miércoles, 1 de febrero de 2012

Francia 5 (2011) Costa salvaje y Península de Quiberon

Costa salvaje en Quimberon. Foto: César Aguilar
Los franceses venden muy bien sus “productos” y por eso ante el apelativo de la costa salvaje en la Península de Quiberon quizás esperaba algo más. Cerca de Carnac se sitúa un larga barra de arena de 15 kilómetros que se adentra en el Atlántico, con largas playas a ambos lados, flora dunar, y acabado en un zócalo amplio de roca dura. Toda la zona es muy turística y hay muchas poblaciones dispersas, además está ahí el puerto donde se coge el ferry a la isla más grande del Atlántico de Francia, Belle-Ile-en-Mer. En general las costas bretonas están bastante pobladas, además con un tipo de ocupación del hábitat muy disperso con edificaciones cuidadas y bonitas pero continuas y por doquier. Fuera de las carreteras principales, en torno a las poblaciones de la costa, te pasas el día recorriendo avenidas con casas ajardinadas, rotondas y más rotondas para llegar a un sitio natural sin gente.



Algas y mejillones tapizando la roca. C. Aguilar
Por otro lado, no vimos muchas carreteras que recorrieran el litoral con buenas vistas al mar, al menos como suele haberlas en las costas españolas. Por ello cuando se juntan costas sin poblaciones, cortados rocosos y  buenos accesos, esos sitios parece que se vuelven muy atractivos para el turismo nacional. Es lo que vimos en la costa salvaje de la Península de Quiberon, que estaba bien pero llenita de paseantes. Luego vimos situaciones similares en otros cabos y zonas naturales de la costa bretona. No es por comparar pero en verano en el Cantábrico aún puedes encontrar muchos sitios parecidos con bastante menos gente, o quizás sea que en España pocos salen de la arena y el sol a pasear por los senderos costeros como hacen aquí.



Manojo de percebes. Foto: César Aguilar
Pero en fin, era julio y tras esas primeras impresiones y choque de expectativas, los sitios merecían la pena y tampoco estaban nada mal. En un primer momento, cuando ves de lejos esos acantilados rocosos tienen un aspecto un poco “feucho” con una coloración negra que pareciera el resultado de una marea negra. Pero cuando te vas acercando ves que en realidad se trata de inmensas colonias de mejillones. Este es uno de los productos estrella de la región por todos los restaurantes ves carteles anunciando los “moules” que es como se llaman en francés. La gran diferencia entre la pleamar y la bajamar en estas costas, dejan un amplio espacio intermareal donde crecen abundantes los mejillones. Un vistazo detallado a esas rocas hace encontrar además de mejillones, una superficie con percebes, lapas, bígaros y bellotas de mar en gran cantidad.



Actinia equina abierta. Foto: César Aguilar
Las algas es otra de las cosas que sorprende en estas costas, pues a poco que te pongas a mirar encuentras un montón de especies y la biomasa que hay sobre las rocas es impresionante. Buscando en los charcos intermareales de la zona, eran muy frecuentes los tomates de mar (Actinia equina). Los había visto en otras ocasiones pero siempre replegados, poco más que una bola gelatinosa con los tentáculos guardados. Aquí, por el contrario había bastantes abiertos y activos en los charcos que aún mantenían agua. Fue algo que me resultó sorprendente pues había leído que eran bichos de actividad nocturna. Pero vamos, que para mi mucho mejor así porque hasta el momento no había sacado unas fotos tan buenas de estos animales en ningún sitio.

miércoles, 25 de enero de 2012

Francia 4 (2011) Menhires de Carnac, dolmen de Gavrinis y Vannes

Alineamientos de menhires en Carnac. C. Aguilar
Metidos de lleno en la Bretaña francesa, si uno tiene interés por la prehistoria y el megalitismo, esta zona es para darse un atracón. Es algo que ya popularizaron los personajes de cómic Asterix y Obelix cuya irreductible aldea gala estaba en esta región. Así, que qué mejor ocupación para Obelix que la de repartidor de menhires a domicilio. En La Rioja hace pocos años que se descubrió el primer y único menhir que existe, después de mirar y remirar una extraña piedra hincada en San Vicente de la Sonsierra. Lo visité hace un tiempo y el sitio tiene un encanto especial. En cuanto a dólmenes vamos algo mejor, pues son unos cuantos los hallados en la divisoria de los valles Leza y Iregua y en la Sonsierra. Así que partiendo de ahí lo del megalitismo de la Bretaña me pareció realmente una exageración.



Tarabilla (S. torquata) sobre un menhir. C. Aguilar
Para ver algunas de estas construcciones visitamos Carnac y el entorno del Golfo de Morbihan. En Carnac los menhires no aparecen solitarios como en otros lugares. Se localizan allí en largas hileras formadas por un gran número de piedras hincadas. En la localidad hay varios alineamientos algunos con hasta diez filas cada uno y en conjunto suman la friolera de casi 4000 piedras. El esfuerzo que fue necesario para hacer ese trabajo en época prehistórica es impresionante. El megalitismo data del Neolítico y lo que se ven en Carnac tienen una antigüedad de 6000 años. En cuanto a su función todo son hipótesis, es más fácil indagar sobre sus constructores que en el sentido que les dieron. Sus autores fueron hombres de Cromañón, ya hombres “modernos” como nosotros y sedentarizados.


