viernes, 28 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 2 (2012) Matorrales floridos y orquídeas

Minifundio mediterráneo. Foto: C. Aguilar
En los pueblos en torno a los arribes sayagueses el paisaje es sobretodo de vocación ganadera, al menos en la parte más cercana al Duero. El bosque fue aclarado para obtener pastos y se crearon multitud de pequeñas parcelas para el cultivo de centeno rodeadas por muros de piedra. Alrededor uno puede ver árboles como encinas (Quercus rotundifolia), fresnos (Fraxinus angustifolia) arces (Acer monpessulanum), olmos (Ulmus minor) y rebollos (Quercus pyrenaica). Parte de aquel minifundio de centeno sigue hoy en día cultivándose pero ya ligado al consumo que cabras y ovejas hacen de él. El declive rural ha hecho que muchos de los pastizales abiertos antiguamente estén colonizándose por matorrales. 




Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
La pasada primavera esos matorrales eran un espectáculo de colorido. Dos de las especies más llamativas en mayo eran la escoba o retama negra (Cytisus scoparius) y la retama blanca (Cytisus multiflorus). Si bien la primera tiene una amplia distribución, la retama blanca es un endemismo peninsular que solo se encuentra en la parte occidental, asociado a suelos silíceos y ácidos como estos graníticos de la zona. También en amarillo estaban en plena floración los jazmines silvestres (Jasminum fruticans), muy vistosos pero poco olorosos, a partir de los que se han obtenido multitud de variedades de jardinería. Sobre suelos algo más pobres estaba el cantueso (Lavandula pedunculata) con su impactante color morado.


 


Flora de mayo en Arribes. Fotos César Aguilar
Ante tanto avance del matorral, aún hay quien sigue dando cerilla al monte con idea de recuperar los pastos para el ganado. Y es que las quemas sigue siendo uno de los problemas recurrentes que ha venido arrastrando el parque desde su creación, aunque parece que cada vez son menos frecuentes. Aun así uno puede reconocer algunos de esos paisajes de pastos modelados por el fuego al ver los gamones (Asphodelus albus) que estaban floreciendo en una zona recientemente quemada. Otra planta del paisaje mediterráneo asociada a suelos pobres es la jara pringosa (Cistus ladanifer), también en plena floración en mayo, aunque en las zonas que recorrimos eran poco abundantes.

 




Bosquete de enebros en Cozcurrita. C. Aguilar
Hubo otras formaciones que me llamaron la atención y que tienen una importante presencia en algunos paisajes de los arribes, los enebrales. Formaciones extensas de enebro de la miera (Juniperus oxycedrus) como las del Cozcurrita, con portes arbóreos de gran tamaño. Entre las rocas graníticas y sobretodo mirando al cortado del Duero también se veían recién florecidos los cornicabras (Pistacea terebinthus) un pariente de los lentiscos que recibe su nombre por unas estructuras en forma de cuernos que salen en sus ramas. Aunque hay quien confunde esos cuernos con frutos, en realidad son agallas desarrolladas por la puesta de huevos de un pulgón que se desarrollan dentro.





Floración de Serapias lingua. César Aguilar
En los prados húmedos de uno de los arroyos vi unas curiosas flores que no había identificado nunca, unas que llaman gallos, en realidad unas orquídeas, aquellas Serapias lingua. Como el resto de orquídeas, las Serapias se polinizan por insectos y tienen ingeniosos sistemas de atracción. Esas flores no les ofrecen alimento sino protección, un lugar donde refugiarse cuando bajan las temperaturas. Al abrigo de su estructura floral en forma de casco hay entre 2 y 3 grados por encima del entorno. Eso es lo común en las Serapias, aunque la Serapias lingua, además tiene al fondo de la cavidad una callosidad oscura que recuerda a una hembra de una pequeña abeja que se haya escondido allí. Se trata de un engaño parecido al de las orquídeas abejeras (Ophrys sp.), en este caso dirigido a los machos de Ceratina cucurbitina la pequeña abeja que poliniza Serapias lingua.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Arribes del Duero 1 (2012) Cortados graníticos junto al río

Vista de los arribes del Duero. Foto: C. Aguilar
Hacía ya once años que no regresaba por los Arribes del Duero de Zamora y recuerdo que las dos veces anteriores fue coincidiendo con la primavera. En esta ocasión ha sido nuevamente en la misma época, a mediados del pasado mes de mayo, un momento en que la naturaleza de Sayago está en todo su esplendor. En aquellas ocasiones la zona aún no era un espacio natural protegido como lo es hoy, donde más de un centenar de kilómetros del río Duero en la frontera con Portugal dan lugar al Parque Natural de los Arribes del Duero que se extiende por las provincias de Salamanca y Zamora. Eso al lado español, al otro lado de la frontera está su equivalente portugués el Parque Nacional del Douro Internacional.




