lunes, 27 de junio de 2011

Perú 33 (2011) Algo de fauna acuática selvática

Taricaya (Podicnemis unifilis) C.M. Aguilar Gómez.
Con aguas altas no es fácil ver algunas especies, en especial las más acuáticas ya que ahora están muy dispersas. Es por ello que en los días que estuvimos por allí no conseguimos ver la nutria gigante amazónica (Pteronura brasiliensis) y solo con suerte dimos con algunos que otros galápagos y varias anacondas. Los primeros los llaman en la zona taricayas (Podicnemis unifilis) que son bastante tímidas ya que al parecer son un suculento bocado, de modo que enseguida se tiran al agua. Anacondas (Eunectes murinus) vimos en un par de ocasiones soleándose en un tipo de orillas herbáceas de los cauces principales. Cuando pasábamos por ese tipo de sitios íbamos remando lentamente, con cien ojos tratando de localizar alguna. Las anacondas no tienen veneno así que tienen que matar a sus presas por constricción, con lo que a mayor tamaño más posibilidades de asfixiar presas más grandes. Con esta táctica han llegado alcanzar portes descomunales por lo que se encuentran entre las serpientes más grandes del mundo con ejemplares que alcanzan hasta 8 metros.



Anaconda (Eunectes murinus) C.M. Aguilar Gómez.
A la gente de mi generación cuando le nombran la palabra anaconda le viene rápidamente a la cabeza aquella lucha en el barro de Félix Rodríguez de la Fuente en el Orinoco venezolano. Asociada a la mítica melodía de la serie Hombre y la Tierra aparecía siempre esa escena en el surtido de imágenes que había al comienzo de todos los capítulos. Pero las anacondas que yo vi no llegaban a un metro aunque no dejo de sorprenderme la inquietante mirada de estos bichos. Los ojos de anfibios y reptiles normalmente son bastante curiosos, muy contrastados con fondos dorados, naranjas o de cualquier color con pupilas circulares o verticales muy marcadas. Sin embargo estos de las anacondas tienen un aspecto raro, tienen como una pátina blanquecina como si tuvieran cataratas. Mirar a un bicho con la reputación de este y no saber bien donde tiene puesta su mirada es una sensación un tanto inquietante.


 Dracaena guianensis Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Otra especie de serpiente que vimos trepando entre ramas y lianas fue una de las que llaman machacos. Con este nombre identifican un grupo de serpientes con aspecto similar unas muy venenosas y otras no. Es curioso comprobar los nombres comunes que les dan y que hacen referencia a su coloración, pero de una manera indirecta. Así hay una verde de la que siempre hablan porque es muy venenosa, pero que no vimos, que llaman loro machaco, hay otra que alterna el amarillo miel y negro y que llaman iguana machaco por la similitud con ese otro reptil. Y por último está la que vimos nosotros que era de color rojizo como el de un fruto muy típico de una palmera de las selvas inundadas (Mauritia flexuosa), el aguaje, así que el nombre es fácil, la aguaje machaco (Chironius scurrulus) que aunque es inofensiva es bastante agresiva. Otros reptiles que pudimos ver entre la vegetación inundada de las orillas del río Tibilo fueron unas iguanas de tamaño medio con cabeza rojiza. Son de la especie Dracaena guianensis también conocidas como lagarto caimán por el aspecto espinoso del lomo y la cola que pudieran recordar a esos reptiles.


Delfín rosado (Inia geoffrensis) C.M. Aguilar Gómez. 
Pero si en general para la mayoría de los animales acuáticos no era buen momento, había unos para los que sí lo era y que eran muy abundantes. Todos los días veíamos unos cuantos delfines rosados (Inia geoffrensis). Al ir remando en silencio oíamos de repente el bufido de uno de estos cetáceos al salir a respirar. Era cuestión entonces de esperar unos minutos a que salieran de nuevo y tratar de hacerles alguna foto. No es fácil pues salen poco y de manera breve, pero ahí pasamos bastante rato disfrutando de la magia de ver estos míticos animales sobre los que la gente del Amazonas ha tejido tantas leyendas. Todas las veces que vimos delfines en el Pacaya Samiria fueron esta especie y eso que vimos en muchas ocasiones. Tuve que esperar a salir al cauce principal del Huallaga, ya en el barco de regreso, para ver la otra especie de cetáceo de río que hay en la cuenca del Amazonas, el delfín tucuxi (Solatia fluviatilis).

lunes, 20 de junio de 2011

Perú 32 (2011) La selva de los espejos

Guacamayos (Ara ararauna) C.M. Aguilar Gómez.
El río Tibilo, por el que accedemos a la reserva, es poco más que un caño de agua estrecho ahora desbordado. Sin apenas corriente inunda toda esta inmensa llanura aluvial amazónica. A la reserva he oído llamarla “la selva de los espejos” y si en alguna época del año esto es más apropiado creo que es ahora con aguas altas y rebosando sus cauces principales. Las aguas tranquilas presentan una coloración oscura debida a los ácidos húmicos del suelo selvático que inundan, una imagen muy distinta de las aguas densas y llenas de sedimentos del río Huallaga entre Yurimaguas y Lagunas cuando lo recorrí en el barco. Sobre la lámina de agua se reflejan los árboles de las orillas con una luz tamizada por los cielos nublados de invierno. Solo el paso de la canoa rompe los reflejos y al ritmo lento y sosegado de avance a remo van apareciendo distintas especies de aves y mamíferos en las orillas. Los más llamativos en un primer momento son los grupos de guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna).


