sábado, 25 de junio de 2016

Gabón 5 (2015) El parque Lekedi

Parque Lekedi, gorila de llanura. C.M. Aguilar Gómez.
El parque de fauna Lekedi no es un área natural protegida como lo son los parques nacionales de Gabón. Se localiza cerca de la población de Bakoumba y se trata de una iniciativa privada que, en cierto modo, es un sucedáneo de la observación de fauna en los parques del país. O una opción complementaria. En un contexto en el que solo unos pocos parques tienen infraestructuras y servicios para visitas, que los que los tienen suelen ser extremadamente caros y que, además, ver fauna requiere mucho tiempo y suerte, Lekedi es una apuesta segura. Especialmente para los turistas gaboneses de clase media y alta, que los hay.





Mono Cercopithecus nictitans. C.M. Aguilar Gómez.
Visitamos Lekedi con idea de conseguir fotografías de especies que difícilmente podríamos obtener en libertad. Llegamos a Bakoumba y, como era de esperar, la información previa que llevábamos valía de poco, ni tampoco las gestiones que Jean-Louis nos hizo con antelación. Los alojamientos en el parque no funcionaban y tuvimos que quedarnos en el único “hotel” disponible en Bakoumba, un antro infecto sin agua corriente y acceso por una calleja-cloaca del pueblo. Habríamos dormido más a gusto en las tiendas de campaña en el cesped de la oficina del parque pero nuestro “lastre-conductor” bajo ningún concepto iba a hacer camping. Eso no era negociable para él, nos lo dejó claro desde el primer día.




Humedales, río y bosque en Lekedi. C.M. Aguilar Gómez
El parque de Lekedi tiene una superficie enorme para lo que son este tipo de instalaciones, 14.ooo hectáreas, aunque es una reserva vallada. Pero su interés también está en que contiene el mismo tipo de bosque frondoso que hay en el entorno intercalado con zonas abiertas. En realidad cualquier terreno se cubre allí de bosque si lo dejan tranquilo. Así, aparte de los grupos de chimpancés, mandriles y un gorila de llanura que han introducido, se pueden ver aves silvestres como en cualquier bosque natural. Nosotros hicimos una visita corta pero pudimos ver entre otras aves gansito africano (Nettapus auritus) en las zonas inundadas o águila crestilarga (Lophatus occipitalis) y el toco negro (Tockus hartlaubi) en las zonas de bosque.




Iván sobre la pasarela en el dosel. C.M. Aguilar Gómez.
En uno de los sectores del parque hay un pequeño valle encajado de vegetación muy densa con un grupo familiar de chimpancés. Los oyes continuamente pero solo se dejan ver cuando salen de la espesura y se acercan al borde del cercado si saben que van a alimentarlos. Dentro es imposible vernos ni con la ayuda de un largo puente colgante que te permite tener una buena vista desde arriba. El puente se sitúa a 45 metros sobre el barranco y es también un sitio privilegiado para la observación de aves de la zona. Sitios así faltan en los parques nacionales de Gabón.







Gorila de llanura en Lekedi. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
En el recorrido, a parte de los chimpancés, dimos con uno de los grupos de mandriles en un espeso bosque que, en ese momento, estaba siguiendo una joven investigadora francesa. Pero el sitio que más queríamos ver era la isla de los gorilas. Han tenido varios ejemplares allí pero en ese momento solo quedaba uno. Como ya estábamos casi resignados a no  verlos en libertad, tras no poder visitar el Baï Langoué, fuimos allí para hacer fotos en situaciones naturales. Ya solo el entorno del río donde está es impresionante, la sola aproximación en barca ya merecería la pena con un dosel arbóreo con plantas trepadoras como un muro verde impenetrable. Y allí estaba uno de los animales más esquivos el bosque, el gorila de llanura. Realmente su mirada es humana. Impresiona.

sábado, 11 de junio de 2016

Gabón 4 (2015) El Baï Moupia

Entrada de elefante al Baï Moupia C.M. Aguilar Gómez
Los Baïs son claros pantanosos ubicados en el interior de los bosques húmedos africanos. Allí acuden los grandes mamíferos de bosque a consumir la vegetación herbácea pero, sobretodo, a tomar sales minerales. Elefantes, búfalos de selva y un buen número de ungulados forestales se acercan de forma rutinaria. También gorilas de llanura. En ese sentido son una oportunidad única para ver muchos de los esquivos animales de selva desde plataformas a distancia. Lamentablemente, cuando estuvimos nosotros en Gabón, ningún espacio protegido tenía habilitada ninguna plataforma o daba permiso o información de cómo visitar un Baï. Durante un tiempo hubo un Baï famoso accesible, el Baï Langoué en el parque nacional Ivindo, que tenía planes de desarrollo ecoturístico que quedaron en nada.