Túmulo y grabados del dolmen de Gavrinis.
Hoy en día, a parte de sitios turísticos, los menhires son la percha perfecta para muchas de las tarabillas comunes (Saxicola torquata) que andan por aquellos prados de campiña atlántica, añadiendo un poco de vida a la dura piedra. Además de los alineamientos, en la zona se encuentran también túmulos de piedras que alojan dólmenes y grandes menhires solitarios. Hay un menhir que llega a alcanzar nada menos que 6 metros, es el gigante de Manio. Es fácil empacharse con tanta piedra, pero un último sitio que no queríamos dejar de ver era el gran túmulo con dólmen de Gavrinis. El sitio es especial por dos cuestiones, la primera porque tienen un largo corredor con todas las piedras labradas con grabados geométricos y esquemáticos, algo poco usual. Pero la otra es que el túmulo se encuentra en una pequeña isla del Golfo de Morbihan.




Localidad de Vannes. Foto: Iratxe González
Hoy en día hay que acceder en barco al lugar, aunque no fue así para sus constructores. Hace 6000 años aquello fue solo una colina elevada ya que el nivel del mar aún estaba varios metros por debajo del que hoy vemos en las rías de la zona. Para completar la visita a la región bien vale cualquiera de los cuidados pueblos bretones, pero especialmente el de Vannes. Esa población conserva todo el encanto de la ciudad medieval francesa, con fachadas de vigas cruzadas, callejuelas empedradas y restos de murallas, torres y fosos defensivos. Aún así, está lejos de ser una población museo de las que todo está bien puesto y no vive nadie. Vannes tiene vida en el casco viejo y en el resto de la ciudad, lo que también le añade encanto.

viernes, 20 de enero de 2012

Francia 3 (2011) Parque ornitológico de Teich y marismas de Sené

Cisne (Cygnus olor) con pollos. Foto: César Aguilar
En Arcachón y en la Bretaña cerca de Vannes, visitamos un par de bahías de interés para las aves. La bahía de Arcachón es de considerable tamaño y se adentra unos 15 kilómetros tras una larga barra de arena costera que la separa del mar. En ella hay unos cuantos sitios para observar aves a parte del Banco de Arguín que se sitúa en la boca de la bahía. Uno de ellos es el que llaman parque ornitológico de Teich, un complejo de lagunas de diferentes tamaños y humedales en la parte más adentro de la marisma. En especial debe ser un buen sitio durante los pasos migratorios y la invernada, pero a primeros de julio cuando estuvimos por allí estaba algo más parado. Entonces se veían las aves estivales que andaban terminando de criar en el humedal y algún migrante temprano. Algunas de las aves que vi con sus polladas fueron el cisne vulgar (Cygnus olor), el tarro blanco (Tadorna tadorna) y las cigüeñuelas (Himantopus himantopus).



Cormoranes (Phalacrocorax carbo) Foto: C. Aguilar
Todo el área es bastante extensa con una red senderos peatonales de varios kilómetros que comunican las lagunas y numerosos observatorios. Lleva su rato si quieres visitar todas las zonas, en mi caso no disponía de mucho tiempo así que visité solo una parte de las lagunas accesibles. El paisaje circundante es muy forestal, tipo campiña atlántica, y se adentra mucho en las zonas húmedas ocupando el borde de muchas lagunas. Para mantener a raya el crecimiento de la vegetación y crear prados abiertos, meten directamente rebaños de ovejas a pastorear la zona. Así puedes ver la imagen insólita de colonias de cormorán grande (Phalacrocorax carbo) con rebaños sueltos pastando bajo los nidos. Muchas de estas lagunas y zonas próximas a los fangos mareales son muy buenas para ardeidas como garzas reales (Ardea cinerea) y muchísimas garcetas comunes (Egretta garzetta).

 

Garcetas (Egretta garzetta). Foto: César Aguilar
Por lo demás, dadas la fechas, había aún pocos limícolas y entre los más comunes los archibebes comunes (Tringa totanus) y oscuros (Tringa erythropus), las agujas colinegras (Limosa limosa) en plumaje estival y las avefrías (Vanellus vanellus). Además, por número, grandes concentraciones de aves generalistas como las gaviotas reidoras (Larus ridibundus), las fochas (Fulica atra) o los azulones (Anas platyrhyrinchos). De todos modos es curioso el uso público de los humedales en Francia y se nota que hay tradición ornitológica pues cobran entrada para acceder a estos senderos y observatorios, además con precios nada populares. Eso mismo lo intentas hacer en España y o deja de ir la gente o se monta un dos de mayo.




Marismas de Sené. Foto: César Aguilar
Un humedal de características similares que visitamos fueron las marismas de Sené, más al norte en la Bretaña en el Golfo de Morbihan. Aquí nuevamente accesos de pago y encima … ¡cierran a las siete en verano! justo cuando se dan las mejores luces de tarde en los largos días de verano. Como no íbamos a tener ocasión de visitarlas más tarde, dimos algunas vueltas por allí hasta encontrar un acceso libre a un observatorio que vimos de lejos. En esta zona encontramos un poco más de lo mismo, la época es lo que tiene, pero la novedad fue un grupo de espátulas, una de ellas con anillas de colores en ambas patas. Esas ya sí que estaban en migración, pues creo que lo más cerca que crían de ahí esos bichos es en los Países Bajos.

sábado, 14 de enero de 2012

Francia 2 (2011) La duna de Pilat y el banco de Arguin

Costa arenosa en Arcachón. Foto: César Aguilar
Buena parte de las Landas es un cordón dunar continuo y la costa se presenta como una elevación arenosa con el mar a un lado y extensos pinares al otro. Aquí crece el pino negral o marítimo (Pinus pinaster), una especie con mala prensa en la Península Ibérica. Esta fama le viene por haberse utilizado para repoblar extensas superficies de terrenos pertenecientes a matorral y bosque autóctono por un interés maderero. Sin embargo, estas costas arenosas francesas son parte de la distribución natural del pino marítimo. En general todas las dunas del cordón litoral francés han sido fijadas por estos bosques y por la vegetación pionera típica de las dunas atlánticas. Aún así, la duna de Pilat se resiste a ello dadas las dimensiones que alcanza. Sucede un poco como en Doñana en los conocidos “corrales”, donde algunas dunas siguen moviéndose y engullendo poco a poco los pinos piñoneros (Pinus pinea).
 