Aguila real en los arribes. Foto: César Mª Aguilar
A pesar de que el Duero está enormemente regulado por una sucesión de grandes presas, acercarse al tajo del arribe sobrecoge. Tanto como recorrerlo en barco desde la localidad portuguesa de Miranda de Douro. Para ambas cosas hubo tiempo en esta ocasión. El recorrido en barco te adentra en un paisaje de aguas quietas con enormes paredes graníticas de más un centenar de metros en la mayoría de los tramos. Todos estos cortados son importantes para la nidificación de especies como el águila perdicera, el águila real, el alimoche y la cigüeña negra entre las más destacables. Desde el barco pudimos ver un nido de ésta última, uno muy antiguo que ya estaba abandonado antes de que empezaran las visitas fluviales por la zona.




Puente de Requejo en Villadepera. Foto: C. Aguilar
No hubo ocasión de ver cigüeñas negras, aunque sí los mucho más comunes alimoches criando en covachas del arribe y varios ejemplares de águila real que andaban marcando sus territorios en vuelos de display. Los días por la zona los pasamos Iratxe y yo con un par de amigos, Antonio y Mónica, que desde hace más de diez años viven en Villadepera, una población con un precioso puente de hierro sobre el arribe. Dicen que el puente de Requejo, que así es como se llama, fue durante un tiempo el puente de un solo ojo más grande de Europa. No se cuando ni por cuanto tiempo, pero aún hoy es impresionante ver esa obra de ingeniería cruzando el cortado de un solo “brinco”.





Paisaje de la penillanura de Sayago. Foto: C. Aguilar
A los cortados graníticos del arribe se asoman restos de una actividad rural hoy en día en declive, pero que ha dejado en el paisaje bancales, chozos y cerramientos de piedra que trataron de aprovechar el microclima más húmedo próximo al río. Hacia la meseta amplios encinares se extienden en una penillanura granítica ondulante. Un paisaje que recuerda en cierto modo a las grandes dehesas del centro y suroeste de España, pero que aquí puedes recorrer libremente a diferencia de lo que ocurre en muchas de esas otras, donde las grandes propiedades privadas las mantienen valladas con aprovechamientos cinegéticos. En los Arribes de Sayago en Zamora, la parcelación y el minifundio crean un paisaje accesible, con muchos senderos y altamente recomendables de recorrer.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Sudamérica: crónica de un viaje en bicicleta (Libro)

Sudamérica: crónica de un viaje en bicicleta
Jesús López de Dicastillo Gorricho
 
Editorial Láser. Pamplona. 1985
ISBN 84-86136-10-5



Por fin conseguí este libro de Jesús, el primero que escribió de su periplo ciclista por Sudamérica. Lo encontré en segunda mano en internet y lo devoré con avidez el verano pasado. En realidad no es un viaje cicloturista al uso, entre otras cosas porque se desarrolla a principios de los años ochenta cuando apenas se habían popularizado los viajes en bici como en la actualidad. Basta señalar que para transportar los bultos, tienda y demás, los llevaban sujetos en la parrilla trasera y algunos más en una cesta delantera, parece que a nadie se la había ocurrido aún poner alforjas a la bici, lo más básico para un viaje en bicicleta hoy en día. Pero no solo es peculiar el viaje por la “técnica”, también por las motivaciones personales. Este no es un viaje de placer, es una huida personal recorriendo Sudamérica escapando de esquizofrenias y fantasmas personales como la angustia que siente en una Europa deshumanizada donde cuenta más tener que ser y todo se reduce al consumo. Jesús da un respiro a su espíritu y se deja curtir en un recorrido que comienza en México y termina en Brasil tras realizar 30.000 kilómetros, 600 días de viaje y haber atravesado 16 naciones. Como compañero de viaje va con él otro navarro, también Jesús y de Cintruénigo, que se apunta rápidamente a ese vagabundeo por Centroamérica y Sudamérica.



Sin embargo pronto empiezan los problemas personales por las diferentes motivaciones para el viaje y la convivencia entre ellos se hace difícil, no lo oculta. Finalmente su compañero abandonará el periplo en la parte final por cuestiones de salud y Jesús continuará solo un buen tiempo antes de finalizar el viaje en Brasilia. El relato trasluce una dureza impresionante en cuanto a las etapas y esfuerzos, pero él los tiene por bien sufridos por las muchas escenas naturales que tienen ocasión de contemplar. Su amor por la naturaleza, no la de un naturalista que desmenuza con detalle el paisaje sino la de un curioso anhelante del contacto con la naturaleza, la de un poeta, trasmite una vivida crónica el viaje. Algunos pasajes se viven con la piel de gallina, como las arriesgadas y accidentadas travesías en barco para cruzar de Panamá a Colombia, cuando las selvas del Darien y El Chocó interrumpen la carretera panamericana y hay que echarse a la mar. En general un buen número de historias recogidas y vividas buscándose la vida a diario, con la bicicleta como salvoconducto en el continente americano apenas recorrido de aquella manera. Quién quiera saber más de este curioso personaje hay más reseñas en este blog, podéis poner su nombre en el buscador del blog o ir a las etiquetas de la derecha.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Grecia 11 (2009) Adriático y final en Venecia

Como una ciudad imaginaria de Italo Calvino
No habíamos previsto terminar el viaje en Venecia, pero una vez hecho el recorrido por Grecia había que tomar un ferry a Italia para regresar otra vez a casa. Toño y Ángela, los amigos navegantes que habíamos estado visitando en su velero nos sugirieron esta opción. Como hay bastantes furgonetas y caravanas que van y vienen entre Italia y Grecia te dejan meter el vehículo y dormir dentro de él en la bodega del barco sin que tengas que pagar el camarote, que en realidad es lo que más encarece los ferrys. Así que recorrimos el Adriático de punta a punta durante todo un día y una noche para acabar en Venecia como punto de entrada a Italia. En el Adriático pude ver cetáceos como grupos de delfines listados (Stenella coeruleoalba) y calderones (Globicephala melas).