Regresando tras visitar el Baï. C.M. Aguilar Gómez.
Mientras estuvo funcionando su acceso era carísimo, pero al menos era una posibilidad. Ahora ni pagando. A pesar de orientarlo a un turismo de alto poder adquisitivo no lograron hacerlo rentable. Los altos costes de mantenimiento con los sueldos gaboneses, la desidia y demás problemas fueron más fuertes que la oportunidad. Y eso que allí acudían gorilas de llanura que son tan difíciles de ver en Gabón. Gestiones así son las que me hacen ver poco futuro al ecoturismo en Gabón. Por otra parte, ninguna institución gubernamental de medio ambiente, de turismo, ni entidades conservacionistas con presencia en el país nos contestaron a nuestra petición de información sobre Baïs para visitar.




Grupo de búfalos de bosque. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Al final fue un particular, Jean-louis Albert, el único que nos dio información para visitar un Baï, uno que conocía cerca de Franceville. Jean-louis nos hizo todas las gestiones desinteresadamente para poder visitarlo. Un lujo. En la población de Moupia hay una asociación que ha construido una plataforma elevada donde poder esperar la llegada de búfalos y elefantes a la noche. Es seguro que hay muchos otros Baïs en el país que se están destruyendo por las explotaciones forestales pues apenas se valora su importancia. El día que visitamos el Baï Moupia realizamos antes un largo recorrido a pie por bosques y sabanas hasta la orilla de un río al que acudían búfalos y elefantes a beber.

 


Brote en interior de bosque abierto. C.M. Aguilar Gómez.
De camino, fue impresionante ver el interior de los bosques gaboneses. A diferencia de lo que podría pensarse, esos bosques tropicales son fáciles de andar ya que tienen sotobosques muy abiertos por la alta densidad de elefantes. La cantidad de huellas y excrementos era tremenda lo que daba un poco de impresión pues es sabido que los elefantes de selva son bastante agresivos. Nuestros guías locales apenas llevaban un machete cada uno. No quiero imaginar que habría pasado de sorprender a alguno de aquellos paquidermos iracundos. Finalmente hicimos la espera y dormimos en la plataforma del Baï Moupia, una empalizada a unos 10 metros de altura, medio podrida y bastante precaria.




Huella de elefante en el bosque. C.M. Aguilar Gómez.
Al atardecer acudieron algunos elefantes y durante toda la noche oímos el chapoteo de los ejemplares removiendo el fondo del agua en busca de sales minerales. Esta es una limitación que tienen todos los herbívoros, la dieta fitófaga no incorpora sales así que las tienen que buscar activamente. Al Baï también acudieron búfalos de selva y un varano de bosque (Varanus ornatus). En el entorno también pudimos ver aves como el toco blanquinegro (Tockus fasciatus), el vinago africano (Treron calva), el loro yaco (Psittacus erithacus) o el abejaruco pechiazul (Merops variegatus) entre otras.

jueves, 2 de junio de 2016

Gabón 3 (2015) El parque nacional La Lopé

Mosaico bosque-sabana, La Lopé. C.M. Aguilar Gómez.
El parque nacional La Lopé se encuentra en el centro del país y fue el primer espacio natural protegido de Gabón. Hace algo más de dos décadas sus bosques eran explotados para obtener la madera del okoumé (Aucoumea klaineana), el árbol más preciado de las selvas gabonesas. En 2001 cesó su extracción en el área y en 2002, con la declaración conjunta de los parques nacionales de Omar Bongo, sus 5000 km2 de bosques dejaron de explotarse. Lo más característico de este espacio es el mosaico de sabanas y bosques húmedos. Existe cierta controversia sobre el origen y la persistencia de estas sabanas. No se termina de entender la presencia de claros herbáceos en las condiciones de humedad de estas latitudes ecuatoriales. Claros que la selva no llega a reconquistar.



