jueves, 25 de octubre de 2012

Naturaleza de Sri Lanka en Radio Euskadi

Bosque tropical seco en Sigiriya. Foto: I.González
De regreso del viaje por Sri Lanka del pasado mes de junio de 2012, tuve un rato para hablar de algunos atractivos naturales del país en el programa "La Casa de la Palabra" de Roge Blasco. El programa es un sitio único para oír otras voces, se emite de lunes a viernes de 21:00-22:00 h en Radio Euskadi  y nada menos que desde 1997. Por él pasa todo tipo de gente relacionada con los viajes, la montaña, la literatura, la ecología, la etnografía, los movimientos sociales, el indigenismo, otras culturas y un sinfín de temas interesantes. Todo aquello que en los contenidos de otros programas de radio podría ser pintoresco o anecdótico, en el de Roge es lo principal.




Cría de langur gris (Semnopithecus priam). C. Aguilar
Su programa es un foco puesto sobre muchas de aquellas ideas y actividades que le dan color a la vida y cada una de ellas es un motivo para vivirla con intensidad. Por ello que me encuentro tan a gusto charlando con Roge de naturaleza y viajes pues, al igual que sus entrevistados me han trasmitido muchas ideas que luego no caen en saco roto, me gusta a mi poder contribuir de la misma forma a la positividad y entusiasmo que emana su programa. En esta ocasión fue sobre algunas cuestiones de la naturaleza de Sri Lanka que empezaré a contar en las siguientes entradas del blog. 





Ahí os dejo un enlace a su blog en el que reseña la entrevista y también al podcast del programa de ese día con el minutaje dentro de ese archivo.


Audio Programa “Levando Anclas” Radio Euskadi 27 Septiembre 2012
(00:04:50 – 0:21:20)

viernes, 19 de octubre de 2012

Trás-os-Montes, un viaje portugués (Libro)

Trás-os-Montes, un viaje portugués
Julio Llamazares
ISBN: 84-204-8190-4

Este libro del leonés Julio Llamazares puede parecer poca cosa, no más de cinco días recorriendo en coche algunas de la poblaciones de la región de Tras-os Montes de Portugal. Nada excepcional. Sin embargo en su dejarse caer aquí y allá sin muchas expectativas, va trazando un relato de un observador atento que recoge la vida y la ausencia de ella en muchas las poblaciones de esa dura y pobre tierra de emigrantes. Llamazares relata el viaje en la forma clásica del narrador que describe al viajero de forma distante, tal como hacía el
portugués y Nóbel de literatura José Saramago o el mismo José Antonio Labordeta. Con ellos comparte ese humanismo que se deja ver en su narración y en el que une paisaje y paisanaje de la comarca. Por el libro desfilan poblaciones como Braganca, Vila Real o Miranda do Douro junto con todos aquellos pueblos olvidados a los que llega según su intuición en a lo largo del recorrido.


En esas paradas, sus visitas se alejan del turista de guía y sitios imprescindibles y se acerca a las gentes  para conversar o recoger de forma casual el sentir de algunos de sus habitantes. De esos cinco días es capaz de sacar un relato de viajes a partir de encuentros y paisajes a los que el autor coge el pulso. En realidad leí este libro hace ya más de una década, pero he vuelto a él tras los días por los Arribes del Duero en la comarca de Sayago, y es que Tras-ós Montes y Sayago, cada una en una margen del río Duero, comparten aún muchas cosas. Pese a estar separadas por la frontera de España y Portugal, forman un continuo en el paisaje y hasta en un momento histórico también formaron parte de una misma unidad política, el antiguo reino leonés. Algo en común todavía les queda.

viernes, 12 de octubre de 2012

Arribes del Duero 4 (2012) Paisaje rural

Muros de mampostería. Foto: César Aguilar
Otra de las cosas que me gusta de los Arribes es la cantidad de construcciones tradicionales que hay dispersas en la zona. El minifundio en que se ha explotado la comarca ha dejado, ya lo he comentado, gran cantidad de cerramientos y muros de piedra. En estos pueblos se puede ver bien la estructura tradicional que debieron tener muchos otros pueblos antes de que las concentraciones parcelarias homogeneizaran los paisajes. Un mosaico de gran interés etnográfico y natural. Para construir los muros y tapiales aprovechaban la forma en lajas de las piedras de granítico que aparecen en la zona. Así, iban colocando esas rocas verticales formado lienzos cuyos espacios cerraban con piedras más pequeñas.