Iratxe en la duna de Pilat. Foto: César Aguilar
La duna de Pilat cuentan que es la más alta de Europa y dependiendo de los años su altura se sitúa entre los 100-115 metros. La parte libre y móvil llega casi a los tres kilómetros de largo, con un ancho en torno a los 500 metros. Por su parte interior puede verse como va secando y ahogando a algunos de los pinos en su avance. Dicen que tiene 4000 años de historia e incluso han podido datar algunos de sus estratos con restos de cerámica de la Edad del Bronce. Subir y recorrerla es impresionante, ya no solo por la duna en sí, también por el paisaje que se domina. Desde esa altura se tienen unas buenas vistas hacia el Atlántico, a la bahía de Arcachon y sus arenales. Hay una serie de islas y depósitos de arena en la entrada de la bahía que llaman el Banco de Arguin, igual nombre que recibe un parque nacional costero en Mauritania. Imagino que este de aquí sería el lugar original del nombre y que luego con la colonización francesa se llamó a aquel de la misma forma por ser similar, pero ¡ve tu a saber!


Pez ballesta (Balistes capriscus)Foto: C. Aguilar
El caso es que este Banco de Arguin es un sitio excepcional para las aves marinas. Dicen que crían entre 3000 y 6000 charranes patinegros (Sterna sandvicensis). Y desde luego que debe haberlos porque en las playas de la zona a poco que mirara con los prismáticos no dejaba de ver pasar aves. Un trasiego continuo de charranes con sus pececillos plateados en el pico. A primeros de julio, con los pollos recién nacidos, los charranes tenían que pescar continuamente para alimentarlos. Con los picados que hacen estas aves para capturar esos peces el espectáculo estaba garantizado. La duna de Pilat la vimos también de lejos desde la propia costa en un paseo por una playa cercana. En esta zona del Atlántico las mareas son muy altas, así que si no te previenes de los horarios de pleamar y bajamar, puedes acabar volviendo del paseo encaramado al cordón dunar. Por suerte esta información la dan en todos los accesos de las playas. Salimos a pasear una extensa playa a última hora de la tarde con la bajada de la marea cuando Iratxe encontró un pez varado con pinta rara. Me acerqué y quedé alucinado, una especie así no la había visto nunca.


Salivando con el pez ballesta. Foto: I. Gonzalez
Se trataba de un pez ballesta (Balistes capriscus) de una familia bastante poco común que yo no había encontrado nunca antes buceando. Tiene un hocico pequeño, la piel dura y compacta y recibe ese nombre por la forma de la primera aleta dorsal que está reducida a tres espinas rígidas pero abatibles, como un disparador o gatillo. Dicen que cuando está en peligro se mete en una oquedad y la extiende para evitar ser extraído. Se trata además de una especie de interés pesquero por la calidad de su carne así que no dejé pasar la oportunidad. Calculé que no podía llevar más de media hora al aire por el ciclo de la marea y además se veía muy fresco, así que esa noche dimos buena cuenta de él. Lo preparé como hago las palometas (Brama brama), un poco frito, con ajos, trozos de tomate natural y todo durante 15 minutos. Su carne es realmente sabrosa, así que del mar a la mesa en un plis-plas.

miércoles, 11 de enero de 2012

Francia 1 (2011) Costas arenosas de las Landas

Ruta por Landas y Bretaña. Julio 2011
Muchos viajes surgen de libros y éste por las Landas y la Bretaña francesa de julio de 2011 fue uno de ellos. Iratxe y yo contábamos con dos semanas y no teníamos muy claro a donde ir. Recordé unos capítulos del libro de Pipe Sarmiento “Por las Costas del Mundo” (1994. ISBN 84-605-0929-X), un navegante, viajero y escritor vasco que he tenido siempre a mano. A través de ese libro he despertado la curiosidad por algunos destinos europeos que he acabado haciendo en furgoneta, como Noruega y Suecia en 2001 o Grecia en 2009. Pero ocurre que lo que más a mano tienes, lo sueles dejar para lo último. Así, las costas francesas fueron quedando atrás en las diferentes ocasiones en que cruzamos Francia. Los viajes que narra Pipe son de mediados de los setenta, por eso no guardaba muchas esperanzas de encontrar las costas tal y como él las vio aquellos años.


Leguminosa florecida en el arenal costero C. Aguilar
Subimos por las Landas haciendo una parada en Mimizan Plage, donde ya puedes ver los extensos arenales que se extienden durante más de cien kilómetros. El mar se presenta ahí de un color precioso y con un oleaje bravo, no es de extrañar la afición al surf de los franceses de esa costa. Cuenta Pipe Sarmiento que muchos de los surferos que empezaron a llegar allí a finales de los sesenta tenían una motivación no del todo deportiva. Muchos eran jóvenes estadounidenses desertores de la guerra del Vietnam huidos del reclutamiento obligatorio de su país. Pertenecían a familias que podían pagarles un exilio así, ya que tras tres años de prófugos sus obligaciones con el ejército prescribían y podían volver a su país sin problemas legales. Entre tanto deambulaban con sus tablas de surf y furgonetas por los mejores sitios de Europa, principalmente las Landas francesas. Esto se lo he leído a Pipe después, pero del libro al que me he referido me quedaron las descripciones de arenales y dunas costeras que se levantaban como auténticas montañas.