La ciudad anfibia por excelencia. Foto: C. Aguilar
Llegar a Venecia desde el mar tiene un encanto especial. Es una ciudad anfibia, así que verla aparecer al final del Adriático fue una sorpresa. Sencillamente aquella aproximación desde el mar me dejó boquiabierto. La zona es una inmensa bahía con marismas de gran interés natural y a medida que te acercas comienzas a ver numerosas garzas en los fangos. No es un puerto cualquiera, desde que crees que has llegado a tierra hasta que atracas en el puerto pasa casi una hora en la que recorres el paraje natural de la laguna de Venecia, donde la perla escondida es la propia ciudad. Venecia no parece real, se asemeja a más una de esas deliciosas descripciones de ciudades que recrea Italo Calvino en su libro clásico “Las ciudades invisibles” (ISBN 84-8130-202-0). 


 
 

Calles y edificios de Venecia. Foto: C. Aguilar
Al menos eso me parecía a mi al verla acercarse en el horizonte desde el ferry. Yo la verdad no me hacía mucha idea de cómo era. Siempre has visto fotos de canales, gondoleros, palacios suntuosos y así, pero no llegaba a hacerme una idea cabal del sitio. Una vez en tierra es cierto que está muy llena de turistas, no es de extrañar, pero aquello es inmenso hay sitio para todos. A poco que te salgas de los lugares más habituales, como la preciosa plaza de San Marcos o los puentes y calles más concurridas, hay encanto por todos los lados. Bueno, en buena parte es un encanto decadente que ha de gustarte, el encanto de lo real, de aquello que está sin sacar brillo para el turista y que se ve que tuvo tiempos mejores.




Detalle de San Marcos. Foto: César Aguilar
Patios escondidos, pozos antiguos, puertas decoradas, escudos y símbolos grabados en la piedra, miles de detalles que guardan historias de varios siglos de la ciudad. Algo de esa fascinación por Venecia la trasmite el genial dibujante Hugo Pratt, el creador del personaje de cómic Corto Maltés, el viajero romántico y vividor por excelencia. Hay un cómic que recrea ese ambiente onírico y de misterio que transmiten la ciudad, se llama "Fábula en Venecia" y me sirvió como imaginario para aquella visita por callejones y rincones abandonados. Luego me regalaron de regreso a España una guía excepcional para cualquier aficionado a Corto Maltés y al encanto de sus historias y leyendas “La Venecia secreta de Corto Maltés” de Guido Fuga y Lele Vianello (ISBN 978-84-9814-185-6).



Acabando el viaje en la plaza San Marcos. C. Aguilar
Hugo Pratt creció en Venecia, aunque luego, como sus personajes, recorrió bastante mundo. No se quien atrae más, si el propio personaje o su dibujante que llevaron vidas igual de viajeras y románticas. El caso es que buscando fuera de las calles principales aun está esa otra Venecia. Esto no sucede en todos los destinos turísticos, muchas veces solo hay una cara, la que te ofrecen y poco más. En Venecia hay muchas caras, qué cada cual elija la que quiera. A nosotros nos supo a poco el día que le dedicamos a la ciudad, pero fue un buen broche para el viaje a Grecia, ya solo nos quedaba conducir de regreso a España. O eso pensábamos, antes de que nuestra furgoneta se declarara en huelga y regresáramos a España en avión y un día antes, como contaba al comienzo de esta crónica en lo que resultó un viaje por “tierra, mar y aire”.  

sábado, 1 de septiembre de 2012

Grecia 10 (2009) Astraka, lago Dracolimni y Aoos

Astraka y lago Drakolimni. Foto: César Aguilar
El monte más alto de la zona es el Astraka con 2.478 metros y se alza sobre varios lagos alpinos que en junio aún conservaban algo de nieve. Toda la zona forma parte del Parque Nacional Vikos-Aoos. En un collado a casi dos mil metros existe un refugio con el nombre del pico, desde el que  se tienen buenas vistas de la zona y que permite visitar desde allí el que llaman lago Drakolimni. La subida de 1000 de desnivel desde Micro Papingo es un poco fuerte pero merece la pena. Poco a poco vas dejando las frondosas del valle para pasar a los prados subalpinos de montaña. En la subida pudimos cruzarnos con un gran rebaño de ovejas trashumantes y una familia entera que iba a los puertos altos a pasar el verano.




