viernes, 26 de septiembre de 2014

Transahara 9 (2013-14) Mali, el País Dogón 1

Casas y graneros, Nombori. César María Aguilar Gómez.
Uno de los objetivos del viaje era llegar al País Dogón y visitar algunas de sus aldeas. Nines iba a comprar artesanía allí y para mí era uno de los sitios que más ganas tenía de conocer. Los dogones son uno de los pueblos más singulares de Mali y casi también de todo el África Occidental. Lo son por sus creencias y cosmovisión tan distinta del resto de las culturas de la zona. Históricamente se han resistido a la colonización de los pueblos musulmanes y por eso han conservado creencias y ritos animistas propios. Hoy en día el islam tiene una presencia creciente en muchas poblaciones pero, a pesar de ello, mantienen muchas tradiciones entre ellas los bailes de máscaras que sacan en fechas y acontecimientos señalados.




Boubacar el comerciante, Endé. C.M. Aguilar Gómez.
Otro de los atractivos del pueblo dogón es el lugar que ocupan, la falla del Bandiágara, en realidad el borde de una extensa meseta rocosa de arenisca. Según los relatos de tradición oral los dogones llegaron a la zona hacia el siglo XI para refugiarse del acoso de otros grupos. En los cortados vivían los tellem, en pequeñas casas colgadas en las rocas, a los que tuvieron que expulsar para asentarse ahí. Los poblados dogones más típicos se sitúan hoy en la parte baja del cortado donde se dedican a cultivar la llanura arenosa que se extiende frente a la falla del Bandiágara. También hay pueblos en la parte alta de la meseta que cultivan en cercados de piedras donde acumulan el escaso suelo fértil sobre la roca.



Mezquita sudanesa, Teli, César María Aguilar Gómez.
El urbanismo y arquitectura de los pueblos dogón sigue siendo el tradicional. Continúan construyendo casas y graneros de barro y la mayoría de las mezquitas mantienen el estilo sudanés, como las tradicionales que hay en las poblaciones de Djenné o Mopti. Son construcciones que han de reparar tras la época de lluvias, de ahí esas vigas que salen al exterior donde se apoyan para revocarlas. Eso no impide que de vez en cuando veas antenas parabólicas en algunas casas, ya que el turismo ha producido unos ingresos extras en su economía. Pero para los tiempos que corren, donde la globalización ha homogenizado casi todo, creo que los dogones aún mantienen mucho de su cultura tradicional y creencias. Y eso no es poco.



Ventana de granero, Endé. César María Aguilar Gómez.
Al abrigo de la propia roca aún se pueden ver restos de las casas tellem y también graneros y otras edificaciones dogones, aunque cada vez con menos uso. En los escarpes solían enterrar a sus muertos, pero tradiciones como esa han ido perdiéndose con la progresiva influencia del islam. Los musulmanes dan poca importancia a los cementerios, así que los dogones han dejado de hacer esos enterramientos tan costosos. Aún con los cambios culturales de las últimas décadas, en parte también debidos al flujo de turistas, el País Dogón sigue siendo un sitio especial. La cosmovisión dogón no es algo abstracto, se refleja muy bien en la amplia variedad de máscaras que siguen tallando y usando en las festividades animistas.




Tallas en Kani Kombolé. César María Aguilar Gómez.
Las puertas y ventanas de casas y graneros dogón reflejan su particular cosmovisión con personajes míticos como el Nommo, el ancestro precursor del pueblo dogón, o imágenes de culebras, lagartos y cocodrilos. Tallan además multitud de piezas cotidianas y figuras en madera. El dogón no es pueblo muy numeroso, a mediados de los ochenta en la zona del Bandiágara se calculaba su población en algo más de 200.000 personas. Dispersos fuera de su zona de origen se calculaba que había algo más del doble de esa cifra. A pesar de su bajo número, la creatividad e iconografía de su arte me parece desbordante.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Transahara 8 (2013-14) Mali, el Niger en Mopti

Puerto con grandes pinazas. César María Aguilar Gómez.
Mopti tiene un importante puerto de carga y transporte junto al río Bani, un afluente del gran Niger. El Bani y el Niger confluyen frente a la ciudad pero en enero, con las aguas bajas, costaba ver cuál era cada uno. El gran río sigue vertebrando la vida de la región y es encrucijada de las muchas formas de vida y grupos étnicos que se dan en la zona: bambara, peul, bozo, tuareg… Al puerto de Mopti siguen llegando las placas de sal de las caravanas que atraviesan el desierto y el comercio de mercancías en él es inmenso. La actividad allí ha cambiado poco en los últimos siglos a no ser por la presencia del plástico y toda la basura que ello genera.