Huapo negro (Pithecia monachus) C.M. Aguilar Gómez.
En general no se ven concentraciones numerosas de fauna, ya que este espacio inmenso de agua ahora no las favorece. Sin embargo cada poco vas descubriendo algo nuevo. Empiezo viendo un manco (Eira barbara) una especie de mustélido que observo trepando por un árbol, luego son varias especies de primates las que se cruzan en el recorrido como un grupo de frailecillos de una especie distinta (Saimiri boliviensis) de los que vi en Tingana, varios machines blancos (Cebus albifrons) y huapos negros (Pithecia monachus). Estos últimos no sabía que podría llegar a verlos en esta zona, así que fueron una sorpresa. En realidad son unos primates bien extraños con la cabeza calva y una expresión inquietante, todo lo contrario de la cara y gestos de otros primates que, por la proximidad de sus expresiones con las humanas, enseguida nos causan simpatía. Además estos huapos presentan un pelaje bien raro,  muy lanudo, a mi me recuerdan a esas harapas almerienses hechas todas de trapos “deshilachados” de reciclaje, así que no se quien les podría un nombre tan poco afortunado ya que de “guapos” tienen bastante poco.



Tarántula Avicularia avicularia. C.M. Aguilar Gómez.
Otros animales que ya había visto en otros lugares, pero que aquí eran relativamente frecuentes, fueron los perezosos de dos dedos (Bradypus variegatus). De normal serían difíciles de ver al pasar todo el día parados en una rama, sin embargo ahora andan sobre uno de los pocos árboles caducifolios de estas selvas. Se trata de la punga (Pseudobombax munguba) un árbol que pierde todas las hojas a la vez y que produce unos frutos grandes como los del cacao. Tras la fructificación las hojas del árbol empiezan a brotar de nuevo, de modo que sus tiernas yemas son un foco de atracción para un animal herbívoro como los perezosos que quedan así expuestos a todas las miradas. Pero además de grandes animales, mirando detenidamente las orillas va apareciendo otra fauna "menor" como unas tarántulas peludas que solo vi en una ocasión.
 


"Lagarto Jesucristo" A. ameiva. C.M. Aguilar Gómez.
También cruzaban delante de la canoa, cada cierto tiempo, unas lagartijas que al asustarse salían corriendo sobre el agua sin hundirse. Algo parecido había visto en las selvas de El Petén en Guatemala hace años, una imagen muy típica que suele salir en los documentales de naturaleza. Allí los llamaban “lagartos Jesucristo”, por aquello de que andaban por encima del agua aunque no tienen porque ser la misma especie, solo el comportamiento lo es. Aquí pregunté al guía pero simplemente les dicen “lagartijas”, más tarde he podido identificarlas como Ameiva ameiva. También de vez en cuando encontrábamos pequeños grupos de 5-6 murciélagos de color canela percheados en ramas secas. Al paso de la canoa salían revoloteando alborotados sobre la lámina de agua de forma alborotada. Un tipo parecido a estos murciélagos los había sorprendido en ocasiones anteriores descansando bajo grandes hojas en otros paseos por selva amazónica.

martes, 14 de junio de 2011

Perú 31 (2011) Pacaya-Samiria a “motor de caparrón”

Monos choros en Ikamaperu. C.M. Aguilar Gómez.
Los del Proyecto Mono Tocón  me habían dicho que buscara en Lagunas a un tal Warren, un chico que trabajaba en un centro de recuperación de primates de la asociación Ikamaperu. Estuve una mañana con él organizando la visita que haría con Abraham, ya que a él le era imposible acompañarme pues estaba a cargo del centro mientras los directores del proyecto andaban unos meses por Europa buscando financiación. El centro de recuperación de Lagunas lleva funcionando aproximadamente un año, aunque tienen otro parecido y más antiguo en Moyobamba. Este de aquí lo tienen ahora lleno de monos choro común (Lagothrix lagotricha), casi unos 40 animales. La idea es poder reintroducirlos en la reserva, pero los primates son animales sociales y eso es una dificultad para liberarlos con éxito. Los ejemplares provienen de decomisos de fauna a particulares y núcleos zoológicos ilegales, así que algunos llevan mucho tiempo viviendo y socializando entre humanos por lo que no se defienden bien en el medio natural.



Con Abraham en la canoa. C.M. Aguilar Gómez.
Ahora van a comenzar a construir una estación intermedia dentro de la propia reserva donde hacer las sueltas y realizar los seguimientos de los animales liberados. Para visitar el Pacaya-Samiria lo habitual es acceder desde Iquitos, Nauta o Lagunas. Desde Iquitos grandes barcos turísticos remontan el Ucayali en tours con todo tipo de comodidades para hacer más llevadera la visita a la selva, también desde Nauta se accede en embarcaciones a motor a distintas zonas y a algunos alojamientos turísticos. Sin embargo la opción de Lagunas es algo distinta. Desde esta población acuerdas con un guía el recorrido y el número de días que vas a pasar dentro de la reserva y con esa previsión metes todas las cosas que vas a necesitar en una canoa y te mueves por los ríos a remo o a “motor de caparrón”, como solemos decir por La Rioja cuando te mueves con tu esfuerzo. A medida que te vas desplazando por el río vas quedándote con tu mosquitera en las plataformas y puestos de control donde viven los guardaparques. 