"Nazarenos alpinos" Muscari sp. César Aguilar
Aquellos trashumantes, al igual que en España, ya no venían a pie con sus rebaños desde su lugar de origen. Solo hacían a pie la subida a los pastos, aunque no era poca cosa.  Los habíamos visto el día anterior descargar sus ovejas de unos camiones junto a nuestra furgoneta. Lo que sí era auténticamente pastoril era la vida que iban a llevar arriba. La familia iba cargada con mulas llenas de enseres y recipientes de leche para hacer quesos. Los pastos de montaña siguen siendo cotizados, así que mientras haya quien quiera llevar esa vida habrá trashumantes. Tras la retirada de los últimos neveros los pastizales subalpinos estaban brotando verdes y comenzado su floración.





Tritón alpino (Triturus alpestris). César Aguilar
Justo tras la nieve estaban empezando a brotar unos azafranes endémicos de la zona, el Crocus veluchensis, y también eran comunes flores alpinas como las gencianas (Gentiana verna). Pero una de las flores que más me llamó la atención fueron unas que en el valle del Ebro llamamos nazarenos y que son del género Muscari. Ya me había tocado ver este género de plantas entre la flora alpina en las montañas de Turquía, algo que no pasa en España donde es propio de valles. Pero la sorpresa final estaba en el lago Drakolimni. Después de subir al refugio Astraka, disfrutar de un precioso atardecer y dormir allí, nos encaminamos hacía el lago. Hay más lagos en la zona pero ese es especialmente llamativo y es el que está a más altura. 




Aguas turquesas del valle de Aoos. C. Aguilar
La traducción de su nombre es algo así como lago del dragón y es que estaba lleno de tritones alpinos (Triturus alpestris). Si los miras bien esos anfibios son auténticos dragones en miniatura así que no está tan mal puesto el nombre. Aunque hay más lagunas someras que podrían tener igualmente la especie, no vi apenas tritones en otros y realmente en ese de Drakolimni eran muy abundantes. Desde el lago también pudimos ver la enorme caída hacia la garganta del río Aoos muy distinta de la de Vikos pero también muy espectacular. Las laderas del río Aoos son escarpadas y forestales, y sus materiales más blandos han dado lugar a un valle en forma en V que lleva un caudal abundante.





Madroños orientales (Arbutus andrachne) C. Aguilar
El azul turquesa que se veía en aquellas aguas nos gustó tanto que al día siguiente fuimos a la búsqueda de aquel otro valle que no pensábamos visitar. Dimos la vuelta al macizo por carreteras y accedimos por Konitsa, cerca de un retirado monasterio ortodoxo, Panayias Stomiou. Allí puede encontrar un viejo camino de herradura que subía al monasterio donde eran comunes los madroños orientales (Arbutus andrachne), unos árboles con una corteza anaranjada que llaman la atención en los escarpes rocosos. En este valle pasamos el último día de nuestra estancia en Grecia. De ahí ya solo nos quedaba conducir hasta el puerto de Igoumenitsa y esperar para coger el ferry hacia Venecia recorriendo el mar Adriático.

sábado, 25 de agosto de 2012

Grecia 9 (2009) Luciérnagas y ranas griegas


Bosques y cortados en Micro Papingo. César Aguilar
Cuando visitas espacios naturales dormir en la furgoneta tiene un encanto especial. Todo el día estás en contacto con la naturaleza, desayunas, comes, duermes y, de vez cuando, al salir a media noche a “cambiar el agua al canario” te llevas sorpresas agradables. A veces son cantos de aves nocturnas y otras un espectáculo de luces voladoras fosforitas. Eso fue lo que nos encontramos todas las noches desde el primer día en la Zagoría, luciérnagas a montones. De pequeños solíamos ver más a estos bichos en el campo, pero ahora con la intensificación agrícola y tanto abuso de pesticidas se han vuelto raras. El caso es que la abundancia que había en junio allí hacía tiempo que no la veía por La Rioja.




Luciérnagas tipo Luciola sp. Foto: César Aguilar
En las selvas tropicales son típicas las luciérnagas voladoras con destellos intermitentes que dan un aspecto mágico a esas noches. Había disfrutado de las luciérnagas tropicales en Perú y Guatemala y éstas de la Zagoría daban un espectáculo bastante parecido. Las que veía de pequeño en el valle del Ebro en España no eran voladoras. Aquellas tenían el aspecto de gusanos y eran hembras sin alas que emitían luz continua desde los dos últimos segmentos del abdomen. A esas cogerlas era sencillo, pero a estas voladoras fue más complicado. Cuando conseguí coger una vi que era como unas que solo había visto en las guías de insectos, unas del género Luciola sp con el aspecto de un escarabajo alargado.




Segmentos luminosos en la parte ventral. C. Aguilar
Al parecer en este tipo de luciérnagas son los machos los que vuelan y emiten pulsos de luz sin frecuencia fija. Eso era lo que yo veía en la oscuridad y por eso eran tan difíciles de atrapar. Al rato de cogerla pareció mosquearse y se apagó hasta que la solté. Pero en condiciones naturales  a esas luces voladoras las hembras responden desde el suelo estableciendo un diálogo de flashes mientras se aproximan. La luz que emiten las luciérnagas es pura eficiencia energética y nosotros pensando que hemos avanzado tanto con las bombillas de bajo consumo. Se trata de una luz química producto de la oxidación de una molécula llamada luciferina. Menos del 2 % de la energía de ese proceso se convierte en calor, en nuestras bombillas clásicas la pérdida es del 95%, solo por comparar.