Barco varado en la playa. Foto: Pipe Sarmiento
Del libro saqué la imagen de la gran duna de Pilat y también la de una costa cambiante donde, en aquel entonces, se acumulaban grandes barcos varados. Las imágenes de gigantes cargueros en la arena eran muy sugerentes. Un auténtico cementerio de barcos en las costas francesas. En aquellos años localizó por allí hasta 5 grandes barcos en un área muy pequeña. Pero aquello no iba a ser una foto fija pues, ya entonces, esas inmensas chatarras eran carne de desguace. Pese a ello,  albergaba la esperanza de que por un casual quedara alguno resto aún por allí, pero no hubo suerte. Rastree con el Google Earth buena parte de la costa arenosa, donde cualquier objeto en la playa de ese tamaño se ve sin problemas. Luego pregunté a unos cicloturistas franceses que estaban haciendo el sendero que seguía la costa, pero nada. Sus mapas y guías no decían nada y a ellos tampoco les sonaba nada parecido.



Barrón (A. arenaria) lechetrezna marina (E. paralias)
No se si quedará aún algún barco varado en esa costa, pero desde luego no parece fácil encontrarlos sin información más precisa. Pero la duna de Pilat no podía haberse ido, así que subimos hasta Arcachon para visitarla. Hoy en día esa duna es un atractivo turístico con parking de pago, tiendas de recuerdos a la entrada y autobuses cargados de turistas, pero aún así merece la pena una visita. El primer día que llegamos vimos el panorama y esperamos al día siguiente para madrugar un poco y verlo con menos gente. Aunque haya perdido el encanto del sitio salvaje que fue, aún se queda uno impresionado con la descomunal acumulación de arena allí.

Charlando con Roge Blasco en Radio Euskadi 2

Cine en una comunidad ashaninka. Foto: C. Aguilar
Primero fue una entrevista general en "La Casa de la Palabra" de Radio Euskadi. Luego pasé al otro programa de Roge Blasco, "Levando Anclas," donde relaté con más tiempo mi estancia por Perú en 2011 en dos capítulos. Hasta ahora se había emitido solo el programa de La Casa de la Palabra (agosto 2011) y el primer capítulo de Levando Anclas (octubre 2011). Podéis encontrar los enlaces a los podcast de aquellos programas al final de la entrada "Charlando con Roge Blasco en Radio Euskadi 1".  El pasado día de Reyes se emitió el último capítulo de Levando Anclas que grabé.





Indígena ashaninka de caza. Foto: C. Aguilar
En él estuve hablando del valle de las orquídeas en el Alto Mayo, de los rastros de mamíferos del bosque, del ocelote que grabé allí, del bosque  tropical seco de Ojos de Agua, del mayor helecho arbóreo del continente americano Platicerium andinum, del colibrí maravilloso, de la fortaleza de Kuelap, de los sarcófagos chachapoyas, de los 700 m de la cascada Gocta, del genuino Jesús López de Dicastillo y de los indios ashaninkas del Pichis. ¡Casi nada! Todo eso esta por aquí en este blog y como siempre ha sido un placer charlar de ello con Roge Blasco en uno de los programas radiofónicos que más disfruto escuchando. Ahí os dejo el enlace al podcast del último programa para el que tenga curiosidad, os comento el minutaje dentro del archivo de ese día.


Audio Programa “Levando Anclas” Radio Euskadi 6 Enero 2012
(00:59:00 – 01:29:00)

domingo, 1 de enero de 2012

El buscador de ríos (Libro)

El buscador de ríos 
Fernando del Hoyo Lasarte
Infotienda. Logroño. 2008
ISBN 978-84-936699-3-5
(Biblioteca Pública de La Rioja 860-3 HOY bus)

Encontré esta novela por casualidad y me llamó la atención el título y su argumento. Luego vi que había sido escrita por un paisano logroñés de modo que me picó aún más la curiosidad. El buscador de ríos era el nombre con que llamaban algunos de africanos a Livingstone el mítico explorador africanista del siglo XIX, por su curiosidad por anotar y cartografiar los ríos africanos. La novela recrea el viaje de exploración que hizo Stanley desde la isla de Zanzíbar (ese destino actual de vacaciones del Índico) para ir en su busca. Muy conocida es la frase de aquel encuentro “Dr Livingstone supongo”, así que desde un principio ya sabemos el desenlace y hay poca emoción en ese sentido. Sin embargo lo que es menos conocido fue como se fraguó y desarrollo aquel viaje y de ello se encarga la novela.


A Livingstone se le daba por desaparecido en el corazón África en el transcurso de sus exploraciones y contactar con él supuso una tarea especialmente difícil en aquella época. Aunque se trata de una novela, se basa en los hechos reales del viaje. Tanto Stanley como Livingstone, como buenos exploradores, dejaron cuadernos y diarios con suficientes anotaciones como para poder reconstruir el periplo en una novela. Aquí se cuenta el viaje de Stanley pero no termina con el encuentro de Livingstone, sigue con la estancia de ambos en la zona, el retorno de Stanley y algo de la gloria y las polémicas a su regreso a Europa. Un relato que nos sumerge en el ambiente de las exploraciones africanas del siglo XIX con toda la crudeza de aquella época con comerciantes de esclavos árabes, caravanas de porteadores inmensas, guerras entre tribus, pantanos y desiertos inhóspitos y exploradores déspotas y crueles, a lo cual Stanley no es ninguna excepción a pesar de la épica de su viaje.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Los vascos y la caza de la ballena