Barrio de Mopti donde nos alojamos C.M. Aguilar Gómez
Unos meses antes de llegar a Mopti la ofensiva de la guerra del norte de Mali había llegado cerca de la ciudad. Habíamos dudado si ir, pero los amigos de Nines en la ciudad nos aseguraron que no había problemas. Los rebeldes tuareg y salafistas a punto estuvieron de tomarla, pero Francia detuvo su avance antes de que llegaran a ella. Aún así, el turismo había desaparecido y la gente que venía a recorrer el Niger y el País Dogón había dejado de llegar. Nosotros nos alojamos en la casa de los amigos de Nines y nos sumergimos en la vida de la zona vieja de Mopti. Fue al más puro estilo africano, el del hacinamiento en las viviendas. Comodidades ni una, aunque para hacerlo más llevadero nos instalamos en la azotea.




Pescando en arrozales. César María Aguilar Gómez.
Esos días reparamos la amortiguación de la furgoneta e hicimos, en tiempo record, una parte del trabajo para el que iba la asociación. Visitamos a los conocidos y compramos tallas, máscaras, bronces, bisutería… y todo lo producido allí que pudiera venderse luego en la tienda de Angata en Madrid. Dinero a cambio de trabajo, no caridad. También reparto de preservativos para sensibilizar sobre el Sida entre colectivos de riesgo con los que ya habían trabajado otras veces. Fueron días intensos, aunque hubo tiempo para recorrer en piragua, a remo y pértiga, el río Bani y el Niger, aunque no muy lejos de Mopti ya que la situación no estaba para alejarse mucho y tampoco teníamos tiempo para ello.




Pluvial Pluvianus aegyptius César María Aguilar Gómez
El entorno de Mopti son humedales y campos de arroz. El Niger forma a partir de esa población un gran delta interior con muchos cuerpos de agua diseminados. Desafortunadamente esas zonas ya no eran seguras de visitar. Entre las aves que pude ver en aquel recorrido estaban martines pescadores píos (Ceryle rudis) garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides), avefrías espinosa (Vanellus spinosus) o pluviales (Pluvianus aegyptius). Los comerciantes nos entregaron dos anillas de aves recuperadas allí, una resultó ser una Pagaza piquirroja (Sterna caspia) anillada en el 2002 en Finlandia y la otra una Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) de Portugal del 2006. Aves anilladas a 5639 y 5560 kilómetros respectivamente. ¡Esos sí que son viajes! 


Pastores y artesanos peul. César María Aguilar Gómez.
Pero un recorrido por el Bani y el Niger es también para ver la actividad y la variedad de formas de vida que se da en torno al río. Por allí estaban los bozos, pescadores nómadas, atrapando con redes los cardúmenes de peces concentrados por el estiaje. En la orilla sus mujeres los ahumaban y secaban para conservarlos. Junto a ellos los pastores nómadas peul, con sus chozas circulares, que son los que proporcionan los excrementos secos para los fuegos de los bozo en una zona con escasez de leña. O las estampas de los astilleros de piraguas junto al río. Algunas ya estaban “matriculadas” con fecha 2014 nada más empezar el año, tal y como se veía en las que acababan de pintar.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Transahara 7 (2013-14) Mali, Bamako-Mopti

Toco Tockus erythrorhynchus. C.M. Aguilar Gómez.
El paisaje de la “brousse” que vimos el primer día de Mali nos acompañaría durante toda nuestra estancia en el país. Entre Bamako y Mopti empezaron a verse más palmeras de hojas grandes del género Borassus y con ellas los vencejos palmeros africanos (Cypsiurus parvus). Entre las aves “gordas” que se cruzaban delante de la furgoneta estaban los coloridos loritos senegaleses (Poicephalus senegalus), las ruidosas cotorras de Kramer (Psittacula krameri) y los tocos con su vuelo ondulante. De estos últimos veíamos dos especies, el toco piquinegro (Tockus nasutus) y el toco piquirrojo (Tockus erythrorhynchus) mucho más abundante.