Piscinas naturales en Rogovos. Foto: C. Aguilar
Pero la zona tenía otras sorpresas. Uno de los días encontramos indicado en un mapa de la zona un barranco con pozas que llamaban piscinas, era el arroyo de Rogovos. Dimos con ellas cerca de la carretera de Micro Papingo a Megalo Papingo y el sitio tenía un encanto especial. El barranco atraviesa una zona de rocas calizas con estratos horizontales muy definidos donde se ha desarrollado un karst. La erosión diferencial a dado lugar a unas pozas llamativas que realmente parecer yacuzzis. El calor en junio en Grecia era ya  insoportable así que dónde mejor para refrescarse después de unos paseos por la zona. Pese a su aspecto gélido el agua al sol estaba más bien tibia, así que allí pasamos el tiempo a remojo.




Presunta Rana griega (Rana graeca). César Aguilar
Al cabo de un rato descubrimos que no éramos los únicos inquilinos, aguardando en una repisa de una de las pozas había varias ranas griegas (Rana graeca). Les habíamos quitado la tranquilidad del sitio, aunque al irnos nosotros pronto la recuperarían pues apenas había gente por allí. La rana griega es muy parecida a otras ranas pardas europeas como Rana temporaria y aunque siempre quedan dudas a la hora de identificarlas al cien por cien, el hábitat y los caracteres parecían más propios de R. graeca que de R. temporaria.

sábado, 18 de agosto de 2012

Grecia 8 (2009) Zagoria y Garganta de Vikos

Monodendhri. Foto: César Aguilar
Al noroeste de Grecia está la región de Zagoría que es uno de los ramales montañosos de los Balcanes. A mi me recuerda al Pirineo del Alto Aragón, aunque las cumbres más altas no superan los 2500 metros. Los pueblos están muy bien conservados y sus construcciones son de piedra caliza con tejados de lajas de piedra. Aún así, como otras regiones montañosas de Europa, ésta también sufrió una fuerte despoblación hace décadas y ahora parece que el turismo es la que le está devolviendo su fisonomía. Se ven muchas construcciones y empedrados recuperados con bastante respeto por las formas tradicionales. El patrimonio que tienen es muy interesante, con caminos empedrados, espectaculares puentes de piedra y muchas ermitas e iglesias ortodoxas.




Garganta de Vikos. Foto: César Aguilar
El paisaje en la zona es muy forestal, incluso en torno a los pueblos donde siempre suele haber zonas abiertas. Supongo que el abandono rural hizo que los prados se cerraran, libres de la presión de los aprovechamientos tradicionales. La humedad hace proliferar hayas (Fagus sylvatica), carpes (Carpinus orientalis) y varias especies de robles (Quercus sp) propios del este del mediterráneo. En los patios y fachadas de las casas no falta ese toque mediterráneo que dan las parras (Vitis vinifera). Es además la única región de toda Grecia donde quedan osos (Ursus arctos). Es una población pequeña algo menor que la de nuestras montañas cantábricas. Uno de los atractivos es la garganta de Vikos, un tajo calizo de 900 metros con una separación entre paredes de solo 1100 metros.


 

Ramonda serbica. Foto: César Aguilar
Vikos según el libro Guinness es la garganta más “profunda” con relación a la estrechez del cañón, una de las múltiples formas que tienen de medir los récords de gargantas en el libro. Los días que estuvimos por la zona hicimos uno de los recorridos que va por el fondo de la misma, saliendo desde el pueblo de Monodendhri. Principios de junio aún era pronto para el turismo veraniego de interior, así que apenas había gente y se podía disfrutar de la tranquilidad del lugar. Entre las aves que pude ver era muy común el carbonero palustre (Parus palustris) y también en esos bosques viejos del fondo de la garganta pude ver una pareja pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos). Al igual que en Meteora se hace raro ver tanto cortado rocoso y ningún buitre solo chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus).


 

Algiroides de Dalmacia. Foto: César Aguilar
El paseo de la garganta dio para algunas otras observaciones bien interesantes. En los taludes veía las hojas de una planta que me parecía la “oreja de oso” del Pirineo (Ramonda pyrenaica). Al ver una con flor pude confirmarlo pero no era esa especie, sino la equivalente en estas montañas Ramonda serbica. La distribución de plantas alpinas como estas es curiosa, ya que para ellas los macizos montañosos han funcionado como refugios fríos en épocas desfavorables. Ello ha dado lugar con el paso del tiempo a especies muy similares pero endémicas de cada zona que se encuentran por ello muy separadas en el espacio. En cuanto a los reptiles se dejaba ver el algiroides de Dalmacia (Algyroides nigropunctatus) un lagarto pequeño de llamativos colores.


