domingo, 27 de mayo de 2012

Lanzarote 6 (2011) Lagartos, cuevas volcánicas y crustáceos endémicos

Lagarto de Haría (Gallotia atlantica) Foto C. Aguilar
En Lanzarote no hay serpientes ni anfibios autóctonos, solo un par de especies de reptiles: una salamanquesa (Tarentola angustimentalis) y un lagarto. En Canarias los lagartos que encontramos son otro ejemplo más de la radiación adaptativa de especies en islas. Al parecer los lagartos del género Gallotia de las Canarias tienen su origen en el norte de África y llegaron primero a las islas orientales como a esta de Lanzarote. A partir de ahí se produjo una colonización del resto de islas durante varios millones de años. El resultado que hoy vemos son 7 especies vivas de lagartos del género Gallotia distribuidos en las distintas islas. En Lanzarote está el Lagarto de Haría (Gallotia atlantica). Esta especie ocupa todos los hábitats posibles y es muy común de ver, aunque dicen que está ausente de los campos de lava de la última erupción en Timanfaya.


Lagarto de Haría (Gallotia atlantica) Foto C. Aguilar
Las cadenas tróficas del Timanfaya apenas han comenzado a establecerse y solo han llegado a colonizar la roca volcánica los líquenes y algunos insectos y arañas. Eso a pesar de haber transcurrido varios siglos desde la última erupción. A los lagartos de Haría aún no les ha tocado el turno. Otra cuestión que sorprende de estos reptiles son las grandes variaciones en tamaño y coloración que tienen. Al principio, si no conoces bien la distribución de los lagartos en las islas, dudas de si todos los que ves son la misma especie, pues cuesta creerlo con la variabilidad que se ve. Se han llegado a describir algunas subespecies dentro de la isla en base a esas variaciones, aunque no todas están aceptadas.
 


Galería volcánica, Cueva de los Verdes. C. Aguilar
Visitando algunos de los sitios turísticos de la isla uno se encuentra con los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes. Son dos partes de una misma cavidad subterránea que viene desde el volcán La Corona. Se trata de un túnel volcánico bajo el malpaís de la Corona de casi 9 Km de largo, uno de los más grandes del planeta. Este túnel fue un antiguo canal de salida de la lava bajo el subsuelo que iba hasta el mar. Con el enfriamiento de la lava y el cese de la actividad volcánica, se solidificaron las paredes y la masa fluyente se drenó hacia el mar dejando una gran galería continua. Los derrumbes de los techos que luego se han producido son lo que en Lanzarote llaman jameos.



Derrumbe en Jameos del Agua. Foto: César Aguilar
En la Cueva de los Verdes se puede hacer un recorrido por uno de esos túneles que no tienen nada que ver con las cuevas de origen cárstico, ya que ahí no hay estalagmitas ni estalactitas, aunque sí otras formas de la roca debidas a la lava. Más hacia la costa, el túnel volcánico se ve invadido por el agua del mar que se filtra desde el llamado túnel de la Atlántica. Esto se puede ver en un punto que han acondicionado en la zona para el turismo, los Jameos del Agua, una de las intervenciones sobre el paisaje que realizó César Manrique. Los estanques de agua que aparecen en los Jameos están conectados con el mar y de allí provienen unos pequeños crustáceos ciegos y despigmentados que han evolucionado en el hábitat cavernícola.


"Jameito" (Munidopsis polymorpha). César Aguilar
Se trata unos cangrejos que los turistas llaman "jameitos" y que es la especie Munidopsis polymorpha, de entre 1 y 2 cm muy abundantes en el lugar. Es muy popular su observación porque los bichos permanecen indiferentes a la gente comiendo con sus pinzas las algas diatomeas que tapizan la roca. La mejor hora para verlos es al final de la tarde cuando salen para su actividad nocturna. Se trata de una especie endémica que solo habita en Lanzarote y que se ha convertido en un símbolo natural para el turismo en la isla. Hay otros invertebrados endémicos despigmentados en ese agua, anfípodos, isópodos, ostrácodos y poliquetos, pero esos ya son difíciles de ver.

domingo, 20 de mayo de 2012

Lanzarote 5 (2011) Barranco de Malpaso

Iratxe al final del barranco de Malpaso. C. Aguilar
Un sito muy agradecido para conocer algo de la vegetación de los valles y barrancos del interior de la isla, es el Barranco de Malpaso al que se puede acceder desde Haría. Esta última localidad tiene además en su entorno un palmeral disperso de palmera canaria (Phoenix canariensis) muy pintoresco. También, no muy lejos está el volcán de la Corona que me quedé con ganas de visitar. Pero volviendo al valle de Malpaso, en él se suceden bancales tradicionales de cultivo, vegetación natural y algunos de los escasos pinos canarios (Pinus canariensis) que pueden verse en la isla. En realidad no son originarios de Lanzarote sino que fueron introducidos desde otras islas, pero a su amparo se ven con más facilidad algunas aves con querencia forestal que no tienen mucho hábitat en la isla.