Panales (Izda.) y colmenas (Drcha.). C.M. Aguilar Gómez.
En algunos árboles veía unas estructuras tubulares colgadas a cierta altura. Al final pude ver que se trataba de curiosas colmenas construidas con haces de fibras trenzadas. Tenían un aspecto similar a las colmenas de cañas y estiércol que se hacían de forma tradicional en La Rioja, solo que éstas cerrando el haz por uno de los lados por el que las cuelgan. Las abejas de Mali, a las que iban dirigidas las colmenas, hacían sus panales en las grietas de algunos baobabs. Pude ver panales de enjambres silvestres en el hueco del tronco de un gran árbol. Junto a panales así situaban las colmenas y, en una ocasión, hasta vi un grupo de abejas enjambradas a la entrada de una de ellas.




Escenas de carretera a Segou. César María Aguilar Gómez.
La carretera hacia Mopti se convirtió en un “dolor” y cada vez aparecieron más agujeros en el asfalto, así que condujimos tramos con una rueda en la cuneta de tierra para evitar los baches. Y eso que en muchas de las carreteras de Mali pagas un peaje como si entraras a una autopista. A veces por nada pues, a pesar de ello, siguen estando agujereadas. Los tramos en reparación nos obligaron también a circular por pistas laterales tragando el “polvo rojo de la tierra de los hombres negros”. De camino a Mopti paramos en Segou, la antigua capital del imperio bambara que se extendió por esta región en torno al río Niger.




Palmeras (Borassus sp) y karité (Vitellaria paradoxa)
Con el desgaste de las malas carreteras tuvimos la segunda rotura del viaje, una amortiguación, aunque pudimos seguir con cuidado hasta el día siguiente. Camino a Mopti hicimos noche entre rastrojos de campos de mijo y árboles dispersos en la “brousse”. A veces el aprovechamiento del campo me recordaba al de una dehesa mediterránea ya que el paisaje mantenía una importante cobertura arbórea a pesar de ser cultivado en la época de lluvias. Algunos de los árboles que podía ver eran mangos, especialmente junto a los pueblos, aunque en ese momento sin frutos.


 



Gran termitero. Foto: César María Aguilar Gómez.
Otras especies que podía reconocer en aquel paisaje eran los árboles de karité (Vitellaria paradoxa), una especie con nueces de la que obtienen algo parecido a una mantequilla. Un arbusto muy característico allí era el llamado Guiera senegalensis con unos ramilletes de semillas emplumadas. Otra novedad en el paisaje fueron los termiteros de varios metros de altura y, puntualmente en las zonas quemadas, otros pequeños con forma de hongo. En algunos de esos grandes termiteros veía la base horadada a azadonazos, después supe que aquella tierra procesada por las termitas era la preferida para la alfarería.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Transahara 6 (2013-14) Mali, Nioro-Bamako

Patio gendarmería Nioro. César María Aguilar Gómez.
Nunca pensamos que cruzar a Mali iba a ser tan complicado. Mali fue un país con policía corrupta a comienzos de los noventa, así lo recordaba Nines de cuando estuvo por primera vez en él. Luego se normalizó y el turismo comenzó a llegar, y ha sido de este modo hasta hace bien poco. Ya no. Aprovechando la excusa del conflicto en el norte del país, la gendarmería, la policía y la aduana de la frontera de Gogui-Nioro se empeñaron en ponernos escolta militar a todos los extranjeros que íbamos a Bamako, incluso más allá. Y cobrarnos por ello, ¡claro! Nos retiraron el pasaporte y no nos dejaron marchar sin uno o dos tipos armados que tuvimos que alojar en el vehículo.




Amaranta Lagonosticta senegala C.M. Aguilar Gómez.
No era algo opcional y de eso nada nos advirtieron en la embajada de Mali al solicitar el visado turístico. Según ese visado podíamos movernos libremente por el país, pero no fue así en la práctica. El 1 enero de 2014, cuando nosotros tratamos de entrar en Mali, el conflicto armado había estado meses atrás en el Gran Norte, realmente lejos de donde nos encontrábamos. A Tombuctú, Gao o Kidal estaba claro que ni acercarse, pero la ruta entre Nioro y Bamako para nada podía considerarse insegura. El país es enorme y nada tiene que ver una zona con la otra. Los gendarmes lo saben, pero tratan de meter miedo inventando supuestos secuestros en las proximidades de la zona para que pagues la escolta.