Elefante saliendo del bosque. C.M. Aguilar Gómez.
Hay quien ha sugerido que estas sabanas tienen un origen natural y que son un paisaje relicto de periodos más secos y fríos, la última glaciación. Según esa versión, los bosques se formaron en periodos más húmedos y no pudieron recolonizar las sabanas después. Sin embargo, a esto se superpone el manejo del hombre en las zonas abiertas. Desde antiguo se han quemado las gramíneas de los claros, las llamadas “hierbas de elefante”, que al final de su ciclo anual llegan a alcanzar los dos metros de altura. Para añadir más elementos para el debate del origen del mosaico bosque-sabana, está que en el parque se hallan algunos de los yacimientos humanos más antiguos del África tropical, con unos 400.000 años de antigüedad.




 Toco blanquinegro Tockus fasciatus C.M. Aguilar Gómez
Un paisaje atractivo para un gabonés es una zona abierta, así que prenden fuego al bosque todo lo que el clima les permite. Debe ser la "claustrofobia" que sienten por tanta selva. De este modo existe desde antiguo una fuerte influencia del hombre sobre las sabanas. Con ello la polémica está ya servida. Pero el parque tiene otro montón de atractivos y valores y, en ese sentido, el lugar es inmenso. Eso sí, en realidad es poco lo que se deja ver. En julio, cuando nosotros lo visitamos, la hierba de elefante estaba enorme y era difícil ver aves o mamíferos. Además estuvimos muy poco por allí,  íbamos de paso hacia Franceville, y la parada se centró en identificar algunas especies de vegetación con los guardaparques.




En el pequeño recorrido en coche por las pistas pudimos ver los primeros elefantes de selva (Loxodonta africana cyclotis), varios búfalos de bosque (Syncerus caffer nanus) y oír gritos de grupos de chimpancés (Pan troglodytes) al atardecer. Este inmenso parque alberga enormes poblaciones de chimpancés y gorilas de llanura. Verlos es otro cantar. Se han reportado en La Lopé las más altas concentraciones conocidas de primates no humanos en el medio natural, una agrupación de 1350 mandriles (Mandrillus sphinx) en un solo día vista en 1996. Todo ese bicherío está en el interior del bosque y una vez dentro es muy raro que logres dar con ellos, cuestión de suerte o del tiempo dedicado. Lo cierto es que han intentado habituar a grupos de mandriles y gorilas, pero sin éxito.




Barteria y sus hormigas protectoras. C.M. Aguilar Gómez
Nosotros aprovechamos el recorrido para identificar algunas especies de vegetación y recabar información con los investigadores de una estación de campo. Entre otras especies me sorprendió descubrir un helecho arborícola al que tengo cierto “cariño”, el Platycerium, un singular género que descubrí en los bosques peruanos de Pucacaca y luego en Galle en Sri Lanka. También fue curioso conocer el mutualismo entre una especie de hormiga con los árboles del género Barteria, una especie que coloniza los claros de selva con gran éxito. Sucede igual en Sudamérica con el árbol Cecropia. En ambos casos el árbol aloja nidos de hormigas en sus nudos que lo defienden ferozmente cuando sienten que algo golpea el tronco y amenaza al árbol. Impresiona verlas salir en tropel al más mínimo toque.

martes, 24 de mayo de 2016

Gabón 2 (2015) El interior de un país selvático

Poblados en el P.N. Waka. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
El 80% del territorio de Gabón está cubierto de selvas, bosques y más bosques tropicales y, la práctica totalidad del país, coincide con la cuenca del río Ogooué. En superficie viene a ser la mitad que España pero con una densidad de población bajísima, apenas un millón y medio de habitantes. Además, buena parte de la población se concentra en un dos ciudades, Libreville en la costa y Franceville en el interior. Entre medio un relieve de sierras boscosas en torno a los mil metros de altitud.  La carretera que vertebra el territorio y une esas dos ciudades recibe el nombre de transgabonesa, pero en realidad es una pista de tierra roja con escaso tráfico. Solo una pequeña parte de la transgabonesa está asfaltada, nosotros la cruzamos en dos días.