Cyanistes caeruelus deneger. César Aguilar
Una de ellas es el canario (Serinus canaria), la forma silvestre de la especie que se cría en cautividad para canto, que es un endemismo macaronésico. Hasta hace algunas décadas los canarios no estaban presentes en las islas orientales como en esta de Lanzarote, aunque ahora parece que ya se han asentado en ellas. Otra ave más o menos forestal, con poco hábitat en la isla y que pude ver ahí, fue la subespecie de herrerillo común (Cyanistes caeruelus deneger). Es una subespecie que se diferencia bien de la que tenemos en la Península Ibérica, aunque es similar a las subespecies de las otras islas canarias y a los herrerillos del norte del África. La típica boina azul que vemos en la subespecie nominal, en estos herrerillos es más oscura, casi negra, así que llama bastante la atención.



Sylvia conspicillata orbicularis. César Aguilar
Otra ave muy abundante, en cualquier matorral de la isla es la curruca tomillera (Sylvia conspicillata orbicularis). En La Rioja la tomillera suele ser un ave escasa aunque bien distribuida por las zonas áridas del Valle del Ebro, así que verla en Lanzarote en tal abundancia y tan conspicua es siempre un placer. Se me ocurre que su abundancia es debida a que es una de esas pocas aves que han triunfado en la isla y que ante la falta de competencia de otras especies similares, ha ampliado bastante su nicho ecológico. Pero además de aves en el barranco de Malpaso se veían algunas plantas con vistosa floración como la umbelífera Ferula lancerottensis de gran porte y que está incluida en el catálogo de especies amenazadas de Canarias.




Umbelífera Ferula lancerottensis C. Aguilar
Otra especie catalogada que había por allí era la cerraja de risco (Sonchus pinnatifidus), que es muy ramoneada por el ganado y de la que encontramos algunas plantas también floridas. Además de arbustos como las típicas tabaibas (Euphorbia sp), bien distribuidas por toda la isla, encontramos en ese barranco otras plantas  como los Aenonium que son comunes en los malpaíses de lava. Son un tipo plantas de la familia de las crasulaceas que crecen principalmente en Canarias y que presentan unas características rosetas de hojas. Las tenemos vistas en macetas de muchas localidades del mundo, en sitios soleados y sin heladas, principalmente de costa. Los Aeonium son un buen ejemplo de radiación adaptativa en la colonización de las islas, ya que han dado lugar a un buen número de especies endémicas a lo largo de todas las Canarias.







Varias especies de flora. Fotos: César Aguilar
Ya por último, hubo otras dos plantas que me llamaron la atención en el paisaje. Unas eran unos cardos arbustivos que llaman cardo de cristo (Carlina salicifolia), con hojas muy peculiares para ser cardos y que aún tenían los capítulos del año anterior secos. Las otras era unas pequeñas flores de la familia de los iris que estaban recién florecidas con un llamativo azul, Romulea columnae. En definitiva un paseo de lo más agradable que no hay que perderse sobre todo en época de  floración.

viernes, 11 de mayo de 2012

Lanzarote 4 (2011) La isla de La Graciosa

Flores en La Graciosa al fondo Montaña Blanca.
El archipiélago de Chinijo es un conjunto de islas que se sitúan al norte de Lanzarote a poco más de 10 km de sus costas. De ellas La Graciosa es la más grande y la única accesible. Para llegar allí embarcamos en el puerto de Orzola dirección a Caleta del Sebo. Si albergaba alguna esperanza para hacer snorkel en las playas de la isla, el fuerte oleaje que había al hacer el trayecto en barco ya me decía que ese día iba a ser imposible. Y no es que hiciera un día malo, pero aún con ambiente soleado el aire y el oleaje eran muy intensos, así que tuve que cargar durante todo el día con las gafas y aletas para nada. Las costas de la isla prometían pero... otra vez será.




Recorriendo La Graciosa en bici. Iratxe Gonzalez
Dentro de la isla no se permite la circulación de coches, salvo los de las empresas turísticas que te hacen recorridos. De todos modos no es un gran trauma ya que a la pequeña población de Caleta del Sebo, solo hay que añadir unas pocas casas más en Pedro Barba, en total no más de 700 vecinos. El largo de la isla ronda los 10 km así que un opción llevadera es alquilar bicicletas y recorrerla.  Hay varias pistas de tierra y la alternativa a ese plan era quedarse en las playas de Caleta o andar por los alrededores con un sol intenso. Alquilamos las bicis e hicimos un recorrido circular a la isla al que dedicamos todo el día.