Museo naval de San Sebastián. César Aguilar
Fuera del País Vasco es poco conocida la tradición de la caza de ballenas que se practicó en el litoral vasco y cántabro durante siglos. Fácilmente asociamos esa actividad a los pueblos escandinavos o del ártico, pero olvidamos que los vascos mantuvieron una intensa y larga actividad ballenera. Esta relación es la que explora una interesante exposición que pude ver en museo naval del San Sebastián hace algunas semanas llamada “Cazadores de Ballenas”. Los vascos comenzaron la caza del ballena en el cantábrico pero más tarde la llevaron a las costas de Canadá. La actividad fue de tal importancia que el nombre común de la ballena que más cazaban lleva su nombre, la ballena franca septentrional (Eubalaena glacialis) o ballena de los vascos. Fue una especie común en las aguas cantábricas y la más perseguida por su carácter tranquilo y su querencia por las aguas costeras. Su intensa persecución la llevó a la extinción en esta parte del océano Atlántico.





Cartel de la exposición "Cazadores de Ballenas"
Hace unos años tuve ocasión de ver en las costas de la Patagonia argentina la otra especie de ballena franca que existe, la meridional (Eubalaena australis). La proximidad que permitían no la he visto en ningún otro cetáceo y aunque ahora sea mayor al no sentirse amenazada, ese carácter confiado y pacífico las hizo tan vulnerables como para ser cazadas desde una barca de remos y el uso de arpones. Al parecer la caza de ballenas en el Cantábrico de este modo está documentada en el siglo XII, aunque en Europa las primeras referencias son del siglo IX. Tal era su importancia, que algunas localidades costeras vascas tuvieron su origen en ser buenos oteaderos para el avistamiento de ballenas.
 


Grabado con cachalote que inspiró el libro Moby Dick
Hasta el siglo XVI parece que la actividad ballenera se mantuvo ceñida a la poblaciones del mar Cantábrico. Sin embargo a partir de las expediciones hacia el noroeste de Canadá comienza una gran movilización de barcos y personas. En las primeras expediciones transatlánticas iban interesados por el bacalao pero luego los bancos de Terranova, Labrador y golfo de San Lorenzo fueron también el escenario de la caza de la ballena. En la época de apogeo de la actividad en el siglo XVI se mataban unos 400 cetáceos al año, de los que obtenía aproximadamente unas 20.000 barricas de aceite. Los balleneros vascos llegaron a monopolizar en ese siglo el suministro de aceite de ballena en Europa.




Última ballena franca capturada el País Vasco 1901.
La caza sistemática del cachalote (Physeter macrocephalus) en aquellas costas llegaría mucho más tarde, pero ya esa iniciativa la tomaron los balleneros de la costa este de los Estados Unidos. Los cachalotes eran muchos más agresivos que la ballena franca y fue esa otra especie la que inspiró a Herman Melville la historia de la novela de Moby Dick en 1851, el cachalote blanco que aterrorizaba a los marineros. Pero afortunadamente las historias de persecuciones de ballenas forman parte ya del pasado y la industria ha desaparecido en la mayor parte de países, salvo algunos reacios como Noruega y Japón. La última ballena franca capturada en el País Vasco fue en 1901, arponeada por pescadores de Orio desde traineras, un interesante punto y final que se puede ver en una fotografía en sepia en la exposición del museo naval.  

martes, 20 de diciembre de 2011

La nutria recupera nuestros ríos 2

Causas de la recuperación

Nutria (Lutra lutra). Foto: Fco. Javier Robres
Acostumbrados como estamos a ver como muchas especies de nuestra fauna están en regresión, la recuperación ahora de la nutria pudiera parecer contradictoria. Así, haciendo un análisis retrospectivo de la influencia de las distintas causas que se indicaron para la regresión de la nutria (persecución directa, contaminación, destrucción del hábitat, …), parece que la más probable y principal de ellas fue la contaminación con compuestos tóxicos bioacumulables. Diversos tipos de pesticidas (DDTs, PCBs) altamente tóxicos, fueron usados masivamente en la agricultura y la industria desde mediados del siglo XX en toda Europa. La nutria, como depredador del río, fue acumulando contaminantes difícilmente metabolizables presentes en sus presas hasta concentraciones que afectan a la capacidad reproductora y de supervivencia de los ejemplares. Estos compuestos empezaron a disminuir por restricciones legales a partir de mediados y finales de los años 80, periodo en que empezó a invertirse la tendencia regresiva de la nutria en España.



Nutria (Lutra lutra). Foto: Santiago Palazón
Una vez corregida la causa principal, que con ayuda de las otras provocó la regresión general de la nutria, la especie ha sido capaz de sobreponerse a los demás factores negativos. Algunos de esos factores siguen actuando, otros no, pero ya la dinámica iniciada es de recuperación como vemos en los resultados de los sondeos. Por su parte, la persecución directa hace décadas que acabó y el mensaje de conservación de la naturaleza ha ido calando en una sociedad cada vez más urbana. Aunque la persecución no debió ser determinante a nivel general para explicar la regresión, desde las juntas de extinción de alimañas que funcionaron hasta los años sesenta, hasta las políticas de conservación de hoy en día, hay un gran cambio de mentalidad. También la contaminación de origen urbano e industrial de los ríos se ha ido reduciendo con relación a décadas pasadas, si bien aun queda bastante camino por recorrer. No obstante, las políticas hidráulicas siguen alterando los cauces, y por ello indicaremos algo más sobre estas amenazas en relación a los cursos fluviales riojanos.