Erizo Atelerix albiventris. César María Aguilar Gómez.
La prueba más evidente de que era una “mordida” fue que cuando les pedimos un resguardo por dicho pago, algo normal en cualquier tasa, nos “sugirieron” que podían devolvernos a la frontera de Mauritania si persistíamos en esa actitud. Al final, tuvimos que perder todo el día de burocracia en la frontera y, encima, a media tarde se negaron a escoltarnos ese día hasta Bamako. Tuvimos que pasar la tarde y la noche en el patio de la gendarmería sin poder salir ni siquiera a comprar pan al pueblo. Y todo para incrementar nuestra inseguridad, para que pagáramos de buena gana la escolta que nos obligaban. No quedó otro remedio, fue un “secuestro legal” en toda regla.





La "brousse" y el autobús rumano. C.M. Aguilar Gómez.
Mirándolo por el lado bueno, y con el “síndrome de Estocolmo”, allí echamos unas risas con la gente de los otros dos vehículos a los que hicieron lo mismo, un rumano que había cruzado toda Europa con un autobús recalentado y un barcelonés con su amigo africano que bajaban a Ghana a montar un negocio. También vi un ave nueva que a partir de ahí sería muy común, la amaranta senegalesa (Lagonosticta senegala) y, a la noche, una especie de erizo (Atelerix albiventris). Al día siguiente más retraso. No nos llevaron hacia Bamako hasta última hora de la mañana. En ese recorrido el paisaje fue haciéndose más arbolado, con arbustos y pastos dorados de gramíneas agostadas.



 

Graneros en el camino. César María Aguilar Gómez.
Entramos en las sabanas sudanesas, lo que allí llaman la “brousse”. Aparecieron los primeros baobabs (Adansonia digitata) y también unos árboles sin hojas con unas llamativas flores anaranjadas en las puntas (Bombax costatum). Las aldeas también cambiaron. Comenzaron las casas de barro, chozas circulares y graneros con techos de paja. Un poco antes de llegar a Bamako recuperamos nuestros pasaportes y nos libramos de los tipos armados que iban en los otros vehículos del convoy. Entramos a la ciudad de noche y dormimos en La Maison des Jeunes. Los murciélagos frugívoros junto al Niger nos dieron la bienvenida, ya estábamos en el corazón del África negra.

viernes, 29 de agosto de 2014

Transahara 5 (2013-14) Mauritania, Nouakchott-Mali

Dunas con Leptadenia pyrotechnica C.M. Aguilar Gómez
La “ruta de la esperanza”, o “route de l´espoire” como se la conoce en Mauritania, es la carretera que se dirige al interior del país y va hacia el norte de Mali. Es una lástima que no puedas recorrerla con total tranquilidad por la inestabilidad en Mali pues atraviesa una región espectacular. En toda Mauritania optamos por dejar de conducir al aproximarse la noche y tampoco acampamos en sitios aislados. Siempre buscábamos alguno de los precarios camping del país o dormíamos junto a los numerosos controles militares. Y es que a lo largo de Mauritania tuvimos que pasar, y dar todos los datos, en aproximadamente unos 40 de esos controles. Al poco de salir de Nouakchott la carretera atraviesa kilómetros y kilómetros de un sistema de dunas rojas impresionante.




Mezquita y dunas. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Las dorsales de esos campos de dunas se disponen paralelas unas a otras a escala geográfica. Pero a pesar del sustrato arenoso y del pasto agostado, no era una zona árida o carente de vida, al contrario, las dunas tenían bastante vegetación, árboles y arbustos dispersos que daban un aspecto muy saheliano al paisaje. El arbolado estaba formado por acacias de grandes espinas (Acacia raddiana) y unos arbustos, todo tallo y  sin hojas (Leptadenia pyrotechnica), que estaban en plena floración. Sobre los suelos arenosos se veían también árboles de Sodoma (Calotropis procera), bien aislados o bien en extensas formaciones de portes raquíticos en lugares con suelo más degradado.





Gorriones dorados (Passer luteus). C.M. Aguilar Gómez.
Al paso de la carretera encontrábamos pequeñas poblaciones entre los valles de dunas. Los pozos de agua favorecían unos asentamientos compuestos de haimas y edificaciones dispersas. Al igual que en otros poblamientos mauritanos, los plásticos y los envases campaban a sus anchas. La gente pastoreaba vacas con aspecto de cebúes, ovejas, cabras y camellos. También comenzaron a ser frecuentes esos burros con una banda negra en el lomo tan característicos del sahel. Los ves sueltos por el campo, en grupos o tirando de las abundantes carretas. Una de las noches paramos en un control militar en una de las poblaciones de las dunas y pude recorrer esos paisajes a primera hora de la mañana.