Águila pescadora (Pandion haliaetus). César Aguilar
Algo que caracteriza al archipiélago de Chinijo es su importancia para las aves marinas especialmente las islas de Montaña Clara y Alegranza, aunque su acceso está restringido. En ellas crían aves marinas tan interesantes como los paíños común (Hydrobates pelagicus) y pechialbo (Pelagodroma marina), las pardelas chica (Puffinus assimilis)  y cenicienta (Calonectris diomedea) o el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii). Pero ni era la época mejor, ni es fácil desde tierra, ni podía cargar en la bici con el telescopio, pues ya cargaba los trastos de snorkel, así que no hubo ocasión para las marinas. Eso sí, en esas fechas ya pudimos observar un águila pescadora (Pandion haliaetus), que aunque crían en la zona, debía ser de las primeras del paso migratorio.



Algunas especies de flora. Fotos: César Aguilar
Por lo demás el día por la isla dio para circundar su perímetro a golpe de pedal, descansar en la playa de Las Conchas e inspeccionar un buen rato la flora dunar de los alrededores. Al igual que el resto de la isla, los arenales estaban a rebosar de colorido con alfombras de flores estacionales tras las lluvias caídas semanas anteriores. Algunas de las que estaban con flores en ese momento eran la uvilla de mar (Zygophyllum fontanesii) y la lengua de pájaro (Polycarpea nivea). Ambas presentan una distribución macaronésica y por el norte de África. Los frutos de la uvilla de mar son bien curiosos, pues son como pequeñas boyas que flotan y se dispersan de una costa a otra por las corrientes marinas.




Algunas especies de flora. Fotos: César Aguilar

Una planta anual que ocupaba grandes extensiones de arenales era una de la familia de las borrajas que en Canarias llaman camellera (Heliotropium ramosissimum), característica por sus apretados capítulos de flores blancas. También de amplia distribución en arenales del Atlántico estaban la oruga marina (Cakile maritima) y el tomillo de mar (Frankenia capitata). Pero lo que más rabia me da es que aunque consigo identificar algunas, son muchas más las que veo fotografío y me quedo con la duda. Sin embargo poco a poco vas sumando especies que reconoces, aunque estando de paso por esos lugares abarcar más conocimiento de las plantas se hace difícil.

jueves, 3 de mayo de 2012

Lanzarote 3 (2011) El risco de Famara

Risco de Famara orientado al oeste. César Aguilar
Cerca del Jable de Famara, en dirección a la Caleta, se puede ver un impresionante escarpado que da nombre a la zona, el risco de Famara. Se eleva a un lado de la playa y un recorrido por su base tiene un gran atractivo paisajístico, botánico y faunístico. Empezando por lo último allí pude ver un par de aves interesantes como el halcón tagarote (Falco peregrinoides) y la perdiz moruna (Alectoris barbara). Al parecer la situación de esa perdiz en Canarias no es muy clara y se duda si sus poblaciones son autóctonas o debidas a introducciones de principios del siglo XIX. En cualquier caso, aunque solo vi perdices en este sitio parece que está bien distribuida por toda la isla en lugares con hábitat adecuado.




Especies de flora observadas. Fotos: C. Aguilar
Otra de las peculiaridades del risco de Famara es su orientación. Se encuentra expuesto hacia el oeste y es uno de los pocos accidentes orográficos de la isla capaz “arañar” algo de humedad a los vientos alisios. Otras islas con grandes montañas captan fácilmente esos vientos cargados de humedad y desarrollan a cierta altitud laurisilvas, unos bosques húmedos tropicales característicos. En Lanzarote la influencia de los alisios es más modesta ya que el punto más alto de la isla es de 670 m. Aún así, la ladera de Famara dispone de más humedad que otros sitos de la isla y eso se nota en la vegetación.






Verode (Kleinia neriifolia).  Foto: César Aguilar

Las escarpadas laderas y los suelos rocosos de la base del risco han dificultado el pastoreo o cultivo en bancales, de modo que además la vegetación original está bastante bien conservada. A finales de febrero del 2011, con el comienzo de la floración el paisaje mostraba un montón de arbustos y plantas llenas de color. Entre los arbustos estaban dos de las grandes Euphobias que destacan en muchos paisajes canarios y que reciben el nombre de tabaibas. Las especies presentes en Lanzarote y que vi en la zona, eran la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) y la tabaiba moruna (Euphorbia regis-jubae). Ambas especies tienen una distribución que abarcar también el norte de África.