Puesto de control Camotal. C.M. Aguilar Gómez.
Después de estar en Tingana en canoa, esta forma de desplazamiento era la que más me apetecía por las posibilidades que podría ofrecerme para ver fauna. Estábamos al final del invierno, que es como llaman aquí al periodo de lluvias y por ello pensé que igual esto sería un dificultad para visitar la reserva, pero cada época tienen su atractivo. Ahora la gran mayoría del bosque queda bajo el agua, siguen estando marcados los ríos que surcan la gran llanura, pero a ambos lados de ellos prácticamente toda la selva está inundada. De este modo, siguiendo los meandros del río Tibilo cada poco vamos cogiendo atajos en las cerradas curvas, solo es cuestión de abrirse paso por el agua en los sitios en los que el bosque no es demasiado tupido y, si es necesario, dar unos golpes de machete desde la canoa para abrir algún "camino". Así conseguimos avanzar más rápido y acceder a más lugares que en la época de verano con aguas bajas, navegando entre los grandes árboles selváticos. 


Navegando junto a una lupuna. C.M. Aguilar Gómez.
Sin embargo con tanta agua ver a los animales más acuáticos, como nutrias, tortugas o cocodrilos es más difícil pues están mucho más dispersos. Después de las intensas lluvias del día que llegué a Lagunas, el tiempo dio un respiro pero permaneció el cielo nublado. Cuando pasas todo el día en la canoa, que no te dé el sol directamente ya es media vida, aunque tengas que soportar dos o tres diluvios amazónicos como nos sucedió a nosotros en los 5 días que navegamos por la reserva. En esas ocasiones no hay chubasquero que te libre, solo sirve colocarte bajo plásticos dentro de la canoa y achicar el agua de lluvia que va acumulándose dentro de ella. Afortunadamente la temperatura no es un problema y si acabas mojándote en poco rato consigues secarte de nuevo.

sábado, 4 de junio de 2011

Perú 30 (2011) Vértigo verde, camino del Pacaya-Samiria

Puerto de Yurimaguas. Foto: C.M. Aguilar Gómez.
De regreso de Tingana estaba a la espera de una salida de una semana de duración que iba a hacer con la gente del Proyecto de Mono Tocón. La idea era prospectar una zona donde no había datos de la especie pero que por distribución podría hallarse, pero los planes se vieron atrasados por un problema de salud del conductor con el que trabajaban.  Antonio, el gestor español de la asociación que conocí unos días atrás recién llegado a Perú, me dijo que entre tanto podía aprovechar para visitar la reserva del Pacaya-Samiria. Este espacio natural protegido es uno de los mayores del Perú, tiene alrededor de 20.000 Km2 de selva baja inundable y es un sitio muy bueno para ver fauna. Para acceder allí desde donde estaba, crucé la Cordillera Escalera entre Tarapoto y Yurimaguas. La carretera se acaba en esta ultima localidad, una pequeña ciudad producto del boom cauchero de mediados del siglo XX a orillas del río Huallaga. A partir de ahí todo el transporte por la zona es en barco.



Interior del barco "El Romántico". C.M. Aguilar Gómez.
Desde los últimos relieves de la Cordillera Escalera puede verse la gran extensión de zonas bajas de la cuenca del Amazonas, una inmensidad que se extiende a tu pies por más de 4000 Km hasta llegar al Atlántico. Viéndolo así, no pude dejar de sentir un cierto vértigo de entrar en un paisaje como aquel. Nada más llegar al apeadero de coches de Yurimaguas, y de camino al centro en un mototaxi, el chavalito que conducía me puso al día de lo necesario para un viaje fluvial amazónico. Pasamos por el mercado a comprar una hamaca para “vegetar” en el largo recorrido por el río y un tupper-ware y una cuchara para la mi ración de comida “carcelaria” que me darían en el barco. En un principio pensamos que habría alguna salida para ese día, pero tras visitar los dos muelles vimos que debía esperar a la mañana siguiente. Desde Yurimaguas parten grandes barcos de tres plantas de hierro hacia Iquitos que tardan tres días de viaje, sin embargo, para ir Lagunas que solo está a 12 horas me recomendaron coger otros de dos plantas de madera que como llevan menos carga se retrasan menos en los puertos.



Barco surcando el Huallaga. C.M. Aguilar Gómez.
Los barcos amazónicos son algo único, la sensación de navegar en algo hecho completamente de madera y de ese tamaño no se puede vivir en muchos sitios hoy en día. A mi me recordaba a la impresión que tuve visitando una réplica de los antiguos barcos bacaladeros portugueses hace medio año en el museo marítimo de Ilhavo en la ría de Aveiro (Portugal). Bueno, eso salvando las "distancias", que estos de aquí son barcos fluviales a motor y aquellos eran marinos y de navegación a vela, pero el “abrigo” de la madera es algo especial. Según embarqué colgué mi hamaca, me hice un sitio y me dispuse a disfrutar de una larga travesía en cubierta con vistas a la selva. Sin embargo, mi gozo en un pozo, a la media hora comenzó una lluvia intensa que no paró más que un poco a última hora de la tarde,  cuando un arcoíris doble se desparramó sobre el horizonte selvático.