Fuente tradicional y abrevadero lateral. I. González
Las fuentes son también bastante abundantes en el paisaje, unas sencillas en las majadas y otras más elaboradas en los pueblos. No son fuentes de caño como en otros lugares, sino piletas que recogen el agua que mana del suelo en determinados lugares y que se remansa en cubetas de roca techadas a ras de suelo. Las de los pueblos suelen ser construcciones grandes, algunas de ellas dicen que datan de la época romana, tienen escaleras de granito que bajan a la cubeta y están techadas. Pero a mí las que más me llaman la atención son las pequeñas fuentes que aparecen por doquier en mitad del campo próximas a majadas y abrevaderos de ganado.




Fuente tradicional "elaborada". Foto: César Aguilar
Para esas pequeñas fuentes valen unas grandes lajas que, a modo de tejadillo, protegen la cubeta del agua. Son fuentes que ahora suelen estar desatendidas pero que antes limpiaban los pastores y que son de gran interés para los anfibios. Relacionadas con la extracción del agua están también los curiosos cigüeñales, unos ingeniosos sistemas para sacar agua de los pozos en los huertos. En vez de deslomarse tirando de una cuerda atada a un caldero, en los Arribes usan un sistema en balancín. En un lado está el caldero colgado de una cuerda, en el otro un contrapeso de una piedra, a un tirón de uno de sus lados el balancín sube sin esfuerzo con el caldero lleno de agua.




Cigüeñal de madera en un huerto. Foto: C. Aguilar
Cigüeñales los hay antiguos de madera y también otros más modernos con los brazos de hierro, visto que el sistema sigue manteniendo sus virtudes. Molinos hay también unos cuantos, suelen estar en los regatos que descienden de la penillanura al arribe, y suelen encontrarse en un estado de conservación bastante mejor que en otras regiones. Con todo el auge del desarrollo rural de los últimos años, muchos de esos molinos han sido restaurados. Eso ha sucedido con el molino de cubo de Villadepera que es una adaptación para aprovechar un fuerte desnivel con poco caudal circulante.





Chiviteros de Torregamones. Foto: César Aguilar
Los chozos de piedra cuadrados o circulares, con techo en falsa bóveda, son otras de las construcciones comunes en el paisaje. Pero de ellos hay un tipo de chozos que son realmente curiosos y que no son para personas, son los que denominan chiviteros. Son chozos en miniatura, pueden estar adosados a un muro o estar separados. En  Torregamones hay unos preciosos que han rehabilitado en un paraje de encinar adehesado entre bolos graníticos. Los chiviteros se usaban para guardar a los cabritos o chivitos mientras el rebaño de cabras pastaba por el día.





Chiviteros de Torregamones. Foto: César Aguilar
Para evitar que los animales salieran se ponía una losa la pequeña entrada a modo de puerta y ahí estaban a resguardo sin peligro de ser depredados. Para cualquiera que le interese la etnografía y las construcciones rurales los Arribes de Zamora tienen un patrimonio ingente, como la presencia de lagares rupestre que esta vez no tuvimos tiempo de visitar pero en los que estuve hace años. Los Arribes tienen mucho que ofrecer al que busque naturaleza y cultura rural en una comarca no demasiado visitada, que el parque natural ha ayudado a poner en valor.

sábado, 6 de octubre de 2012

Arribes del Duero 3 (2012) Charcas y solanas

Gallipato (Pleurodeles waltl). C. Aguilar
En esta parte de la Península habita una especie de anfibio que hacía mucho tiempo que no veía. Se trata del gallipato (Pleurodeles waltl) que con su raro aspecto no deja de ser una salamandra. Los encontramos en una charca usada como abrevadero para el ganado sin apenas vegetación, la típica con poco más que ranas comunes (Pelophylax perezi). El gallipato tiene un sistema de defensa atípico, tiene dispuestas las puntas de las costillas contra una serie de glándulas laterales de color rojizo. Supuestamente, cuando se sienten amenazados, rompen esas glándulas con las puntas de las costillas que se impregnan de sustancias tóxicas, poniendo dificultades a un depredador que quiera engullirlo.




Culebra viperina (Natrix maura) gordita. C. Aguilar
Cuando coges un gallipato puedes notar esa tensión y cómo las puntas de las costillas presionan los laterales, aunque no he llegado a ver sobresalir las puntas como suelen decir en la bibliografía. Por lo demás, compartiendo la charca con ellos encontramos una culebra viperina (Natrix maura) que acababa de engullirse una presa, por el abultamiento que tenía, casi seguro una rana común. Las culebras viperinas o de agua son muy comunes en toda la zona, se trata de una especie generalista por lo que no es de extrañar, pero a mí en el Ebro cada vez me cuesta más verlas. Recuerdo que de niño solía ver culebras de agua de forma habitual en ese río y ahora que lo recorro en piragua veo realmente muy pocas.