 

Taginaste blanco (Echium famarae). C. Aguilar
Otra especie que pude ver con un porte similar a las tabaibas y que puede recordar a ellas por sus hojas, es el verode (Kleinia neriifolia). En realidad es una planta un tanto extraña ya que solo florece tras tirar la hojas en verano. Tras su floración uno puede reconocer que esta planta es de la familia de las compuestas y que por tanto nada tiene que ver con las Euphorbias. En febrero las tabaibas estaban florecidas pero el verode aún tenía sus hojas. Algunos otros arbustos que pude reconocer en el recorrido fueron la omnipresente “aulaga” (Launaea arborescens), el salado blanco (Atriplex halimus) y el espino de mar (Lycium intricatum), todas ellas especies con una distribución más amplia que las Islas Canarias. 

 

 

Atardecer sobre Caleta de Famara. C. Aguilar
Otros arbustos que estaban en floración y que aprendí a reconocer sí que eran endemismos canarios. Algunos solo de las islas orientales (Lanzarote y Fuerteventura) como la jorja (Astericus intermedius) o el taginaste blanco (Echium famarae). De hecho este último lleva en el nombre científico una referencia al risco de Famara. El recorrido fue realmente interesante y por su orientación, el mejor momento para andarlo es la tarde. A esas horas hay buena luz sobre el risco para buscar los halcones tagarotes y a última hora se puede disfrutar de una preciosa puesta de sol sobre el océano.

jueves, 26 de abril de 2012

Lanzarote 2 (2011) El Jable de Famara

Paisaje estepario, al fondo risco de Famara. C Aguilar
En el norte de la isla hay una planicie con amplias extensiones de arenales y estepas semidesérticas que llaman el Jable de Famara. Hay tramos de dunas móviles junto a la playa de Caleta de Famara y suelos asentados y pastoreados más al interior. Es una de las zonas con menos influencia humana de la isla y a mi es el paisaje que más me recuerda a las estepas y desiertos marroquíes. En realidad África está ahí al lado a poco más de cien kilómetros, ya que Lanzarote es de las Islas Canarias la más próxima al continente. Uno de los arbustos que hacen paisaje y que me traen esas impresiones marroquíes es el que llaman “aulaga” en Canarias. Es un nombre importado de la Península Ibérica ya que a falta de verdaderas aulagas (Genista scorpius) este matorral pinchudo y con flores amarillas recibe el mismo nombre por analogía.




 Launaea arborescens en floración. Foto: C. Aguilar 
Esta “aulaga” o rascamoños, es la especie Launaea arborescens de la familia de las compuestas. Es muy común en norte de África y a la península Ibérica solo llega a algunos sitios de Almería y Murcia.  Es muy fácil de reconocer ya que sus ramificaciones hacen un curioso zig-zag. En algunos sitios la he visto usar para cercados de espinos entrelazando sus matas secas globosas. También es el matorral que usan los guías del Parque Nacional de Timanfaya para introducir en el suelo volcánico a altas temperatura y que prenda fuego al instante. Pero además de aulagas, en esas estepas había una gran explosión de plantas anuales tras las últimas lluvias. Todo el suelo arenoso estaba tapizado de pequeñas plantas que completan su ciclo de vida en unas pocas semanas.

 

Bisbita caminero (Anthus berthelotii). César Aguilar
Esas plantas son de la “opinión” de que si tienes un problema, en este caso la falta de agua, es mejor desaparecer a hacerle frente. Y esto es lo que hacen cuando las estepas no tienen agua que es casi todo el año, desaparecen y se mantienen en forma de semillas en el suelo esperando al próximo periodo húmedo. En ecología son lo que se llaman terófitos y normalmente tienen portes enanos para no invertir mucho en un desarrollo que va a ser poco duradero. Pero además de plantas en estos paisajes pudimos ver unas cuantas aves propias de sitios secos. En los ecosistemas insulares no hay muchas especies, pero las que hay suelen ser peculiares y diferentes, ahí radica su interés para la biodiversidad. Hay que tener en cuenta que una vez que surgieron estas islas del océano debieron ser colonizadas poco a poco y hubo especies que se quedaron y otras que fracasaron.

 

Hubara (Chlamydotis undulata). Foto: C. Aguilar
Algunas de las que se quedaron llegaron a dar lugar nuevas especies o subespecies. Así que la diversidad de aves nidificantes en una isla no es importante por el número de especies, siempre escaso, sino por las formas originales que hay. Además esas aves suelen ocupar amplios nichos ya que la competencia es menor y por eso algunas son muy comunes. Esto viene al caso porque aves como la abubilla (Upupa epops), el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus dacotiae), el alcaudón meridional (Lanius meridionalis koenigi)  o la terrera marismeña (Calandrella rufescens polatzeki)  eran comunes no solo en esas estepas, sino en muchas otras partes de la isla. De todas esas aves comunes la más extendida es sin duda el bisbita caminero (Anthus berthelotii berthelotii).