Carne de monte en transgabonesa. C.M. Aguilar Gómez
Moverse por el interior de Gabón no es sencillo, al menos en un viaje como el que necesitábamos hacer. Se estima que solo un 10% de las carreteras están asfaltadas por lo que, aún en época seca, es imprescindible un todo terreno. No obstante esto puede cambiar en los próximos años, pues los chinos están asfaltando muchos trayectos como parte de los acuerdos comerciales que tienen con Gabón. Y es que China es ya la nueva potencia “colonial” de África. Lo construyen todo, carreteras, puentes, ministerios, viviendas… a cambio del acceso a los recursos naturales y de poder invadir los mercados locales con sus manofacturas baratas.





Arreglo de carreteras de los chinos. C.M. Aguilar Gómez
Para el viaje de dos semanas por Gabón contamos con un todoterreno “subvencionado”. Alquilarlo nosotros habría sido prohibitivo ya que Gabón tiene un nivel de precios muy elevado a consecuencia de la economía del petróleo. Libreville, su capital, se encuentra entre las diez más caras del mundo. Un contrasentido. Buscando la manera de abaratar el viaje Iván encontró a un empresario guineano, con negocios en Gabón, dispuesto a cedernos un todoterreno de su empresa a cambio de agradecimientos en el libro que iba a escribir de las regiones naturales de África. ¡Vaya suerte creímos tener! y, sin embargo, esto fue un lastre para el viaje y no por el coche sino por el conductor.





"Carretera" por la sierra de Chaillu.  C.M. Aguilar Gómez
La oferta del empresario venía con la obligación de llevar un conductor gabonés al que él pagaba el sueldo y nosotros la manutención. La mentalidad gabonesa de “expolio al turista”, de la que nuestro chófer era firme seguidor, nos agrió el viaje. Así, no conseguimos llegar a todos los sitios que nos propusimos por "discrepancias" con el conductor pero, al menos, logramos recorrer una buena parte del país. Cruzamos el interior hasta Franceville por la carretera transgabonesa y, de regreso, hicimos una pista increíble a través de la sierra de Chaillú. De camino tuvimos ocasión de visitar tres parques nacionales, el de La Lopé, el de Moukalaba-Doudou y el de Waka.




En el P.N. Moukalaba-Doudou logramos ver gorilas de llanura en libertad, aunque fugazmente.  En el parque nacional de Waka estuvimos en un poblado de pigmeos babongos y, en un buen número de sitios, vimos los iracundos elefantes de selva, como en el Baï Moupia o en el P.N. La Lopé. También visitamos la reserva de fauna de Lekedi. Ya en Libreville visitamos el bosque de Monhah y en Franceville tuvimos el placer de conocer a Jean-louis Albert, un francés asentado en el país, que hizo por nuestro viaje más de lo que nunca le podremos agradecer. Todo esto en dos semanas, que no es poco para un viaje independiente y de bajo presupuesto por Gabón.

sábado, 14 de mayo de 2016

Gabón 1 (2015) Viaje a la cuenca del Congo

Bosque galería en P.N. La Lopé. C.M. Aguilar Gómez.
Gabón tiene un patrimonio natural impresionante, una baja densidad de población y goza de una estabilidad política inusual entre los países de la cuenca del Congo. Hace más de una década su presidente, Omar Bongo, fue persuadido por naturalistas y biólogos extranjeros de su privilegiada situación y, de la noche a la mañana, decidió hacer una fuerte apuesta por la conservación de sus bosques. En el año 2002 el país pasó de tener uno solo parque nacional a declarar un total de 13, el equivalente al 10% de su superficie nacional. Un hecho sin precedentes en África. El país, cuyos ingresos dependían del petróleo de su costa, de las concesiones madereras y de las minas de manganeso, apostaba por el ecoturismo.




Gorila de llanura, abundante. C.M. Aguilar Gómez
Hubo un tiempo en que Gabón parecía destinado a convertirse en algo así como la “Costa Rica” del África Central. Un país con parques nacionales, gorilas de llanura, elefantes de selva, estabilidad política y sin apenas violencia. Todo jugaba a su favor. Sin embargo, tras más de una década, el resultado no parece el esperado y apenas ha llegado el ecoturismo que reciben otros países de África como Uganda, Tanzania o Kenia. Solo tres parques nacionales de Gabón han desarrollado alguna infraestructura para su visita y los precios astronómicos de los servicios no se corresponden con su calidad, además en otros países de África hay mucha oferta de muy buen nivel con la que competir. En cuanto al turismo independiente es casi inexistente y lo tiene bastante difícil.