Sapo corredor (Bufo calamita). César Aguilar
En los arribes, las culebras de agua aún siguen siendo muy abundantes, como yo las recordaba. En cuanto anfibios, en fuentes y aguas permanentes encontramos un endemismo del oeste peninsular, el tritón ibérico (Lissotriton boscai) que se escapó varias veces de entre los dedos por olvidarnos las sacaderas. Pocos anfibios más pudimos encontrar ya que tras la sequía del año muchas balsas y barrancos estaban aún secos y las noches no fueron húmedas. Aun así pudimos oír cantar ranitas de San Antonio (Hyla arborea) y ver unos cuantos sapos corredores (Bufo calamita), uno de ellos a medio mudar con la piel echa jirones.







Lagarto ocelado (Timon lepidus). César Aguilar
Por el día, tres especies de reptiles se repartían las solanas, los lagartos ocelados (Timon lepidus), las lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) y las lagartijas ibéricas (Podarcis hispanica). De esta última especie dos machos se disputaban una hembra en un bolo granítico. Uno de los machos, el que más éxito tenía, mantenía mordida a la hembra tras las patas traseras tratando de retenerla, mientras el segundo macho lo acosaba para tratar de que la soltara y engancharla él. El macho segundón era uno que había perdido la cola y hasta lo que vi, no consiguió su propósito de arrebatarle la hembra. Puro salvajismo animal.





Escorpión. Foto: César Aguilar
Estuve también tratando de encontrar en un par de ocasiones culebrillas ciegas (Blanus cinereus) bajo las piedras, una especie que vi hace tiempo en Miranda de Douro de este modo, pero esta vez no hubo suerte. Bajo las piedras solo se escondían escolopendras, escorpiones y grillotalpas, estos últimos unos insectos relativamente comunes en la zona que despistaban al cantar por la noche con sonidos que recordaban en cierto modo a lo de los anfibios.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 2 (2012) Matorrales floridos y orquídeas

Minifundio mediterráneo. Foto: C. Aguilar
En los pueblos en torno a los arribes sayagueses el paisaje es sobretodo de vocación ganadera, al menos en la parte más cercana al Duero. El bosque fue aclarado para obtener pastos y se crearon multitud de pequeñas parcelas para el cultivo de centeno rodeadas por muros de piedra. Alrededor uno puede ver árboles como encinas (Quercus rotundifolia), fresnos (Fraxinus angustifolia) arces (Acer monpessulanum), olmos (Ulmus minor) y rebollos (Quercus pyrenaica). Parte de aquel minifundio de centeno sigue hoy en día cultivándose pero ya ligado al consumo que cabras y ovejas hacen de él. El declive rural ha hecho que muchos de los pastizales abiertos antiguamente estén colonizándose por matorrales. 




Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
La pasada primavera esos matorrales eran un espectáculo de colorido. Dos de las especies más llamativas en mayo eran la escoba o retama negra (Cytisus scoparius) y la retama blanca (Cytisus multiflorus). Si bien la primera tiene una amplia distribución, la retama blanca es un endemismo peninsular que solo se encuentra en la parte occidental, asociado a suelos silíceos y ácidos como estos graníticos de la zona. También en amarillo estaban en plena floración los jazmines silvestres (Jasminum fruticans), muy vistosos pero poco olorosos, a partir de los que se han obtenido multitud de variedades de jardinería. Sobre suelos algo más pobres estaba el cantueso (Lavandula pedunculata) con su impactante color morado.


 


Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
Ante tanto avance del matorral, aún hay quien sigue dando cerilla al monte con idea de recuperar los pastos para el ganado. Y es que las quemas sigue siendo uno de los problemas recurrentes que ha venido arrastrando el parque desde su creación, aunque parece que cada vez son menos frecuentes. Aun así uno puede reconocer algunos de esos paisajes de pastos modelados por el fuego al ver los gamones (Asphodelus albus) que estaban floreciendo en una zona recientemente quemada. Otra planta del paisaje mediterráneo asociada a suelos pobres es la jara pringosa (Cistus ladanifer), también en plena floración en mayo, aunque en las zonas que recorrimos eran poco abundantes.

 




Bosquete de enebros en Cozcurrita. C. Aguilar
Hubo otras formaciones que me llamaron la atención y que tienen una importante presencia en algunos paisajes de los arribes, los enebrales. Formaciones extensas de enebro de la miera (Juniperus oxycedrus) como las del Cozcurrita, con portes arbóreos de gran tamaño. Entre las rocas graníticas y sobretodo mirando al cortado del Duero también se veían recién florecidos los cornicabras (Pistacea terebinthus) un pariente de los lentiscos que recibe su nombre por unas estructuras en forma de cuernos que salen en sus ramas. Aunque hay quien confunde esos cuernos con frutos, en realidad son agallas desarrolladas por la puesta de huevos de un pulgón que se desarrollan dentro.