 

Bombina variegata mostrando el vientre.C. Aguilar
Pero una de las sorpresas fue dar con sapos de vientre amarillo (Bombina variegata). Vistos desde arriba son bastante insulsos pero por debajo son un destello de color. Son lo más parecido a las ranas venenosas tropicales que pude ver en Perú y que advierten con sus colores llamativos de su toxicidad. En estos sapos de vientre amarillo, esa coloración cumple la misma función y por si no te das cuenta te lo muestran a las claras. Me quedé alucinado cuando al coger uno, en un acto reflejo arqueó el dorso y levantó las patas mostrándome el vientre. Si no te has enterado ahí está bien claro soy tóxico, parece decir. Así que luego buena lavada de manos para evitar que se irriten mucosas como el lacrimal o las fosas nasales por contacto con los dedos.

sábado, 11 de agosto de 2012

Grecia 7 (2009) Naturaleza en Meteora

Amanece en Meteora, luz irreal. Foto: C. Aguilar
El laberinto de formaciones rocosas de Meteora está inmerso en un bosque frondoso y húmedo de una especie bien curiosa, los plátanos de sombra (Platanus orientalis). Esta especie es un pariente de los árboles que plantamos en parques y jardines en España y que llamamos igual pero que en jardinería son la especie Platanus occidentalis o híbridos de ambas especies. Andando entre los cortados de Meteora también pudimos ver una pareja de alimoches (Neophron percnopterus) y otra de cigüeñas negras (Ciconia nigra). Parece raro no ver ni un buitre con tanto cortado como hay, pero es que en Grecia es una especie bastante escasa. En la Península Ibérica nos hemos acostumbrado a su abundancia y es ciertamente un lujo que ya quisieran para sí otras muchas regiones.



Collados y torres de conglomerados. C. Aguilar
En uno de los recorridos por los senderos comenzamos a oler fuerte a podrido como si hubiera una carroña cerca. Mirando y mirando di con el origen del “pestazo”, una tremenda flor de la familia de las calas y de los aros comunes (Arum italicum), esos con frutos rojos venenosos que de pequeños nos decían que eran alimento de culebras para que no nos acercáramos. La flor en cuestión es Dracunculus vulgaris, una versión gigante de un Arum pero en color púrpura. Al igual que esa planta, es polinizada por unas moscas a las que atrae por el olor y que luego “secuestra” durante un día en su interior. Durante el secuestro la planta hace una maduración de flores masculinas y femeninas a distinto tiempo, evitando su autofecundación y usando al insecto como vector para polinizar otros ejemplares.



 Dracunculus vulgaris en floración. C. Aguilar
Las moscas a las que se dirigen Dracunculus son las que visitan carroñas, de ahí el olor tan nauseabundo y el aspecto de la flor como si fueran las vísceras de un cadáver. Idéntica estrategia ha dado lugar en la misma familia a la flor más grande el mundo, la cala titán (Amorphophallus titanum) de casi tres metros y que crece en las selvas de Sumatra. Pero no era la única sorpresa de la zona. Paseando, pronto descubrimos que el lugar era impresionante para tortugas terrestres como la tortuga marginada (Testudo marginata). Después de ver a reptiles de este tipo en secarrales de Marruecos y montes mediterráneos de Turquía, me costaba imaginarlos en un sitio tan frondoso como este. 




Tortuga marginada (Testudo marginata). C. Aguilar
Sin embargo llegamos a ver hasta cuatro ejemplares diferentes en distintos lugares sin ir a buscarlos. Los herbazales de prados húmedos entre el bosque de plátanos parecían unos buenos hábitats. En general Meteora fue uno de los sitios que más ganas tenía de visitar al planificar el viaje. Conocí su existencia en el libro de Pipe Sarmiento "Por las costas del Mundo" de 1994 (ISBN 84-605-0929-X) que recoge los recorridos en furgoneta de este bilbaino en los años setenta por Europa y algo de África. Aún con las muchas expectativas que le había puesto, más de tres décadas después el lugar no me defraudó, lo que no siempre se puede decir de todos los destinos idealizados.

sábado, 4 de agosto de 2012

Grecia 6 (2009) Monasterios de Meteora

Monasterio de Rousanau. Foto: Cesar Mª Aguilar
La siguiente parada del viaje fue Meteora una zona que parece sacada de la imaginación de un ilustrador de cuentos. Allí, en las cimas de torreones de roca encuentras monasterios ortodoxos aislados del mundanal ruido. A los monasterios se accedía en su día con escalas y poleas, pero los que ahora quedan  tienen escaleras talladas en la roca y funiculares para subir las cargas. Hoy en día quedan seis en activo pero llegaron a superar la veintena desde que en el siglo XI los ermitaños comenzaran a refugiarse ahí de las invasiones turcas. Acceder a alguno de ellos es alucinante, nosotros visitamos el de Agias Triodos al que se subía por una escalera tallada en la roca.




Interior de un monasterio Foto: César Mª Aguilar
Dentro aún tienen las poleas y la balconada al vacío por la que subían antes las cosas. Las capillas ortodoxas del interior son de otro tiempo, con bóvedas saturadas de pinturas al fresco. Además de los típicos monasterios que se visitan, y que están en las cimas de las rocas, pudimos ver otros más ocultos en los cortados. Algunos de ellos abandonados y muy rudimentarios y que se asociaban a cuevas. Junto a los más “modernos” había estos que parecían que habían sido emplazamientos primitivos de algunos de los actuales. A mí me sobrecogió ver esas plataformas sujetas con vigas incrustadas en la roca volando el vacío. Viendo eso, es más fácil imaginar la función de todos los agujeros que pueden verse en algunos cortados de conglomerados y areniscas de los cortados fluviales de La Rioja.