Hojas de Musanga cecropioides. C.M. Aguilar Gómez
Hay que reconocer que las selvas son complicadas de visitar pero los gaboneses no parecen entender lo que busca el turismo de naturaleza. Es una pena porque el potencial es enorme. La falta de interés, de inversiones, el escaso mantenimiento de las instalaciones y cierta mentalidad que hay en el país de “expolio al turista” hacen que una buena idea se haya quedado a medio camino. Esta es la sensación que me quedó del viaje que hice en 2015. Visité Gabón durante dos semanas en el mes julio. Fue en la época seca y lo hice con mi amigo Iván Sánchez al que conocí hace tres años a raíz de la publicación de su libro “De Amazonia a Patagonia. Ecología de las regiones naturales de América del Sur”, una publicación que ya reseñé en este blog.





Hacia a los pigmeos de P.N. Waka. C.M. Aguilar Gómez.
Tras el enciclopédico trabajo de condensar en un libro la naturaleza de Sudamérica, Iván me comunicó que iba a comenzar uno similar sobre las regiones naturales de África. Le llevaría un buen número de años, no había prisa. Un libro sobre un continente no es poca cosa y comienza con la revisión exhaustiva de buena parte de lo publicado sobre las distintas zonas y sus valores naturales. Luego vienen los viajes a cada región, a lo cual me ofrecí de inmediato. Para el capítulo de las selvas tropicales era necesario un viaje a algún país de esa región natural y Gabón fue el elegido. Antes lo intentamos con Guinea Ecuatorial que, por idioma, nos apetecía más pero no conseguimos los visados, así que Gabón fue un plan B.
 




Denso dosel de la selva gabonesa. C.M. Aguilar Gómez.
En general, los países de la región del África Central no son fáciles de visitar. Prácticamente todos han tenido, y algunos siguen teniendo, poca estabilidad política y altos niveles de inseguridad. Gabón, por suerte, no ha tenido ninguno de los sangrantes conflictos de sus vecinos de cuenca como ha sucedido en Congo-Brazzaville, República Democrática del Congo (antiguo Zaire) o República Centroafricana. Así, Gabón parecía el destino ideal para la conocer la región de las selvas ecuatoriales de África, pero tampoco resultó un viaje sencillo.

domingo, 24 de abril de 2016

Regreso a Chernóbil (Libro)


Regreso a Chernóbil
Ander Izagirre
Gaumin. Colección Léelo fácil
ISBN: 978-84-942417-4-1
(Biblioteca Pública de La Rioja 621 IZA reg)


Este 26 de abril se cumplen 30 años del accidente de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania). En este libro de 2014, el periodista y escritor Ander Izagirre rememora aquel suceso acompañando a la "zona prohibida" a dos desplazados de aquellos días. Igor y Julia recuperan sus recuerdos y cuenta cómo ocurrió y cómo lo vivieron. En 1986 Igor Valanchuk era un soldado soviético de 28 años al que movilizaron para apoyar los trabajos de sellado del reactor aunque no estuvo en la primera línea, la de los “liquidadores”, aquellos que murieron al poco por las altas dosis de radiación. Por eso aún puede contarlo. Julia Bondarenko es profesora y contaba entonces con 13 años. Igor y Julia trabajan en una asociación con niños que sufren las consecuencias del accidente.

Regreso a Chernóbil es un libro breve y con un relato casi naif. No en vano está editado dentro de una colección que pretende ponerlo fácil a personas con dificultades de compresión lectora. Un planteamiento que no resta lectores, los suma. Una crónica a través dos personas que vivieron aquellos días de frustración y confusión. Ander consigue un relato sintético y cercano, como ya hizo con las historias contenidas en otro libro suyo que pude leer hace un tiempo “Cuidadores de mundos", también muy recomendable a mi parecer.

lunes, 4 de abril de 2016

Humedales en La Rioja. Catálogo de Luis Pardo (1948) 5

Recuperar y gestionar humedales para la biodiversidad
 

Algunos anfibios del valle del Ebro. C.M. Aguilar Gómez.
En los años transcurridos desde la publicación del catálogo, la situación a la que han llegado los distintos humedales ha sido muy dispar. Los mayores problemas han estado en el valle del Ebro donde el uso en algunos embalses naturalizados se ha intensificado, otros por el contrario se han abandonado y en el caso de las lagunas naturales han competido con los usos agrícolas. La existencia de lugares con agua en entornos agrícolas favorece enormemente la biodiversidad. Son enclaves a los que acuden muchos anfibios a realizar sus puestas, son escala para las aves migratorias y lugar de nidificación e invernada para muchas otras aves. 