Meseta de Tagant . Foto: César María Aguilar Gómez.
En torno al pozo de agua se veían grandes bandos de gorriones dorados (Passer luteus), por el suelo collalbas rubias (Oenanthe hispanica) y entre los árboles se desplazaban ruidosos los tordalinos rojizos (Turdoides fulvus). En la arena se veían muchas huellas, la mayoría de jerbillos esos ratones saltadores típicos del desierto. Se veía mucha más actividad que la que observé en las dunas del Sáhara Occidental. Seguimos la ruta y antes de llegar a Kifa hubo cierto cambio de paisaje. Aparecieron mesetas de roca, llanuras con acacias, pastos agostados y, en ramblas secas, dos especies de palmeras la datilífera (Phoenix dactylifera) y la palmera dum (Hyphaene thebaica) con sus característicos troncos ramificados.




Coracias abisinica y Adenium obesum C.M. Aguilar Góme.
Las rocas del paisaje eran la meseta de Tagant en cuyos barrancos están los famosos cocodrilos del desierto (Cocodrylus suchus) redescubiertos en 1994. ¡Lástima unos días por allí! Cada vez con más frecuencia se veían carracas de Abisinia (Coracias abisinica) y, poco a poco, el suelo fue menos arena y más tierra y polvo. Vimos canasteras (Glareola pranticola) y cigüeñuelas (Himantopus himantopus) saliendo de lagunas someras y estacionales. La carretera se llenó de agujeros y aparecieron tramos en obras donde había que conducir por pistas laterales. El polvo rojo inundó todo lo que llevábamos. Estábamos entrando en algo más parecido al sahel en época seca que al desierto. Y control tras control, por fin llegamos a la población de Aioun el Atrous, donde nos encaminamos hacia la frontera de Gogui-Nioro, hacia Mali.

viernes, 22 de agosto de 2014

Transahara 4 (2013-14) Mauritania, Nouadhibou-Nouakchott

Dromedarios cruzando fronteras. C.M. Aguilar Gómez.
Al sexto día de salir de Algeciras, y tras recorrer más de 2.000 kilómetros por Marruecos, llegamos a la frontera con Mauritania. Durante todo el trayecto a través del Sáhara Occidental habíamos pasado unos 15 controles policiales y militares, pero lo de la República Islámica de Mauritania fue aún más intensivo. Llegamos a la frontera temprano y ya había allí una larga final de vehículos esperando a que abrieran. Solo dos coches más eran de europeos, el resto camiones y vehículos de “transporteurs”, africanos que bajan de Europa llenos de mercancías para venderlo todo, coche, camión o autobús incluido. Toda la mañana nos eternizamos en papeles y esperas. Primera lección africana de paciencia.





Cruzando dunas en tierra de nadie C.M. Aguilar Gómez.
La frontera de Gerguerat debe ser una la más surrealistas que existen. En realidad se pasa del Sáhara Occidental, ocupado por los marroquíes, a Mauritania y de ahí el lío de reconocimientos legales. Hubo una época en la que solo se podía cruzar hacia el sur escoltado por un convoy militar. Hoy ya existen dos puestos fronterizos, marroquí y mauritano, que se reconocen mutuamente pero separados unos 4 kilómetros. Entre medio está la “tierra de nadie” donde no actúa ninguno de los dos estados. La carretera asfaltada se interrumpe y el entorno aún sigue minado. Hay muchas rodadas en el suelo de arena y roca para cruzar ese tramo y, por motivos obvios, no conviene alejarse de ellas.



Haimas de nómadas mauritanos. C.M.Aguilar Gómez.
Algunas zonas de la “tierra de nadie” parecen un decorado de la película Mad Max. Hay basura por todos los lados y chatarra, mucha chatarra, de coches, de televisores y de todo lo comerciable. En ella se hacen todo tiempo de negocios de compra-venta ilegal dado que no existe autoridad ninguna allí, es por eso que te encuentras una trupe de gente esperando a los que llegan de Marruecos. Puedes ver gente caminando que ha llegado en coche y entra en Mauritania a pie con grandes sumas de dinero en el bolsillo. Gente que es carne de soborno en la aduana mauritana. Apenas saqué fotos representativas de ese caos, pues trato de evitar la cámara en las fronteras, más en una como esta.