Alcaraván (Burhinus oedicnemus insularum). C. A.
Recientes estudios han demostrado que el bisbita caminero es un pariente muy cercano al bisbita campestre (Anthus campestris) peninsular. Al parecer los campestres colonizaron las Islas Canarias hace 2.5 millones de años y dieron lugar a ese endemismo. Pero lo que atrae de las estepas de El Jable es la presencia de la avutarda hubara (Chlamydotis undulata fuerteventurae) que me costó buen rato dar con ella. Fue casi visto y no visto, sin apenas sitio ni arbustos de entidad para esconderse apareció y desapareció tras una loma para no volverla a ver.  Mucho más fácil me resultó dar con un alcaraván común (Burhinus oedicnemus insularum) que confiando en su camuflaje aguantó estoicamente en el suelo hasta que se hizo evidente que le habían descubierto y salio caminando por un precioso paisaje arenoso tapizado de flores.

jueves, 19 de abril de 2012

Lanzarote 1 (2011) Volcanes dormidos


Cultivos en cenizas volcánicas. Foto: César Aguilar
Lanzarote es la isla de las Canarias más influida por la actividad volcánica reciente. Las últimas erupciones que modificaron su paisaje datan el siglo XVIII. Sin embargo, las erupciones de la isla del Hierro de octubre de 2011 le “quitaron” algo de ese protagonismo volcánico. De momento las del Hierro han sido solo subacuáticas y no han llegado a cambiar su fisonomía. En Lanzarote, por el contrario, las violentas erupciones se sucedieron durante años. La isla tiene por ello un paisaje duro, con rocas de variopintos colores, abundantes cenizas negras y campos de lavas que parecen salidos anteayer del subsuelo. 






Floración estacional en la isla. Foto: César Aguilar
Es así sobre todo en Timanfaya donde se dieron las últimas erupciones. Pero también esconde barrancos y malpaíses con atractiva vegetación arbustiva y solo puntualmente con algunos raquíticos pinos canarios (Pinus canariensis) y palmeras canarias (Phoenix canariensis). El paisaje rural ha arañando suelos cultivables entre las cenizas, pero también hay suelos fértiles y campos de arenas con vegetación árida similar a la del continente africano. La verdad es que tenía bastantes ganas de visitar la isla, de modo que en febrero del 2011 nos acercamos por allí Iratxe y yo a pasar una semana recorriéndola. El turismo está mejor integrado que en otros lugares de Canarias, y aunque viven de él, no se ve la urbanización brutal del paisaje de Tenerife. 



Paisaje volcánico en Timanfaya. Foto: César Aguilar
Cuando llegamos una alfombra de herbáceas y un tapiz de flores recubría el paisaje, hasta las cunetas parecían jardines. Un par de semanas antes había llovido en buena cantidad, así que pudimos disfrutar de una floración estacional, intensa y espectacular. La visita al parque nacional de Timanfaya es uno de los principales atractivos y por ello es el lugar con más afluencia turística. Cráteres antiguos, coladas por donde circularon las corrientes de lava y escorias volcánicas permiten imaginar lo que fue la última erupción. En el año 2000 en la isla francesa de Reunión, en el océano Indico, tuve la ocasión de asistir a una erupción volcánica en directo y es sencillamente impresionante. Acudimos entonces a ver la salida de la lava a unos cientos de metros de la boca activa. 



Costa rocosa en El Golfo. Foto: César Aguilar
En Reunión, todo estaba delimitado por la protección civil de allí, así que no entrañaba riesgo acercarse. Mirar los ríos de lava fluyendo y quedarte embobado sin dar crédito a la textura de la roca fundida era todo uno. Luego acudimos más veces por la noche cuando el rojo de los ríos de lava se proyectaba en la nubes dando la sensación de un atardecer. Fue algo en lo que no pude de dejar de pensar al ver los paisajes de Timanfaya, donde eso mismo ocurrió hace varios siglos pero el paisaje desde entonces ha cambiado poco. A escasos metros de la superficie aún se alcanzan cientos de grados. Para demostrarlo, en el parque nacional hacen las típicas demostraciones de vaporizar agua al instante o prender ramas secas aprovechando el calor de un pequeño hueco en la tierra. 