Eremitorios rupestres. Foto: César Mª Aguilar
He visto agujeros con ese aspecto de mechinales en cortados como los de Islallana o Cervera del río Alhama, cerca de Kontrebia Leukade. Así que en esas paredes no solo hubo buitres como ahora vemos, en su momento también hubo algo parecido a lo que pudimos ver en Meteora. Los días que estuvimos en la zona disfrutamos recorriendo los muchos senderos que discurren entre los monasterios y las torres de roca. Remontar los collados entre las torres y luego descender por los estrechos barrancos proporciona paisajes mágicos. Quizá por la fuerza de esas imágenes, había imaginado que los monasterios se encontraban en una región remota y aislada de las poblaciones. 




Caminando entre torres. Foto: César Mª Aguilar
Sin embargo, los relieves que acogen a los monasterios son el borde de una cordillera mayor que limita con un amplia llanura muy humanizada y cultivada. Son formaciones de origen similar a las que podemos encontrar en La Rioja en sitios como las peñas de Islallana o, en Huesca, los mallos de Riglos. Los conglomerados fueron acumulados durante un periodo de erosión anterior de la cordillera y por la naturaleza del material dieron lugar a formaciones tipo “torres” y “castillos”, algo que sucede tanto en Meteora como en los casos de la Península Ibérica que he comentado. La geología es así de democrática, mismos materiales, mismas condiciones de erosión ... mismos relieves, lo que cambian son las dimensiones del conjunto.

domingo, 29 de julio de 2012

Grecia 5 (2009) El Oráculo de Delfos y los Montes Parnassos


Olivares y montañas en Delfos. Foto: César Aguilar
Saliendo del Cabo Sunión el viaje se alejó de la influencia directa del mar y nos dirigimos al noroeste del país hacia las montañas del interior. La primera parada fue el Oráculo de Delfos. Este yacimiento se encuentra en una ladera entre montañas y en su día fue algo así como “El Vaticano” de los griegos. Un emporio de templos donde la gente iba a preguntar a sus dioses sobre cualquier cosa de su vida, ya que al parecer hablaban allí a través de unas sacerdotisas. Por muy exótico que nos parezca, un par de milenios después poco hemos avanzado. Aún hoy seguimos preguntando a otros “oráculos” o dejamos que otros decidan y nos digan lo que hemos de hacer. Que cada uno ponga nombre a esos oráculos: pitonisas televisivas de 902, Benedicto XVI, horóscopos, Lourdes…, en fin.



Laderas del  yacimiento de Delfos. César Aguilar
Al hilo de todo esto no puedo dejar de recomendar la tremenda obra de teatro “La revelación” del bufón Leo Bassi, un tipo que al que cogí con cierto escepticismo al principio pero con el que me equivoqué, sencillamente es genial. Existe publicado un guión de la obra teatral que, aunque no es lo mismo, también está muy bien (Ediciones Barataria  ISBN 978-84-95764-60-7). Pero volviendo a Delfos, todo aquella peregrinación dejó un yacimiento espléndido con templos, teatros y hasta un estadio olímpico en sucesivas laderas. De lo visto me gustó especialmente el tholos, o construcción circular,  del santuario de Atenea. Una diosa con mucha relación con los ornitólogos ya que se la vincula con la astucia del mochuelo. De ahí el nombre científico de nuestro mochuelo europeo, Athene noctua.



Tholos del santuario de Atenea. César Aguilar
El género Athene se refiere a la diosa Atenea y el nombre específico, noctua, es por el nombre vernáculo que daba Plinio el Viejo para el mochuelo en el siglo II. Esto último según lo cuenta Francisco Bernis que lo recoge del libro “Naturalis Historia” del cronista latino. Saliendo de Delfos y dirección a Meteora cruzamos una cordillera que sobrepasa los 2000 metros y donde se halla el Parque Nacional Parnassos. El paisaje pasa del mediterráneo más seco con encinas y olivos en las partes bajas, a inmensos abetales en las altas, especialmente en la cara norte. Veo que la sierra está atravesada por un sendero de gran recorrido (GR) y por curiosidad leo en un cartel lo poco que no está en griego. 
 



Abetales del P.N. Parnassos. Foto: CésarAguilar
Es nada menos que el sendero transeuropeo E-4, el que comienza  en Gibraltar y acaba en Creta, hazaña insólita para aquel que lo intente. La zona solo la vemos de pasada, pero al menos me doy un corto paseo entre estos abetos griegos (Abies cephalonica) muy parecidos a nuestros pinsapos andaluces. Estos son abetos mediterráneos así que es curioso verlos acompañados de coscojas (Quercus coccifera), encinas (Quercus ilex), cornicabras (Pistacia terebinthus), acianos (Centaurea cyanus) o salvias de Jerusalén (Phlomys fruticosa). En el abetal hay además algo que me sorprende y es la seca de algunos pies de manera dispersa. Recuerdo que algo parecido ya me llamó la atención en otros abetales de los Montes Taurus en Turquía, en aquel lugar eran Abies cilicica.