Arco-iris doble sobre la selva. C.M. Aguilar Gómez.
Había pensado que sería una travesía de calor, mosquitos, sol y delfines de río, pero nada de eso se cumplió. La intensa lluvia obligó a cubrir con grandes plásticos negros los vanos que hacían de ventanas y por donde entraba el agua con ráfagas de viento. Poco más pude hacer que vegetar en la hamaca envuelto cual gusano en su crisálida, leyendo, escuchando música y con más frío que calor. Al menos en estas condiciones los mosquitos no hicieron acto de presencia, que ya es bastante. La verdad es que para que estas selvas se mantengan tan verdes son necesarios estos diluvios y ahora, que aún estaba en época de lluvias, yo solo cruzaba los dedos para tener suerte y poder visitar la reserva sin acabar muy pasado por agua.

lunes, 30 de mayo de 2011

Perú 29 (2011) Aves en Tingana

Búhos Pulsatrix perspicillata C.M. Aguilar Gómez.
A parte de los dos recorridos en canoa, en Tingana pude dar algunos paseos a pie a última y primera hora el día para ver aves, ya que me quedé a dormir allí en una casa de la chacra de Juan, uno de los guías. Como a algunas otras personas que he conocido, a Juan también le gusta caminar descalzo por sus tierras, con la particularidad de que así uno puede darse cuenta que le falta el dedo gordo de uno de sus pies. Cuando le pregunto la razón bromea con que lo ha echado al cocido de hoy, para después reconocer que en realidad lo perdió de un machetazo. Sin duda parece uno de los riesgos de andar descalzo por ahí haciendo las faenas del campo. Juan me acompañó en alguno de los recorridos por la zona, y yo por mi cuenta salí además por la noche a probar suerte, pero mi táctica de atraer búhos imitando reclamos fue nuevamente un fracaso. Sin embargo, ver aves nocturnas parece más fácil durante el día cuando descansan en los árboles.  Resulta raro, pero aquí es así con algunas especies.



Ayaymama, Nyctibius sp. C.M. Aguilar Gómez.
Un pareja de búhos pequeños tipo Megascop, como los que había visto otras veces, estuvieron durmiendo encima de donde comíamos pero como no sacaron la cabeza en todo el día no hubo manera de saber la especie. Cuando a última hora de la tarde fui a buscarlos ya se habían marchado, pero imagino que eran los que cantaba después por los alrededores, aunque no llegué a identificarlos por el canto. Los que sí logre ver y reconocer fueron dos grandes búhos de anteojos, Pulsatrix perspicillata, preciosos, ocultos en un árbol cuando pasábamos con la canoa debajo de ellos. Las fotos que saqué fueron malas, pero no he podido resistirme a incluirlas aquí por lo espectaculares que son estos bichos con su llamativo contraste de color en el plumaje y sus “gafotas” blancas perfiladas sobre los ojos. Otras aves nocturnas que encontré bien camufladas en la vegetación fueron los nictibios, una especie de chotacabras del nuevo mundo que tienen una bocaza tremenda.
 


Falco rufigularis Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Durante el día los nictibios se posan siempre sobre una rama vertical de las orillas del río haciendo parecer que son su prolongación, mimetizados a la perfección. Aun pasando muy cerca de ellos no levantan el vuelo y se quedan ahí sin ni siquiera “pestañear” confiando plenamente en su camuflaje. Es difícil precisar la especie concreta en cada caso, aunque siempre son el género Nyctibius y lo más normal es que sean Nyctibius griseus, pero todas las especies son bastante parecidas y además muy polimorfas, lo que complica su identificación al menos para mí. Se los encuentra siempre descansando en el mismo lugar, de modo que cuando lo hallas una vez ya sabes donde buscarlo el siguiente día. Aquí les llaman “ayaymamas”, un nombre onomatopéyico del sonido que emiten por las noches  y sobre que el que basan muchas leyendas que cuentan la gentes de campo.
 


Icterus croconotus Foto: C.M. Aguilar Gómez.
En tierra otras aves que me llamaron la atención en aquellos paseos fueron un pequeño halcón caza murciélagos Falco rufigularis, un carpintero grande común pero muy espectacular, Dryocopus lineatus y un colorido oriol, Icterus croconotus, de un naranja casi “fosforito”. Ya en el río los martines pescadores eran bastante abundantes, lo que da una medida de la riqueza de peces que albergan estos ríos. En el tramo que recorrimos llegué a observar 3 especies distintas, uno tremendo el Megaceryle torcuata y otros dos con dorso verde muy llamativos de dos tamaños Chloroceryle americana y Chloroceryle inda, aunque me dicen que se llega a ver alguna especie más. También de cuando en cuando, se ven algunas Aningas (Aningha aningha) salir volando delante de la canoa y hasta un especie rara de garza llamada Aramus guarauna.

jueves, 26 de mayo de 2011

Perú 28 (2011) Mamíferos desde la canoa

Frailecillo (Saimiri sciureus) Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Los recorridos en canoa a remo por el río Avisado dieron para ver un buen número de animales, entre ellos varios primates nuevos para mí. El turismo aquí empezó hace unos siete años y entonces me cuentan que era bastante difícil que se dejaran ver muchas de las especies de monos. Antes de la reserva, dicen que esto era un cazadero tremendo que frecuentaba la gente de la zona. Ahora trascurrido el tiempo, los animales se han ido acostumbrado a la nueva situación. En los dos días que estuve por allí pude ver un buen número de frailecillos (Saimiri sciureus), unos monos pequeñijos y con carilla de buena gente. No pensé que fuera a verlos tan bien, pero sí, entre otras cosas porque van en grupos muy numerosos, a veces incluso de hasta cuarenta ejemplares y ahí van dando bastante bulla por el arbolado. Son curiosos, ágiles y desde la canoa vimos en numerosas ocasiones como se tiraban en plan “suicida” de hasta 5-6 metros de un árbol a otro para cruzar el río.