Problemas y amenazas
 

Atropello N-111 Torrecilla en Cros. Beatriz León
Hoy en día el dragado de cauces, la creación de escolleras, las infraestructuras hidráulicas y la detracción de caudales siguen alterando los ríos y riberas de La Rioja. Todo ello incide en la fragmentación del hábitat, uno de los factores más negativos para la presencia continua del mustélido en los ríos.  La retirada de gravas ha sido práctica habitual en los tramos bajos de los afluentes del Ebro tras las crecidas. También en los últimos años se han acometido en muchas poblaciones las mal llamadas “obras de recuperación de riberas”, creando escolleras para defender paseos urbanos junto al río. Ambos tipos de actuaciones dejan amplios tramos de río sin vegetación natural ni refugio para la fauna. Las obras hidráulicas (embalses y minicentrales) por su parte, siguen fragmentando la continuidad de los territorios y obligan a las nutrias a desplazamientos fuera del río, haciéndolas más vulnerables a los atropellos. Por último, la detracción de caudales es un problema que afecta a los tramos bajos de los afluentes riojanos del río Ebro. A unos caudales ya mermados por las captaciones de minicentrales y canales de riego, se suman las extracciones directas del cauce para la agricultura que en verano llegan a secar tramos enteros.

Perspectivas futuras


Nutria (Lutra lutra). Foto: Fco. Javier Robres
La amplia distribución de la nutria a lo largo de todos los cursos de agua de La Rioja, supone una importante garantía para la especie a medio plazo. En su recolonización, los problemas de calidad del agua no parecen haber sido tan determinantes como podía esperarse y no la han disuadido de ocupar tramos con baja calidad. En este sentido, la presencia de cangrejo americano y la disponibilidad de refugios parecen haber favorecido a la nutria en muchos lugares. Las mejoras de calidad del agua, esperables tras las inversiones en depuración y saneamiento en los municipios riojanos, deberían promover una situación más favorable para la especie. Sin embargo, la fragmentación del hábitat parece que va en aumento y es necesario evitar la pérdida de zonas de refugio a consecuencia de actuaciones en los cauces y orillas. Por último, parece necesario un seguimiento de la mortalidad no natural de la especie, localizando en especial los puntos negros en la red viaria y ubicando en ellos pasos de fauna con un seguimiento posterior que garantice su funcionalidad.

Para saber más:
La nutria en España. Veinte años de seguimiento de un mamífero amenazado. J.M. López Martín, y J. Jiménez  Pérez (eds.). SECEM. Málaga. 2008.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La nutria recupera nuestros ríos 1

El texto de las dos entradas con este título pertenece a un artículo que publiqué en enero de 2010 en “Piedra de Rayo. Revista Riojana de Cultura Popular” en su número 33. Hablando con la gente de la situación de los ríos en general y del Ebro en particular, habitualmente muchos imaginaban a la nutria como ese animal muy escaso que vive en las cabeceras de los ríos de montaña. Eso ya no es así y creía entonces que su nueva situación aún no era muy conocida. Así que, aprovechando que se acababa de publicar el último sondeo nacional de la nutria, preparé este artículo para la revista. El texto y las fotos están tal cual aparecieron en la publicación.


Huellas de nutria. Foto: César Aguilar
Son pocas las veces que tenemos ocasión de ver a un animal como la nutria en su medio natural y ello nos lleva a pensar que debe de tratarse de un animal muy escaso y amenazado. En realidad ha sido así hasta hace poco tiempo, pero los resultados comparados que acaban de publicarse de tres sondeos nacionales realizados durante veinte años, nos muestran un panorama bien distinto. La nutria está recolonizando gran parte de los ríos que habitó en otros momentos, una tendencia observable tanto a nivel nacional como en los cursos fluviales de La Rioja. En nuestra Comunidad ha pasado de ocupar sólo los tramos favorables de unos pocos ríos, a estar de manera casi continua en todos ellos. Así, hoy encontramos a la nutria a lo largo de todo el río Ebro y de los siete afluentes riojanos que recorren nuestro territorio.
 






El estudio de un mamífero discreto

Excrementos de nutria. Foto: César Aguilar
La nutria es una especie de hábitos nocturnos y crepusculares que habita ríos y riberas. Su actividad, al igual que la de la mayoría de los mamíferos, queda fuera del alcance de nuestra vista y por ello parte de su estudio ha de hacerse por métodos indirectos. Es el caso de los estudios de distribución y dieta que podemos llevar a cabo con algo mucho más fácil de encontrar como son las huellas y los excrementos. En el estudio de algunos mamíferos, identificar correctamente este tipo de rastros de forma visual requiere cierta experiencia y aún así no siempre es fiable. Las limitaciones para identificar especies en base a sus excrementos las estamos conociendo ahora que contamos con métodos más objetivos de estudio como los basados en el ADN. A partir de los restos biológicos del animal contenidos en los excrementos, se puede extraer el ADN y conocer la identidad del animal. Sin embargo, éstos son métodos caros y costosos que no están al alcance de cualquiera. Por suerte, en el caso de la nutria la identificación visual de excrementos es posible con poco margen de error y por ello se ha convertido en una herramienta fundamental para conocer su distribución a gran escala. 