Salvia de Jerusalén (Phlomys fruticosa). C. Aguilar
Ambas situaciones comparten que las secas afectan a unas especies de árboles “aislados” y refugiados en altura dentro de regiones cálidas. En esas condiciones, ya de por sí estresantes para esas especies, series prolongadas de años cálidos y de bajas precipitaciones tienen que mermar su viabilidad. En realidad siempre me quedaré con la duda, pero es muy probable que tras ambos casos se encuentre la misma causa, el efecto del calentamiento global. Es sabido que el aumento de las temperaturas tendrá un mayor impacto en especies de montaña al perder las condiciones de humedad que las favorecían, así los abetos en regiones cálidas se verán reducidos, algo que es posiblemente lo que ví en Grecia y Turquía.

domingo, 22 de julio de 2012

Grecia 4 (2009) Atenas y el Cabo Sunion

La Acrópolis al anochecer. Foto: C. Aguilar
Atenas, salvo por la Acrópolis, sus museos y la parte vieja, es en general una ciudad fea, caótica y con un aire muy contaminado. Dejamos la furgoneta aparcada dos días y cuando nos marchamos ya tenía una capa de contaminación sedimentada que no había visto en ninguna otra ciudad. Aún así, la Acrópolis hay que conocerla, es uno de esos sitios que aparte de por las ruinas en sí, el emplazamiento forma parte del encanto. Llegando por la carretera es una emoción ver sobre el magma urbano de Atenas un cerro rocoso con el Partenón arriba. Si hoy en día aún nos causa sorpresa, en su época y para aquellas gentes tenía que ser algo impresionante.




Antigua mezquita en Monastiraki. C. Aguilar
Además de la Acrópolis una de las laderas es un tremendo yacimiento en pleno centro que fue excavado tras la independencia del país. Con la expulsión de los turcos aprovecharon a derruir el barrio otomano y excavaron todo lo que había debajo de él. El ágora romana y la griega, algunos templos clásicos bien conservados y varias iglesias ortodoxas son parte de lo que se pueden encontrar hoy en ese lugar. Los barrios de Plaka y Monstiraki son otra de las zonas que merecen la pena y también donde hay más afluencia turística. Aun quedan influencias otomanas en la ciudad como la mezquita de la plaza Monstiraki, hoy biblioteca, o algunas calles comerciales con una organización gremial como si se tratara de un gran bazar turco.



Cerámica cicládica con forma de oso . C. Aguilar
El museo arqueológico también me resultó muy interesante, aunque es realmente  inabarcable. Lo que más me gustaron fueron esas culturas griegas de las que apenas sabemos nada como la de Micenas, el arte de las Cicladas o las pinturas de la isla de Creta. También esas esculturas de la primera época de los griegos, las del periodo arcaico, llamadas “koúros” y “korais” con semejanza al arte egipcio. Del periodo clásico es una barbaridad lo que hay allí, aunque es el que a mi menos me “engancha”. Dejando la historia y volviendo al presente, el ambiente que vimos en algunas zonas de la ciudad, la no turística, nos sorprendió. En el verano del 2009 encontramos ya un ambiente político encendido, con antidisturbios en las plazas, barrios muy degradados en pleno centro, trapicheo a la vista y hasta una carga policial en directo.



Perdices griegas (Alectoris graeca). C. Aguilar
Allí ya estaban las condiciones para las revueltas sociales que luego se vivieron cuando a mediados del 2010 se hicieron los recortes que impuso el FMI y todo lo que ha venido después. Saliendo de Atenas, hacia el sureste, está el Cabo Sunion un lugar que también visitamos. Allí se encuentra el templo de Poseidón, el dios de los mares, un sitio completamente adecuado para una deidad así. El templo destaca por sus columnas imponentes de mármol blanco en un acantilado sobre el mar Egeo. Pero yo realmente lo rebautizaría como el templo de las perdices, griegas por supuesto. Y es que con la afluencia de turistas siempre hay aves que acaban por acostumbrarse a la gente y que aprovechan los restos de comida que por allí quedan. 



Templo de Poseidón en el Cabo Sunión. C. Aguilar
En otros sitios suelen ser palomas, gorriones o córvidos, pero hay veces que el nivel ornitológico sube. En Machu Pichu, en Perú,  recuerdo que se podían ver en esa actitud a los caracas andinos (Phalcoboenus megalopterus) y en este templo de Grecia son nada menos que las perdices griegas (Alectoris graeca). Es curioso ver a una especie cinegética y esquiva como una perdiz, acostumbrarse a recorrer las ruinas llenas de gente. Allí andaban por la terraza de la única cafetería del sitio buscando las migajas bajo las mesas. Incluso una de ellas iba con toda su pollada de perdigones detrás. Pero además en el tempo de Poseidon, con tanto acantilado y columnas de roca, tampoco fue difícil ver aves rupícolas como el trepador rupestre (Sitta neumayer) o el roquero solitario (Monticola solitarius).


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