena espontánea subiendo y bajando viandas por los portales a las mesas puestas como un “tetris” en la estrecha calle y ocupadas por amigos. ¡Cómo podíamos perdernos ese día! Aquí la fiesta es diurna y se celebra en un playa del río Pichis a la que va llegando la gente en barcas, y todo el mundo anda en familias-“tribu” comiendo los juanes, un engrudo de arroz con pollo envuelto en una hoja vegetal.





Cena en el Humboltd. Foto: César María Aguilar Gómez
 Allí que fuimos Jesús, Bosco, Iratxe y yo, la “tribu” del Humboltd a tomar cervezas calientes y a escuchar la machacona cumbia amazónica del verbenero grupo que habían llevado. Luego vino el palo ensebado (con móvil en la punta en vez de caramelos o un jamón) y hasta una carrera de canoas, aunque esto ya nos lo debimos perder, pues se acabó el día y ya no las vimos. Luego al anochecer todos a casa y nosotros a nuestra última noche y cena en el Humboltd. Un sitio que nos dio pena dejar atrás, con Jesús en el papel del personaje de Kurtz el de “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad… y su “irristible fascinación por el horror”.

Peru 2 (2010) Recorridos Puerto Bermúdez

Acceso a la selva de altura. César María Aguilar Gómez.
El recorrido que hicimos por la selva de altura en el entorno del Bosque Protegido San Matías San Carlos fue espectacular, todo allí está recubierto de epífitas, lianas y un montón de plantas que uno reconoce de verlas como “plantas de interior” en Europa. Sucede que todo eso que crece bajo la bóveda forestal, vive con una birria de luz y a una temperatura constante, el mismo hábitat que el salón de tu casa o de una oficina. No es de extrañar que estemos rodeados a diario de plantas de selva. El bosque que recorremos aunque tiene una figura de protección, la vigilancia es prácticamente nula y no tiene ninguna infraestructura de accesos, carteles ni nada que se le parezca. Sin senderos que lo recorran, lo andamos medio metidos en el río y por intuitivas veredas que Jesús trata de no ensanchar para evitar la entrada de los madereros ilegales detrás.



"Atatai" Daptrius americanus Foto: C.M. Aguilar Gómez
El río está habitado por una especie de cangrejos de aspecto marino y varias especies de peces pegados al fondo con pinta antediluviana y que no he podido saber ni a que familia pertenecen. Por lo demás, lo más destacable son distintas especies de saltamontes, mariposas, hormigas y en cuanto a aves grandes el Ave-tigre oscura (Tigrisoma fasciatum) y el Caracara gorgirrojo (Daptrius americanus) que aquí llaman “atatai”. Este último según te detecta dentro del bosque se dedica a vocear esa frase como hacen los arrendajos en los bosques templados, sin que puedas llegar a verlo la mayoría de las veces.





Garzas Pilherodius pileatus. Foto: C.M. Aguilar Gómez.

El recorrido por el río Pichis ya fue otra cosa, el medio abierto del río permite ver un mayor número de aves y así damos con varias especies de garzas como la Garcita verdosa (Butorides striatus), la Garceta grande (Egretta alba), la Garceta nívea (Egretta thula), la Garza cuca (Ardea cocoi) o las preciosas Garzas capirotadas (Pilherodius pileatus). También Zopilotes negros (Coragyps atratus), abundantisimos, Aura gallipavo (Cathartes aura), Caracara negro (Daptrius ater), Elanio plomizo (Ictinia plumbea), Charrancito amazónico (Sterna superciliaris), Martín pescador amazónico (Chloroceryle amazona) y Martín gigante neotropical (Megaceryle torquata) entre los más característico.


 
Hoazín Opisthocomus hoazin. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Sin embargo para mí la estrella del recorrido fueron los Hoazines (Opisthocomus hoazin) único representante de una extraña familia de aves bastante arcaica. El primer grupo que localizamos fue discreto y apenas los llegamos a ver, así que cuando encontramos más tarde a un segundo grupo sobre unos árboles a pocos metros me pareció alucinante tener a esos bichos, tan feos y atractivos a la vez, tan cerca, así que los “cosí” a fotos. Aquí, en esta selva baja, el calor era ya mucho más asfixiante y el agobio de los mosquitos mayor. Cada poco la llanura se veía salpicada por pies tabulares de árboles de enorme tamaño, algunos con colonias de murciélagos en su interior, mientras seguíamos sin un sendero claro. Por el suelo caminaban procesiones de hormigas cortadoras de hojas, esas que llevan bajo tierra para alimentar a sus colonias de hongos de las que se alimentan.