Machín negro (Cebus apella) Foto: C.M. Aguilar Gómez.
El otro mono que vimos también en buen número fue el machín negro (Cebus apella), un pariente de los que vi en el Bosque de Protección Alto Mayo, los machines blancos, y que igualmente son más tímidos y reservados que otras especies de monos. El primer día iban junto a los frailecillos y parecían más confiados, pero al día siguiente que ya estaban solos, no se dejaron acercar demasiado con la canoa. Otros primates que sí que son visto y no visto son los pichicos, muy parecidos a los que vi en Pucunucho, aunque aquí son otra especie, Saguinus fusticollis, pero igual de inquietos y no paran ni 5 segundos en un mismo sitio así que nuevamente difíciles de fotografiar. 




Perezoso (Choloepus hoffmanni). C.M. Aguilar Gómez.
Los monos aulladores rojos (Alouatta seniculus) también los oíamos regularmente, aunque al principio a mi me costaba identificar esos ruidos con un aullador. Recuerdo que hace ya unos cuantos años visitando con Iratxe las pirámides de Tikal en Guatemala oíamos monos aulladores, aunque no los veíamos, y aquellos eran unos gritos tremendos. Los de esta especie, por el contrario, son un “ronroneo” grave de fondo, aunque tuvimos suerte y en una ocasión los vimos de lejos, que no suele ser lo habitual en Tingana. Otra especie nueva para mí fue el perezoso de dos uñas, Choloepus hoffmanni, que ha sido el único ejemplar de esta especie que he visto en todo el viaje




Erizo "peque" Coendu bicolor. C.M. Aguilar Gómez.
En realidad diría que más bien lo que vi de este perezoso fue una bola de pelo tripa arriba rascándose la barriga lentamente, que era lo que se veía desde abajo. La cabeza no se le veía pero el pelaje era muy distinto  en coloración del otro perezoso, el de dos tres uñas (Bradypus variegatus) que es más habitual de ver y que he podido ver bastantes veces. En una ocasión encontramos quieto, quieto encima de una rama, a escaso metros de nuestra canoa, uno de esos roedores arborícolas que llaman erizos o puerco espines como el Coendu bicolor. Como el bicho es nocturno ni se movió, se quedó acurrucado encima de nuestras cabezas mirando como pasábamos por debajo. Es lo que se consigue al ir con una canoa a remo y sin hacer a penas ruido, los animales se muestran bastante más confiados y se ven mejor.

sábado, 21 de mayo de 2011

Perú 27 (2011) Aguajales-Renacales en Tingana


Gran renaco con mirador y todo. C.M. Aguilar Gómez.
Como ya comenté Tingana es una concesión para conservación que lleva una asociación de gente local. En realidad el espacio natural se llama “Aguajales-Renacales del Alto Mayo” y Tingana es el lugar donde hay uso turístico en torno al río Avisado. Lo realmente interesante es que es la propia gente que vivía allí  y que antes cazaban y deforestaba para sus chacras la que ahora gestiona las visitas. Han dado la “vuelta a la tortilla” y de este modo sacan un complemento a sus actividades agropecuarias protegiendo una amplia zona pública que colinda con sus chacras. Los guías conocen bien la fauna, ya que ven un interés directo en aprender y en que la gente quede contenta en su visita. Además se nota, y mucho, la formación que les han estado dando la gente del Proyecto Mono Tocón, entre ellos Julio. Es raro sino que un guía local te diga el nombre científico de un ave, y eso se agradece con el lio que te haces con los nombres comunes y en ingles de la guía, aunque también es útil manejarlos.


Ficus trigona cruzando el río. C.M. Aguilar Gómez.
Toda la zona de concesión es un área con bosques inundables con dos tipos de árboles principales que llaman aguaje y renacos. El primero es una palmera, Mauritia flexuosa, de hojas grandes que está muy extendida en las selvas bajas inundables de Perú. Se aprovechan sus frutos y hasta hace unos años la idea de la naturaleza inagotable era tal, que esta gente talaba la palmera para coger sus frutos. Ahora han “aprendido” a subirse a ellas con cuerdas por el tronco para la recolecta, dejándola productiva para sucesivos años, qué ya es un cambio importante. Las otras especies de árboles características de Tingana son los renacos, a los que llaman los árboles que andan. En realidad hay dos especies que tienen una adaptación similar pero que son de familias muy distintas. Ante suelos cenagosos y con riesgo de desplomarse, estas especies desarrollan raíces que salen de sus ramas y que se fijan al suelo donde engordan y apuntalan la estructura. Esto hace que las ramas avancen de lado a lado del río con apoyos como si fueran “a paso a paso”, como ramas caminantes.



Garcita verdosa (Butorides striatus) C.M. Aguilar Gómez.
Uno de los renacos es Ficus trigona, tiene unos frutos como higos de un centímetro y unas raicillas finas como hilachuelos que salen de las ramas para engrosarse después. El otro renaco es Coussapoa trinervia y es de la familia de las Cecropias que tanto se ven por aquí. Este tiene unas raíces que salen como arqueadas del tronco y ramas como zancos, una adaptación para el mismo fin pero de aspecto diferente al otro. Estos dos árboles son los que dominan el recorrido por el río Avisado que se hace en Tingana.  Se trata de un río estrecho y el paisaje puede no ser espectacular a primera vista más que en algunas zonas donde los renacos tienen más desarrollo, pero el recorrerlo en canoa a remo y en silencio da muchas posibilidad de ver distintas especies de fauna. El río es en realidad larguísimo y creo recordar que drena una superficie de unos 2000 Km2, aunque el trayecto típico es de varias horas, una pequeñísima parte del mismo.