Primer sondeo nacional, la nutria bajo mínimos 
 
Mapas "La Nutria en España"SECEM 2008
Contando con un sistema sencillo para conocer la presencia de la nutria como el indicado, en los años 80 se emprendió un sondeo nacional para conocer su situación. Aquel primer sondeo fue promovido por el entonces ICONA, mientras que los dos siguientes ha sido la SECEM (Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos) la encargada de continuar la tarea con un gran esfuerzo colectivo. A modo de ejemplo, decir que en el último sondeo nacional participaron un total de 258 personas, la gran mayoría de ellas de manera completamente desinteresada. El primer sondeo de los años ochenta (1984-85) permitió constatar la regresión de la nutria en la Península Ibérica. La especie había desaparecido de muchos territorios, en especial en la parte oriental, y en otros sus poblaciones estaban bajo mínimos. Hay que recordar que en el contexto europeo ese declive había llevado incluso a la extinción de la especie en algunos países como Suiza o los Países Bajos. En aquel sondeo las nutrias en La Rioja se hallaron sólo en algunos tramos medios y altos de unos pocos ríos y en un sólo punto del río Ebro, proporcionando la imagen que aún guardamos de la especie como propia de ríos de montaña.

Segundo y tercer sondeo, se confirma la recuperación


Nutria (Lutra lutra). Foto: Madis Põdra
El segundo sondeo, desarrollado diez años más tarde (1994-96), mostraba cambios en la distribución nacional que sugerían una mejora de sus poblaciones. En La Rioja, aunque se dejaba ver una cierta recuperación, quedaban aún amplias ausencias como las de los ríos Oja y Cidacos atribuidas, en parte, a la falta de caudal por la sequía. Durante el tercer y último sondeo (2004-06), se ha confirmado la recuperación de la nutria a nivel nacional, proceso que también ha tenido su reflejo en nuestro territorio. Aquí los ríos Oja y Cidacos han vuelto a contar con la presencia de nutrias en todo su recorrido y la recuperación ha llegado a tal punto que se han hallado nutrias hasta en el Alhama-Linares, una zona donde no se había recogido ninguna cita ni en los dos sondeos anteriores, ni en ninguna otra publicación. Con la ocupación de esa cuenca oriental, la más precaria en calidad y cantidad de agua, la nutria completa su presencia a lo largo de todos los ríos riojanos y confirma la recuperación de sus poblaciones en La Rioja.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Delta del Ebro 3 (2011) Limícolas y Punta del Fangar

Limícolas en la playa. Foto: Javier Robres
Aunque la época no era buena para los limícolas, en algunas de las playas de la punta de la Banya hacían escala grupos de correlimos zarapitines (Calidris ferruginea), tridáctilos (Calidris alba) y algún vuelvepiedras (Arenaria interpres). Algunos aún guardaban los coloridos plumajes de la época estival, mientras otros ya estaban mudando a los de invierno. Varios ejemplares de correlimos tridáctilos ya estaban blanquitos como solemos verlos en invierno. Es sorprendente los viajes de estos migradores de larga distancia que, como los tridáctilos, están de vuelta a finales de julio hacia el sur tras haber criado en islas y zonas altas del ártico como Groenlandia o Siberia. En las salinas también eran comunes los archibebes comunes (Tringa totanus) y más escasos los archibebes claros (Tringa nebularia) y oscuro (Tringa erythropus), así como las avocetas (Recurvirostra avosetta) y los andarríos grande (Tringa ochropus), chico (Actitis hypoleucos) y bastardo (Tringa glareola) entre otros. En general poco numerosos pero muchas especies de limícolas.



Pancratium maritimum Foto: César Aguilar
La otra gran barra de arena que se forma en la zona es la Punta del Fangar, en el hemidelta norte. Javier recordaba que se podía acceder por una pista pero ésta hacía tiempo que estaba cortada y las dunas litorales habían acabado por cubrirla. El cordón dunar de estas playas no es muy amplio y enseguida aparecen zonas bajas y suelos salitrosos hacia el interior, pero sí es continuo a lo largo de la costa. Sobre las dunas aparecen varias especies cosmopolitas y típicas de estos ambientes como la gramínea barrón (Ammophila arenaria) y la lechetrezna marina (Euphorbia paralias). Otra de las plantas que estaba ahora en floración era la oruga marítima (Cakile maritima), una crucífera de tallos hinchados con pequeñas flores de cuatro pétalos y color rosa pálido.



Bufalaga (Thymeleae hirsuta)  Foto: César Aguilar
También en floración encontramos las azucenas marinas (Pancratium maritimum) que hacía tiempo que no veía en todo su esplendor y que son espectaculares. A medida que te alejas de las dunas hace aparición la vegetación de saladares como tamarices arbustivos (Tamarix sp.), la verdolaga marina (Atriplex portulacoides) y la bufalaga (Thymeleae hirsuta). Entre varias quenopodiáceas salinas como la Suaeda sp.  y Salicornia sp., pude reconocer tres especies de juncos característicos de este tipo de suelos, aunque sus inflorescencias estaban ya agostadas. Fueron el junco redondo (Juncus acutus), el junco marítimo (Juncus maritimus) y Juncus conglomeratus. La punta del Fangar es también un lugar de cría de gaviotas y charranes, así que con la pista de acceso cerrada y comida por la arena están mucho más tranquilas las colonias. 


Bivalvos con concha horadada. Foto: César Aguilar
Accedimos por la playa hasta la mitad de la península de arena. De camino los charranes patinegros hacían sus picados sobre el agua y pasaban volando con sus presas hacia las colonias. Mirando hacia el faro de la punta es fácil ver espejismos producidos por el calor sobre la arena. Uno no se puede uno fiar de que bajo el faro que ve, haya lo que parece una lámina de agua somera ... es un espejismo. Otra de las sorpresas del recorrido estaba en la propia playa llena de pequeñas conchas de bivalvos. Fijándonos un poco descubrimos que muchas de ellas tenían un agujero perfecto. Calculamos que entre un 15 y 20 % de las que veíamos lo tenían y siempre era de igual tamaño. Está claro que hay un depredador que se alimenta de estos bivalvos y que es capaz de horadar sus conchas.Aún no hemos dado qué especie puede ser pero he leído que algunos moluscos son capaces de hacer esto. Al parecer algunos tienen secreciones capaces de disolver la concha y con la rádula pueden llegar a perforarla. Si alguien conoce la especie que hace eso en el Mediterráneo le agradezco que lo ponga en los comentarios de abajo del blog. Uno no deja de asombrarse con la ecología de especies así. 