Aquiles, cogiendo cortezas. César María Aguilar Gómez.
Por esta selva Aquiles fue macheteando la vegetación hasta llevarnos a una zona de lagunas donde pudimos ver rastros de capibaras y varias taricayas (Podocnemis unifilis). Estos galápagos de agua a base de ser un suculento plato, se han vuelto muy desconfiados y no aguantan nada sin tirarse al agua. De hecho junto a la charca encontramos lo que dijo que eran restos de un asentamiento de indios ashaninkas que habían estado pescando y capturando galápagos por la zona. De regreso hacia Bermúdez unos niños de una chacra nos enseñaron sus mascotas, una Pava amazónica (Penelope jacquacu) que habían cogido de pequeña y una especie iguánido (Anolis sp), que ellos llamaba "camaleón", y que encontraron en el río ¡puro exotismo!.



Anolis sp. Foto: César María Aguilar Gómez.

Peru 1 (2010) Camino a Puerto Bermúdez

Ruta Lima-Puerto Bermúdez. Rojo: tierra.
Este verano viajamos Iratxe y yo tres semanas por Perú entre junio y julio. Nos planteamos visitar algunos de los parajes naturales más atractivos del país y entre ellos no podía faltar la cuenca del Amazonas. Preparando el viaje descubrí que, si bien en general el país es barato para viajar hay dos lugares donde esto cambia. Uno es todo lo relacionado con el Machu Pichu y el otro los alojamientos en el Amazonas. La mayor parte de la oferta que encontraba para allí eran paquetes cerrados para lodge bonitos, bien preparados, con cocktail de bienvenida, breve estancia y precios elevados para el país. Nada del plan que teníamos para allí. Por mi parte buscaba cualquier lugar al que dejarnos caer con la mochila por unos días y desde el que tener acceso a zonas más o menos naturales, no necesariamente parques nacionales donde todo está ordenado, limitado y trillado. No digo que con esto fuera a ver zonas mejores, ni que aquel otro plan no pudiera ser atractivo, pero no era lo que buscaba en ese momento y sobre todo quería la flexibilidad para quedarnos más tiempo en un sitio si nos apetecía y merecía la pena.
 
Busqué en internet alojamientos en estaciones biológicas y sitios similares albergando la posibilidad de que quizá tirándome el rollo de mi profesión de biólogo y así, podríamos encontrar un destino interesante y asequible donde recalar unos días. Pero en realidad no hizo falta, ya que el sitio vino a buscarnos directamente a casa. Escuchando el programa de viajes de Roge Blasco en Radio Euskadi, “Levando anclas”, había un navarro bien interesante, curtido viajero por Sudamérica, al que oímos que tenía un albergue en Puerto Bermúdez, Jesús di Castillo. Parecía muy buen opción y ¡joder que si lo era!, dormir a 5 € y comer a 3 € al cambio ¿dónde estaba el truco?, los lodge que habíamos mirado pedían cifras astronómicas en comparación. La respuesta correcta eran: 15 horas. Desde Lima en avión te plantas en alrededor de una hora a cualquiera de los destinos turísticos de selva, ya sea Puerto Maldonado o Iquitos. A Puerto Bermúdez no hay posibilidad de avión, así que solo queda la opción de carretera y pista de tierra.


Camionetas a Bermúdez. César María Aguilar Gómez.
Para ir desde la costa del Pacífico, donde está Lima, hasta a Puerto Bermúdez hay que tomar un autobús nocturno hasta La Merced cruzando los Andes por un puerto a unos 4800 m, dicen que el paso más elevado de todo Sudamérica. El recorrido hasta La Merced cuesta siete horas que se hacen llevaderas, pues los autobuses son bastante buenos y la carretera también. Otra cosa es a partir de La Merced. Desde ahí ya sólo hay camino de tierra y el recorrido se realiza en "camionetas" que son todoterrenos pick-up con unos pocos pasajeros sentados adentro y hasta 8 personas atrás en un espacio reducido rodeados de todos los bultos. Hasta Puerto Bermúdez se tarda unas 8 horas y se recorren espectaculares valles y parajes montañosos de lo que aquí llaman “Ceja de Selva” que es la transición de los Andes a la cuenca amazónica. Ir atrás no solo es incómodo, al cabo de media hora ya estamos todos cubiertos del polvo como esos tipos que aparecían en las imágenes de Manhattan el día de la caída de las torres gemelas, polvo en la cabeza, en la ropa, en las pestañas…

Buteo magnirostris . Foto: César María Aguilar Gómez.
El paisaje por suerte es espectacular pero a las pocas horas tenemos el cuerpo apaleado. De cuando en cuando aparecen algunas poblaciones pequeñas y cultivos de café y plátanos. Desde la parte de atrás al menos se pueden ver algunas especies de aves como el Busardo caminero (Buteo magnirostris), junto a la pista haciendo honor a su nombre, los comunes Caracaras chimachima (Milvago chimachima), el Vencejo acollarado (Streptoprocne zonaris), el Vencejillo tijereta (Tachornis squamata) o las Avefrías de Cayena (Vanellus cayanus) en los torrentes... y la sorpresa del trayecto ¡gallitos de roca! (Rupicola peruvianus) Dicen que no son fáciles de ver, pero aquí el primero lo ve fugazmente una chavalita que va atrás con nosotros que lo reconoce enseguida. Para el segundo ya estoy más atento y, aunque sin parar la camioneta, lo vemos bien a simple vista posado en una rama de la orilla. Primera y última observación.