Floración de Serapias lingua. César Aguilar
En los prados húmedos de uno de los arroyos vi unas curiosas flores que no había identificado nunca, unas que llaman gallos, en realidad unas orquídeas, aquellas Serapias lingua. Como el resto de orquídeas, las Serapias se polinizan por insectos y tienen ingeniosos sistemas de atracción. Esas flores no les ofrecen alimento sino protección, un lugar donde refugiarse cuando bajan las temperaturas. Al abrigo de su estructura floral en forma de casco hay entre 2 y 3 grados por encima del entorno. Eso es lo común en las Serapias, aunque la Serapias lingua, además tiene al fondo de la cavidad una callosidad oscura que recuerda a una hembra de una pequeña abeja que se haya escondido allí. Se trata de un engaño parecido al de las orquídeas abejeras (Ophrys sp.), en este caso dirigido a los machos de Ceratina cucurbitina la pequeña abeja que poliniza Serapias lingua.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 1 (2012) Cortados graníticos junto al río

Vista de los arribes del Duero. Foto: C. Aguilar
Hacía ya once años que no regresaba por los Arribes del Duero de Zamora y recuerdo que las dos veces anteriores fue coincidiendo con la primavera. En esta ocasión ha sido nuevamente en la misma época, a mediados del pasado mes de mayo, un momento en que la naturaleza de Sayago está en todo su esplendor. En aquellas ocasiones la zona aún no era un espacio natural protegido como lo es hoy, donde más de un centenar de kilómetros del río Duero en la frontera con Portugal dan lugar al Parque Natural de los Arribes del Duero que se extiende por las provincias de Salamanca y Zamora. Eso al lado español, al otro lado de la frontera está su equivalente portugués el Parque Nacional del Douro Internacional.




Aguila real en los arribes. Foto: César Mª Aguilar
A pesar de que el Duero está enormemente regulado por una sucesión de grandes presas, acercarse al tajo del arribe sobrecoge. Tanto como recorrerlo en barco desde la localidad portuguesa de Miranda de Douro. Para ambas cosas hubo tiempo en esta ocasión. El recorrido en barco te adentra en un paisaje de aguas quietas con enormes paredes graníticas de más un centenar de metros en la mayoría de los tramos. Todos estos cortados son importantes para la nidificación de especies como el águila perdicera, el águila real, el alimoche y la cigüeña negra entre las más destacables. Desde el barco pudimos ver un nido de ésta última, uno muy antiguo que ya estaba abandonado antes de que empezaran las visitas fluviales por la zona.




Puente de Requejo en Villadepera. Foto: C. Aguilar
No hubo ocasión de ver cigüeñas negras, aunque sí los mucho más comunes alimoches criando en covachas del arribe y varios ejemplares de águila real que andaban marcando sus territorios en vuelos de display. Los días por la zona los pasamos Iratxe y yo con un par de amigos, Antonio y Mónica, que desde hace más de diez años viven en Villadepera, una población con un precioso puente de hierro sobre el arribe. Dicen que el puente de Requejo, que así es como se llama, fue durante un tiempo el puente de un solo ojo más grande de Europa. No se cuando ni por cuanto tiempo, pero aún hoy es impresionante ver esa obra de ingeniería cruzando el cortado de un solo “brinco”.





Paisaje de la penillanura de Sayago. Foto: C. Aguilar
A los cortados graníticos del arribe se asoman restos de una actividad rural hoy en día en declive, pero que ha dejado en el paisaje bancales, chozos y cerramientos de piedra que trataron de aprovechar el microclima más húmedo próximo al río. Hacia la meseta amplios encinares se extienden en una penillanura granítica ondulante. Un paisaje que recuerda en cierto modo a las grandes dehesas del centro y suroeste de España, pero que aquí puedes recorrer libremente a diferencia de lo que ocurre en muchas de esas otras, donde las grandes propiedades privadas las mantienen valladas con aprovechamientos cinegéticos. En los Arribes de Sayago en Zamora, la parcelación y el minifundio crean un paisaje accesible, con muchos senderos y altamente recomendables de recorrer.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Sudamérica: crónica de un viaje en bicicleta (Libro)