Zarapito trinador a contraluz. Foto: César Aguilar
En la zona sur de la isla también visitamos algunos otros atractivos naturales como la costa volcánica de El Golfo, el Charco de los Ciclos y las Salinas de Janubio. Estas últimas son la zona húmeda más importante de la isla, pero en los escasos vistazos que le eché apenas había nada. Durante las migraciones y según días, debe estar bien para limícolas. Los que sí se veían en los charcos intermareales de la costa rocosa eran grupos de vuelvepiedras (Arenaria interpres), zarapitos trinadores (Numenius phaeopus) y gaviotas patiamarillas (Larus michahellis atlantis).

jueves, 12 de abril de 2012

Sáhara, Guinea y Marruecos (Libro)

Sáhara, Guinea y Marruecos. Expediciones Africanas
Memorias de un biólogo heterodoxo. Tomo III

Jose A. Valverde
Editorial Quercus. Madrid 2004
ISBN 84-87610-13-7

Por fin me he puesto a leer alguno de los siete libros en que dejó recopiladas sus memorias José Antonio Valverde antes de su fallecimiento en 2003. Cada uno se puede leer de manera independiente y eso es lo que he hecho empezando por el que mayor interés me despertaba. Este que comento no es el primero en orden cronológico sino el tercero, pero es el más viajero y más atractivo para mí. Al que no conozca la figura de Valverde decir que fue uno de los pioneros en la zoología reciente en España, investigador inquieto, fundador de la Estación Biológica de Doñana, que trabajó con todo tipo de vertebrados dentro y fuera de España y que además contribuyó a la creación de la SEO (Sociedad Española de Ornitología) y la AHE (Asociación Herpetológica Española).





En este libro cuenta sus expediciones por el Sahara Occidental o Sahara Español, ya que a mediados de los años cincuenta del siglo pasado aún eran parte de los territorios coloniales de España en África. En sus recorridos fue testigo de excepción de un desierto lleno de vida que varias décadas después es ya imposible de encontrar y de ahí su valor. Con la aparición de los vehículos a motor las gacelas, avestruces y demás bicherio grande desaparecieron por la intensa caza que se les dio. Como los naturalistas de la vieja escuela Valverde anotaba de todo, plantas, paisajes y sobre todo fauna vertebrada. 



También como los pioneros en la zoología la escopeta fue para él una herramienta de trabajo más con la que colectar ejemplares para estudios y para las colecciones de los centros de investigación. Las guías y la identificación sin captura estaban aún por llegar y el conocimiento era tan básico que la colecta era aún necesaria para describir e identificar las especies. Pese a todo Valverde fue un observador atento y muy buen dibujante dejando anotados muchos apuntes e ilustraciones de observaciones en vivo de fauna que tambien recoge este libro. Cuando vio que la gran fauna desértica tenía sus días contados con la modernidad, emprendió el traslado de los últimos rebaños del antílope mohor a Almería donde se ha criado y usado para proyectos de reintroducción. Estas historias forman parte también del libro. 





La otra ex-colonia africana, Guinea Ecuatorial, también fue objeto de su interés y preparó expediciones en aquellos años. Las crónicas ilustradas con dibujos de aves que anillaban son de lo más evocadoras. Sorprende el paso de su mirada del desierto del Sahara a la exhuberancia de la selva ecuatorial con sendas de elefantes y gorilas, los manglares ramoneados por los manatíes o los ríos con cocodrilos. El libro de las expediciones africanas acaba con sus últimos viajes, los que hizo durante su jubilación a Marruecos recavando información de las serpientes desérticas con la gente que más conoce de ellas, los colectores para encantadores como los que aún hoy se pueden ver en Marraquech en la plaza Yemaa el Fna.

martes, 3 de abril de 2012

El río Ebro, naturaleza y cultura a golpe de remo 3

Azudes, molinos y centrales hidroeléctricas

Embarcadero molino de Fuenmayor. César Aguilar
Pero un trayecto por este río y sus riberas, es también un recorrido por un curso habitado y navegado desde antiguo. El Ebro no sólo tiene naturaleza, también está lleno de historias, como aquella del río navegable hasta el puerto de Varea que cuenta el cronista romano Plinio el Viejo. Barcas sencillas que, como señalan los historiadores, tenían solo las quillas y primeras cuadernas de madera y lo restante tejido con mimbres y cubierto de cueros. Esas embarcaciones de escaso calado permitirían librar más fácilmente los abundantes vados del río e iniciaron una época de comercio fluvial a través del Ebro. Tampoco deja indiferente saber que en el año 859 los vikingos lo remontaron con sus barcos hasta el río Aragón para después llegar por el Arga hasta Pamplona.



En el azud de la presa Machín. César Aguilar
Pero hoy aquellas navegaciones, aunque posibles para un kayak, se verían dificultadas por una multitud de presas y azudes. La interrupción del cauce es especialmente intensa en el tramo riojano del Ebro si lo comparamos con otros como los de Navarra o Aragón. Desde pequeños azudes que pueden rebasarse a pie saliendo de la embarcación, a otros que bloquean completamente el cauce con grandes compuertas como las de la harinera y central hidroeléctrica de “La Isla” en Logroño, aguas arriba del puente de Sagasta. Los azudes más antiguos han desviado caudales durante siglos para los molinos harineros de las orillas, o bien lo han hecho para acequias y canales para regadíos.