Laguna Madrileña (San Asensio). C.M. Aguilar Gómez.
Aunque La Rioja no ha destacado nunca por la importancia de sus humedales, sería de gran interés poder recuperar algunos desecados, tal y como se ha hecho con el Lago de Herramélluri o la laguna de la Madrileña. Por otra parte, hay otros pequeños humedales no incluidos en aquel catálogo que podrían recuperarse o gestionarse adecuadamente para incrementar su biodiversidad, un ejemplo es la antigua laguna de Cihuri. Pero no solo hay que recuperar sus aguas, ya sea con carácter estacional o permanente, también hay que garantizar la tranquilidad de sus orillas, dar margen para que crezcan cinturones de vegetación diversa, juncales, praderas, carrizales, eneales y sotos arbustivos y arbolados. 




Humedal entre viñas La Rioja Alta. C.M. Aguilar Gómez.
Esto sirve tanto para los nuevos humedales, como para los que ya hay y que pudieran ser gestionados para favorecer mejor la fauna. Y por último, y de gran importancia, hay que evitar la introducción de especies exóticas como cangrejos rojo y señal, carpas o galápagos americanos. La proliferación de estas especies es la causa de que muchos humedales pierdan su interés medioambiental. Los cangrejos y carpas remueven y enturbian el agua impidiendo la existencia de fondos donde pueda crecer vegetación sumergida. Esta última da cobijo a insectos acuáticos que son la alimentación de muchas aves acuáticas buceadoras. Por otra parte, los peces exóticos, fruto de introducciones ilegales, depredan sobre las puestas de los anfibios y empobrecen las masas de agua.



Sapos corredores hacia una laguna. C.M. Aguilar Gómez
Recuperar y naturalizar algunos de los humedales perdidos es cuestión de voluntad de las administraciones locales y regionales, pero evitar las molestias a la fauna y la introducción de especies exóticas recae en cualquier de nosotros. Valorar la contribución que hacen los pequeños humedales a la biodiversidad es el primer punto de partida para su conservación.

domingo, 27 de marzo de 2016

Humedales en La Rioja. Catálogo de Luis Pardo (1948) 4


Dos lagunas desecadas que han recuperado sus aguas
 

Fotos Laguna La Madrileña, natural y drenada
Pero no todos los humedales del catálogo se mantuvieron con agua hasta nuestros días. Un kilómetro al sureste de la laguna Mateo de San Asensio se encontraba la laguna de la Madrileña, desaparecida durante varias décadas. En las fotos aéreas del vuelo de 1957 aún podemos verla bien conservada, pero en las siguientes fotos de los años setenta ya aparece drenada y puesta en cultivo. Se trataba de un pequeño humedal de unas 3 hectáreas y características similares a la laguna Mateo. Recientemente ha sido recuperada y el cierre de los drenajes ha permitido la inundación estacional de su cubeta y una sorprendente recuperación de la vegetación palustre. Esta primavera los sapillos moteados y sapos corredores han acudido en masa a sus aguas, llenando de coros este nuevo lugar de reproducción. Así de agradecidos son los humedales cuando se les dan condiciones para recuperarse.


Lago Herramélluri inundado. C.M. Aguilar Gómez.
Otro humedal, primero desecado y luego recuperado, es el lago de Herramélluri. Con una superficie inundable de más de 16 hectáreas y no más de un metro de profundidad, el lago se llenaba con las lluvias y la escorrentía superficial de los alrededores y, en verano, se cubría de pasto que aprovechaba el ganado. Así debió ser hasta los años cincuenta cuando se desecó. En pleno desarrollismo agrario el estado impulsaba la expansión del cereal y el ayuntamiento necesitaba ingresos para pagar la traída de aguas. Fue entonces cuando se practicaron los drenajes y se arrendó para uso agrícola. Con esa actividad permaneció hasta 2009 cuando, a iniciativa del propio ayuntamiento, el lago fue restaurado por la administración regional. Desde entonces la población ha recuperado un patrimonio perdido durante décadas y el lugar renace estacionalmente con las aves de paso y los coros de anfibios de primavera.