Sudamérica: crónica de un viaje en bicicleta
Jesús López de Dicastillo Gorricho
 
Editorial Láser. Pamplona. 1985
ISBN 84-86136-10-5



Por fin conseguí este libro de Jesús, el primero que escribió de su periplo ciclista por Sudamérica. Lo encontré en segunda mano en internet y lo devoré con avidez el verano pasado. En realidad no es un viaje cicloturista al uso, entre otras cosas porque se desarrolla a principios de los años ochenta cuando apenas se habían popularizado los viajes en bici como en la actualidad. Basta señalar que para transportar los bultos, tienda y demás, los llevaban sujetos en la parrilla trasera y algunos más en una cesta delantera, parece que a nadie se la había ocurrido aún poner alforjas a la bici, lo más básico para un viaje en bicicleta hoy en día. Pero no solo es peculiar el viaje por la “técnica”, también por las motivaciones personales. Este no es un viaje de placer, es una huida personal recorriendo Sudamérica escapando de esquizofrenias y fantasmas personales como la angustia que siente en una Europa deshumanizada donde cuenta más tener que ser y todo se reduce al consumo. Jesús da un respiro a su espíritu y se deja curtir en un recorrido que comienza en México y termina en Brasil tras realizar 30.000 kilómetros, 600 días de viaje y haber atravesado 16 naciones. Como compañero de viaje va con él otro navarro, también Jesús y de Cintruénigo, que se apunta rápidamente a ese vagabundeo por Centroamérica y Sudamérica.



Sin embargo pronto empiezan los problemas personales por las diferentes motivaciones para el viaje y la convivencia entre ellos se hace difícil, no lo oculta. Finalmente su compañero abandonará el periplo en la parte final por cuestiones de salud y Jesús continuará solo un buen tiempo antes de finalizar el viaje en Brasilia. El relato trasluce una dureza impresionante en cuanto a las etapas y esfuerzos, pero él los tiene por bien sufridos por las muchas escenas naturales que tienen ocasión de contemplar. Su amor por la naturaleza, no la de un naturalista que desmenuza con detalle el paisaje sino la de un curioso anhelante del contacto con la naturaleza, la de un poeta, trasmite una vivida crónica el viaje. Algunos pasajes se viven con la piel de gallina, como las arriesgadas y accidentadas travesías en barco para cruzar de Panamá a Colombia, cuando las selvas del Darien y El Chocó interrumpen la carretera panamericana y hay que echarse a la mar. En general un buen número de historias recogidas y vividas buscándose la vida a diario, con la bicicleta como salvoconducto en el continente americano apenas recorrido de aquella manera. Quién quiera saber más de este curioso personaje hay más reseñas en este blog, podéis poner su nombre en el buscador del blog o ir a las etiquetas de la derecha.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Grecia 11 (2009) Adriático y final en Venecia

Como una ciudad imaginaria de Italo Calvino
No habíamos previsto terminar el viaje en Venecia, pero una vez hecho el recorrido por Grecia había que tomar un ferry a Italia para regresar otra vez a casa. Toño y Ángela, los amigos navegantes que habíamos estado visitando en su velero nos sugirieron esta opción. Como hay bastantes furgonetas y caravanas que van y vienen entre Italia y Grecia te dejan meter el vehículo y dormir dentro de él en la bodega del barco sin que tengas que pagar el camarote, que en realidad es lo que más encarece los ferrys. Así que recorrimos el Adriático de punta a punta durante todo un día y una noche para acabar en Venecia como punto de entrada a Italia. En el Adriático pude ver cetáceos como grupos de delfines listados (Stenella coeruleoalba) y calderones (Globicephala melas).




La ciudad anfibia por excelencia. Foto: C. Aguilar
Llegar a Venecia desde el mar tiene un encanto especial. Es una ciudad anfibia, así que verla aparecer al final del Adriático fue una sorpresa. Sencillamente aquella aproximación desde el mar me dejó boquiabierto. La zona es una inmensa bahía con marismas de gran interés natural y a medida que te acercas comienzas a ver numerosas garzas en los fangos. No es un puerto cualquiera, desde que crees que has llegado a tierra hasta que atracas en el puerto pasa casi una hora en la que recorres el paraje natural de la laguna de Venecia, donde la perla escondida es la propia ciudad. Venecia no parece real, se asemeja a más una de esas deliciosas descripciones de ciudades que recrea Italo Calvino en su libro clásico “Las ciudades invisibles” (ISBN 84-8130-202-0). 


 
 

Calles y edificios de Venecia. Foto: C. Aguilar
Al menos eso me parecía a mi al verla acercarse en el horizonte desde el ferry. Yo la verdad no me hacía mucha idea de cómo era. Siempre has visto fotos de canales, gondoleros, palacios suntuosos y así, pero no llegaba a hacerme una idea cabal del sitio. Una vez en tierra es cierto que está muy llena de turistas, no es de extrañar, pero aquello es inmenso hay sitio para todos. A poco que te salgas de los lugares más habituales, como la preciosa plaza de San Marcos o los puentes y calles más concurridas, hay encanto por todos los lados. Bueno, en buena parte es un encanto decadente que ha de gustarte, el encanto de lo real, de aquello que está sin sacar brillo para el turista y que se ve que tuvo tiempos mejores.