Lontra longicaudis oculta. Foto C.M. Aguilar Gómez.
Hice el mismo recorrido dos días consecutivos con diferentes grupos de turistas que estaban allí de visita y cada día vi especies distintas. Hay que decir que si se tiene interés los guías se esfuerzan en ir callados y expectantes indicándote en todo momento lo que tu apenas llegas a ver ahí escondido entre la vegetación. Una de esas especies que solo vi el segundo día, que íbamos más atentos, fue la nutria. La Lontra longicaudis que es bastante difícil de ver, pero que ellos detectaron por un burbujeo debajo del agua. Con suerte esperamos a que saliera a respirar y allí se quedó mirándonos unos segundos antes de desaparecer. Luego vimos otro ejemplar unos metros más arriba nadando con la cabeza fuera del agua hasta que nos detectó. Por lo visto parece que es cierto que forman parejas en algunos momentos del año como leí sobre la especie cuando me preparé para dar el curso en Alto Mayo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Perú 26 (2011) Waqanki, sobredosis de colibríes

Lophornis delattrei Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Después de salir de La Esperanza me dirigí a Moyobamba, donde está la gente de la otra asociación con la que colaboramos en Pucunucho, los del Proyecto Mono Tocón. Quería visitar un lugar que me comentó Julio que era bueno para ver aves, el sitio se llama Tingana y han estado apoyándoles con capacitación. Aquello lo gestiona una asociación local y tienen ese área en régimen de "Concesión para Conservación" que es como una cesión del estado peruano que es el propietario. El caso es que había que hacer las reservas con antelación y tenía tiempo para visitar algo más antes de ir a Tingana. Me recomendó el orquidiario Waqanki. En realidad el sitio viene funcionando desde hace ya un tiempo con las plantas de la zona, pero ahora han hecho una ampliación y tienen como novedad bebederos para colibríes.


Florisuga mellivora Foto: C.M. Aguilar Gómez.
El orquidiario se visita de forma guiada con la gente que lo mantiene, ya que es una finca privada. Realmente después de haber pasado una semana aprendiendo un poquito de orquídeas con los guardaparques de Alto Mayo, ya no andaba tan perdido en ese  “mundillo”. A mi parecer no es que sea una visita muy impresionante ya que la floración de las plantas es muy desigual, pero me pareció interesante ver todas esas formas y colores, muchas veces con flores diminutas. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de que solo tienen especies autóctonas, sean grandes o pequeñas, no es como cuando se visita un jardín botánico en Europa o un orquidiario allí que tienen plantas de todo el mundo y todo parece más espectacular. Aquí todo está al aire libre ya que solo tienen lo que se puede mantener en este clima.


Thalurania furcata Foto: C.M. Aguilar Gómez.
Pero lo que realmente me impresionó fue la actividad que han conseguido en los bebederos de colibríes. El tipo que lo está llevando ha pasado un tiempo también por el otro sitio que visité para ver el colibrí cola espátula y ahora ha montado este. Si el otro me encantó, este me ha alucinado. Allí estaba la especie aquella bandera pero en total a diario solían acudir 12 especies, lo que ya me parecía una buena cantidad. Bueno pues aquí regularmente se pueden observar 21 especies y  no son todas las que se ven. A lo largo del año han contabilizado más de 40 especies, ya que algunas hacen desplazamientos y solo visitan el área en un momento del año o de forma esporádica. En realidad es todo muy reciente pues llevan recibiendo turistas solo desde enero, aunque antes les ha llevado un trabajo previo y ahora necesita un mantenimiento diario para llegar a esas cifras. 


Discosura popelairii Foto: C.M. Aguilar Gómez.
La diferencia entre los dos sitios de colibríes creo que es la altura, el que visité primero está alrededor de 180o m, sin embargo esto está en torno a los 800 m. La altitud proporciona endemismos pero hay menos especies adaptadas a condiciones que son más difíciles, pero bajando en el altura aumenta la riqueza de especies. En estos bebederos se ven más especies, mayor número de ejemplares y se muestran bastante más confiadas. Si saben llevarlo bien aquí tienen un recurso que van a valorar muchos birdwatchers de viaje por el norte del Perú. Dentro de la visita de Waqanki, esto de los colibríes está al final, así que cuando lo vi me quedé allí largo rato hasta aburrir a la chica que me guiaba que me dejó a mi suerte, guía en mano, y disfrutando de lo lindo. En ese rato llegué a identificar 11 especies, ninguna repetida con el otro bebedero, eso sí con la ayuda del tipo que ha montado los bebederos que los identifica a todos muy bien. Además la mayoría de ellos bien vistos y bien fotografiados, una auténtica sobredosis de colibríes.   

lunes, 9 de mayo de 2011

Perú 25 (2011) Divulgación, participación y ecos de sociedad

Sesión de cine en La Esperanza. C.M. Aguilar Gómez.
El tiempo que he pasado con NPC en La Esperanza ha dado para más que para ver aves, censar primates o preparar formación para los guardaparques del Alto Mayo. Aquí hemos estado cuatro voluntarios y cada uno se ha ido “especializando” en algo, pero en general hemos participados de otras tareas de apoyo a la comunidad. Los primeros días Josie y yo nos vimos formando parte de un jurado en la escuela de la cercana localidad de Buenos Aires, en un concurso de dibujo ecológico. Nosotros allí decidiendo a quien dábamos los premios fue muy gracioso, con los chavales mirando de soslayo desde el patio por las ventanas, y luego el “veredicto” con chavales formados en el patio y un breve discurso de los “señores del jurado”… ¡total!, me veía yo como el jurado de “Menudas Estrellas” o algún programa de talentos infantiles así.