Unos cuantos humedales desaparecidos
 

Restos de La Estanca (Alfaro). C.M. Aguilar Gómez
Aún quedan seis humedales de los incluidos en el catálogo que no han vuelto a recuperar sus aguas. En Alfaro se señalaba la denominada “Estancia”, aunque en realidad el nombre correcto es La Estanca de Alfaro, una laguna que llegó a tener unas 25 hectáreas y que aparece dibujada en la primera edición del mapa 1.50.000 del Instituto Geográfico Nacional. Debió desecarse muy pronto pues en la foto de 1957 el lugar se ve parcelado y cultivado. Hoy en día aún puede reconocerse la morfología de la cubeta, así como los drenajes para evitar su inundación en época de lluvias.





Cubeta del pantano de Cuadra. C.M. Aguilar Gómez.
El pantano de Cuadra aún sigue dibujado en los mapas 1:200.000 del Instituto Geográfico Nacional pese a que desapareció hace ya muchos años. Se encontraba junto a la carrera LR-134 entre Calahorra y Arnedo, pero pocos reconocen hoy ese lugar. Aún así, al permanecer como pastos, es más fácil de reconocer su forma original que en otros humedales que fueron puestos en cultivo. Según la foto aérea de 1957, llegó a tener unas 10 hectáreas inundadas y un dique de 150 metros, pero a partir de los años setenta no se ve con agua en ninguna de foto y hoy ni se aprecia el antiguo dique. Hace unos años se llegó a proponer allí hasta un vertedero que finalmente no se realizó. Dado que su cubeta no ha sido cultivada, sería un humedal más fácil de recuperar que muchos otros. 


Pez fraile (Salaria fluviatilis) C.M. Aguilar Gómez.
En Calahorra, y también desecada, está la segunda de las Estancas de las que habla el catálogo en esa población. La primera era la de El Recuenco que ya reseñamos. Esta segunda ha sido conocida también como balsa de Beriaín y se abastecía con una acequia procedente del Perdiguero hasta hace más o menos una década. Aunque de pequeño tamaño, unas 3 hectáreas, era un lugar de interés para las aves acuáticas y además en ella estaba presente un pequeño pez amenazado, el pez fraile. Hoy en día es propiedad de una promotora que la adquirió para urbanizar y construir un campo de golf en el entorno que no ha llegado a realizarse.

 



Yasa atravesando la cubeta de Majillonda (Pradejón)
En Pradejón se encontraba la laguna de Majillonda, junto al canal de Lodosa y en la yasa del mismo nombre. Aparece dibujada en la primera edición del mapa 1.50.000 del Instituto Geográfico Nacional pero en las fotos del vuelo 1957 ya se ve roturada y sin agua. Debió tener entre 4 y 5 hectáreas de agua y un dique de tierra de unos 200 metros que aún queda en pie y que solo está roto al paso de la yasa. Hace unos años el ayuntamiento de la localidad intentó recuperarla, pero el proyecto se abandonó con el cambio de corporación municipal. Desde luego no sería mala idea contar con un humedal así en aquel mismo lugar.




El Carretil (Quel) con vegetación. C.M. Aguilar Gómez.
En Quel, en el barranco del Carretil, un dique de unos 100 metros daba lugar a la laguna del Carretil. Inundaba entre 1 y 2 hectáreas y presentaba un perímetro bien naturalizado. A día de hoy la cubeta continúa encharcándose de forma temporal y cuenta con un extenso tamarizal pero, como el dique está en situación de abandono, muchas temporadas se seca. El último de los humedales del catálogo desaparecidos es el de la balsa de Roncesvalles en el término de Aldeanueva de Ebro. Se trata de una balsa asociada a un corral con el mismo nombre y con poco más de 0,2 hectáreas. En realidad un lugar ciertamente insólito por su escasa relevancia para figurar en un catálogo como aquel. Desde hace décadas la balsa ha corrido la misma suerte de abandono que el propio corral.


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