Junto a la mezquita del puesto militar C.M. Aguilar Gómez
Una vez en Mauritania, y sin entrar en Nouadhibou, condujimos dirección a Nouakchott. Veíamos haimas de pastores nómadas, camellos, acacias y gente con sus largos trajes azules, los bubús, y turbantes ocultando la cara. También llanuras con tabaibas (Euphorbia balsamifera), matorrales salinos y cada vez más dunas de arena, cuervos píos (Corvus albus) y hasta corredores saharianos (Cursorius cursor) en la cuneta. Dormimos junto a un control militar de camino a Nouakchott, lo que ya haríamos siempre por seguridad en ese país cuando pernoctábamos en el campo. Por la noche un cielo con miles de estrellas y alcaravanes (Burhinus sp) reclamando sin cesar.




Hora punta en Nouakchott. César María Aguilar Gómez.
Al día siguiente la carretera hasta Nouakchott nos mantuvo lejos del litoral del que nos separaba un extenso arenal. No accedimos al Banco d´Arguin, el mítico lugar de invernada para miles de aves europeas, ya que para ello es necesario atravesar con guía el mar de dunas litoral. En Nouakchott aprovechamos para hacer los visados a Mali y para comprar melfas para la asociación, unas telas teñidas de vistosos colores con que se visten las mujeres mauritanas y saharauis. Tras la comida dejamos atrás una ciudad caótica, sucia y hasta con atascos, donde el estado mauritano ha dado forma a un gran asentamiento en un país de gente eminentemente nómada.

viernes, 15 de agosto de 2014

Transahara 3 (2013-14) Marruecos, El Aaiún-Mauritania

Salida de El Aaiun hacia Bojador. C.M. Aguilar Gómez.
A partir de la laguna de Najla comenzaron a aparecer las primeras dunas. La costa del Sáhara Occidental no es aún zona de grandes campos de dunas, los llamados erg, pero algunas se veían. Cuando estas lenguas de arena discurren paralelas a la carretera pueden ser un problema por su gran movilidad. Pero la ruta, hoy en día, está más transitada que hace unos años, en especial por camiones que acuden al puerto pesquero de Dakhla y, por ello, también mejor mantenida. Así, no nos encontramos ninguna duna obstaculizando la carretera como solía pasar hace algunos años. Aunque sí veíamos, de cuando en cuando, como la arena saltaba "peligrosamente" la carretera con el viento costero.



Bucanetes githagineus Foto: César María Aguilar Gómez.
Con nuestro plan de viaje “relámpago” no había mucho tiempo para ir parando a ver las aves que se cruzaban. Sin embargo, solo con atravesar y ver el paisaje desértico a mi alrededor ya merecía la pena el viaje. Todos los días dormíamos al aire libre, Raquel y Nines con un colchón dentro o fuera de la furgoneta y yo con una pequeña tienda fuera. Así, con las primeras luces del día, aprovechaba un ratillo antes de desayunar para ver los alrededores del lugar donde habíamos acampado. En el desierto puede ser que en esa pequeña muestra de terreno no veas apenas ningún ave, y así sucedía muchos días. Pero luego, durante el día y estando atento a la conducción, podía identificar algunas de las especies que nos cruzaban por delante. 



Parásita Cistanche phelypaea. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Por el paisaje desértico veía pasar, entre otras especies, camachuelos trompeteros (Bucanetes githagineus), alondras ibis (Alaemon alaudipes) y collalbas negras de Brehm (Oenanthe leucopyga). De vez en cuando también golondrinas comunes invernantes en vuelo y tarros canelos (Tadorna ferruginea) en balsas. En los paseos matutinos lograba reconocer algunas de las plantas del paisaje, aunque no muchas ya que la austeridad propia de esas especies dificultaba su identificación. Pocas estaban florecidas, pero las que lo estaban al menos daban una pista para reconocerlas.






Varias especies de flora costera. César María Aguilar Gómez.
La más bonita y espectacular, sin lugar a dudas, fue la Cistanche phelypaea una planta parásita que ofrecía una llamativa pirámide de flores amarillas saliendo de la arena fina. Otra flor parásita menos vistosa y más rara, y que solo vi en Najla, fue Cynomorium coccineum. En cuanto a los matorrales la mayoría eran quenopodiáceas, probablemente del género Salsola, aunque me era complicado afinar más sin otras referencias de esa flora. En los suelos salinos de la costa, o en saladares superficiales, aparecía la uvilla de mar (Zigophyllum sp) con sus diminutas flores blancas y pequeños arbustillos de Frankenia sp. Pero para disfrutar sin la necesidad de devanarse la cabeza con discretas plantas o fugaces observaciones de aves, estaba también la diversidad de los paisajes geológicos.