Detalle de San Marcos. Foto: César Aguilar
Patios escondidos, pozos antiguos, puertas decoradas, escudos y símbolos grabados en la piedra, miles de detalles que guardan historias de varios siglos de la ciudad. Algo de esa fascinación por Venecia la trasmite el genial dibujante Hugo Pratt, el creador del personaje de cómic Corto Maltés, el viajero romántico y vividor por excelencia. Hay un cómic que recrea ese ambiente onírico y de misterio que transmiten la ciudad, se llama "Fábula en Venecia" y me sirvió como imaginario para aquella visita por callejones y rincones abandonados. Luego me regalaron de regreso a España una guía excepcional para cualquier aficionado a Corto Maltés y al encanto de sus historias y leyendas “La Venecia secreta de Corto Maltés” de Guido Fuga y Lele Vianello (ISBN 978-84-9814-185-6).



Acabando el viaje en la plaza San Marcos. C. Aguilar
Hugo Pratt creció en Venecia, aunque luego, como sus personajes, recorrió bastante mundo. No se quien atrae más, si el propio personaje o su dibujante que llevaron vidas igual de viajeras y románticas. El caso es que buscando fuera de las calles principales aun está esa otra Venecia. Esto no sucede en todos los destinos turísticos, muchas veces solo hay una cara, la que te ofrecen y poco más. En Venecia hay muchas caras, qué cada cual elija la que quiera. A nosotros nos supo a poco el día que le dedicamos a la ciudad, pero fue un buen broche para el viaje a Grecia, ya solo nos quedaba conducir de regreso a España. O eso pensábamos, antes de que nuestra furgoneta se declarara en huelga y regresáramos a España en avión y un día antes, como contaba al comienzo de esta crónica en lo que resultó un viaje por “tierra, mar y aire”.  

sábado, 1 de septiembre de 2012

Grecia 10 (2009) Astraka, lago Dracolimni y Aoos

Astraka y lago Drakolimni. Foto: César Aguilar
El monte más alto de la zona es el Astraka con 2.478 metros y se alza sobre varios lagos alpinos que en junio aún conservaban algo de nieve. Toda la zona forma parte del Parque Nacional Vikos-Aoos. En un collado a casi dos mil metros existe un refugio con el nombre del pico, desde el que  se tienen buenas vistas de la zona y que permite visitar desde allí el que llaman lago Drakolimni. La subida de 1000 de desnivel desde Micro Papingo es un poco fuerte pero merece la pena. Poco a poco vas dejando las frondosas del valle para pasar a los prados subalpinos de montaña. En la subida pudimos cruzarnos con un gran rebaño de ovejas trashumantes y una familia entera que iba a los puertos altos a pasar el verano.




"Nazarenos alpinos" Muscari sp. César Aguilar
Aquellos trashumantes, al igual que en España, ya no venían a pie con sus rebaños desde su lugar de origen. Solo hacían a pie la subida a los pastos, aunque no era poca cosa.  Los habíamos visto el día anterior descargar sus ovejas de unos camiones junto a nuestra furgoneta. Lo que sí era auténticamente pastoril era la vida que iban a llevar arriba. La familia iba cargada con mulas llenas de enseres y recipientes de leche para hacer quesos. Los pastos de montaña siguen siendo cotizados, así que mientras haya quien quiera llevar esa vida habrá trashumantes. Tras la retirada de los últimos neveros los pastizales subalpinos estaban brotando verdes y comenzado su floración.





Tritón alpino (Triturus alpestris). César Aguilar
Justo tras la nieve estaban empezando a brotar unos azafranes endémicos de la zona, el Crocus veluchensis, y también eran comunes flores alpinas como las gencianas (Gentiana verna). Pero una de las flores que más me llamó la atención fueron unas que en el valle del Ebro llamamos nazarenos y que son del género Muscari. Ya me había tocado ver este género de plantas entre la flora alpina en las montañas de Turquía, algo que no pasa en España donde es propio de valles. Pero la sorpresa final estaba en el lago Drakolimni. Después de subir al refugio Astraka, disfrutar de un precioso atardecer y dormir allí, nos encaminamos hacía el lago. Hay más lagos en la zona pero ese es especialmente llamativo y es el que está a más altura. 