Pollo de abejaruco "playero". Foto: Javier Robres
Cuando ya dábamos por finalizado el paseo por la playa del Fangar, aún había otra sorpresa esperándonos. En todo el Delta no habíamos visto hasta ese momento abejarucos (Merops apiaster), aunque sí aviones zapadores (Riparia riparia) y nos preguntábamos donde criarían en la zona. Siguiendo a un abejaruco en vuelo encontramos la respuesta. Después de marcharse los bañistas, el adulto que venía con una libélula en el pico hizo una ceba en un talud de la playa entrando en un agujero completamente accesible. No habría ni un metro de arena de talud, en el borde de una duna de la misma playa, pero no debía haber mejor sitio en todo el Delta. El pollo grandón esperaba en la boca del agujero la próxima ceba, mientras los últimos bañistas dejaban la playa con la caída de la tarde. La falta de lugares para nidificar en el Delta es notable. Si uno mira el atlas de aves nidificantes de España ve varias cuadrículas vacías que reflejan esa situación. Lo que vimos era en realidad también una "rareza", no como la de los limícolas divagantes, sino otra de las que pasan desapercibidas a muchos birdwatchers. 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Delta del Ebro 2 (2011) Gaviotas, flamencos y alguna rareza

Gaviota de Audouin (Larus auodouinii). J. Robres
A parte de arroz y lagunas, en las costas del Delta del Ebro se pueden encontrar extensas barras de arena sin urbanizar, algo escaso en el Mediterráneo. Las playas son frecuentadas por bañistas, pero solo en unos pocos lugares. Aún así, muchos sitios están lejos de ser lugares idílicos por la cantidad de basura que acumulan. Buena parte de ella es de la que arrastrar el mar y llega a él a través de las crecidas del Ebro. Es igual en muchos sotos del río Ebro, donde en invierno, cuando la vegetación no la cubre hay de todo, en especial todo aquello que flote y pueda arrastrar el agua. Pero a pesar de esto, los arenales son especialmente interesantes para las aves. Hay uno que es especialmente curioso, se llama la barra del Trabucador y es un arenal de varios kilómetros con unas decenas de metros de ancho que lleva hasta una península arenosa con unas salinas, la punta de la Banya. La barra y la península forman una bahía muy característica que llaman la atención en cualquier mapa de España cuando te acercas a la zona del Delta del Ebro.



 Flamenco (Phoenicopterus roseus). Javier Robres
La barra del Trabucador es accesible en coche, pero solo hasta el comienzo de la península. Por el camino vimos muchos chorlitejos patinegros (Charadriusalexandrinus ) de los que crían por estos arenales. Estos sitios son buenos para ver todo tipo de gaviotas, como picofinas (Larus genei),  patiamarillas (Larus michahelis), reidoras (Larus ridibundus) y cabecinegras (Larus melanocephalus). Pero hay unas que son especialmente interesantes, las gaviotas de Audouin (Larus auodouinii) que crían en estos saladares y que pudimos ver por doquier. Se trata de una especie endémica del mediterráneo que a mediados de los setenta estaba considerada como una de las aves más amenazadas del mundo. Sin embargo la colonia del Delta experimentó un incremento espectacular, y en las últimas décadas llegó a 12.000-15.000 parejas reproductoras. Esto supone el 60% de la población mundial y por ello se trata de la principal colonia de la especie. 


Colonia de charranes (Sterna sandvicensis). J. Robres
Muchos ejemplares que vimos estaban marcados con anillas de PVC, algo que es relativamente normal pues la especie viene siendo objeto de programas de marcaje y seguimiento desde hace mucho tiempo. Pero la punta de la Banya también es el lugar donde se sitúa la colonia de cría de flamencos (Phoenicopterus roseus) del Delta. La mañana que estuvimos por allí habían ido a anillarlos, al igual que hacen desde hace años en la colonia de Fuente de Piedra (Málaga), acorralando a los jóvenes que forman guarderías y que aún no pueden salir volando. La colonia no es accesible para los observadores ni en coche, ni a pie, pero los adultos se desplazan a diario por filtrar el agua de las muchas charcas y salinas de los alrededores. Los vimos alimentarse, cabeza abajo, con esos picos tan “marcianos”, mientras hacían con las patas un movimiento como de estar en una bicicleta estática para remover el agua y optimizar el filtrado.


Calidris fuscicollis Foto: Javier Robres
En la punta de la Banya tambien habían criado los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) y ahora se podían ver grupos de adultos cebando continuamente a pollos de buen tamaño. Había un trasiego importante de adultos con su pececillo plateado en el pico, recién cogido en el mar, buscando cual de todos los pollos andarines que pedían comida era el suyo. Tanto habíamos estado mirando el trasiego de la colonia, que nos había pasado desapercibido un pequeño correlimos en una de las orillas. Nos avisaron otros pajareros de la rareza que había en la colonia de charranes, así que con la información concreta, la segunda vez ya vimos al limícola solitario. Se trataba de un correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis) una pequeña ave con una destacada ceja blanca, que es un divagante de América del Norte. Causa vértigo imaginar como un ejemplar de ese tamaño haya podido sobrevivir a cruzar el Atlántico y seguir con las fuerzas suficientes para andar aún por ahí.


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