Casa del barquero de Azagra. Foto: César Aguilar
Hoy casi todos los que alimentaron molinos se dirigen ya a modernas centrales hidroeléctricas, privando al navegante del contacto con los esos entornos bucólicos donde se ubicaban. Aún así, hay ocasiones en que uno descubre en las orillas los restos de aquellos imponentes edificios de sillería. Es el caso de los muros del molino del Prior en Logroño o el molino de Fuenmayor donde aún se conservan unas escaleras de piedra hacia el cauce que son una invitación a embarcar y disfrutar de la magia del lugar. Pensar como han soportando durante años las crecidas del Ebro, causa admiración hacia sus constructores y da la medida de unos hombres pertinaces en el aprovechamiento del río.



 


Vados, puentes y barcas de paso

Barca Alcanadre-Mendavia en mapas antiguos
Todos los pueblos que han vivido a las orillas del Ebro han tratado de salvar el río más caudalosos de la Península, buscando vados, construyendo puentes o uniendo sus orillas con barcas de paso. Es sabido que el emplazamiento de la Varea romana fue debido, en buena parte, a la presencia de un vado que permitía cruzar el río con aguas bajas. Pero las poblaciones tuvieron que buscar otras formas menos inciertas para cruzar el río. En un recorrido en kayak puede sentirse ese peso de la historia al pasar bajo puentes medievales, aún en uso, como los de San Vicente de la Sonsierra o Briñas. Otros adquieren su encanto por lo que queda de ellos y por el paraje que les envuelve, como el Puente Mantible en Logroño, o los restos de lo que fue un gran acueducto romano en Alcanadre.


Barca del Castellar (Torres de Berrellén) C. Aguilar
Pero la construcción de puentes siempre fue costosa y otra alternativa para muchos lugares fueron las barcas de paso. Sin embargo en nuestro tramo del Ebro no ha quedado ninguna de esas embarcaciones que, en algunos casos, permanecieron activas hasta bien entrado el siglo XX. La presencia de aquellas barcas se puede sentir con sólo echar un vistazo a los mapas que uno maneja para preparar los trayectos. En la toponimia se encuentran muchos parajes de las riberas con referencias a “La Barca”, “El Barco” o a caminos o casas del “Barquero”. Con mapas viejos la cosa mejora. Buscando en la cartografía de La Rioja de los años 20 aparecen entre Haro y Alfaro hasta 8 referencias de barcas de paso, incluso uno puede sorprenderse viéndolas allí dibujadas con el trazo de una pluma.


Barca de Candespina (Sobradiel). César Aguilar
Al recorrer hoy por el río esos parajes, puede verse como un puente vino a sustituirlas en el mismo sitio donde estuvieron, es el caso de las barcas de Baños de Ebro, La Puebla de Labarca o Rincón de Soto. Otras veces aún podemos distinguir algo de aquel pasado, como la original casa del barquero en la de Azagra a Calahorra. Pero si no sólo queremos imaginar cómo fueron, sino también verlas y tocarlas, podremos encontrar las más cercanas en Zaragoza en las localidades de Boquiñeni (Barca Virgen del Rosario), Torres de Berrellén (Barca del Castellar) y Sobradiel (Barca de Candespina). Así que es el momento para dejarnos llevar río abajo y ampliar horizontes y paisajes, qué el Ebro nunca entendió de fronteras.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El río Ebro, naturaleza y cultura a golpe de remo 2

Garzas, martinetes y martines pescadores
 

Martinete presente en primavera y verano. C Aguilar
El paisaje es importante pero la sensación que se tiene desde un kayak no sería la misma sin la fauna que habita la ribera. A unas especies se las oye, a otras se las ve y a algunas más sólo se las imagina con los indicios que dejan. De estas categorías son las aves las que proporcionan más satisfacciones, se las ve y se las oye sin problemas. En los meses estivales cualquier recorrido naturalista por el campo se convierte a partir de media mañana en un lucha contra el calor y la inactividad de la fauna. En pleno río nada de eso se cumple. Aún en las horas de mayor calor hay siempre vida que observar y en muchos de esos calurosos días es el mejor lugar donde encontrarse. A lo largo del Ebro se pueden observar durante el verano cinco especies de garzas con regularidad.



Garza real Foto: Javier Robres
La mayoría crían en colonias en distintas lagunas de la ribera de La Rioja y Navarra como Las Cañas en Viana, La Grajera en Logroño o El Recuenco en Calahorra. Estas aves y algunas que esporádicamente crían en la propia ribera del Ebro, se dispersan todos los días por el río para alimentarse. Garzas imperiales, garzas reales, garcetas comunes, martinetes y, en menor medida, garcillas bueyeras, pueden observarse desde el agua. Hay pocas cosas tan placenteras como dejarse llevar por la corriente, lentamente y sin palear, mientras en silencio te vas acercando a una de estas impresionantes aves. Ellas volarán unos metros por delante de ti pero, como si supieran que eres poca amenaza, volverán a posarse unos metros más allá o te pasarán por encima y buscarán un nuevo sitio detrás tuyo. En la ribera también puedes sentir en época estival la proximidad de los milanos negros, unas rapaces comunes y fáciles de ver volando sobre la lámina de agua. En ocasiones te observarán desde su nido, una plataforma construida en algún árbol mirando al río, y si pasas si sobresaltos permanecerán inmóviles a escasos metros de ti mientras te deslizas por debajo de ellos.