Kitesurfing Bahía de Dakhla. César María Aguilar Gómez.
Dunas, saladares, acantilados, relieves erosionados por el viento y hasta masivos arrecifes de corales fósiles junto al mar. De todos aquellos paisajes me impactó la gran bahía de Dakhla, espectacular por sus dimensiones. En ella descansan, protegidas del oleaje del Atlántico, enormes extensiones de aguas marinas superficiales. El lugar se ha convertido en el paraíso de los caravaning, sobretodo franceses, que pasan allí buena parte del invierno disfrutando de la luz, el mar y el buen tiempo. También es la meca de los que practican el kitesurfing, ese deporte en el que se deslizan con una tabla sobre el mar arrastrados por cometas. Un toque de color en el desierto que me pilló por sorpresa.

viernes, 8 de agosto de 2014

Transahara 2 (2013-14) Marruecos, Ceuta-El Aaiún

Eligiendo dátiles en Jemaa el-Fnaa C.M. Aguilar Gómez.
La primera parte de la ruta consistió en cruzar Marruecos de norte a sur por el litoral. Fue un trayecto de varios días que comenzó en el verde y húmedo norte marroquí. A través de autopistas llegamos a Marrakech dejando atrás humedales costeros, invernaderos hortícolas, campos labrados y bosques de alcornoques. De vez en cuando desde la cabina veía vuelos de elanios azules (Elanus caeruleus), ratoneros moros (Buteo rufinus) y muchas muchas garcillas bueyeras (Bubulcus ibis). Al pasar junto a Marrakech no nos resignamos a parar un rato en la siempre bulliciosa plaza Jemaa el-Fnaa.






Estribaciones al sur del Souss. C.M. Aguilar Gómez.
Allí mismo disfrutamos de los típicos zumos de naranja recién exprimidos, de un breve paseo y repostamos unos dátiles para el camino. No es la primera vez que visito la ciudad pero siempre me quedan ganas de estarme más. En esta ocasión no pudo ser, así que regreso a la autopista y hacia Agadir. Entre Marrakech y Agadir vimos desplegarse un pintoresco paisaje de media montaña con tierras rojas y afloramientos de roca, el AntiAtlas. El suelo descarnado de esas montañas se cubre de una planta parecida a los cactus. En realidad no lo son, ya que no hay cactus en África, se trata de Euphorbia echinus y su forma es una convergencia evolutiva de adaptación a la aridez. En Canarias los llaman “cardones”.




Desembocadura Oued Ez Zehar. C.M. Aguilar Gómez.
Pero lo que más presencia tiene en ese paisaje son los arganes (Argania spinosa) un árbol propio del valle del Souss. Es casi una especie “maná”, sale sin apenas suelo fértil, da de comer a las cabras y produce un aceite muy apreciado para distintos usos. Por las cunetas de la ruta también se dejaron ver, ágiles y vigilantes, algunas fugaces ardillas morunas (Atlantoxerus getulus). Tras pasar los oueds Souss y Massa, en el entorno de Agadir, los paisajes se volvieron cada vez más áridos y poco a poco los arganes comenzaron a desaparecer. Proseguimos atravesando poblaciones como Tiznit, Guelmim y Tan-Tan. A partir de Tan-Tan la carretera se aproximó a la costa y ya prácticamente no la abandonó durante todo el recorrido hasta Mauritania.




Gaviotas Larus audouinii. César María Aguilar Gómez.
Buena parte de la costa atlántica en ese trayecto son grandes acantilados de roca. Desde la parte alta de los cortados se veían pescadores con largas caña tirando sus lances a un mar de fuerte oleaje donde parecía complicado obtener capturas. Antes de llegar a El Aaiún, ya territorio del Sáhara Occidental ocupado, atravesamos varios oueds que interrumpían los acantilados costeros y formaban playas. Los humedales formados eran lugares de invernada de muchas aves europeas. Por allí se veían gaviotas de Audouini (Larus audouinii), muchas de ellas anilladas muy probablemente en el Delta del Ebro, donde se concentra y anilla gran parte de la población mundial de la especie.