Quemas de pasto junto a Pucunucho. J. Chambers
Otra de las actividades de divulgación ha sido un ciclo de cine ecológico que organizó Karla, acompañándolo del pase de un corto de 10 minutos que grabó y montó previamente con niños y voluntarios hablando para la cámara. Solo pude ver la primera sesión del ciclo, en la que pasamos la película Madagascar y durante la que estuvimos “enfrascados” haciendo palomitas y chocolate para la concurrencia. También hubo un montaje de otro vídeo que preparó Josie para una sesión anterior de divulgación del área de conservación Pucunucho. Tras los trabajos de censo de mono tocón, una de las tareas era dar a conocer el área a la gente de los alrededores y sus valores a los propietarios colindantes. El que aparece en la foto es uno de los propietarios que más cancha nos dio, Isaías Moreno, pues se comprometió a no tumbar más arbolado en recuperación en su chacra, algo que valoramos cuando nos enseñó las prácticas de quema de pastos en otras chacras cercanas. Para este fin de sensibilización y concienciación se montó una jornada en cuya programación se pasó ese segundo video elaborado.


Arreglando la presa local. C.M. Aguilar Gómez.
Las tareas de divulgación de Pucunucho y la situación del mono tocón, tuvieron su eco también en la prensa nacional. Fue en el diario La República en una sección de econoticias breves y a raíz de una entrevista que nos hizo una periodista uno de los días que visitamos el área. Esta especie es endémica de la zona y la gente apenas conoce su vulnerabilidad, así que el impacto de todas estas acciones repercutirá en su conservación. (http://www.larepublica.com.uy/mundo/447266-mono-tocon-subsiste-en-pequeno-paraiso-privado) 
Días después también algunos medios locales entrevistaron a otras de las personas que participaron en el evento divulgativo, al que yo no pude asistir.  Y por último, otra tarea de apoyo a la comunidad fue echarles una mano uno de los días en que el muro de derivación de la minicentral hidroeléctrica había cedido por las crecidas del río. Sin entrada de agua no tendríamos electricidad y tampoco internet, así que allí que fuimos a preparar un muro con sacos de arena del río. ¡Pura fuerza bruta!

miércoles, 4 de mayo de 2011

Perú 24 (2011) La Pitaya, petroglifos y sarcófagos 2

Primeros tres sarcófagos. C.M. Aguilar Gómez.
Acercándome al cortado de arenisca donde el hombre me dijo que había sarcófagos di con los primeros mirando a prismático, eran tres tumbas antropomorfas en mitad del abismo. ¡Joder!, si ese era el sitio que me había dicho de acceder voy listo, allí no sube ni Juanito Ordiazabal. Pero bueno al menos los estaba viendo, que ya era emocionante pero había que buscar en otra parte del cortado ya que el hombre me dijo que no eran allí sino en otro escarpe. Quizá se equivocara y hablara de oídas y realmente eran esos que yo veía. El caso es que no encontraba más sarcófagos en el cortado y empezaba a inquietarme porque allí no habría manera se subir. Lo que sí encontré mirando con los prismáticos fueron unas pinturas rupestres como de una cabeza pintada en rojo toda “marciana” en una visera de roca.



Pintura rupestre en el cortado. C.M. Aguilar Gómez.
Hoy en día ya sería imposible acceder al sitio de esas pinturas rupestres por los derrumbes que han cortado los accesos alrededor. Es por ello que el hombre no me habló de las pinturas. Si nadie puede subir allí y sin ayuda de la óptica no se aprecian desde abajo, así que el tipo desconocía su existencia. El recorrido bajo el cortado seguía por una pista paralela a un canal de derivación de agua de la central hidroeléctrica de Caclic, así que en un primer momento sin problema. Luego encontré el camino del que me habló entre la vegetación arbustiva de este bosque seco ecuatorial con espinosas y cactus por doquier. Pero el camino en realidad no subía al cortado, ladeaba la base del mismo y comprobé que iba hasta una chacra cercana.




En rojo los sarcófagos visitados . C.M. Aguilar Gómez.
Había que confiar en lo que dijo el hombre “Cerca de la roca triangular”, miraba a prismático y no veía nada y tampoco había camino. Ya puestos ahí arriba no era cuestión de volverse atrás, pero tampoco de jugársela entre bloques de roca, escarpes y cactus. Subí monte a través entre ese paisaje como pude, pues es bastante cerrado y pinchudo. Al poco rato me convertí en un vector dispersante de pequeños brazos de chumberas que se me quedan enganchados en la ropa, bueno al menos algo útil estaba haciendo allí, pensé. El caso es que no veía los sarcófagos ni nada, pero yo seguía avanzando hacia la piedra triangular de la que me hablara. En realidad ya con el cambio de perspectiva en la ladera, no sabía si era la misma que había visto desde abajo. 



Vector de chumberas. C.M. Aguilar Gómez.
Días antes en La Esperanza habíamos tenido una sesión de cine por la noche con una película que nos habíamos descargado de internet. Se llama "127 horas" y no digo más, si tenéis ocasión verla, hacerlo y si no entrar en internet para saber de qué va, no cuento mas. El caso es que por ahí entre bloques de arenisca y cactus no podía quitarme la idea de la película de la cabeza y ya empezaba a "sugestionarme" un poco. Si alguno ha andado mucho tiempo solo por el monte, sabe que hay veces en que se te enquistan diálogos, imágenes, músicas o pensamientos que recorren tu cabeza de forma cíclica. Es la manera que tiene la mente de mantenerse activa, ya que el “no pensamiento” creo que solo lo consiguen los monjes zen y con bastante esfuerzo, el resto estamos todo el día “maquinando” para bien o para mal. El caso es que si esos pensamientos son positivos bien, pero si no hay que saber torear bien con esas sugestiones, pues pueden llegar a condicionarte mucho.