Aguas turquesas del valle de Aoos. C. Aguilar
La traducción de su nombre es algo así como lago del dragón y es que estaba lleno de tritones alpinos (Triturus alpestris). Si los miras bien esos anfibios son auténticos dragones en miniatura así que no está tan mal puesto el nombre. Aunque hay más lagunas someras que podrían tener igualmente la especie, no vi apenas tritones en otros y realmente en ese de Drakolimni eran muy abundantes. Desde el lago también pudimos ver la enorme caída hacia la garganta del río Aoos muy distinta de la de Vikos pero también muy espectacular. Las laderas del río Aoos son escarpadas y forestales, y sus materiales más blandos han dado lugar a un valle en forma en V que lleva un caudal abundante.





Madroños orientales (Arbutus andrachne) C. Aguilar
El azul turquesa que se veía en aquellas aguas nos gustó tanto que al día siguiente fuimos a la búsqueda de aquel otro valle que no pensábamos visitar. Dimos la vuelta al macizo por carreteras y accedimos por Konitsa, cerca de un retirado monasterio ortodoxo, Panayias Stomiou. Allí puede encontrar un viejo camino de herradura que subía al monasterio donde eran comunes los madroños orientales (Arbutus andrachne), unos árboles con una corteza anaranjada que llaman la atención en los escarpes rocosos. En este valle pasamos el último día de nuestra estancia en Grecia. De ahí ya solo nos quedaba conducir hasta el puerto de Igoumenitsa y esperar para coger el ferry hacia Venecia recorriendo el mar Adriático.

sábado, 25 de agosto de 2012

Grecia 9 (2009) Luciérnagas y ranas griegas


Bosques y cortados en Micro Papingo. César Aguilar
Cuando visitas espacios naturales dormir en la furgoneta tiene un encanto especial. Todo el día estás en contacto con la naturaleza, desayunas, comes, duermes y, de vez cuando, al salir a media noche a “cambiar el agua al canario” te llevas sorpresas agradables. A veces son cantos de aves nocturnas y otras un espectáculo de luces voladoras fosforitas. Eso fue lo que nos encontramos todas las noches desde el primer día en la Zagoría, luciérnagas a montones. De pequeños solíamos ver más a estos bichos en el campo, pero ahora con la intensificación agrícola y tanto abuso de pesticidas se han vuelto raras. El caso es que la abundancia que había en junio allí hacía tiempo que no la veía por La Rioja.




Luciérnagas tipo Luciola sp. Foto: César Aguilar
En las selvas tropicales son típicas las luciérnagas voladoras con destellos intermitentes que dan un aspecto mágico a esas noches. Había disfrutado de las luciérnagas tropicales en Perú y Guatemala y éstas de la Zagoría daban un espectáculo bastante parecido. Las que veía de pequeño en el valle del Ebro en España no eran voladoras. Aquellas tenían el aspecto de gusanos y eran hembras sin alas que emitían luz continua desde los dos últimos segmentos del abdomen. A esas cogerlas era sencillo, pero a estas voladoras fue más complicado. Cuando conseguí coger una vi que era como unas que solo había visto en las guías de insectos, unas del género Luciola sp con el aspecto de un escarabajo alargado.




Segmentos luminosos en la parte ventral. C. Aguilar
Al parecer en este tipo de luciérnagas son los machos los que vuelan y emiten pulsos de luz sin frecuencia fija. Eso era lo que yo veía en la oscuridad y por eso eran tan difíciles de atrapar. Al rato de cogerla pareció mosquearse y se apagó hasta que la solté. Pero en condiciones naturales  a esas luces voladoras las hembras responden desde el suelo estableciendo un diálogo de flashes mientras se aproximan. La luz que emiten las luciérnagas es pura eficiencia energética y nosotros pensando que hemos avanzado tanto con las bombillas de bajo consumo. Se trata de una luz química producto de la oxidación de una molécula llamada luciferina. Menos del 2 % de la energía de ese proceso se convierte en calor, en nuestras bombillas clásicas la pérdida es del 95%, solo por comparar.



Piscinas naturales en Rogovos. Foto: C. Aguilar
Pero la zona tenía otras sorpresas. Uno de los días encontramos indicado en un mapa de la zona un barranco con pozas que llamaban piscinas, era el arroyo de Rogovos. Dimos con ellas cerca de la carretera de Micro Papingo a Megalo Papingo y el sitio tenía un encanto especial. El barranco atraviesa una zona de rocas calizas con estratos horizontales muy definidos donde se ha desarrollado un karst. La erosión diferencial a dado lugar a unas pozas llamativas que realmente parecer yacuzzis. El calor en junio en Grecia era ya  insoportable así que dónde mejor para refrescarse después de unos paseos por la zona. Pese a su aspecto gélido el agua al sol estaba más bien tibia, así que allí pasamos el tiempo a remojo.