Río Pichis. Pto. Bermúdez. César María Aguilar Gómez.
En Puerto Bermúdez estuvimos cinco días en el Albergue Humboltd de Jesús di Castillo. Esa población se ubica junto al río Pichis, afluente del Pachitea y luego del Ucayali que ya es un tramo, como quien dice, del propio Amazonas. Aquí se da la transición de la montaña al llano de la cuenca amazónica y toda la cuenca alta es territorio comunidades indígenas ashaninkas. En los días que estuvimos allí di unas cuanta vueltas por los alrededores, disfrute de la fauna que acudía al exuberante jardín del albergue e hicimos un par de recorridos de selva. El primero de ello fuimos con Jesús por unos barrancos próximos al Bosque Protegido San Matías San Carlos y el segundo remontando en canoa el Pichis para hacer un recorrido por selva de llanura con Aquiles, un lugareño que nos hizo de guía. No fueron grandes recorridos de andar ya que yo insistía en ir despacio para intentar ver algo de la fauna, aunque ya se sabe que las selvas son el peor sitio para eso. Lo cierto es que están llenas de vida, pero tu ves allí poco más que una bóveda verde encima de ti. 

martes, 9 de noviembre de 2010

Comienzo ...

Primer programa del ciclo. Marzo 2003
Hace algunos años, allá por el 2003, comencé a organizar en Logroño un pequeño ciclo de charlas con proyecciones que, desde el Grupo Ornitológico de La Rioja (GOR), sacará a la luz muchas de las cosas que los naturalistas, ornitólogos y curiosos del medio natural en general nos contamos a “petí comité” sobre viajes, jornadas de campo o diversos “descubrimientos”. Fue un ciclo público al que llamamos “Viajes naturalistas y etnográficos” y que hacíamos en la Librería Santos Ochoa. Lo cierto es que tuvo una vida efímera de cuatro ediciones en apenas dos años, pero que ha tenido continuidad en otro formato más “hogareño” en las sesiones de fotos que seguimos compartiendo en las cenas que incluimos en la programación del GOR.

Comento esto porque lo que me ha impulsado a comenzar este blog, y lo que me empujó entonces a organizar aquel ciclo, sigue siendo lo mismo. De ahí que el título del blog comience igual que aquel ciclo. En mi caso, viajando despierto la curiosidad por conocer y entender nuevos paisajes, territorios, culturas, gentes, flora y fauna.



Un libro de un viaje ¡alucinante!
Una forma de dar sentido a esos conocimientos y sensaciones es compartirlos. No obstante, al igual que en aquellas charlas el concepto de viaje era amplio, más aún lo es en este blog que será sobre experiencias personales. En las entradas del blog pretendo compartir algunas vivencias y viajes a sitios lejanos, pero también a otros muchos más cercanos y próximos tanto del entorno de La Rioja como de la Península Ibérica.

Creo que el concepto de viaje no está condicionado por la distancia física del lugar en cuestión. Más bien se basa en otro tipo de distancias, aquellas que nos separan de todo aquello que desconocemos y que en algún momento puede despertarnos una curiosidad “viajera”. Así que otra de mis aficiones, los libros de viajes, también tendrán sus entradas por aquí. Pocas sensaciones más placenteras que disfrutar leyendo los viajes de los demás y soñando con destinos vividos por otros, aunque la mayoría de las veces no sean alcanzables ni repetibles. La visión naturalista es la que predomina en mi forma de ver los territorios y abarca la parte central de mi curiosidad cuando viajo, aunque no es lo único que llama mi interés.



Cebú "rumiante" de viajes. Foto: Carlos Gutiérrez.
Por ello es posible que, además, se deslicen por aquí cuestiones como la historia, la etnografía y otras sin que me preocupe que algunas no se ajusten del todo al formato del blog. En cierto modo pretendo un blog heterodoxo, con la mirada de un biólogo pero también de un curioso y de un entusiasta de muchas otras cosas. 

También va a ser un blog “rumiante” pues no todo puede ser actual. Desde que en 1996 visité Cuba, en el que fue mi primer viaje,  ha pasado mucho tiempo, y me apetece sacar algunas viejas experiencias de los cuadernos de campo y de los diarios de viaje. En cualquier caso todo esto parte más de una necesidad mía que del interés que pueda suscitar a otro, aun así ahí va este intento de sacar y ordenar ideas, observaciones y reflexiones.


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