Laguna de Najla P.N. Khenifiss. C.M. Aguilar Gómez.
También pudimos ver otras especies como flamencos (Phoenicopterus ruber), charranes patinegros (Sterna sandvicensis) y diversos limícolas como ostreros (Haematopus ostralegus). De todos modos había poco tiempo para detenerse, así que solo íbamos viendo lo más aparente. Uno de los días que dormimos junto a una playa, en el paseo matutino por la orilla, puede encontrar el esqueleto un delfín entre los restos de basura traídos por el mar. De todos estos oueds que vierten al Atlántico hay uno espectacular, el que forma la laguna de Najla en el parque nacional Khenifiss de Marruecos. Su verdor entre tanto color ocre parecía un auténtico espejismo.

viernes, 1 de agosto de 2014

Transahara 1 (2013-14) De Marruecos a Burnika Faso


Ruta por tierra Logroño-Ougadougou (Burkina Faso)
Un viaje para cruzar el Sáhara por tierra no se improvisa. Son muchos kilómetros a recorrer para atravesar el mayor desierto del mundo y llegar al corazón del África del Oeste, Burkina Faso. Y aunque el viaje no estaba improvisado, mi incorporación a él sí fue de última hora. A mediados de diciembre de 2013 me encontré con tres semanas de vacaciones acumuladas que tenía que tomarme de inmediato. Un tiempo antes había oído hablar en uno de los programas de radio de Roge Blasco sobre un raid para bajar en coches particulares al País Dogón (Mali). Una gente de Madrid solía hacer la convocatoria dos veces al año y sabía que algunos conductores aceptaban pasajeros para compartir gastos.



La tripulación en Mauritania: Nines, Raquel y yo.
Llamé a los organizadores pero me dijeron que el raid de diciembre no se haría al no haber gente para bajar. A pesar de todo una de las organizadoras, Raquel Barrio, iría en furgoneta con Nines Cejudo, de la asociación Angata, a comprar artesanía hasta Burkina Faso. Angata es una iniciativa de un grupo de mujeres de Madrid que viajan por el Magreb y África del Oeste desde hace más de 20 años apoyando economías locales. Compran artesanía sobre el terreno a pequeños productores y la venden en una tienda del barrio Lavapiés. Con lo obtenido apoyan campañas de prevención del Sida en África y pequeños proyectos que los africanos, a iniciativa propia, emprenden en su tierra.




Bandiagara, País Dogón (Mali). C.M. Aguilar Gómez.
Angata trabaja al margen de subvenciones o de estructuras de las ONGs de cooperación al uso. Con los años han tejido sólidas redes de apoyo al continente y de divulgación de la cultura africana en Madrid. En esta ocasión seguirían la ruta del raid hasta el país Dogón (Mali), pero terminando en Bobo-Dioulasso (Burkina Faso). Tenían una plaza libre en la furgoneta y no me lo pensé ni un minuto, para mí el raid era solo una excusa. La ruta litoral para cruzar el Sahara la había oído contar hacía muchos años. A comienzos de los años noventa, la gente con la que yo trabajaba en educación ambiental en Ordesa me relató su viaje a África del Oeste por esa ruta. Creo que desde entonces lo tenía en “stand by” en mi cerebro.




Compra directa de artesanía (Mali). C.M. Aguilar Gómez.
El viaje de aquellos conocidos estaba previsto para un mes pero tardaron tres en regresar. Aquello me impactó. En esa década la carretera no estaba completa y para atravesar Mauritania forzosamente tuvieron que conducir por la playa en bajamar. Hoy en día toda la ruta tiene carretera asfaltada, pero cada poco algo cambia en África. Carreteras que alguien pudo conocer en buen estado puedes hallarlas completamente destrozadas por la falta de mantenimiento. Y viceversa, algunas de tan destruidas que estaban han comenzado a ser reparadas. Por ello no es raro tener que conducir tramos con más agujeros que un queso gruyere o hacerlo por pistas laterales de tierra y arena pisada mientras se prolongan las obras de reparación.



Llamando a la grúa... ¡en Algeciras! C.M. Aguilar Gómez.
Afortunadamente no todos los tramos de la ruta fueron así, pero sí unos cuantos, especialmente en Mali. Pero si pensábamos que los primeros problemas del viaje iban a llegar en suelo africano nos equivocamos. A “Matilde”, nuestra furgoneta con personalidad propia y muchos viajes africanos, le dio por empezar quejosa. A pesar de sus revisiones previas, nos dio un susto en la cola del ferry de Algeciras y nos dejó tirados. Hubo que dedicar casi un día completo a la avería y esperar a que nos trajeran una pieza de Málaga. Pero, por suerte, a última hora de la tarde ya estábamos cruzando el estrecho hacia Ceuta.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...