Martín pescador, común en el Ebro. Javier Robres
Otra sorpresa de las que aguardan en las orillas son los martines pescadores, un “flechazo” de azul turquesa disparado velozmente de una orilla a otra, que en cualquier jornada se cruzará varias veces delante de uno. Sólo con poder ver a tu misma altura y tan cerca a este ave en su medio, ya habría merecido la pena un recorrido así. En realidad son un buen número las aves que se pueden ver desde el río, pues el cauce y su ribera es un corredor natural para la fauna. Tanto las que allí crían como aviones zapadores, oropéndolas o chorlitejos chicos, como las que lo utilizan en diferentes momentos como golondrinas, abejarucos o andarríos grandes, se pueden ver sin dificultades desde el agua.


Barbos, galápagos y nutrias
 

Barbo de Graells, autóctona del Ebro. C. Aguilar
Recorrer un agua rica en sedimentos como la de Ebro hace que nos perdamos lo que ocurre debajo de nosotros. Sin embargo, a veces es posible ver algunas especie de peces tan cerca del kayak, que uno mira a los pacientes pescadores de la orilla pensando si no se habrán equivocado de sitio. Una de esas ocasiones se da en los vados de aguas rápidas y poco profundas, donde se agrupan los barbos de Graells. A estos peces autóctonos del Ebro se les encuentra, a contracorriente y en grupo, esperando con la boca abierta lo que la corriente del río puedan llevarles para comer. Con aguas más claras es posible ver cardúmenes de madrillas, peces que se pescaban con redes por su abundancia y que hasta hace algunos años eran los que comíamos en la fiesta de San Bernabé en Logroño.



Carpa, exótica introducida hace siglos. C. Aguilar
Hoy en esa fiesta ya sólo se ofrecen pequeñas truchas arco-iris de piscifactoría. También en verano se puede ver la freza de las carpas, que en aguas someras sacan sus lomos a la superficie en una actitud tan confiada que es posible aproximarse y llegar a tocarlas. A parte de estas situaciones pocas veces más se encuentra uno con peces del río, salvo alguna que otra vez con el siluro. Con esta especie he contactado en cuatro ocasiones desde el kayak, una vez con un ejemplar mediano nadando superficialmente en una “madre” bajo la embarcación (¡vaya susto!) y las otras tres en forma de carroña, ya sea flotando en el río o en una “percha” de cormoranes. Y es que una pieza de ese tamaño no pasa fácilmente desapercibida. Actualmente en el tramo riojano del Ebro los peces exóticos e invasores, como el siluro, ya constituyen la mitad de las especies presente y son un problema para la conservación de las especies autóctonas, aunque no es este un problema exclusivo de los peces.


Galápago europeo soleándose en el Ebro. C. Aguilar
En el río Ebro hay actualmente tres especies de galápagos, una introducida y dos autóctonas casi extintas, son el galápago de Florida, el europeo y el leproso respectivamente. En algunas ocasiones es posible verlos desde el kayak pues salen a solearse encima de troncos o piedras que asoman del agua. Es esta ya la clase de fauna que casi hay que imaginarla pues uno ve tirarse un galápago al agua a cierta distancia pero rara vez le da tiempo a saber de cual de ellos se trata. Lo triste de estas y otras especies invasoras del Ebro es que están ahí amenazando la conservación de la fauna y flora autóctona, debido a introducciones, a veces casuales, pero otras muchas intencionadas. 




Huellas de visón europeo. C. Aguilar
Con el resto de mamíferos acuáticos o ribereños la perspectiva desde un kayak no da para mucho. Uno sabe, por unas pequeñas huellas con forma de estrella en el barro, de la presencia del visón europeo, un pequeño mustélido casi extinto en Europa que aún vive en nuestras riberas; que tras unos troncos roídos de las orillas andará algún castor de los que alguien soltó en el Ebro de manera ilegal; o que tras unos excrementos con olor a pescado sobre una roca estará la nutria, que después de años malos ha conseguido recuperar sus poblaciones también en el Ebro. Con toda esta fauna imaginada, pero real, tiene uno tiempo de entretener la mente en los momentos centrales del día en los que hasta las aves se muestran perezosas para cruzar el río y llamar nuestra atención.


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