Sarcófagos en el cortado. C.M. Aguilar Gómez.
En ese "trabajo mental" andaba yo mientras subía ladera arriba cuando, ¡guau! allí estaba los sarcófagos. Después de tanta “vaina” mental vi se podía llegar hasta su mismo lugar sin muchos problemas. El hombre estaba en lo cierto se podía acceder a ellos, aunque creo que hace bastante que nadie había pasado por allí. Aun así, todos estos restos arqueológicos están profanados hace tiempo, todos tienen alguna parte rota por los que aquí llaman huaqueros. Buscan tesoros pero creo que en estos sarcófagos solo había huesos, y es lo que yo encontré. Muchos huesos de extremidades pero ningún cráneo así que imagino que alguien se los llevó por alguna razón, ya que no leí nada de que no los enterrasen con cabeza. La verdad es que fue muy emocionante estar allí sentado hombro con hombro con esos guardianes de barro mirando hacia el infinito con la misma expresión que los moáis de Isla de Pascua en el Pacífico chileno. Creo que tardaré tiempo en olvidar la agradable sensación de aquel “descubrimiento”.

Perú 23 (2011) La Pitaya, petroglifos y sarcófagos 1

Valle del río Utcubamba. Foto C.M. Aguilar Gómez.
El último día que estuve por La Esperanza, estaba decidido a aprovechar las últimas opciones de esta zona que iba a dejar a atrás en breve. Hacía una semana, de regreso de Chachapoyas, conocí a un tipo que trabajaba como operador de turismo en Pedro Ruiz. Le propuse poder visitar en una semana alguna de las múltiples pinturas rupestres que hay en el valle del río Utcubamba. Esa zona, como ya comenté anteriormente, es un paisaje bien distinto de los bosques de neblina de los alrededores. Allí hay una entrada de bosque seco tropical con un clima que ha permitido conservar mejor pinturas y yacimientos arqueológicos. Varios días antes de la fecha en la que quería ir, intenté localizarle pero no hubo manera, así que el día aquel cogí transporte hasta Pedro Ruiz con la idea de ver si encontraba la manera de visitar alguna pintura.



Petroglifos La Pitaya. Foto. C.M. Aguilar Gómez.
Pedro Ruiz es una población de carretera en la marginal de la selva, un sitio de paso, así que no hay agencias de turismo ni nada de eso. En cuanto llegué busqué por internet que sitios podían ser viables para visitar buscando alguien que lo hubiera hecho antes. Encontré un nombre La Pitaya, unos petroglifos que estaban cerca de la carretera entre Pedro Ruiz y Chachapoyas. Con esta ubicación encontraría rápido alguno de los coches que hacen esa ruta para acercarme hasta allí. Además me habían dicho que hay un cartel en la carretera que los anuncia, así que a media mañana ya estaba yo por allí. Estaba preparado para subir las laderas con mi mochila a la espalda para buscar el sitio, cuando pregunté a un hombre que vivía allí enfrente. Vaya decepción, me dijo que los grabados estaba ahí no más a tres metros en un lienzo de roca sobre la carretera.



Vegetación bosque seco tropical. C.M. Aguilar Gómez.
Toda la mañana para venir a algo que se ve en 5 minutos. Aun así yo le dediqué algo más de tiempo por no tener la sensación de haber venido para nada. Los grabados son de animales, gente dibujada como lo hacen los niños y signos geométricos. Nada del otro mundo, como para venir solo a esto. Ya medio con la cabeza baja volví a preguntar al hombre ¿hay alguna otra pintura por la zona?, un lacónico “No” fue su respuesta. Y ¿algún otro petroglifo como estos? “No”, ya estaba yo desanimado cuando me dice “No señor lo que hay son sarcófagos ahí arriba”. Había pronunciado la palabra maldita y yo creo que en aquel momento se me inyectaron los ojos de sangre todo expectante. ¿Cómo que sarcófagos?, “Sí, ruinas de esas ahí arriba en el cortado, pero no petroglifos, ni pinturas”. Se estaba refiriendo a tumbas antropomorfas de barro pintado en la que los Chachapoyas enterraban a sus gentes más notables. Hay unas que se visitan en Karajía pero a mí me pillaban muy a desmano para verlas en esta ocasión.



Metriopelia ceciliae Foto. C.M. Aguilar Gómez.
El caso es que el sitio que decía estaba al otro lado del río Utcubamba, un cauce muy caudaloso y más ahora por la época de lluvias. Sin embargo decía que había un puente a cuatro kilómetros. Hice mis cálculos, aún no era media mañana y me daría tiempo si me daba prisa, así que me puse a caminar hacia el puente para luego dirigirme a la base del cortado. Este paisaje de bosque seco era además uno de los que tenía ganas de andar. Lo había visto en dos ocasiones desde la ventanilla de los coches que me llevaron a Chachapoyas así que ahora podría andarlo. El sol pegaba fuerte así que solo se movían unas tortolitas (Metriopelia ceciliae), el cernícalo americano (Falco sparverius) y los gallinazos (Cathartes aura). En la vegetación hay pitas (Agave americana), chumberas (Opundia sp), dos especies de cactus, árboles tipo acacias y otros más escasos con el tronco cubierto de gruesas espinas y abultados en mitad del tronco como si estuvieran todo regordotes o embarazados. Un paisaje nuevo tras días de bosque de neblina, estaba exultante.


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