Presunta Rana griega (Rana graeca). César Aguilar
Al cabo de un rato descubrimos que no éramos los únicos inquilinos, aguardando en una repisa de una de las pozas había varias ranas griegas (Rana graeca). Les habíamos quitado la tranquilidad del sitio, aunque al irnos nosotros pronto la recuperarían pues apenas había gente por allí. La rana griega es muy parecida a otras ranas pardas europeas como Rana temporaria y aunque siempre quedan dudas a la hora de identificarlas al cien por cien, el hábitat y los caracteres parecían más propios de R. graeca que de R. temporaria.

sábado, 18 de agosto de 2012

Grecia 8 (2009) Zagoria y Garganta de Vikos

Monodendhri. Foto: César Aguilar
Al noroeste de Grecia está la región de Zagoría que es uno de los ramales montañosos de los Balcanes. A mi me recuerda al Pirineo del Alto Aragón, aunque las cumbres más altas no superan los 2500 metros. Los pueblos están muy bien conservados y sus construcciones son de piedra caliza con tejados de lajas de piedra. Aún así, como otras regiones montañosas de Europa, ésta también sufrió una fuerte despoblación hace décadas y ahora parece que el turismo es la que le está devolviendo su fisonomía. Se ven muchas construcciones y empedrados recuperados con bastante respeto por las formas tradicionales. El patrimonio que tienen es muy interesante, con caminos empedrados, espectaculares puentes de piedra y muchas ermitas e iglesias ortodoxas.




Garganta de Vikos. Foto: César Aguilar
El paisaje en la zona es muy forestal, incluso en torno a los pueblos donde siempre suele haber zonas abiertas. Supongo que el abandono rural hizo que los prados se cerraran, libres de la presión de los aprovechamientos tradicionales. La humedad hace proliferar hayas (Fagus sylvatica), carpes (Carpinus orientalis) y varias especies de robles (Quercus sp) propios del este del mediterráneo. En los patios y fachadas de las casas no falta ese toque mediterráneo que dan las parras (Vitis vinifera). Es además la única región de toda Grecia donde quedan osos (Ursus arctos). Es una población pequeña algo menor que la de nuestras montañas cantábricas. Uno de los atractivos es la garganta de Vikos, un tajo calizo de 900 metros con una separación entre paredes de solo 1100 metros.


 

Ramonda serbica. Foto: César Aguilar
Vikos según el libro Guinness es la garganta más “profunda” con relación a la estrechez del cañón, una de las múltiples formas que tienen de medir los récords de gargantas en el libro. Los días que estuvimos por la zona hicimos uno de los recorridos que va por el fondo de la misma, saliendo desde el pueblo de Monodendhri. Principios de junio aún era pronto para el turismo veraniego de interior, así que apenas había gente y se podía disfrutar de la tranquilidad del lugar. Entre las aves que pude ver era muy común el carbonero palustre (Parus palustris) y también en esos bosques viejos del fondo de la garganta pude ver una pareja pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos). Al igual que en Meteora se hace raro ver tanto cortado rocoso y ningún buitre solo chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus).


 

Algiroides de Dalmacia. Foto: César Aguilar
El paseo de la garganta dio para algunas otras observaciones bien interesantes. En los taludes veía las hojas de una planta que me parecía la “oreja de oso” del Pirineo (Ramonda pyrenaica). Al ver una con flor pude confirmarlo pero no era esa especie, sino la equivalente en estas montañas Ramonda serbica. La distribución de plantas alpinas como estas es curiosa, ya que para ellas los macizos montañosos han funcionado como refugios fríos en épocas desfavorables. Ello ha dado lugar con el paso del tiempo a especies muy similares pero endémicas de cada zona que se encuentran por ello muy separadas en el espacio. En cuanto a los reptiles se dejaba ver el algiroides de Dalmacia (Algyroides nigropunctatus) un lagarto pequeño de llamativos colores.


 

Bombina variegata mostrando el vientre.C. Aguilar
Pero una de las sorpresas fue dar con sapos de vientre amarillo (Bombina variegata). Vistos desde arriba son bastante insulsos pero por debajo son un destello de color. Son lo más parecido a las ranas venenosas tropicales que pude ver en Perú y que advierten con sus colores llamativos de su toxicidad. En estos sapos de vientre amarillo, esa coloración cumple la misma función y por si no te das cuenta te lo muestran a las claras. Me quedé alucinado cuando al coger uno, en un acto reflejo arqueó el dorso y levantó las patas mostrándome el vientre. Si no te has enterado ahí está bien claro soy tóxico, parece decir. Así que luego buena lavada de manos para evitar que se irriten mucosas como el lacrimal o las fosas nasales por contacto con los dedos.


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